Hace meses que intentan negociar Irán y Estados Unidos, gracias a Pakistán como un activo facilitador. Hay avances y retrocesos, alternadamente, sin nada definitivo. Han sido más bien tratativas que una negociación propiamente tal. Entonces, conviene analizarlas desde perspectivas diferentes, por sobre las conocidas propuestas de ambos siempre perentorias, amenazantes, inclaudicables e intransables. Las que dejan a las partes, comprometidas consigo mismas a no ceder. Si lo hacen, aunque sea mínimamente, se clama como victoria sobre la otra, y se difunde por todos los medios de comunicación o las redes personales de sus responsables. Dejan muy poco margen negociador.

Conocemos las posiciones donde no hay coincidencias, manteniéndose alejadas sin variación, ni visualizarse concesiones en temas tanto esenciales como menores. En consecuencia, hasta ahora han fracasado, salvo que cedan en algo. Estamos precisamente en ello, y buscan sacar ventaja hasta el último momento.

¿Acaso no saben negociar o, en definitiva, no desean llegar a algún entendimiento aceptable? No debería ser el caso, pues carecería de objeto iniciar cualquier tratativa destinada a un desencuentro todavía mayor. Tienen experiencia negociadora demostrada previamente, pero no en la actual situación. Entonces, es necesario indagar algo más en las razones de este estancamiento, sin pretender conocerlas pormenorizadamente, pues no se divulgan y menos, para que las sepa la contraparte. Suelen ser reservadas y mediante conversaciones muy duras.

Habrá que intentar examinarlas con los antecedentes disponibles.

Las negociaciones tienen múltiples sistemas, que ambos conocen perfectamente. No es una novedad pues, antes de iniciarlas, se examinan en detalle hasta encontrar el más adecuado y aplicable al caso. Cualquiera sea el método elegido, se parte por estudiar detenidamente al otro, para determinar con precisión lo que busca, en el corto o largo plazo, existan o no coincidencias. No caben improvisaciones. Y requieren, sobre todo, pensar como el adversario y ponerse en su lugar.

La información previa resulta indispensable. Sin conocer a cabalidad los objetivos de la otra parte, o anticiparlos por las informaciones correspondientes, ni precisar sus alcances finales o intermedios, resulta inoficioso sentarse a negociar. En tal caso, sólo se podría obtener como resultado, algo básico, conocido como “regateo”, donde las posiciones se extreman a objeto de alcanzar un punto intermedio. Muy utilizado en la compra y venta de algún artículo comercial, pero insuficiente para la obtención de los objetivos finales buscados entre países tan diferentes y enemistados desde hace 47 años. Puede obtenerse un logro momentáneo, aunque sea en parte, pero no se solucionan los problemas esenciales, que permanecen y reaparecen en cualquier momento. Sería una negociación sólo parcial e incompleta, por lo tanto, no pondría fin a la controversia, al subsistir sus motivaciones fundamentales intactas y vigentes.

Resulta comprobable entre Irán y Estados Unidos, ambos lo han utilizado, y se comprende el desentendimiento resultante. Irán tiene objetivos de largo alcance para recuperar su poderío, atribuyéndose ser el heredero del histórico imperio persa, ahora bajo un determinismo islámico para contrarrestar las amenazas. Lo demuestra su búsqueda insistente del desarrollo nuclear, que puede ser retrasado, atacado, controlado, o destruido en su infraestructura, pero conservando el conocimiento científico y la voluntad de reiniciarlo, pudiendo repetirlo a voluntad.

Su enemigo permanente es Israel, desde su inicio como Estado, declarándose su destrucción. Subsiste la pugna con los demás países islámicos no coincidentes con su confesión Chiita, enemiga ancestral de la Sunnita y sus corrientes. Un tema que Irán no oculta y lo obliga por su fe, a actuar a la defensiva. Su ejemplo está en Alí, nieto del Profeta Mahoma, mártir de los chiíes y ejemplo imitable. Sus descendientes, los Ayatolas, reclaman ser los auténticos Califas del Islam. Si hay mártires, tienen el paraíso asegurado. Han previsto sus sucesores, no así los sunníes, que asesinaron a Ali y eligen a sus dirigentes. Provocaron el cisma en el siglo V que perdura.

Son elementos a ser considerados en cualquier negociación, y más aún, con los infieles occidentales como Estados Unidos, aliado de Israel y estrechas relaciones con el mundo árabe Sunni que abastecen de petróleo y gas. Condicionan y bloquean el Estrecho de Ormuz como ventaja geográfica utilizable, cobran peaje con trámites burocráticos y sólo autorizan a los buques no hostiles. Por tanto, no hay condiciones negociadoras equiparables en sus fundamentos esenciales.

Estados Unidos en cambio, bloquea el Golfo Pérsico en su salida, negocia urgido por los plazos que le impone su democracia y el necesario apoyo electoral, al igual que Israel. No rige para el régimen teocrático iraní, todo está bajo control, reprime duramente a los opositores, no tiene plazos electorales ni restricciones. Puede negociar exigiendo cada vez más, o añadiendo requisitos inaceptables cuando quiera. Una ventaja que aplica como negociador nato. Su población se educa aprendiéndola a diario en su comercio, nacieron negociando.

Estados Unidos fundamenta su acción en su inmenso poder bélico, al igual que Israel. Razona presionando a la manera occidental, invocando sus valores y progresos que preservar. Irán no teme ni cede a tales amenazas o imposiciones, las enfrenta. No representan un obstáculo para quienes el progreso, el bienestar de las personas y hasta su vida misma, que ofrece, sólo es decidido por Alá, al que se está sometido. Ambas estrategias se contraponen desde su base. Si se añaden a las peticiones no coincidentes, no es de extrañar que fracasen las negociaciones, retrocedan o avancen parcialmente, pudiendo prolongarse sin tiempo. No son las únicas condicionantes, pero no se pueden ignorar, aunque sea sumamente difícil predecir cómo y cuándo continuarán, y menos su resultado.