Con el objetivo de lograr un mayor nivel de involucramiento en la crianza por parte de padres y madres en el Perú, cinco estudiantes de Educación Superior en este país crearon “Paternidad con ternura: proyecto de comunicación para el desarrollo”. Se trata de una iniciativa que surge desde un lugar muy personal para parte de sus integrantes y que tuvo su puesta en marcha en un colegio de la ciudad del Callao.
“Nos propusimos trabajar desde la comunicación para visibilizar que el cuidado y la ternura también son parte de la masculinidad, y que criar con amor no resta fortaleza, sino que la redefine”, afirman.
Durante los últimos años, el trabajo con hombres y masculinidades a nivel mundial ha estado enfocado en relevar la importancia del cuidado como una necesidad y como un espacio que es necesario dejar de ver como una tarea exclusiva de las mujeres. Diversas iniciativas apuntan a trabajar el cuidado como una forma de mejorar las relaciones al interior de la familia, de lograr que los padres se involucren de una forma más activa - transformando el mandato social de la masculinidad tradicional que apunta, entre otros, a que el hombre es puramente un proveedor - y estableciendo el concepto de la corresponsabilidad como una manera de fortalecer las relaciones familiares y también aquellas que se cultivan fuera de casa.
Una de estas iniciativas surgió en el Perú y fue creada por el grupo compuesto por Ana Cristina Yáñez, Bibiana Salazar, Gloria Ayala, Mauricio Capacyachi y Micaela La Rosa, estudiantes de la carrera de Comunicación para el Desarrollo en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y que desarrollaron su proyecto final de carrera: “Paternidad con Ternura”.
En esta entrevista, conversamos con Bibiana, Gloria y Mauricio, quienes presentaron los resultados del proyecto en el “II Foro sobre Corresponsabilidad y Masculinidades Igualitarias”, realizado en Cáceres (España), el pasado 24 de octubre de 2025.
A nivel personal, ¿cómo se genera el interés de pensar e implementar un proyecto como éste?
Coincidentemente —y quizá no tan casualmente—, tres de las cinco integrantes del equipo no tienen una figura paterna presente. Esa coincidencia nos llevó a mirarnos hacia adentro y reconocer cuánto influye la ausencia o presencia emocional de un padre en la construcción de quiénes somos. Desde allí, y mientras explorábamos distintos temas, fuimos comprendiendo que hablar de paternidades no era solo algo personal, sino profundamente social.
En el Perú, 8 de cada 10 mujeres tienen hijos, son solteras y el 32% de los hogares están liderados por mujeres. Las cifras hablan de una realidad donde la figura paterna suele estar ausente o limitada a un rol proveedor. Esta situación no solo recae en las madres, sino que también afecta a los propios hombres, a quienes se les niega la posibilidad de ejercer una paternidad afectiva y libre de estereotipos.
Así nació Paternidad con ternura. Una propuesta que busca romper con la idea tradicional del “padre proveedor” para dar paso a una figura más humana, emocional y presente. Nos propusimos trabajar desde la comunicación para visibilizar que el cuidado y la ternura también son parte de la masculinidad, y que criar con amor no resta fortaleza, sino que la redefine. El proyecto combina teoría, emociones y creatividad: una mirada empática que, desde lo personal, se transformó en un compromiso colectivo por impulsar nuevas masculinidades y paternidades corresponsables.
¿Cómo fue el proceso de pensar el proyecto? ¿Cómo fueron definiendo las etapas y las actividades que lo componen?
El proceso de pensar el proyecto partió de una pregunta guía: ¿qué problemática queremos abordar? Al inicio del ciclo, nos reunimos como equipo para realizar una lluvia de ideas que nos ayudara a definir el tema que guiaría nuestro trabajo durante los siguientes cuatro meses, dentro del marco del curso. Entre conversaciones y risas, nos dimos cuenta de que la respuesta siempre había estado ahí, en nuestros propios chistes. Frases como “no tengo papá” o “tengo daddy issues”, que usábamos en tono humorístico, revelaban en realidad una problemática profunda. Comprendimos que no solo reflejaba la experiencia de tres de nosotros, sino también la de muchos jóvenes y adultos que no lograron construir un vínculo sano con sus figuras paternas.
