Mucho se habla de los microplásticos; lo cierto es que están en todas partes: suspendidos en el aire, el suelo, el agua de los ríos y mares, e incluso en los organismos vivos, es decir, en animales y en los humanos. No es un cuento; convivimos con ellos, muchas veces sin saberlo o restándole importancia. A pesar de que los gobiernos también conocen el problema, poco o nada hacen para abordar esta cuestión silenciosa que ya está causando serios estragos en la fauna, la flora y la especie humana.

¿Qué son los microplásticos y cómo se producen?

Los microplásticos son partículas imperceptibles que pueden medir hasta 5 milímetros. Son tan pequeños que, en muchas ocasiones, pasan desapercibidos y son el resultado de la degradación de bolsas plásticas, botellas y otros productos derivados de este material que utilizamos en nuestra vida diaria.

Estos temidos pero invisibles microplásticos se producen, principalmente, de dos formas. Primero, son fabricados intencionalmente en tamaños pequeños, como las microperlas en cosméticos y las microfibras sintéticas de la ropa. Segundo, se generan por la fragmentación de objetos plásticos, como redes de pesca, cubiertos y llantas, que, debido a la acción de la luz solar, el viento y las olas, se descomponen.

Lo que ocurre en todo el mundo también se refleja en Perú, y en particular en la región de Arequipa, al sur del país. Su geografía costera y andina ya se ve alterada por este problema, al punto de que al menos tres especies de aves presentan microplásticos en sus organismos. Igualmente, se ha comprobado que en algunos de los principales ríos de la región la situación es similar, lo que indica que los animales que habitan en estos ecosistemas también son víctimas de estos microagentes altamente dañinos.

El cóndor andino: la primera víctima identificada

El cóndor andino dio la primera alerta cuando, en 2023, el investigador del área de Ornitología del Museo de Historia Natural (MUSA) de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa (UNSA), Víctor Gamarra Toledo, descubrió que los plásticos formaban parte de la dieta de esta importante ave, caracterizada por alimentarse de carroña.

El biólogo especialista señaló que llamó la atención que, en muchas de las muestras recogidas de los desechos de los cóndores, se halló plástico. “Cuando finalizamos el trabajo de campo y revisamos las egagrópilas —gránulos formados por alimentos no digeridos que regurgitan algunas aves— nos sorprendió la cantidad de plástico que se encontró”, comentó en una reciente entrevista.

Esta investigación se llevó a cabo en dos áreas protegidas en otras ciudades peruanas: la Reserva Nacional San Fernando, en la región Ica, y en la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Pampa Galeras Barbara D’Achille, en la región andina de Ayacucho. Sin embargo, el panorama es similar en Arequipa, donde también habita el cóndor andino, en el Valle del Colca y en las zonas costeras arequipeñas.

“Al ocupar la cima de la cadena trófica, el cóndor actúa como un espejo de lo que ocurre en los ecosistemas”, explica Gamarra-Toledo. “Nuestros estudios han demostrado que entre el 80% y el 100% de las muestras analizadas en ambientes marino-costeros y andinos presentan contaminación por microplásticos. Esto no solo afecta a estas aves, sino que nos advierte sobre la magnitud del problema y su impacto en nuestra propia salud”.

Gamarra-Toledo, a quien pude entrevistar recientemente, afirmó: “Estamos respirando microplásticos; los tenemos en nuestros órganos. Los estudios realizados en personas sugieren que podrían estar relacionados con enfermedades neurodegenerativas y alteraciones inmunitarias. Es una bomba de tiempo que debemos desactivar”.

En la costa, la contaminación se produce por los restos de peces y focas contaminados que los cóndores ingieren, mientras que en la zona de sierra, lo hacen a partir de restos de alpacas, llamas y vicuñas infectadas, tras alimentarse de pastizales donde ya se evidencia la presencia de microplásticos.

El lamento del chiguanco y la tanka

En septiembre de 2025, se publicó una preocupante investigación de pregrado de la UNSA, liderada por la estudiante Karen Ripas, que reveló que el chiguanco (Turdus chiguanco) y el gorrión de collar rufo, conocido en Arequipa como "Tankita" (Zonotrichia capensis), estaban contaminados con microplásticos. Esto se debe a que los ingieren mientras buscan alimentos tanto en zonas rurales como urbanas, como parques, jardines, huertos, o la propia Plaza de Armas de Arequipa, donde buscan lombrices, granos y comida, sin saber que entre lo que consumen hay colillas de cigarrillos, restos de bolsas de plástico y otros desechos humanos.

Esta investigación comenzó en 2023 y presenta malas noticias: estas aves emblemáticas ya son presas de los microplásticos, lo que contamina sus organismos y pone en riesgo su bienestar, afectando su capacidad de supervivencia y reproducción.

La investigación de Ripas, basada en el análisis de muestras fecales, analizó los contenidos estomacales de 76 aves de diferentes entornos de Arequipa. Los resultados fueron contundentes: se detectó la presencia de microplásticos en el 100% de las muestras recogidas en zonas urbanas y en el 90% de las muestras de zonas silvestres, donde la influencia humana debería ser menor.

Ripas explicó que los microplásticos no desaparecen del ambiente, sino que se fragmentan en partículas diminutas que se incorporan a la cadena alimentaria. Las aves los acumulan en su organismo al consumir semillas o insectos contaminados.

A su vez, Gamarra-Toledo sostiene con preocupación que el problema trasciende lo ambiental y afecta directamente la salud humana: “Se han hallado microplásticos en proporciones bastante altas, por lo que es muy probable que también estén presentes en muchas especies y, por supuesto, en nosotros. Esto ha sido corroborado en diversos estudios. El plástico está en todas partes”, concluyó.

Los ríos arequipeños: fuente de contaminación

Otro estudio desarrollado en la UNSA por la investigadora Adriana Larrea Valdivia, iniciado en 2022, evaluó la contaminación por microplásticos en el agua, aire y suelo de los ríos arequipeños. La investigación se centró en 11 puntos, incluyendo áreas críticas.

La investigación reveló la alarmante presencia de microplásticos en varios afluentes. El punto más contaminado fue Tingo, con 172.70 MPs/m³, lo que indica un panorama preocupante para la salud ambiental.

Las muestras fueron recabadas en las zonas de Desembocadura, Quilca, Siguas, Vítor, Uchumayo, Huayco, Tiabaya, Tingo, Puente Grau, Charcani y Yura.

Las causas de esta contaminación son diversas y preocupantes. Desde fibras sintéticas de la ropa hasta desechos plásticos generados por la agricultura, todos estos elementos contribuyen a la degradación de los ríos. En particular, el uso de bolsas terreras durante la temporada de lluvias para encauzar el río Chili ha incrementado la presencia de microplásticos en el agua. Los principales tipos de plásticos hallados fueron polietileno (40,8%), polipropileno (23,8%) y fibras sintéticas (15,8%).

El estudio ha confirmado que los ríos Chili, Vítor y Quilca están contaminados con microplásticos; sin embargo, aún no se ha establecido un umbral de concentración que indique riesgo, como ocurre con otros contaminantes. La afectación a la fauna acuática es otro aspecto alarmante, ya que los microplásticos pueden ser confundidos con alimento por especies como anfibios y peces, lo que incrementa la mortalidad y altera el equilibrio del ecosistema. Además, su ingesta puede introducir estas partículas en la cadena alimentaria, afectando potencialmente a los seres humanos.