Disertación del ex Decano de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, al cumplirse el 50 aniversario de la Dictadura Militar, que gobernó ese país entre 1976 y 1983.
Me propongo desarrollar una tesis: la racionalidad profunda del Golpe Militar de 1976 fue de naturaleza económica y financiera. Se trataba de aprovechar la ola de violencia que azotaba al país para reorganizar la economía y la sociedad argentinas, mediante un disciplinamiento militar, que posibilitara el establecimiento de un modelo neoliberal. Para ello es preciso remontarse al comienzo de la década de los setenta, a fin de entender el ciclo histórico internacional que encuadra y explica la sangrienta dictadura de 1976, que se autodenominó Proceso de Reorganización Nacional.
El huevo de la serpiente se ubica en el año 1971, durante la presidencia de Richard Nixon. El presidente de USA, que luego renunciaría, para evitar el juicio político, tomó cuatro medidas fundamentales:
Elimina el patrón oro como respaldo del dólar, en un momento en que circulaban muchos más dólares en billetes que las reservas de oro guardadas en Fort Knox. Ello provocó la devaluación del dólar, que se había mantenido estable desde 1934, en alrededor de un 10%. Con esto comienza lo que se ha dado en llamar la etapa de financiarización del capitalismo.
Desoyendo las conclusiones de la comisión Schafer, que recomendaba un enfoque de salud pública, declaró oficialmente la guerra contra las drogas. Este prohibicionismo, en lugar de erradicar el consumo, terminó por expandir el mercado ilegal y propiciar la emergencia del crimen organizado transnacional. Hoy, esta cruzada hemisférica revela su verdadera naturaleza: la lucha contra el narcotráfico se ha convertido en la excusa perfecta para el control geopolítico de América Latina, creando una nueva versión del “enemigo interno”, como lo declarara hace pocos días Donald Trump, al crear el Escudo de las Américas, en Doral, estado de la Florida. Este Escudo está integrado por todos los gobiernos de derecha de América Latina y el Caribe, y será el instrumento de intervención a todos los gobiernos que no se encuentren alineados con los intereses hemisféricos de Estados Unidos.
Ese año, 1971, se organiza la primera edición del Foro Europeo de Management, que en 1987 pasó a denominarse Foro Económico Mundial, que se realiza en la localidad de Davos, Suiza. Este Foro se propuso reorganizar el capitalismo internacional frente a las intervenciones del Estado del bienestar, que habían generado una intolerable caída de sus tasas de ganancia, desde el fin de la II Guerra Mundial. Davos logró constituirse en el supremo think tank transnacional en Occidente, encargado de promover la precarización laboral, abrir y desregular las economías, multiplicar los paraísos fiscales, promover la globalización financiera, incentivar los endeudamientos soberanos, y privatizar y des-territorializar las empresas industriales y de servicios. Todas estas acciones se acordaron para recuperar la tasa de ganancia perdida durante los “30 años gloriosos”, de 1945 a 1975.
Luego, en 1974, Nixon firmó el Tratado de Yeddah con el rey de Arabia Saudita, país que detentaba la presidencia de la OPEP, un tratado estratégico de largo plazo que, a cambio de proteger a la monarquía saudí y garantizar la integridad territorial de ese país, imponía a todos los países miembros de la OPEP, la condición de que todos los contratos de compraventa de petróleo, gas y sus derivados, se denominaran en dólares estadunidenses. Aparecieron así los petrodólares, que inundaron los mercados financieros y financiaron el proceso de endeudamiento de los países de la periferia. Este proceso de sobreendeudamiento estalló en México en 1982 y dura hasta la actualidad, a través del reordenamiento del Plan Brady, la supervisión permanente y los condicionamientos del FMI.
También en 1971, entre los invitados a Davos, concurrieron unos 450 Ceos de las empresas transnacionales con presencia en América Latina y el Caribe, quienes recomendaron articular el Plan Cóndor, un esquema represivo que garantizara el cumplimiento de los postulados neoliberales. De esa manera, el programa de Davos logró imponerse a través del golpismo criminal de Augusto Pinochet en 1973, el paradigma genocida de Videla y Martínez de Hoz en 1976, la trama antisindical de Margaret Thatcher de 1979, y la Iniciativa de Defensa Estratégica (IDE), conocida como “guerra de las galaxias”, de Ronald Reagan, en 1980. Esa estrategia de Reagan llevó a la URSS a una competencia misilística asimétrica, que provocó el colapso y la desaparición de la URSS entre 1987 y 1991.
Habiendo quedado USA como única potencia mundial unilateral formuló lo que se llamó “El Consenso de Washington”, que resumió en un programa específico todas las medidas de carácter económico-financiero y político-social, que garantizaban la aplicación sistemática de la receta neo-liberal en cualquier país del mundo.
Por su parte, la desaparición de la URSS y el comunismo puso fin a la “Guerra Fría”, que se había desarrollado desde 1947, con la Doctrina Truman, hasta 1991. Ello produjo la “desmilitarización progresiva” de América Latina. A lo largo del período señalado (1947-1991), los golpes militares fueron la garantía de la preservación del “libre mercado”, es decir, de los intereses económicos dominantes de USA y Europa, frente a los movimientos nacionales y populares en América Latina. Una vez desaparecida la URSS y con Cuba sin poder exportar su revolución, la estrategia hemisférica de los EE.UU. dio un giro copernicano, expulsando a los militares que le representaban un alto costo político y democratizando el continente.
