¿En qué país estamos, México? ¿Se dará cuenta la gente, el ciudadano común, del grado de descomposición social y política que genera la enorme corrupción y la impunidad a la que hemos llegado y que prevalecen hoy en el mundo capitalista y desde luego en México? Alguien pensarà de inmediato, ¿por qué llamar “corrupción” al mecanismo con el que funciona de manera normal el capitalismo?
No cabe duda de que al seleccionar temas de fondo, de alcance nacional e internacional, saltan a la vista algunos que alcanzan una gran dimensión. Tal es el caso del “huachicol petrolero” en el que, al cabo de largos años, apenas ahora salen a la luz pública las dimensiones del tráfico de petróleo, solo comparable al de las drogas y las armas, en la frontera norte de México. Conversando sobre estos temas con el profesor universitario y gran profesional de la psiquiatría social, Germán Méndez Gallegos, hemos coincidido en la necesidad irrecusable y urgente de investigar las dimensiones y la profundidad verdaderamente alarmantes de la corrupción y el poder delincuencial de las mafias político-económicas en México.
Artículos, notas, entrevistas sobre estos temas abundan en los medios masivos, pero los análisis de fondo son escasos. Los trabajos serios de investigación han sido desplazados y sustituidos por libelos destinados más bien al escándalo y la notoriedad de sus autores, como el que acaba de publicar un señor que de periodista o escritor no tiene más que el nombre heredado de Julio Scherer. No vale la pena ni mencionarlo. Pero sí cabe preguntarnos a nosotros, mexicanos, hondureños, cubanos, vietnamitas, coreanos, australianos, noruegos, irlandeses, ¿en qué nos afecta lo que ocurre ahora en Gaza o en Irán? ¿Qué y cómo rescatar lo sustancial para el debate público? Bueno, hay voces de mexicanos muy bien templadas y conocedoras, como, por ejemplo, Lorenzo Mayer o Julio Astillero, que sí presentan y plantean temas de fondo. Pues hay que decir que algunos analistas como Silva Herzog o Leo Zukerman, que antes bien podíamos ubicar entre los críticos moderados de izquierda, han dado un giro que claramente los ubica ahora hacia un centro derecha o una derecha más bien conservadora.
La oleada derechista y ultraconservadora e incluso el fascismo discriminador y racista de Trump –ejemplo paradigmático de corrupción– ha tenido y mantiene un impacto global, particularmente acentuado en Latinoamérica. Pero con ello no se ha podido anular o acallar las voces más independientes e influyentes en países tan importantes como México y Brasil: Sheimbaum, Lula. En lengua española poco se oye por la autoacallada y resignada voz de un dirigente que en algún momento se pretendió socialista, Pedro Sánchez.
Y no es que no haya escritores, intelectuales, líderes de opinión, que salten a la plaza pública. Lo que sucede tal vez es que la plaza parece estar desierta, vacía. La oleada derechista y ultraconservadora e incluso el fascismo discriminador y racista de Trump han tenido y mantienen un impacto global, particularmente acentuado en Latinoamérica. Pero con ello no se ha podido anular o acallar las voces más independientes e influyentes en países tan importantes como México y Brasil: Sheimbaum, Lula.
El impacto de discursos o textos de un Miguel Angel Granados Chapa o de un Renato Leduc parece haber quedado en el olvido. Los debates en medios de derecha o que convocan analistas claramente derechosos estàn cada vez màs lejos de generar el entusiasmo o el interès de sectores o pùblicos màs amplios. Y a los de las izquierdas no les va mucho mejor.
¿Dónde nos encontramos entonces y hacia dónde apuntan las tendencias? ¿Con qué se mueve el capitalismo, inclusive identificado con el apelativo de “liberalismo social”, si no es con dinero? Y el capital ¿no se mueve con inversión, con ahorro, con lucro? ¿No es verdad que “con dinero baila el perro”? Hay desde luego un inmenso arsenal analítico para explicar científica, racional y prospectivamente estos fenómenos. Sí, de acuerdo, pero ninguna explicación detiene el movimiento de los hechos que constituyen la economía, la historia y la cultura de una sociedad. Para no complicarnos demasiado la existencia, recordemos que después de mil años de estancamiento medieval, sólo hasta la llegada de la modernidad se pudieron liberar las fuerzas productivas y el mercado de las sociedades que luego conformarían las naciones de Europa Occidental, y después en otras regiones del mundo.
La pregunta fundamental ahora es, una vez más, ¿qué conforma hoy y en el futuro próximo la estructura y las relaciones de poder en el seno de nuestras sociedades contemporáneas? ¿De qué modo se relacionan hoy el capital y el trabajo? ¿Qué formas de explotación y de exclusión han traído consigo los cambios tecnológicos y la llamada Inteligencia Artificial (IA)? ¿De qué modo están imbricados los factores de poder en la economía y la política a nivel internacional y local? ¿Cómo podrán sobrevivir las sociedades más atrasadas y marginadas en las zonas más depauperadas del mundo? ¿Cómo evitar y disminuir los conflictos belicosos al interior o transfronterizos en diversas regiones del mundo? ¿Qué factores específicos determinan la continuidad de conflictos como los ya clásicos del Medio Oriente y de Gaza, y ahora de Irán?
La manera de enfrentar estas problemáticas queda suficientemente ilustrada en la reunión de la Junta de Paz de Trump en Washington1 quien hizo grandes promesas de esfuerzos de reconstrucción en Gaza; aunque aún hay muchas preguntas2 sobre los objetivos a largo plazo de la organización. El presidente estadounidense anunció promesas de 7.000 millones de dólares de otras naciones para la ayuda a Gaza. También dijo que Estados Unidos donará 10.000 millones de dólares a la Junta, mientras que la portavoz Anna Kelly elogió los esfuerzos del presidente, prometiendo que la Junta “continuará con este éxito histórico”. La reunión abordó los planes futuros para Gaza, incluyendo el potencial de desarrollo de la zona; la FIFA prometió millones para un nuevo estadio. Pero esos grandes objetivos contrastan con la realidad sobre el terreno, donde desarmar a Hamás sigue siendo un desafío. Y la relación de la junta con la ONU sigue siendo un punto tenso: Trump sugirió que la junta garantizaría que allí la ONU “funcione correctamente” e insinuó una futura implicación en otros países a nivel global.
Entonces, ¿qué cabe esperar? Si eres optimista, no mucho; si eres pesimista, algo todavía peor. Es este un antiguo conflicto, ya muy establecido, pero no tenemos por qué comprar pleitos ajenos. Si quieren “que se la rompan, pero que no salpiquen”.
La gente sensata desde hace ya tiempo ha señalado que la convivencia entre árabes y judíos sólo puede darse en la medida en que cada comunidad viva bajo la consigna de “paz por tierra”. ¿Por qué no habrían de poder convivir dos Estados autónomos, libres e independientes, sin pretensiones hegemónicas? ¡¡Viva la paz!!
Notas
1 ¿Por qué Irán es tan importante? | Así te afectará la gran guerra entre EE.UU. Israel e Irán.
2 Trump’s first Board of Peace meeting leaves questions unanswered.















