Discurso transmitido por cadena nacional

La vocación democrática de nuestro partido político data ya de décadas. Arropados con ella, nuestro destino como país latinoamericano está fincado en la libertad y la justicia. Como dice el lema: «No es para uno, es para todos», la buena vida de nuestra nación se asegura, por cuarta ocasión, al abanderar la bienaventuranza para los otros países hermanos que también poseen la riqueza de la herencia indígena.

Pero ¿quiénes podrían estar en contra de nuestro partido? Solo aquellos que están contra el pueblo humilde y sencillo; aquellos que, ocultos tras los oscuros intereses de naciones poderosas e intervencionistas, buscan desestabilizarnos alegando que nuestra nación continúa en la ignorancia, la pobreza y la impunidad. Afirman esos enemigos del buen vivir, dentro y fuera de nuestras fronteras, que en este gobierno no somos lo que decimos, que no hay coherencia entre nuestros dichos y nuestros actos. A todos esos maledicentes de la democracia les decimos desde esta tribuna: el pueblo mismo les ha reclamado su traición. Hoy, la aplastante cantidad de votos que obtenemos en las urnas no deja lugar a dudas: nuestro rumbo es el camino seguro al futuro de la paz y la felicidad de esta sufriente nación.

Ahora repasemos nuestra historia: nuestro líder fundador fue quien inauguró, con una elevada inspiración de justicia, democracia y paz, los caminos que nos están llevando a la felicidad. Él elaboró los cimientos sobre los cuales el segundo líder de nuestro partido construyó un mejor país con arduo trabajo y amor a la patria. Sin vacilación, el tercero vivió esforzadamente con el mismo espíritu de entrega incondicional a su pueblo. Ellos dignificaron a su gente haciendo historia; de ahí que los más desfavorecidos hayan estado y vayan a estar siempre de su lado.

Nuestro primer líder, fundador de este movimiento histórico, sacudió las conciencias y despertó en toda la nación la idea de una vida mejor para todos. A su hijo, nuestro segundo líder, le debemos la continuidad del camino de inclusión, justicia y buen vivir. A nuestro tercer líder, su nieto, le agradecemos que haya presidido con tanta honra y dignidad la defensa de nuestros ideales ante los embates del ala conservadora: él solidificó nuestros principios y los convirtió en palabra escrita en las leyes. Hoy el pueblo ha dado otra lección histórica a los retrógradas, porque ha decidido que es tiempo de la cuarta etapa: ¡nos congratulamos, amados ciudadanos, por esta nueva generación que ahora dirige el bisnieto de nuestro fundador! Este, el más joven, es el único que garantiza la continuidad y el florecimiento de nuestro proyecto social, ¡pues posee en sus venas la sangre democrática de nuestra amada tierra y de nuestras raíces!

Al pueblo, desde el Ministerio de Educación

La educación es una parte medular de esta, nuestra cuarta etapa. A pesar de que algunos críticos —enemigos del pueblo— se empeñan con cizaña en decir que nuestra agenda oculta parece ser la mediocridad generalizada, lo que estamos construyendo más bien es una defensa de nuestra nación y de sus valores.

Tomemos por ejemplo la educación básica: nuestro retroceso en los estándares internacionales no indica un estancamiento (como publican los traidores al pueblo), sino una respuesta crítica a los parámetros educativos que pretenden imponernos las injerencias externas de países poderosos y extractivistas. Hoy, gracias a nuestras reformas educativas, los niños de este pueblo tienen la capacidad crítica de equivocarse a propósito en un examen cuando perciben claramente que este fue elaborado por manos de la mafia neoliberal contemporánea.

En última instancia, podemos dejar de participar en esas evaluaciones estandarizadas que, como todos sabemos, están al servicio del gran capital mundial. La sociedad civil nos respalda: con las becas que otorgamos, ahora la gente tiene más dinero en sus bolsillos (aunque no tanto como para poder ahorrar); si los empresarios nacionales se lo quedan al final debido a sus insanos aumentos de precios, ese ya no es nuestro problema. No es, como dicen nuestros enemigos, «la continuidad del neoliberalismo salvaje», sino una política encaminada a eliminar en nuestro amado pueblo el deseo desmedido de acumulación de riquezas y, a la vez, fomentar la vida sencilla y sobria.

Nuestras universidades garantizan la ampliación masiva de la educación superior. Para ello, un ejército de profesores atiende a los nuevos estudiantes; nuestros esforzados docentes acuden con entusiasmo a las aulas (virtuales y presenciales), a pesar de que los sueldos que les pagamos sean indignos y no cuenten con las mínimas garantías laborales. Con ello promovemos en nuestros heroicos docentes el espíritu de sacrificio por la nación, así como el de la ayuda desinteresada y el autocuidado. Esos brotes de inconformidad se irán resolviendo conforme vayamos excluyendo a los académicos que se organicen en demanda de sus derechos, pues tras esas exigencias se hallan los aliados enmascarados del poder tradicional.

El modelo educativo que nos inspira es inconfundible y tiene el sello del progreso de la cristiana espiritualidad: en nuestras instituciones, todos los profesores deben ganar igual, tengan el grado académico que tengan, publiquen en revistas especializadas o publiquen solo en sus redes sociales sobre sus mascotas, comidas y paseos, pues nos oponemos con decisión a todo tipo de clasismo y a los funestos elitismos a los que estábamos sometidos.