Pero la democracia que ofrecía el hegemón estaba profundamente condicionada por las premisas del Consenso de Washington. Se trataba de combinar democracia con free-market. Eso sí, si en algún punto colisionaban las instituciones de la democracia y el free-market, debía prevalecer este último. En definitiva, de lo que se trataba era de promover la creciente delegación de funciones del Estado en el mercado. En los 42 años de democracia en la Argentina, la contradicción principal que exhibe el país es la tensión entre Estado y mercado. Dicho en otros términos, entre economía y política.
Amigos y amigas:
Lo que intento decir es que todavía estamos viviendo el “Proceso de Reorganización Nacional”. Sí, el que enunció el 2 de abril de 1976, José Alfredo Martínez de Hoz. Solo que ahora lo hacemos con escenografía electoral, con funcionamiento de los tres poderes, con gobernadores cómplices y simulando que se respeta la Constitución. La palabra “proceso” facilita la comprensión de lo que digo. Este proceso tuvo una etapa militarizada, genocida y sangrienta y hoy discurre por una etapa seudodemocrática, condicionada y colonial.
Debo confesar que excluiría de esos 42 años, la presidencia de Raúl Alfonsín, de Néstor Kirchner y los dos períodos de Cristina Fernández.
Todo lo demás, los 10 diez años de Menem, el período de Fernando de la Rúa, la gestión de Mauricio Macri, hasta el exasperado “libertarianismo” de Javier Milei, no han sido más que etapas de ese “proceso” impuesto por EE.UU. y el síndico del usurero, el FMI, para encadenarnos, a través de la deuda eterna, al sometimiento, el subdesarrollo, la desindustrialización, el desempleo y la miseria, con la enajenación vergonzante de nuestra soberanía en un alineamiento automático a EE.UU., el Reino Unido e Israel.
El modelo que se propuso y ejecutó desde Davos, de valorización financiera, entró en crisis en 2008, con el escándalo de las “Hipotecas Basura” y el sistema implosionó porque EE.UU. se desindustrializó y vivió el último medio siglo a costa del resto del mundo. Así, fue incrementando su deuda hasta llegar al actual 120 % respecto de su PBI. Este quebranto fue financiado por la emisión de dólares sin respaldo alguno. En este marco Trump asume que ya no puede reindustrializar a EE.UU. y el señoriaje del dólar ya no le permite controlar el devenir geopolítico, porque la divisa estadounidense va perdiendo fuerza en el comercio internacional.
El brutalismo trumpista es el intento desesperado por superar la declinación de ese Occidente que se creía autosuficiente, apelando a la única ventaja relativa que le queda: la superioridad militar. Pero la estructuración multipolar planteada por los BRICS+ le impide apelar a invasiones que terminen en guerras abiertas. Esa es la razón por la que multiplica frentes de guerra, desde Venezuela a Irán, sembrando bombardeos misilísticos puntuales, muerte y secuestros, que son insuficientes para provocar los tan mentados “cambios de régimen”. El proyecto trumpista conjetura que el belicismo logrará tapar su vulnerabilidad doméstica, expuesta por su cacería de inmigrantes, la inflación y la especulación financiera ligada a la Inteligencia Artificial.
Amigos y amigas:
El modelo que nos somete desde hace 50 años está en declinación, porque la hegemonía estadounidense está en grave riesgo en manos de un estafador, pedófilo, pornógrafo y evasor fiscal, sin proyecto, como Donald Trump.
El mejor homenaje que podemos rendir a nuestros docentes, trabajadores no docentes, estudiantes y egresados de esta Facultad y a todos los argentinos muertos o desaparecidos durante el Proceso de Reorganización Nacional, en la etapa del terrorismo de estado, la fase militarizada del proceso, es luchar contra el imperialismo norteamericano que lo gestó, lo organizó y lo impuso en toda Latinoamérica; mediante este modelo económico neo-liberal que nos ha sumido en el sometimiento y el colonialismo. Y combatir, en todos los frentes, al gobierno neo fascista y represor de Javier Milei que lo representa en nuestro país y lo secunda en todas las agresiones alrededor del mundo.
Luchemos por unirnos a los BRICS+, por restablecer el multilateralismo, por afirmar la multipolaridad, por los derechos humanos, las conquistas laborales, por la afirmación de nuestra soberanía, por la defensa de la educación y la salud públicas, por la adopción de una neutralidad activa, por la libertad de comerciar con todas las naciones del mundo. En suma, por una Argentina libre, justa y soberana. Insisto: ese es el mejor homenaje que podemos brindar a quienes cayeron o desaparecieron en la larga noche de la Dictadura. ¡Vivan nuestros compañeros!, ¡vivan nuestros ideales! Y afirmemos siempre: la Memoria, la Verdad y la Justicia.















