Por primera vez, el Parque Arqueológico de Pompeya utiliza herramientas de la Inteligencia Artificial para proponer, en colaboración con la Universidad de Padua —Taller Digital Cultural Heritage—, una reconstrucción digital según los resultados de las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo por los arqueólogos del Ministerio de Cultura italiano.

La reproducción concierne a un hombre muerto durante la erupción del Vesubio, que destruyó la ciudad en el año 79 de nuestra era en menos de 24 horas, encontrado con un mortero de terracota, que podría haber servido de protección bajo la plena caída de lapilli y de fragmentos volcánicos. El gesto recuerda las descripciones de Plinio el Joven, testigo ocular, quien a través de una carta refiere cómo las personas huyendo del volcán trataban de defenderse del material eruptivo con cojines atados a la cabeza.

El hallazgo ha tenido lugar en el curso de las recientes excavaciones en el área de la necrópolis de Porta Stabia, a la salida de las murallas de la antigua Pompeya. Los arqueólogos encargados del campo han dado a luz los restos de dos hombres que intentaron huir hacia la costa durante la histórica explosión del Vesubio. Los dos individuos, muertos en diferentes momentos de la erupción, brindan nuevos elementos para comprender las dinámicas del acontecimiento y las condiciones afrontadas por los habitantes en los caminos de escape.

Uno de ellos, el más joven, fue posiblemente víctima de una corriente piroclástica, es decir, una nube ardiente de cenizas y gases tóxicos, mientras intentaba alejarse de la ciudad. El otro, más adulto, falleció algunas horas antes bajo una densa lluvia de lapilli, protegiéndose la cabeza, parece ser, con un mortero de terracota aparecido junto a su cuerpo, con visibles señales de fractura. Además, llevaba consigo un candil de cerámica para orientarse en condiciones de escasa visibilidad, un diminuto anillo de hierro en el dedo meñique izquierdo y un puñado de diez monedas de bronce.

El modelo digital, que propone una simulación de la segunda víctima, se ha generado a través de una combinación de software de inteligencia artificial y técnicas de Photoshop, con el objetivo de recuperar una imagen científicamente fundada y al mismo tiempo accesible a todo el mundo. La evocación representa un prototipo experimental, pensado para ofrecer los resultados de las investigaciones arqueológicas a nivel del conocimiento de un público no especializado.

Como afirma el director del Parque Arqueológico de Pompeya desde febrero de 2021:

La vasta cantidad de datos arqueológicos en Pompeya es tal que solo con la ayuda de la IA seremos capaces de tutelarlos y valorizarlos adecuadamente. Y es importante que nosotros, arqueólogos, nos ocupemos en primera persona, porque de lo contrario, en nuestro lugar, lo harán otros que no tienen las bases humanísticas y científicas necesarias. Si se utiliza bien, la IA puede contribuir a una renovación de los estudios clásicos, narrando el mundo clásico de una forma más inmersiva. Visitar Pompeya o aprender el latín, esencialmente, significa vivir una experiencia profunda, única y bellísima, y las reconstrucciones nos ayudan a involucrar a más personas en esta aventura.

(Gabriel Zuchtriegel)

A lo que añade el profesor de la Universidad de Padua:

El proyecto abre una reflexión más amplia sobre el empleo de la IA en arqueología, una tecnología que puede contribuir a la producción de modelos interpretativos y a una mejora de los instrumentos de comunicación, pero que exige un uso controlado y metodológicamente fundado, siempre integrando la labor de los especialistas.

(Jacopo Bonetto)

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El gesto recuerda las descripciones de Plinio el Joven, testigo ocular, quien a través de una carta refiere cómo las personas huyendo del volcán tratasen de defenderse del material eruptivo con cojines atados a la cabeza.

En el tema de la IA, en julio en el Parque Arqueológico de Pompeya, está programada la edición 2026 “Orbits – Dialogues with intelligence. Habitat – Diseñar la sociedad pos-AI” que lleva la ética y la filosofía en el centro del debate tecnológico, promoviendo un uso concienciado de la digitalización.

Entre los protagonistas, el profesor Luciano Floridi, “funding director del Digital Ethics Center” en Yale, ha comentado así la novedad:

.../... La IA acelera el resultado de esa reconstrucción, pero la magia sigue siendo humana. Una tecnología tan potente conlleva riesgos reales. La IA produce hipótesis, no verdades. Las hipótesis deben ser controladas, discutidas, corregidas, integradas, aprobadas. La responsabilidad científica no se delega. Pero el riesgo no es que la IA se equivoque: es que dejemos de pensar usándola. Las disciplinas humanísticas nos enseñan precisamente esto, distinguir la reconstrucción de la fantasía. Pompeya una vez más es el gran taller que nos instruye.

Cabe recordar la célebre frase:

Nunca una tragedia aportó tanto a la humanidad.

(Wolfgang von Goethe)

Que aun sin necesidad de la Inteligencia Artificial, en este caso, ayuda a evocar un acontecimiento potencialmente digno de tener siempre en cuenta.

Historia de las excavaciones arqueológicas en Pompeya

La historia de las excavaciones arqueológicas en Pompeya inicia en 1748 bajo el reinado de Carlos de Nápoles para prolongarse hasta nuestros días: esta colosal aventura arqueológica, a lo largo de más de dos siglos, ha permitido desenterrar la antigua ciudad de Pompeya, sepultada desde la erupción del Vesubio en el año 79, junto con Herculano, Stabia y Oplontis.

Poco después del desastre natural, el emperador romano Alejandro Severo dio la orden de excavar en la zona donde había surgido la antigua Pompeya, pero a causa de la espesa capa de cenizas y lapilli, el proyecto se esfumó poco después. En 1553, el conde de Sarno, Muzio Tuttavilla, adquirió el feudo de Torre Annunziata y para poder alimentar los molinos del lugar, tomó la decisión de abrir un canal aprovechando el curso de las aguas del río Sarno. Entre 1594 y 1600, durante la construcción del canal del Conde, fueron hallados monedas y restos de edificios. Sin embargo, no llegó a comprenderse que se trataba de la antigua ciudad romana, y tras el terremoto de 1631 se abandonó todo de nuevo.

Hasta que, a continuación del descubrimiento de la antigua Herculano y de sus restos, la dinastía borbónica quiso acrecentar el propio patrimonio artístico. De hecho, el 23 de marzo de 1748, el ingeniero Roque Joaquín de Alcubierre, con la ayuda del abad Giacomo Martorelli y de los ingenieros Karl Jakob Weber y Francisco La Vega, abrió una primera excavación en la zona de Civita. Se descubrieron monedas, estatuas, fescos y un esqueleto así como una parte del anfiteatro... mas esta exploración fue abandonada. Las excavaciones en Pompeya se reanudaron en 1754 y en 1759, hasta el punto de que el rey Carlos de Borbón dio orden de crear la Academia Herculanense para registrar y describir los diversos hallazgos.