Del 3 de marzo hasta el mes de mayo del 2026, la Galería Moisés Pérez de Albéniz se complace en presentar Escrache, la nueva exposición de Leiro.
Francisco Leiro (Cambados, Pontevedra, 1957) creció bajo la influencia de una tradición familiar vinculada a la artesanía en madera, material que, con el tiempo, se convertiría en el eje central de su práctica escultórica. Se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Santiago de Compostela, donde entró en contacto con diversos artistas y participó en la corriente renovadora del grupo Atlántica y en el movimiento surrealista Foga. Posteriormente, en Madrid, amplió su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Actualmente vive y trabaja entre Nueva York y Madrid.
En 1985 representó a España en la Bienal de São Paulo y en 1987 se trasladó a Nueva York tras la concesión de una beca Fulbright. Poco después comenzó su colaboración con la Galería Marlborough, con la que trabajó durante casi cuatro décadas, consolidando su proyección tanto en el ámbito nacional como internacional.
Entre los reconocimientos recibidos destacan la Medalla de Oro de Galicia (2016), la Medalla a las Bellas Artes de la CEOE (2003) y la Medalla Castelao (2000). En febrero de 2022 fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Su obra forma parte del espacio público de numerosas ciudades. Entre sus intervenciones más destacadas se encuentran Mis sofás (Pontevedra, 1988), Sireno (Vigo, 1991), Miarritz (Biarritz, 1997), Astronauta (Valdemoro, 2001), Vértigo (Madrid, 2004) y Simeón sentado (Madrid).
A lo largo de su trayectoria ha realizado una considerable cantidad de exposiciones individuales y su obra ha sido objeto de numerosas publicaciones. En palabras de Ángel Calvo Ulloa, autor del texto del catálogo A filla da porteira (2022):
“Las figuras de Leiro esperan, de pie o recostadas, ensimismadas o con una intención clara, y de esa espera surge el sentido de la escena». Incluso en las acciones detenidas existe un poso de esa prórroga, ya no de inmovilidad, pues no están pausadas, sino expectantes. […] Muchas de las esculturas observan desde sus propias alturas, otras desde las que proporcionan los plintos o peanas, que operan de algún modo como pilares con los que jugar y estudiar la relación con el espectador, pero también con el espacio en el que se insertan. Existe obviamente una preocupación por el lugar en el que el personaje se encaja, por la relación con su entorno y por lo que éste aporta al sentido de la escultura”.
En Escrache, Leiro presenta un conjunto de obras recientes que aluden a la idea de una manifestación coral de personajes que comparecen ante el espectador como un cuerpo colectivo, agrupados como si formaran una familia heterogénea en escena. Cada escultura mantiene su individualidad, pero al mismo tiempo participa en una narrativa común en la que el gesto, la postura y la tensión interna construyen un retrato expandido de lo humano. En este conjunto, el artista propone una suerte de “escrache” visual: una exposición directa de cuerpos y actitudes que interpela al visitante y activa una lectura abierta entre la ironía, la inquietud y la empatía.
