A partir de ello, nos preguntamos por qué sucede esto. Reflexionamos sobre cómo ciertas formas de entender el cuidado, la división del trabajo y la construcción de masculinidades y feminidades influyen en estas relaciones. Para comprender su complejidad, recurrimos a especialistas como psicólogos, sociólogos y antropólogos, que nos ofrecieron distintas perspectivas desde sus campos. Desde la comunicación para el desarrollo, integramos todos estos enfoques para entender la problemática en sus diferentes niveles y traducirla en etapas y actividades concretas. Así, identificamos que las paternidades se manifiestan en tres niveles: personal, comunitario y sistémico. Cada uno refleja cómo nos socializamos y construimos nuestra identidad en relación con el cuidado y las masculinidades.
Con esta información sobre la mesa, el grupo decidió estructurar el proyecto en tres ejes principales: uno individual, que llamaron “La mochila”, y que fue el punto de inicio desde la introspección, con una invitación a reflexionar sobre lo que significa ser padre o madre en la sociedad peruana actual y cuáles son las cargas asociadas. El segundo fue un nivel colectivo, al que denominaron “las narrativas que conectan”, cuyo foco estuvo puesto en analizar la forma en que es abordado el cuidado y su relación con las paternidades y cómo esto moldea las prácticas cotidianas asociadas. Y finalmente identificaron un nivel sistémico, identificado como “Romper el patrón”, cuyo fin fue cuestionar y transformar determinadas representaciones y creencias sociales que determinan determinados modelos de paternidad y cuidado. “Si bien este planteamiento parte de un análisis teórico y reflexivo, también buscamos aterrizar en actividades concretas que puedan adaptarse a distintos espacios: presenciales, culturales y digitales”, afirman. Para responder a este desafío, trabajaron el diseño de lo que identificaron como “rutas de intervención versátiles” y que, en sus palabras, fueran “capaces de dialogar con diversos públicos - jóvenes, padres y la comunidad en general - y generar transformaciones desde distintos ámbitos”.
La puesta en marcha
Con las etapas y actividades definidas, el grupo se acercó a la Institución Educativa Virgen del Pilar, localizada en el distrito de Bellavista (en El Callao). Fue dicho establecimiento el que abrió las puertas y que permitió que el proyecto cobrara vida.
¿Cómo fue la recepción del equipo docente, de la dirección, de las familias?
La recepción fue sumamente positiva desde el primer acercamiento. El director, Luis Cáceres, y la docente Elizabeth —a cargo del aula de Inicial de 5 años— mostraron desde el inicio una apertura genuina y reconocimiento por la importancia del tema. No solo nos brindaron los espacios físicos para realizar el diagnóstico y las actividades, sino que también participaron activamente en la planificación, validando junto a nosotras la pertinencia de las metodologías y adaptándolas al contexto del colegio.
Durante el diagnóstico, identificamos una realidad común: los padres varones tenían baja participación presencial en las actividades escolares, principalmente por motivos laborales, mientras que las madres asumían casi toda la carga de acompañamiento y cuidado. Pese a ello, detectamos un interés creciente por “romper el patrón” y promover nuevas formas de relacionarse con los hijos e hijas. Ese hallazgo nos motivó a diseñar experiencias que conectaran con las emociones y no solo con la teoría.
Así surgió “Apapachos: Museo de papás”, una actividad donde las familias compartieron fotografías que reflejaban ternura, afecto y diferentes tipos de figuras paternas, desde abuelos hasta madres que ejercen ese rol. El recorrido fue acompañado de reflexiones y un espacio donde los asistentes podían escribir mensajes sobre qué significaba para ellos la paternidad. Fue una experiencia cálida y muy emotiva: las fotos y frases provocaron risas, lágrimas y conversaciones profundas.
