Como lo han señalado diversos autores, las ideas y conceptos de este genio han impregnado nuestro pensamiento y su influencia ha sido inmensa. No solo moldeó la filosofía y la ciencia en su tiempo, sino que sus conceptos siguen vigentes en la actualidad y continúan determinando, directa o indirectamente, nuestra manera de actuar y vivir.

Reconociendo él mismo que pudo equivocarse en algunos aspectos, ya que nunca se consideró un pensador dogmático, tampoco fue su intención que se creyera que sus ideas fueran siempre correctas; muchas estaban abiertas a la crítica y al rechazo si aparecían otras mejores que las refutaran.

Una de sus grandes fallas fue considerar la esclavitud como algo natural de su tiempo, y que llamaba legal como botín de guerra; aceptando que en cada hogar de Grecia hubiera un esclavo, aunque insistía en que se les debería dar un trato humano y no degradante a esas personas.

En su libro Política define a los seres humanos como “zóon politikón”, equivalente a animal político o social.

Él afirmaba: los humanos forman hogares y familias empujados por el deseo natural de reproducirse y tener hijos; estas familias se unen y forman pueblos para así poder satisfacer algo más que sus necesidades básicas, y los pueblos se unen y constituyen una ciudad-Estado (un país), lo que permite a los ciudadanos algo más que sobrevivir: alcanzar una vida plena e incluso producir cultura (arte, teatro, educación, filosofía, ciencia).

Solamente en la sociedad civil puede realizarse en su plenitud la esencia humana. Lo que constituye la base de la política es la firme convicción de la naturaleza social de las personas. Mediante la palabra, el hombre creó la sociedad; en esta desarrolló la inteligencia; en virtud de ella produjo el orden y, mediante este, la civilización.

Destacaba algo muy importante: que, para que la ciudad funcionara adecuadamente, se requería la participación de todos los ciudadanos capaces de tomar decisiones que importen a la comunidad, en lugar de limitarse a aceptar pasivamente normas sobre las que no tenían ni voz ni voto.

En el entendido de que el Estado o nación no es algo natural, sino creado por los individuos en aras de su bienestar y protección; por eso, la obligación de preservarlo.

En su Política describía la primera constitución de los griegos de Atenas y cómo es el modelo ideal y cómo debe gobernarse en la práctica. Además, en conjunto con sus alumnos había elaborado nada menos que la constitución de 60 ciudades de la Antigüedad.

En la Constitución de Atenas descarta un sistema político donde el poder se concentra en una sola persona, como en las monarquías. Indicaba que, cuando la élite de los ricos tiene el control del gobierno, a eso se le llama oligarquía; y cuando son los pobres, es decir, la mayoría, la que gobierna, a eso se le llama democracia.

El pensador del que hablamos estaba en contra de esos dos sistemas puros de gobierno, porque priorizan el bienestar de un grupo sobre toda la comunidad. Considera que lo mejor es una combinación de ambos sectores, para que en la ciudad-Estado todas las partes trabajen por el bienestar de toda la comunidad. Por ello, sostenía que la clase media debería contribuir a esto, y que se debía ampliar este grupo de población en toda Grecia.

La manera de lograrlo era sacar a la gente de la pobreza, frenando la riqueza excesiva y, en general, reduciendo las desigualdades sociales y económicas.

Otorgaba mucha importancia a la familia, señalando: la familia es el núcleo del Estado y lo precede; si esta desapareciera, aun la misma unidad del conjunto político se resentiría. Con elementos como la educación, el buen orden familiar y la religión, casi cualquier sistema tradicional de gobierno puede dar buen resultado.

Planteaba que el Estado debe tener leyes muy claras y precisas que den lugar a la obediencia de estas, debido a que el hombre no actúa movido por ideales éticos; por ello es preciso coaccionar su voluntad por medio de la ley para que haga lo correcto. Con ley, el hombre es el ser más perfecto; sin ella, es el más salvaje. Por eso precisa de una organización social que, mediante normas, lo obligue a obrar rectamente.

Sostenía que todos los seres humanos, desde que nacen, son muy curiosos y buscan conocer incluso sin ninguna utilidad o propósito; simplemente está en la naturaleza humana tratar de obtener la mayor información posible con el fin de comprender mejor el mundo en que vivimos.

El ser humano es un animal racional y su rasgo distintivo es su capacidad de pensar racionalmente. Como ser vivo, se define por las capacidades y habilidades que posee: desde que nace, crece, se mueve, se relaciona con otros iguales, se reproduce y, sobre todo, piensa. Usamos la razón para intentar comprender el mundo que nos rodea y a nosotros mismos. Por eso somos animales racionales.

Utilizaba la palabra logos, que equivale a razón; eso es lo que nos separa de los otros animales. Somos los únicos que podemos hablar y explicar por qué suceden las cosas, y es gracias a ese lenguaje que nos relacionamos con otros seres humanos.

