Las reservas de los bancos centrales, en oro, crecen constantemente, y esto a pesar del precio del metal que no conoce límites. El oro sustituye al dólar y esta tendencia es cada vez más fuerte. El aumento progresivo del porcentaje en oro de las reservas mundiales y la aceleración reciente en este sentido no dejan mucho espacio a las dudas; el dólar pierde fuerzas. Su precio en relación con otras monedas, como el euro, bajó en un 8-9% en 2025.
Las alianzas transnacionales, como Asean y BRICS Plus, tienden sistemáticamente a utilizar otras divisas. Y estas alianzas crecen, al mismo tiempo que los acuerdos bilaterales, que estipulan, como uno de sus principios, el uso de monedas alternativas. Recordemos el acuerdo entre México y Brasil, firmado en diciembre de 2025, por un volumen anual de 20 mil millones de dólares, que usará el peso y el real.
Los EE.UU. representan el 15% de la producción mundial y el 13% del comercio mundial, y estos porcentajes disminuyen, junto con una presencia mayor de China, que, en términos reales, es la economía más grande del mundo, si no consideramos a los 27 países de la Unión Europea como una unidad económica y comercial.
El uso del dólar como moneda mundial ha permitido una serie de ventajas a la economía de los EE.UU., como, por ejemplo, imprimir dinero sin el riesgo de una devaluación inmediata, reducir los intereses por la deuda e introducir servicios y controles sobre transacciones internacionales. Véase el circuito SWIFT y el FMI. La venta de productos y servicios entre países cotizada en dólares implica un pago indirecto a los EE.UU. La bolsa de valores en los EE.UU. ha sido favorecida por esta posición de moneda dominante. Pero el déficit fiscal en aumento, los intereses que crecen y la debilidad del dólar están cambiando este escenario.
El petrodólar fue uno de los mecanismos que permitieron sustentar el dominio del dólar a nivel mundial, imponiendo que el dólar fuese la única moneda para el intercambio y comercialización de este producto. Pero, en estos momentos, los porcentajes no sólo de petróleo, sino de otras materias primas han superado las ventas en dólares. Nótese de paso que Arabia Saudita es parte del BRICS Plus.
La deuda federal de los EE.UU. aumenta y ha llegado a 34 billones. Unos $100.000 por habitante con intereses cada vez más altos, incluyendo niños, jóvenes y adultos. Esta deuda, en un escenario donde bajan los ingresos del fisco por las políticas de impuestos, que aventajan a los millonarios y aumentan enormemente los gastos como en el caso de la defensa, entre otros sectores, junto con los intereses, representa un riesgo financiero superior, alejando inversiones en el país.
El flujo de capitales o inversiones directas cambia de dirección y esto refuerza la tendencia a la desdolarización. Al mismo tiempo, vemos una crisis de jubilación determinada por la longevidad y la baja natalidad, donde la relación entre trabajadores activos y pensionados está desequilibrada. Los gastos de jubilaciones son insostenibles y dentro de una década la disponibilidad de recursos será reducida en un 20%, creando mayores tensiones y una reducción del consumo. El sistema sanitario de los EE.UU. también está en crisis y, siendo uno de los más caros del mundo, garantiza un nivel de salud medio bajo.
La desindustrialización es un proceso difícil de frenar o invertir. Estas últimas décadas hemos visto una migración de la industria hacia otros países para aumentar las ganancias y márgenes de las empresas mismas, perdiendo territorialmente conocimiento, control directo y fiscal de la producción. Durante la pandemia se demostró que la falta de capacidad productiva impedía resolver rápidamente problemas prácticos como la falta de máscaras protectoras, entre tantas otras cosas.
La desdolarización hará imposible sostener las deudas y gastos excesivos por falta de confianza financiera y la inflación no será exportable como lo fue durante la crisis de 2008. La política de hacer pagar a otros el déficit no funcionará, creando una parálisis del sistema político del país en un estado de polarización donde el riesgo de crisis e incapacidad de legislar son omnipresentes y esto incluye también la politización de la justicia.
La crisis social y cultural que se manifiesta en altos índices de suicidios, uso de drogas, como en el caso del uso exacerbado de opioides, refleja una falta de pertenencia e identidad vacía de proyectos de vida, que además inciden en altos niveles de violencia y criminalidad. Los problemas infraestructurales: carreteras, puentes, puertos, transporte, red eléctrica e hídrica. Junto a todo esto, tenemos que agregar la erosión de la narrativa que por décadas ha encarnado “el progreso y la defensa de la democracia”, que en estos momentos ha sido eclipsada totalmente, reduciendo a un mínimo la posibilidad de convencer y crear consenso a nivel mundial.
El mundo ha cambiado en estos últimos decenios y la integración, la rapidez en la circulación de las noticias y los altos niveles de interdependencia económica y comercial han reducido la “tolerancia” hacia actitudes neo-colonialistas y violaciones de los derechos humanos. Amenazar, saquear o invadir otro país conlleva reacciones de rechazo que se manifiestan en aislamiento y estigmatización, que debilitan directamente a la nación agresora, y una de estas respuestas es la tendencia mayor a la dedolarización, la imposición de visas y una menor disponibilidad para comprar sus productos…
Esta imagen crítica que encierra desestabilidad, crisis, peligros de guerra y banca rota coexiste con un gobierno, que en vez de buscar soluciones, agrava la situación misma, donde la inconsistencia comportamental y el caos superan el embarazo y la sorpresa en un proceso que podríamos denominar autodestructivo. La desdolarización es un índice que, inexorablemente, indica la caída del último imperio.

BRICS fundadores: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.Nuevos miembros: Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Indonesia e Irán. Además de estos 11 miembros con pleno derecho, la alianza cuenta con una categoría oficial de países socios integrada por 10 naciones: Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Uganda, Uzbekistán y Vietnam.















