Para la mayoría de la gente común la interpretación de la vida silvestre y la existencia misma de los seres vivientes es algo místico. La respuesta de las primeras civilizaciones e incluso algunos grupos actuales es que los dioses las crearon y que la forma en que la naturaleza se relaciona es algo perfecto que no requiere explicación ni entendimiento alguno.

Fueron los primeros griegos, hace 2500 años, quienes comenzaron a dar las primeras descripciones de los seres vivos. Aunque aparentemente en la antigua China se dieron los primeros tratados de las aves, e incluso citando una relación del cuco y sus parásitos en el 1200 a. C. Volviendo a los griegos, fue Tales de Mileto (624-546 a. C.) uno de los primeros pensadores racionales que vincularon la materia como la explicación lógica de las cosas y sus interacciones, entre ellas el agua con la vida. Sin embargo, Tales era un deísta y consideraba que existía algo más allá de la vida que originaba la vida misma.

Casi 300 años después de Tales, Aristóteles de Estagira (384-322 a. C.) inició la primera clasificación ordenada y más sistemática de los seres vivos. Su tratado de animales tiene avances actuales como distinguir que los delfines no son peces, las primeras descripciones anatómicas e incluso ideas sobre la genética y la descendencia. Unos años cercanos, Teofrasto de Ereso (372-287 a. C.) fue el primer botánico con sus libros Historia Plantarum y De causis plantarum, donde encontramos las primeras reseñas de anatomía y fisiología vegetal.

Los antiguos romanos también aportaron las primeras explicaciones del origen de la vida y su evolución como Tito Lucrecio Caro (98-55 a. C.) con su texto De rerum natura. Y Cayo Plinio II “El viejo” (23-79 d. C.), quien es considerado el primer naturalista, Plinio Segundo escribió una enciclopedia de 37 volúmenes sobre el estado del conocimiento antiguo que incluye lo que pudiésemos llamar el primer tratado de biología, el estudio de los organismos vivos.

Luego sabemos que a la caída del Imperio Romano (476 d. C.) vinieron siglos de dedicación al estudio de las creencias místicas cristianas e islámicas. No obstante, fueron los árabes musulmanes quienes retomaron los estudios como el abasí Al Jahiz (775-869 d. C.), donde se encuentran las primeras reseñas de las migraciones animales en su libro Kitab al-Hayawan, aunque en su prosa se mezcla siempre la creencia islámica, su aporte es destacable.

En la Europa medieval, el emperador del Sacro Imperio Federico II de Hohenstaufen (1194-1259 DC) gustaba de la cetrería y esto lo llevó a ser un ornitólogo aficionado con 900 descripciones de aves y su comportamiento (Etología) en su libro Falkenbuch. En esa misma era, el fraile dominico Alberto Magno (s. XIII) recopiló en sus libros la fauna y plantas de la época De animalibus y De vegetabilis et plantis.

En el renacimiento y con la llegada de un pensamiento más racional y la imprenta se publica un gran libro, Das Buch der Natur por Konrad von Megenberg (1309-1374), pudiésemos definir este texto como una enciclopedia del conocimiento natural de la Edad Media, impresa e ilustrada en 1475. Para quienes estudiamos botánica, el nombre de Andrea Cesalpino (1519-1603) nos es familiar; este italiano le dio una vuelta más moderna a la clasificación de las plantas. Un zoólogo renacentista francés fue Guillaume Rondelet (1507-1566), quien se dedicó a descripciones exhaustivas de peces, entonces este naturalista sería mejor descrito como el primer ictiólogo. Obviamente no podemos olvidarnos de Leonardo da Vinci.

Ya para los años 1600 la ciencia y las técnicas nos ofrecían una herramienta que fue un hito para la biología, el microscopio. El mundo diminuto estaba al alcance del ojo humano. Si bien el padre de la microbiología es el holandés Anton Van Leeuwenhoek, me gusta la historia del británico Robert Hooke (1635-1703) con su libro Micrographia.

Quizás la gran revolución moderna de la biología vino de la mano de un sueco, Carlos Linneo (1707-1778), ya que él ideó la nomenclatura binomial. Es decir, clasificó toda la fauna y flora en especies con un nombre científico en latín basado en dos epítetos: uno genérico y otro específico. De esta manera un perro es Canis familiaris. Para cualquier biólogo o científico del planeta existe un lenguaje común, relativamente sencillo, y con una jerarquía rigurosa que cataloga a los seres vivos en 7 categorías ordenadas desde la división mayor de reinos hasta especies todo en su libro Systema Naturae.

Los jardines botánicos y museos de historia natural jugaron un papel crucial en el estudio de la vida silvestre, esto llevó al francés Jean Lamarck a formular las primeras ideas de la evolución orgánica y acuñar el termino Biología, pero fue el archiconocido Charles Darwin con su libro El origen de las Especies quien postuló una teoría científica que fue todo un cisma de los tiempos, la Evolución por Selección Natural. Además, Darwin realizó una expedición global a mediados del siglo XIX que pudiésemos decir fue el primer viaje de campo planetario que permite comparar y hacer inferencias.

En ese mismo siglo, el fraile austriaco Gregorio Mendel establece las primeras leyes de la genética. Louis Pasteur hace las primeras vacunas y como microbiólogo trae las primeras ideas de la inmunología. La ciencia de la Ecología nace en ese siglo con los aportes de Ernst Haeckel (1834-1919), quien, influenciado por Darwin, se fija con más detalle no tanto en las formas y especies sino en las interacciones entre las mismas y cómo se organizan. Otro alemán, Alexander von Humboldt, relacionó inicialmente cada ser viviente con su ambiente y de allí surgen las primeras ideas de conservación natural.

El siglo XX es uno de los saltos del conocimiento biológico gracias al avance de la tecnología microscópica y físico-química de esos años. La genética se vincula con la citología gracias al estudio de los cromosomas, posteriormente se descubre que estos organelos están constituidos por el ADN, molécula común de todos los seres vivos que guía las leyes de la herencia. Ese siglo también vio la síntesis de las matemáticas y la biología, como por ejemplo unificar las ideas de Darwin y Mendel en la Genética de Poblaciones con los aportes de Ronald Fisher, Sewall Wright y John Haldane en los años 1930. El ucraniano Teodozio Dobzhanski (1900-1975) demostró que las mutaciones y la selección natural actúan sobre las poblaciones vinculando así la ecología con el ambiente, de él la frase: Nada tiene sentido en la biología si no es a la luz de la evolución.

En los años 2000, las ciencias biológicas influyen directamente en la medicina, la sociología, la psicología y sobre todo en biotecnología, bioética y en los conceptos de la biología de la conservación para evitar la extinción de especies clave para los ecosistemas del planeta.