Estoy convencido de que la división ideológica entre izquierda y derecha, capitalista y socialista, sigue muy viva, ya que el péndulo político mundial está tratando desesperadamente de recuperar su centro después de que la ideología del libre mercado ha reinado de forma suprema (¿y tal vez haya ido más allá… hacia la derecha?).
Al igual que bajo el colonialismo, bajo la globalización vivimos bajo la regla de «el poder es lo que da la razón» y, bajo el dominio de ese poder, los derechos humanos simplemente pasan al olvido…
La globalización no tiene rostro humano; conduce a la recolonización de todo el planeta. El término «globalización» es un eufemismo para designar un proceso de dominación. Las diferencias de poder son su eje central. No podemos ignorarlas.
Pero, a diferencia de las personas a las que solo se les satisfacen sus necesidades básicas, las personas que nacen con derechos les permite convertirse en titulares de derechos y reclamarlos legítimamente. Además, el marco de los derechos humanos impone obligaciones claras a los responsables (es decir, a los funcionarios de los gobiernos signatarios) que deben cumplirlas. (Por definición, los derechos siempre conllevan obligaciones correlativas). Dichas obligaciones incluyen respetar, proteger y cumplir con las disposiciones en materia de derechos humanos que los gobiernos acordaron al convertirse en signatarios de los distintos pactos de derechos humanos de las Naciones Unidas. Y ese es el punto de inflexión del nuevo paradigma: refuerza nuestra capacidad para actuar políticamente.
En el contexto del desarrollo, esto implica que los Estados tienen el deber de mejorar la distribución equitativa y el acceso a los beneficios del desarrollo. Y debemos exigirles que rindan cuentas al respecto.
No todas las formas de crecimiento y desarrollo son respetuosas con los derechos humanos. Para ser plenamente respetuoso de los derechos humanos, el desarrollo debe proteger de manera demostrable a los más vulnerables y empobrecidos de la sociedad.
Los valores que debemos defender a partir de ahora, bajo el nuevo paradigma de los derechos humanos, se basan, por lo tanto, en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, que en el futuro deberá incorporarse a las respectivas legislaciones nacionales, en parte mediante nuestra futura lucha política por ello y mediante nuestra acción como guardianes de su cumplimiento. Por lo tanto, nuestra labor en materia de derechos humanos debe comenzar “en casa”.
En el marco de los derechos humanos, el deber de cumplir los derechos —por ejemplo, los de los niños y las mujeres— no depende de justificaciones o excusas dilatorias basadas en argumentos económicos.
¿Debemos declararnos culpables?
La democracia y los derechos humanos están interrelacionados y se apoyan mutuamente.
Como trabajadores del desarrollo que actúan como activistas políticos, debemos estar dispuestos a entrar en conflicto con la ideología de la minoría gobernante cada vez que esta ignore los derechos humanos. Para que eso suceda, debemos desmitificar la ideología del poder considerado neutral en el paradigma de desarrollo dominante.
Pero este concepto choca con nuestro prestigio como intelectuales, que hasta ahora hemos defendido argumentando que somos «racionales y apolíticos», en resumen, abrazamos la «ideología del extremo centro».
Además, objetivamente aún no existe entre los trabajadores del desarrollo una responsabilidad sentida por la creación de condiciones nacionales e internacionales favorables a la realización de los derechos humanos.
Debido a eso, creo que la mayoría de nosotros somos culpables de nuestra complacencia con el statu-quo y las violaciones de los derechos humanos, de nuestra falta de crítica ante la falta general de progreso en el desarrollo, de nuestra ingenuidad política (o nuestra decisión de no involucrarnos en la política), de nuestro impulso acrítico por hacer «algo» y terminar con las cosas de una vez (get done), de nuestro enfoque paternalista y etnocéntrico. En resumen, no podemos eludir parte de la culpa.
Lo que aún no hemos hecho
La aplicación del marco de derechos humanos requiere, ante todo, su traslación al ámbito nacional. Los gobiernos no pueden invocar el lento progreso en materia de desarrollo para justificar la restricción o el aplazamiento de los derechos humanos internacionalmente reconocidos. Por lo tanto, la labor en materia de derechos humanos requerirá un liderazgo comprometido y un compromiso popular cada vez mayor, centrado principalmente en garantizar la democracia, mejorar los ingresos de los más desmunidos, garantizar el acceso universal y asequible a la salud, la educación y otros servicios sociales de calidad, y mejorar las condiciones de vida generales de las personas (especialmente de las mujeres).
Para empezar, a nivel nacional, debemos comprobar el seguimiento que cada país ha dado a las principales recomendaciones de las conferencias internacionales a las que sus gobiernos, respaldándolas, asistieron.
Lo anterior plantea la siguiente pregunta: ¿cómo pueden las agencias de la ONU y las ONG internacionales asociarse a un enfoque más “duro” sin ser acusadas de injerencia política? Aún esperamos que evolucionen hacia niveles más altos de responsabilidad en materia de derechos humanos, avanzando con cautela en la arena política de cada país en el que actúan.