Luego realizamos “Destruir para construir”, un taller donde invitamos a madres y padres a reconocer qué características de sus propios padres o madres querían conservar y cuáles deseaban transformar. En esta oportunidad, solo asistieron las mamás, lo que reflejó nuevamente la urgencia de seguir trabajando en la participación de los padres. Aun así, el espacio se convirtió en un momento poderoso de contención y autoconocimiento: muchas compartieron experiencias de dolor y orgullo que les permitieron resignificar su forma de criar.
En general, tanto el equipo docente como la dirección valoraron el enfoque integral y la sensibilidad del proyecto. Varias docentes expresaron que las actividades ayudaron a fortalecer el vínculo escuela-familia y pidieron que el proyecto continúe en los próximos años como parte del plan de convivencia y tutoría.
¿Cuáles fueron los mayores desafíos que encontraron a lo largo de la implementación del proyecto?
Para la etapa de implementación, decidimos trabajar con padres y madres primerizos entre 25 y 35 años, con hijos de entre 4 y 5 años. Desde el inicio, identificamos tres grandes retos: generar espacios de conexión significativos, lograr la participación activa de los padres y las madres, y asegurar la sostenibilidad e impacto de las pocas actividades que podíamos realizar dentro del tiempo disponible.
Uno de los principales desafíos fue el contexto de los padres. La mayoría eran trabajadores con jornadas extensas, que iban desde las siete de la mañana hasta las ocho de la noche. Esto significaba que contaban con muy poco tiempo para involucrarse en la crianza o participar en actividades fuera del trabajo. Sus únicos momentos de interacción con los hijos solían ser los traslados al colegio o las breves rutinas diarias, lo que limitaba las oportunidades para fortalecer vínculos o participar activamente.
Por ello, al diseñar las actividades tuvimos que identificar cuidadosamente los espacios clave donde fuera posible encontrarlos. Sin embargo, notamos una gran diferencia en la participación: mientras las madres mostraban mayor interés y disponibilidad, muchos padres se mantenían más distantes o poco involucrados. Ante esta situación, vimos necesario potenciar otras rutas de intervención, especialmente la ruta digital, como una herramienta fundamental para conectar con los padres y transmitir los mensajes centrales del proyecto de manera accesible y flexible.
Otro reto importante fue la brecha generacional y contextual entre nosotros y los padres participantes. Aunque compartimos edades similares, nuestras experiencias y entornos eran distintos, lo que dificultó establecer una conexión inmediata. Para superar esto, contamos con el apoyo de las profesoras del centro educativo, quienes actuaron como mediadoras y nos ayudaron a generar confianza y cercanía con las familias.
Finalmente, reconocimos la importancia de contar con voceros, representantes y aliados clave que fortalezcan el vínculo con la comunidad y garanticen la continuidad de las acciones. Estos actores son fundamentales para asegurar que cada actividad tenga un impacto real y sostenible en el tiempo.
¿Cómo se dio el proceso de involucrar a las madres en este proyecto? ¿Y a los padres?
La integración de las madres estuvo pensada desde la planificación del proyecto. Nos resultaba imposible pensar en un proyecto hacia los padres, sin pensar en el rol que vienen cumpliendo las maternidades en los procesos de cuidado y crianza. Por eso, cada etapa formulaba acciones de involucramiento a las mamás: el diagnóstico, la planificación, la ejecución y la propuesta de sostenibilidad. Las estrategias para intervenir a los padres también fueron pensadas desde el vínculo con sus parejas y las experiencias de estas con sus propios papás.