Además, no debemos contaminar a los estudiantes con historia, filosofía, ética, literatura ni la supuesta "cultura universal", que es en realidad el antecedente de la ideología pestífera del "éxito y esfuerzo individual". Nosotros tenemos la inspiración directa de las comunidades originarias y de las tradiciones inveteradas que constituyen nuestras raíces, especialmente si están mezcladas con tradiciones religiosas. Las actitudes que vienen de la modernidad —como la libertad absoluta de expresión y de la crítica sin ambages en todas sus formas (intelectual, política y social)— son solo disfraces individualistas de una sociedad occidentalizada, atomizada y colonizada. Para curar esa enfermedad social, y en contra de quienes detentan el poder tradicional, en nuestras escuelas superiores solo se alentará la crítica contra las ideas ilustradas, las cuales son un lastre eurocéntrico de una educación alienada. Esa es la auténtica crítica liberadora que nuestros estudiantes necesitan.

Para nosotros, los políticos dirigentes de este país, queda solo el sacrificio fatigoso y agobiante de ir a las escuelas particulares elitistas, soportando lugares donde las clases son en inglés, francés u otros idiomas ajenos a nuestras lenguas indígenas, y donde se enseña a gobernar a los pobres. Por si eso fuera poco, también estamos dispuestos a padecer por este pueblo y sufrir vivamente la separación de nuestros propios hijos enviándolos a estudiar a instituciones lejanas, en el extranjero.

Nuevo comunicado del Claustro de Filosofía

A través de este comunicado, el claustro de profesores de filosofía reitera su compromiso con la alta calidad académica de nuestra institución y trabaja para que se fortalezcan día a día los principios que le dan sentido a nuestra universidad: la libertad de cátedra y de investigación.

Debemos recordar que todos los miembros que componen este claustro han obtenido doctorados en el extranjero, en los departamentos más connotados del mundo contemporáneo. Cada uno de nosotros ha desarrollado importantes contribuciones en el ámbito del pensamiento y la cultura, dando con ello lustre y prestigio a nuestra noble institución pública universitaria.

Nosotros, integrantes de este claustro, hemos escrito libros y artículos en revistas especializadas en filosofía de todas las partes del mundo; asimismo, hemos dictado conferencias magistrales en diversas universidades, tanto nacionales como extranjeras. Además, nuestras trayectorias testimonian que los aportes van más allá de esta universidad, dado que hemos liderado grupos de investigación multidisciplinarios en diversas instituciones gubernamentales y privadas.

Nosotros, como hemos dicho más arriba, hemos egresado de las universidades más importantes del orbe: hay dos colegas filósofos egresados de escuelas de París, tres colegas estudiaron en instituciones londinenses, dos más en Madrid y uno en la más prestigiosa universidad estadounidense. Lo anterior da cuenta del nivel filosófico internacional que nuestra universidad posee en este honorable claustro de profesores.

De ahí que en este comunicado reiteremos a una sola voz lo siguiente: es intolerable que algunos colegas surgidos apenas de universidades nacionales persistan en sostener, tanto en sus cátedras como en sus investigaciones, una vergonzosa postura eurocéntrica.

Atentamente,

Profesores del claustro de filosofía.

El concurso

El día en que la profesora concursó para la plaza en la universidad llevaba un vestido formal, cuidadosamente elegido para la ocasión, que le había costado más de la mitad de su sueldo. Entró al examen con paso seguro y, conforme lo había ensayado, su rostro mostró tanta serenidad como le fue posible. Atenta siempre a las miradas de los colegas que la examinaban, respondía de manera más que satisfactoria y con soltura a todas las preguntas planteadas. Esa tarde su inteligencia brilló y se impuso a las dificultades de los severos dictaminadores.

La profesora había nacido en una época en la que el esfuerzo todavía importaba en la vida académica: sus padres eran de origen modesto y (cosa rara para su tradición) le habían inculcado desde muy joven el amor por la escuela. En algún momento se interesó por las humanidades y se dedicó a explorar la literatura, la cual la llevó a Giacomo Leopardi, quien a su vez la condujo a la filosofía estoica, abriéndole las puertas de otras aventuras intelectuales. Nadie en su casa se opuso a esas inclinaciones, pues «lo más importante es que ella tenga una profesión y se case», decían.

La profesora se abrió paso en la facultad y pronto ganó una beca al extranjero, y después otra. Al concluir su doctorado regresó a su país, donde consiguió un puesto por horas en la universidad pública. Pronto resultó incómoda e hizo algo imperdonable para la mayoría de sus colegas: empezó a destacar.

Cuando llegó el día del examen para Profesor Titular del Departamento, ella tenía sin duda las mejores credenciales académicas. Al concluir las preguntas, salió del aula con la impresión de haber luchado contra diez colosos. Llegó a su casa y durmió inquieta.

Posteriormente a que todos los postulantes concluyeron, el claustro de evaluadores se reunió para discutir su veredicto. Aunque la decisión final se pospuso para el día siguiente, desde el punto de vista académico ni siquiera tenía que pensarse: el puesto sería para ella. Pero alguien, con la discreción de las llamadas telefónicas que el caso ameritaba, señaló que no era amiga, ni amante, ni aliada política de ninguno de ellos; tampoco había sido promovida por nadie.

A la mañana siguiente, por unanimidad, eligieron entonces al colega que no había alcanzado siquiera el segundo lugar, pero que era el compañero de borracheras desde sus tiempos estudiantiles. El resto del día lo dedicaron a completar el engorroso papeleo.