Por lo tanto, también hay que adoptar medidas para aclarar el contenido mínimo universal básico de los derechos humanos que debe aplicarse en cada país, a fin de evitar una aplicación laxa de los principios de la Declaración Universal y de otros pactos de derechos humanos. Además, hay que oponerse abiertamente y cuestionar las normas y políticas vigentes que no se ajustan al régimen actual de derechos humanos.
¿Por dónde empezar?
En el trabajo de desarrollo, soñar está bien, pero ser ingenuo no lo es.
En la mayoría de los temas abordados en este artículo, aún no ejercemos un liderazgo político eficaz. Pero no podemos eludir, al menos, mostrar un liderazgo intelectual. Todos estamos llamados a ayudar a legitimar y hacer cumplir los derechos humanos sancionados por las Naciones Unidas, y eso requiere un cambio crucial en nuestro pensamiento conceptual, un cambio de mentalidad.
Más que antes, definir objetivos congruentes, conformes y respetuosos de los derechos humanos y establecer metas y puntos de referencia (benchmarks) explícitos en materia de derechos humanos es, por lo tanto, una tarea política de la que no podemos escapar. Necesitamos contribuir con urgencia a la creación de entidades jurídicas que definan los derechos de las personas de manera más vinculante (por ejemplo, la creación de comisiones nacionales de derechos humanos).
A esto habrá que añadir todo el trabajo preliminar necesario a nivel de las organizaciones de base y de masas para determinar el contenido de estos derechos y su significado en la práctica de su diario vivir. A continuación, habrá que poner en marcha los procesos de movilización social y de empoderamiento necesarios para recorrer el difícil camino al que se alude anteriormente.
Además, entre otras muchas cosas, lo que necesitamos es:
Fortalecer la capacidad de los trabajadores en el sector del desarrollo, independientemente de dónde trabajen, para aplicar los principios de los derechos humanos y analizar y actuar de manera más eficaz sobre las determinantes económicas, políticas y sociales del mal desarrollo, responsables de enfermedades prevenibles, de la malnutrición y de muertes evitables.
Superar la cultura del silencio y la apatía de este personal en torno a las cuestiones de derechos humanos; esto implica que tendrán que trabajar más directamente con las comunidades respecto de sus derechos violados.
Cuestionar y generar consenso sobre las cuestiones políticas relacionadas con los derechos humanos de este mismo personal, quizás empezando por eliminar de sus mentes la división que ven entre la política y sus actividades profesionales.
Pasar de la política del statu quo a una política de responsabilidad en la aplicación de los derechos humanos (¿Debe usted, que está leyendo esto, convertirse en un académico-profesional-activista?).
Trabajar por una visión más liberadora de los movimientos sociales (al estilo de Paulo Freire) y no esperar a que se presenten las oportunidades, sino crearlas. ¡Los derechos hay que tomarlos, no se dan!
Pasar de la declaratoria a la implementación (Gramsci); tenemos que «predicar con el ejemplo y no solo con palabras».
Vincular las normas de derechos humanos con otros procesos de desarrollo para transformar de forma proactiva nuestras funciones en el trabajo profesional.
Supervisar las intenciones y los actos de los gobiernos y los donantes para implementar (o no) los derechos económicos, sociales y culturales.
El llamamiento general es que pasemos de un enfoque basado en las necesidades básicas a uno basado en los derechos. En este último, los beneficiarios son sujetos activos y titulares legítimos de derechos. En el enfoque basado en los derechos se establecen deberes y obligaciones para los responsables, contra los cuales pueden presentarse reclamaciones, tanto a nivel nacional como internacional, garantizando así la satisfacción de las necesidades de los titulares de derechos. El valor añadido del enfoque basado en los derechos reside realmente en crear y hacer cumplir la responsabilidad jurídica necesaria y en legitimar el uso de medios políticos en el proceso de hacerla cumplir.
Por lo tanto, también es necesario establecer procedimientos de denuncia tanto nacionales como internacionales. A falta de que la sociedad civil asuma esta función por sí misma, se necesitarán organismos de supervisión nacionales e internacionales. Quizás se pueda empezar por solicitar la formulación y la adhesión a directrices voluntarias orientadas a la aplicación de los principios de los derechos humanos. A continuación, tendrían que seguir pactos más vinculantes.
Epílogo
Lo que se ha dicho aquí no es pura retórica. Hay algunos mensajes normativos importantes. Considero que el esfuerzo que les pedimos a nuestros pares que emprendan el enésimo capítulo de una larga y dolorosa lucha en torno a estas cuestiones, que intenta desesperadamente horizontalizar el diálogo sobre derechos humanos. Necesitamos que reaccionen. Aquí y hoy.
Nos espera una nueva y emocionante era. Necesitamos todo el valor que podamos reunir. ¿No preferirían Uds. ser protagonistas, en lugar de espectadores?
Hay mucho por hacer para remediar los errores del pasado y hacer de la próxima década una década ganadora para los derechos humanos. Nunca se arrepientan de llegar tarde a esta lucha.
Es apropiado terminar aquí con una cita del escritor latinoamericano Eduardo Galeano, quien preguntó: ¿Qué pasaría si empezáramos a ejercer el nunca proclamado derecho a soñar para llevarnos a otro mundo posible?