La participación de las madres en la etapa inicial del diagnóstico nos permitió conocer sus experiencias acerca de su propia figura paterna, así como la percepción de la figura paterna que ahora tenían sus hijas e hijos. Las actividades ejecutadas también las tenía como protagonistas. Eran en su mayoría mamás las que recogían a las/os niñas/os del colegio; entonces, eran quienes participaban en las actividades propuestas, ya que eran ejecutadas en los horarios de salida. Como equipo, fuimos conscientes de que sus estilos de cuidado y crianza también pueden ser cuestionados en beneficio de romper los mandatos tradicionales de género. Así, su participación funcionó como una autorretroalimentación, donde la comunicación permitió una reflexión acerca de su rol maternal.
Los padres estuvieron presentes desde las primeras ideas que nos acercaron a pensar en el proyecto. “Su involucramiento lo contemplamos no sólo desde su rol como padre, sino como figuras masculinas en la sociedad”. Así, las estrategias organizadas vincularon de manera constante a las performatividades hombre-padre, proponiendo una ruta que pase por la introspección, la sociabilización de experiencias y la acción de ruptura hacia los mandatos tradicionales de género. “La búsqueda de construir nuevas paternidades también apuntó a hacer reflexionar a hombres en su rol como padres, con las exigencias de una sociedad que también tiene consecuencias negativas para las figuras que desean ser”. Lamentablemente, por tiempos y presupuesto, las estrategias de convocatoria no llegaron a ser personalizadas para los padres, quienes tuvieron una participación bastante limitada en las actividades desarrolladas.
¿Cómo fue la recepción de los padres? ¿Hubo resistencia? Si fue el caso, ¿a qué la atribuyen?
Los padres fueron recibidos desde el momento del diagnóstico, donde tuvimos la intención de conocer sus experiencias y sus creencias en la crianza y el cuidado que tienen con sus pequeños/as. Desde un primer momento notamos las diferencias en su nivel de participación en contraste con las mamás. En el focus group convocado, de 15 familias solo llegaron 4 papás y uno se fue a mitad. La misma actividad en el caso de las madres convocó a más de 10 mamás y el tiempo quedó corto para que todas pudieran tener la misma cantidad de participaciones. No hubo estrategias diferentes de convocatoria; tanto con madres como con padres presentamos el proyecto dentro de una lógica familiar, el alcance ya nos daba una respuesta acerca de la configuración de los roles en cada uno/a de ellos/as.
Esta resistencia no solo se dio en el inicio. Se acrecentó conforme avanzó el resto de actividades. Una de estas contemplaba el envío de fotos de un momento feliz con sus hijos/as; la mayoría de fotos que recibimos, por no decir todas, eran de madres con sus hijos sin la presencia de la figura paterna. En las actividades presenciales, como la presentación de un museo con las fotos enviadas o el desarrollo de un taller para reconstruir las formas en que funcionaba cada hogar, la presencia de padres no llegó ni a 5 personas –es importante recalcar que sí fueron algunos hermanos, pero que no necesariamente tienen el rol paternal dentro del hogar, solo cumplían una responsabilidad de recojo del niño/a en el horario de salida–. Así, surge nuestro disclaimer que dirige la exposición de nuestros resultados como parte final del proyecto, y como parte de su socialización: ¿Y dónde están los papás?
Comprender este comportamiento de los padres en relación a su participación activa se desdobla en diferentes factores. Por un lado, muchos de ellos se encontraban en horario laboral durante la ejecución de las actividades; no habría problema con ello, pero eran las madres quienes mayormente asistían a recoger a los/as hijos/as, reflejando roles tradicionales de crianza como que el hombre es el proveedor y la mujer es la encargada del hogar y única responsable del cuidado.
Otro factor es el poco interés que podía suscitar la iniciativa en ellos; justamente la actividad buscaba que las paternidades pudieran compartir sus experiencias entre sí a través de una reflexión personal, pero al parecer los hombres aún les temen externalizar sentimientos y emociones. Muchos de los padres llegaban al colegio y decidían no entrar a la actividad o esperar de la puerta hacia afuera. Por último, existían familias “monomaternales”, lideradas por mujeres y con hombres que habían delegado la responsabilidad a las madres de familia; la situación de este abandono no fue profundizada, pero en Perú se ha vuelto común que en este tipo de familias, el padre se desligue completamente de la responsabilidad que presuponen los/as hijos/as.
