En mi poca experiencia como redactor, me he percatado de lo siguiente: “Qué difícil es escoger un tema para escribir, a pesar del diverso y amplio mar de conocimientos y acontecimientos que ocurren”.
Sin embargo, en ese tedioso y, hasta cierto punto, estresante momento en el que me encontraba, noté que en la pared de mi hogar había un cuadro mediano en el que se mostraba a una pareja bailando de forma sensual. El detalle es que estos personajes eran figuras “voluminosas”, como en su momento diría su creador, Fernando Botero.
Y es que el colombiano fue uno de esos grandes artistas de quienes vemos su trabajo en muchas partes del mundo, y quedamos encantados con tan fascinantes creaciones.
Inicios
De acuerdo con información obtenida de la Subgerencia Cultural del Banco de la República de Colombia, en 1948 Botero inició publicando ilustraciones de desnudos para una conocida revista llamada El Colombiano de Medellín, cuando tenía tan solo 16 años.
Años más tarde, al terminar los estudios secundarios, se mudó a Bogotá, donde se casó en dos ocasiones. Lamentablemente, uno de sus hijos perdería la vida cuando se encontraban en España.
Viviendo en Europa, Botero llevó clases de arte en Madrid y Florencia por poco tiempo, teniendo como profesor a Roberto Longhi. A pesar de ello, Botero manifestaba que era autodidacta y que prácticamente nunca tuvo un profesor.
Vida de artista
La vida continuaba permitiéndole ganar reconocimientos en su país, como el segundo premio de Pintura del X Salón de Artistas Colombianos.
Mientras su arte se desarrollaba, muchos se preguntaban por qué pintaba gente obesa; pero, para Botero, su arte eran personas, animales u objetos que exhiben la belleza del volumen como concepto (a esta idea se le conoce como Boterismo).
Y tal vez allí residía su secreto, ya que visitaba y trabajaba en los museos para estudiar la técnica de otros artistas, logrando así perfeccionar su propio estilo. Asimismo, las obras de Botero reflejan situaciones tanto reales como imaginativas, en las que usa la calidez para abordar temas complicados como la violencia y la inequidad.
Ya en el año 2000, donó 208 de sus pinturas al área de exposiciones de arte en Colombia, siendo en dicho año convertido en el Museo Botero, que se mantiene operativo actualmente.
Entre dicha colección se encuentra la Monalisa (1989), pintura que ha sido criticada por algunos al considerarla una burla del original, especialmente por su estilo voluminoso. Por otro lado, existen quienes la defienden, ya que rescatan que Botero mantiene elementos de la original —mirada, sonrisa, manos— fieles a su estilo.
No olvidemos que Botero distorsiona las proporciones humanas debido a su influencia del arte italiano, pero las traslada a escenarios de realidades latinoamericanas como fiestas, familias y músicos.
Valor de sus obras
El valor de las pinturas de Fernando Botero en el mercado internacional del arte lo ha consolidado como un referente de éxito para un artista latinoamericano.
Su obra The Musicians (1979) fue vendida por más de cinco millones de dólares estadounidenses (USD 5.132.000) en una subasta de Christie’s en noviembre de 2023, según The Wall Art Gallery y Galería Duque Arango.
El precio no solo representa un reconocimiento simbólico de una carrera que ha trascendido fronteras culturales; en el mundo del arte, el mercado suele funcionar como una medida de legitimidad institucional y cultural.
A la par de esa venta, otra obra significativa llamada Dancers (2000) alcanzó los 3,92 millones de dólares estadounidenses en marzo de 2024, según registros de HENI, confirmando que otros de sus trabajos mantienen un interés sólido entre coleccionistas privados y museos.
En Dancers, Botero plasma la armonía entre la ironía y la sensualidad que caracteriza a sus figuras.

Fernando Botero, Monalisa (1978). La sonrisa más famosa del mundo, reinterpretada con humor y calidez latinoamericana.
Más abajo en esta lista se encuentra Maternidad (1995), subastada también por HENI en Londres en octubre de 2024 por 332 mil dólares estadounidenses, lo que evidencia cómo el mercado reconoce la calidad de sus obras icónicas.
Esta escultura refleja el cariño de una madre hacia su hijo en tiempos difíciles, en especial dentro de un contexto latinoamericano donde las madres crían solas a sus hijos, sacrificando su ser con el objetivo de darles una vida de calidad.
Muerte
Fernando Botero murió el 15 de septiembre de 2023, a los 91 años, en el principado de Mónaco. De acuerdo con diversos medios, la causa del deceso fue una neumonía.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, lo homenajeó como “el pintor de nuestras tradiciones y defectos, el pintor de nuestras virtudes”.
Definitivamente, este genio del arte latinoamericano nos dejó un legado artístico que todos los que aprecien la calidad de las emociones reflejadas en la pintura sabrán valorar profundamente.
Su arte trasciende el tiempo y las fronteras, recordándonos que la belleza puede encontrarse en lo cotidiano y que el arte, cuando nace de la autenticidad, se convierte en un lenguaje universal.















