La alfabetización, tal como se entendía originalmente, apuntaba básicamente al desarrollo de las habilidades de enseñar a leer y escribir en adultos que no habían podido hacerlo en su infancia. Se esperaba que tales habilidades, por sí solas, proporcionaran a la gente las herramientas necesarias para salir de la pobreza y la ignorancia.

Sin embargo, abarca un conjunto más amplio de competencias comunicativas y cognitivas que permiten a las personas interactuar con su entorno y acceder a oportunidades educativas y laborales.

Así, es importante establecer que la alfabetización ocupa un papel muy importante dentro de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), que la considera un derecho fundamental que empodera a los individuos y les permite participar plenamente en la sociedad y pasa a ser esencial tanto en su desarrollo social como en el humano.

¿Qué relación existe entre alfabetización y medio ambiente?

Es evidente que la relación entre la población humana y el medio ambiente se ha deteriorado, y en algunos casos se ha perdido.

La crisis planetaria actual es resultado de una visión que por siglos ha privilegiado el crecimiento económico y la acumulación ilimitada de riqueza con ventaja para un reducido grupo poblacional.

Si se piensa en el bienestar ambiental, ese paradigma debe ser sustituido por otro fundado en el respeto, la responsabilidad y sobre todo una nueva ética para la vida.

Ese cambio puede gestarse desde etapas iniciales del proceso educativo a través de la participación de niños y niñas desde la escuela primaria; es decir a través de una alfabetización basada en la naturaleza, denominada ecoalfabetización.

Educación ambiental y ecoalfabetización

Si bien el desarrollo de metas para la educación ambiental es un tema de discusión y debate animado, se ha identificado la alfabetización ambiental, o ecoalfabetización, como el objetivo principal de la educación ambiental.

Este objetivo fue originalmente propuesto en la Carta de Belgrado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNESCO-PNUMA 1976) y la Declaración de Tbilisi (UNESCO 1977), que se consideran los documentos fundacionales oficiales del campo de la educación ambiental.

La conferencia, celebrada en Tbilisi, Georgia del 14 al 26 de octubre de 1977, reunió a delegados de 66 Estados miembros, representantes de 8 agencias de la ONU y observadores de varias otras organizaciones.

En su declaración se señaló el acuerdo unánime sobre el papel crucial de la educación ambiental en la preservación y mejora del medio ambiente mundial, así como en el desarrollo equilibrado de las comunidades.

En el documento se esbozaron las metas, objetivos y principios rectores de la educación ambiental, cuyo propósito fue promover la creación de comunidades sostenibles mediante la formación de la ciudadanía en la compresión ecológica de los ecosistemas naturales.

De esta manera, con la ecoalfabetización se busca que las personas adquieran conocimientos, habilidades, comportamientos y aspectos afectivos que les permitan vivir en armonía y de manera sostenible con la naturaleza.

Recuperar un vínculo entre los diferentes componentes biofísicos del planeta con el ser humano, como individuo y como comunidad, es un componente más en el marco de relaciones y sujetos.

Del mismo modo, hace alusión a la concepción de un destino compartido de implicación mutua, es decir, a la comprensión del hecho de que las múltiples acciones (y pasividades) individuales afectan a todo el resto del mundo en una cadena de consecuencias en permanente construcción.

Tradicionalmente, la educación ambiental ha estado ligada a explicaciones científicas que han supuesto un conocimiento estructural de los fenómenos existentes, asumiendo una población adulta, pero teniendo presente la separación entre el ser humano y su entorno, que se manifiesta en la problemática ambiental global y la reiterada solicitud de los educadores de apoyo en temas ambientales.

La ecoalfabetización incluye a la niñez por su marcada influencia en la vida familiar, así como su futura responsabilidad como adultos en el destino del universo que heredarán, por lo que es razonable considerar a los niños y niñas, dándoles un sentido de despertar a lo ecológico y conectarlos con su entorno y recursos naturales, con técnicas basadas en sus propias experiencias.

También, la ecoalfabetización es un método de enseñanza que fomenta la compresión de los recursos naturales y la compresión de lectura y escritura, basado en los sistemas de desarrollo sostenible y la experiencia directa.

Se fundamenta en cinco componentes:

  • Comunicación,

  • Comunidad,

  • Cultura,

  • Conexiones y

  • Comparaciones.

Estos permiten la apropiación de una conducta de respeto y protección activa de todos los componentes del marco ambiental.

En otras palabras, ayuda a comprender e interpretar la información, conocer los escenarios locales, nacionales e internacionales que hacen del agua, el suelo, la flora y la fauna un problema de la vida cotidiana con alcances globales.

La defensa de la naturaleza es una labor que se sustenta en el rescate del humanismo, la afectividad, la sensibilidad, y la solidaridad hacia las demás personas y la tierra. Es un derecho humano y un elemento esencial para la vida.