A nivel interno, ¿cómo fueron calibrando las primeras experiencias, los primeros resultados? Y junto con esto: ¿fue necesario realizar algún cambio o refuerzo a lo largo del tiempo de implementación?
Nuestras primeras experiencias comenzaron incluso antes de la implementación del proyecto, durante la fase de investigación. En esta etapa realizamos focus groups con padres y madres, lo que nos permitió identificar un gran desafío: el ausentismo de los padres, quienes eran nuestro público objetivo principal. Esa situación nos llevó a replantear y adaptar lo planificado a la realidad del contexto con el que estábamos trabajando. En nuestra primera actividad, llamada museo de Papás “Apapachos”, observamos un interés notable por parte de las profesoras y las madres, aunque la participación de los padres seguía siendo limitada. A partir de esta experiencia, comprendimos la necesidad de ampliar el enfoque de nuestras herramientas. Decidimos no dirigirnos exclusivamente a los padres, sino también incluir a las madres, ya que “la construcción de los roles de cuidado está estrechamente vinculada y depende de ambas partes”. Además, reconocimos que las profesoras desempeñan un papel fundamental en este proceso, pues forman parte del mismo ecosistema familiar y educativo con el que trabajamos.
Con este aprendizaje, diseñamos nuestro segundo espacio: el taller “Destruir para construir”, donde adaptamos la metodología para que también pudiera conectar con las madres. Paralelamente, continuamos buscando otros espacios donde fuera posible trabajar directamente con los padres y fortalecer su participación.
Durante todo este proceso, fue necesario ajustar nuestras propias habilidades de moderación para asegurar que los espacios creados cumplieran sus objetivos y fomentaran una participación genuina. Aprendimos que los proyectos no nos pertenecen únicamente a nosotros como equipo, sino que cobran vida a través de las personas con las que trabajamos. Por eso, buscamos que cada actividad sea versátil y moldeable, capaz de adaptarse a distintas realidades y contextos. De esta manera, cada espacio se convierte en una oportunidad para construir, junto con la comunidad, un camino común hacia un mismo objetivo compartido.
Resultados y proyecciones
¿Cuáles fueron las respuestas, en general, que fueron recibiendo a lo largo del proyecto?
Las respuestas principalmente apuntaban a darle valor a la iniciativa, resaltando la importancia de hablar sobre las paternidades, considerando que todas y todos, queramos o no, somos hijos/as y tenemos un padre. Estas ideas vinculaban a la idea de la paternidad con la de la masculinidad, que se encuentran conectadas de manera potente. “La socialización del proyecto siempre despertaba cuestionamientos y reflexiones a quienes la escuchaban”. Todas estas personas se transformaban en nuestro público objetivo indirecto, siendo interpeladas por nuestras dinámicas y el contenido que les compartimos para que también piensen sobre la relación con sus padres. Así, se puede hablar de una respuesta en un sentido de adhesión y valor del proyecto, donde veían a las paternidades y su construcción en base a los mandatos de género, como una problemática a ser discutida y dialogada con alta urgencia.
En cuestión de quienes fueron beneficiarios/as directos de las actividades —el ecosistema educativo del nivel de inicial cinco años—, existió en un primer momento una respuesta institucional en favor del proyecto. El director y la psicóloga estuvieron de acuerdo con la realización de los diferentes procesos. “Sorprendió que lo hicieran a pesar de que se presentaban como colegio católico, pero que confiaba en la importancia de una crianza compartida entre madre y padre de familia”. Durante la ejecución de las actividades, siempre existió una predisposición y, ya finalizando con las etapas, reafirmaron su postura de apoyo a los/as alumnos/as respecto al seguimiento familiar que necesitan. Por ello, fue bien recibido el “Manual de paternidades” que les ofrecimos como parte de la estrategia de sostenibilidad y que les permite replicar cada acción, paso a paso.