Además, somos animales sociales que requieren asociarse con otros para sobrevivir.

¿Qué distingue a un ser vivo de un cadáver? Es la psyche o alma, que anima a todos los seres vivos y desaparece cuando se muere. Está íntimamente ligada al cuerpo y, de acuerdo con lo que exponía este sabio, el alma es un conjunto de capacidades y habilidades que nos ayudan a pensar y a tener emociones como el amor, el disgusto o el temor. Él la consideraba algo material, unida al cuerpo y que lo gobierna. Consideraba al alma como aquello por lo que vivimos, comprendemos y pensamos.

Era muy claro al afirmar que no creía en la inmortalidad del alma. “Para mí —decía—, todas las cosas vivientes y el hombre tienen un alma, y esta muere con el cuerpo al fallecer la persona. El alma es usted: eso hace lo que es usted y quién es usted”.

Obtenemos nuestros primeros conocimientos gracias a los sentidos, que nos proporcionan experiencias; una vez que el sujeto las capta como ideas, nuestra inteligencia puede realizar la tarea de abstracción y reflexión1.

Aunque pensadores anteriores habían sugerido que los primeros animales vivos fueron los peces y que a partir de ellos se desarrollaron los humanos —una teoría rudimentaria inicial de la evolución—, él no estaba de acuerdo con esta hipótesis. Aunque se equivocó en eso, propuso una primera hipótesis de la herencia que con los años se comprobó en parte como correcta: que la herencia se transmite por la semilla o esperma de los animales. Él expresaba: un caballo tiene las características de caballo porque sus padres eran caballos; los perros producen perros porque sus padres eran perros.

Por cierto, señaló a los griegos que los gusanos elaboraban una fibra con la que se podían hacer tejidos. No le prestaron atención, y los chinos mantuvieron por siglos el secreto de la producción de la seda.

Sobre la mujer opinaba, al parecer con base biológica, que estaba subordinada al hombre “por naturaleza” (término que en griego también puede significar “por lo general”), debido a que los hombres son físicamente más fuertes. Incluso afirmaba que esto existía en la naturaleza, donde los machos suelen ser más fuertes y agresivos.

Pero reconocía que las mujeres han sido dotadas por la naturaleza de sentidos más agudos que los hombres en lo que llamaba inteligencia2.

Este sabio había aceptado una premisa socrática: buscar un camino intermedio que evitara los extremos, tanto en política como en la vida. En consonancia con lo que Buda afirmaba a miles de kilómetros y en otra cultura —seguir un camino medio entre el hedonismo y el ascetismo—, y con lo que Confucio señalaba: que el término medio es el bien supremo.

Cuando le preguntaban cómo alcanzar la felicidad, respondía:

La vida es un proceso o una actividad en la que hacemos cosas, pero no es un estado ideal de bienestar que debamos alcanzar y donde todo estará bien para siempre. La vida no funciona así: es un proceso continuo y cambiante, un largo y tortuoso camino desde el nacimiento hasta la muerte. La felicidad no es algo que pertenezca a alguien como una disposición permanente, sino un discurrir donde debemos hacer lo correcto, no por el beneficio que podamos obtener con ello.

Ese sabio, conocido como el “nous” de la Academia de Platón —nombre con el cual Platón reconocía la tremenda capacidad intelectual de su alumno—, es Aristóteles, de quien hemos estado hablando.

En Aristóteles, la concepción de la naturaleza humana es totalmente coherente: cada ideal tiene una base natural y no especulativa, y todo lo natural tiene un desarrollo ideal.

Notas y bibliografía

1 Ahora sabemos que esa alma es lo que nosotros llamamos mente, la cual, aunque es algo abstracto, se debe al funcionamiento de la materia (el cerebro). Debemos reconocer que ya por esos tiempos el médico Hipócrates y antes el médico Alcmeón habían pensado que el cerebro era el centro de la inteligencia y la razón, algo que, al parecer, nuestro sabio desconocía.
2 Aunque en esos tiempos los hombres acaparaban todas las actividades, algo que en los tiempos modernos no está sucediendo, ya vemos cómo, por ejemplo, en medicina más del 60% son mujeres y ocupan todos los puestos de mando, incluso de los más difíciles de la profesión.

Aristóteles. (1968). Obras filosóficas. México. Vol. III. Editorial W.M. Jackson Inc.
Brentano, Franz. (1983). Aristóteles. España. Editorial Labor. S.A.
Jaramillo, Antillón, Juan. (2012). Conversaciones con las grandes figuras de la historia. Costa Rica. Editorial EUNED.
Magee, Bryan. (1999). Aristóteles. Historia de la filosofía. España. Editorial Labor S.A. Sellars, John. (2024). Lecciones de Aristóteles. España. Editorial Taurus.