Cómo se implementan las acciones de ecoalfabetización

La implementación de acciones de ecoalfabetización se centra en educar a las comunidades, desde la niñez, sobre la importancia de la sostenibilidad y la protección del medio ambiente.

Esta práctica busca desarrollar en los aprendientes conocimientos, habilidades y valores que les permitan comprender y actuar en relación con su entorno ecológico.

Las estrategias de implementación incluyen:

  • Educación formal: La ecoalfabetización se integra en el currículo escolar desde niveles preescolares hasta la educación básica y media. Los educadores utilizan enfoques interdisciplinarios que combinan teoría y práctica, facilitando el aprendizaje a través de actividades al aire libre, proyectos de investigación y discusiones reflexivas sobre temas ambientales.

  • Talleres escolares: donde todas las decisiones y prácticas de la institución se convierten en oportunidades de aprendizaje. Esto incluye la gestión de recursos, la alimentación escolar y la relación con la comunidad. Las escuelas actúan como modelos de sostenibilidad y responsabilidad ambiental.

  • Dinámicas de juegos: Al introducir elementos de juego en actividades educativas, se fomenta la participación y el compromiso con la cultura ambiental.

  • Proyectos comunitarios: La ecoalfabetización no se limita al aula, se extiende a la comunidad. Los estudiantes participan en proyectos que abordan problemas ambientales locales, como la gestión de residuos y la conservación de recursos naturales. Esto ayuda a crear una conciencia colectiva sobre la importancia de la sostenibilidad.

  • Formación de educadores: Es fundamental capacitar a los docentes en temas de ecoalfabetización para que puedan guiar a los estudiantes de manera efectiva. Esto incluye la formación en metodologías innovadoras y en la integración de la tecnología en la educación ambiental.

Los resultados esperados de la implementación de estas acciones buscan no solo educar a los estudiantes, sino también transformar actitudes y comportamientos hacia un estilo de vida más sostenible. Se espera que los aprendientes se conviertan en agentes de cambio en sus comunidades, promoviendo prácticas que respeten y protejan el medio ambiente.

Un caso en el que participé hace unos años

El Proyecto de Ecoalfabetización Integrada se llevó a cabo a partir del año 2004 en el Cantón de Guácimo, provincia de Limón, Costa Rica, donde el uso inapropiado de los recursos naturales se encontraba relacionado básicamente a tres prácticas: deforestación, contaminación y desperdicio.

Este fenómeno era consecuencia directa de múltiples factores históricos y culturales. En cuanto a lo cultural, se planteaba la alta movilidad demográfica y la carencia de alfabetización ambiental.

Como antecedente histórico se citaban los programas gubernamentales (entre los años 1960 y 1970) de promoción ganadera que conllevaron a la deforestación de más de un millón de hectáreas para habilitar tierras de pastoreo.

Por lo tanto, cualquier campaña que pretendía salvar y conservar los recursos naturales, necesariamente ocuparía un importante proceso educativo.

El proyecto se llevó a cabo entrenando a un grupo de maestros del Distrito Escolar de Guácimo en los conceptos básicos sobre manejo integrado de cuencas, y a su vez estos docentes transmitieron el concepto a sus alumnos organizando talleres en sus respectivas escuelas.

Esta actividad tuvo el apoyo logístico de estudiantes de la Escuela de Agricultura de la Región Tropical Húmeda (Universidad EARTH), donde los escolares trataban y resolvían un problema local y lo exponían en carteles con sus propios dibujos y expresiones gráficas.

La transferencia de los conceptos básicos del manejo de cuencas a los maestros fue una manera de promover la ecoalfabetización de los escolares, quienes juntos con los maestros y los estudiantes de la Universidad discutieron, analizaron y defendieron los recursos naturales.

En el primer año se impartieron seis talleres para maestros y nueve para estudiantes dentro de la Universidad.

Durante 30 semanas, estudiantes y maestros trabajaron conjuntamente en equipos de dos maestros y uno o dos estudiantes, en 17 escuelas.

Cada equipo diseñó y puso en práctica talleres orientados a los niños. Se realizaron 80 talleres, que luego se compilaron, se seleccionaron los más destacados y se elaboró un Manual de Ecoalfabetización.

En el entusiasmo del momento, concentramos nuestro enfoque en las acciones ambientales y educativas y su impacto en el currículo. Sin embargo, hoy, observando en perspectiva, 20 años después, debo decir que el gran aporte de nuestro proyecto fue corroborar que la educación ambiental y, en particular, la ecoalfabetización, no puede alcanzar su pleno potencial si no es participativa.

Es decir, solo con la integración de los escolares, los docentes, las familias y el apoyo del Estado, se podrá desarrollar una ecoalfabetización de manera efectiva para despertar conciencia ambiental.