En la misma línea de beneficiarios/as, nuestro público principal: las madres y los padres de familia expusieron diferentes respuestas durante el proyecto. En un inicio, los grupos focales que formaban parte del diagnóstico atrajeron la atención de madres y padres –más de las primeras, quienes duplicaron en asistencia a los segundos–. Sin embargo, las figuras paternas comenzaron a ausentarse en nuestras siguientes visitas. Por ejemplo, en “Apapachos: Museo de papás”, muchos padres decidían permanecer al margen o no ingresar a la actividad, aun cuando esta no tenía un componente participativo fuerte más allá de la respuesta a una pregunta al final del recorrido.
Para esta actividad, se solicitaron fotos de alumnos/as con su madre y padre para colocarlas en el museo: la mayoría de las fotografías solo mostraban figuras maternas. En la última actividad, 100% participativa, sólo llegaron mamás y se tuvieron que adaptar las dinámicas para que se reflexione y cuestione el rol paternal, desde las maternidades. En líneas generales, podemos afirmar que fueron las madres las más interesadas en participar del proyecto, manifestando su interés y verbalizando la importancia de llevar a cabo cuestionamientos sobre los roles tradicionales de género. Al otro lado, se quedaron los papás, de quienes sus respuestas, en su mayoría, finalizaron en experiencias compartidas en el grupo focal y no fueron traducidas a participaciones activas en el resto de la propuesta que se armó para ellos.
Una vez finalizado el proyecto, ¿cuál es la evaluación que hacen como equipo y qué piensan sobre esta iniciativa hacia el futuro?
Al cerrar el ciclo, sentimos que “Paternidad con ternura” logró sembrar una semilla. A través de nuestras estrategias —como la campaña digital, los talleres presenciales y el trabajo emocional en el aula— conseguimos abrir espacios de diálogo donde antes predominaba el silencio. Logramos que madres, docentes y, en menor medida, algunos padres, se detuvieran a pensar en su propia crianza, en los patrones que arrastran y en cómo desean ejercer su rol parental.
Evaluamos la experiencia como un proceso de transformación tanto para las familias como para nosotras. Las reflexiones recogidas en el “Museo de papás” y en los talleres evidenciaron que “hablar de ternura no es algo menor: es cuestionar estructuras culturales que asocian la paternidad con la distancia y el autoritarismo”. También aprendimos que los procesos de cambio cultural necesitan tiempo, acompañamiento y constancia, y que los espacios seguros y de contención emocional son fundamentales para sostenerlos.
El impacto del proyecto trascendió lo presencial. “A través de la ruta digital, la campaña de intriga y la serie de videos cortos alcanzaron más de 6.000 visualizaciones y generaron interacción en redes, especialmente entre jóvenes”. Esto permitió ampliar la conversación sobre las nuevas paternidades más allá del entorno escolar, construyendo comunidad en línea y despertando interés en organizaciones aliadas como “PapáLab” y “Sin Tabúes”.
De cara al futuro, imaginamos “Paternidad con ternura” como una propuesta escalable y sostenible. Queremos que se implemente en más colegios, empresas y espacios comunitarios, adaptando las actividades a distintos públicos, y que se fortalezca con alianzas institucionales. “Nuestra meta es seguir promoviendo una cultura donde el cuidado y la ternura sean reconocidos como responsabilidades compartidas, no como ayudas o favores”.
Nota
Un registro del proyecto “Paternidad con Ternura” y la experiencia de este grupo de estudiantes se encuentran disponibles en [Instagram](https://www.google.com/search?q=(%40paternidadcon.ternura&oq=(%40paternidadcon.ternura&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIGCAEQRRg60gEIOTU1NGowajeoAgCwAgA&sourceid=chrome&ie=UTF-8).















