Emilio Gañán (Plasencia, 1971) presenta su novena exposición en las salas de la galería Fernando Pradilla. Bajo el título Planetario Oeste, la muestra reúne un conjunto de pinturas recientes que hunde sus raíces en la tradición de la abstracción geométrica, con sus deudas con el cubismo y el constructivismo. Los nuevos lienzos traducen las formas planas, las aparentes perspectivas y los vacíos acotados en analogías arquitectónicas y espaciales, confiriendo a sus obras ese dinamismo visual de ritmo musical tan característico de su lenguaje plástico.

Así, y en el curso de esta práctica, desarrollada a partir de rectas, cuadrados, rectángulos y perspectivas inciertas, Gañán ha terminado por tropezar, sorpresivamente, con la arquitectura. Algunas composiciones recuerdan a construcciones, recintos o estructuras imaginarias que procuran habitar ese vacío, dotar de corporeidad interiores inexistentes.

Las formas de obras establecen relaciones de atracción y gravedad, aproximándose o distanciándose entre sí. Hay un orden que parece afirmarse y que, sin embargo, nunca acaba de resolverse. Los equilibrios cambian, a veces de manera apenas perceptible. La intensidad del ultramar, la trama visible del lino y los trazos de lápiz que permanecen a la vista participan también de ese juego de relaciones.

Una vez más, la línea se erige ente libre y rector de la composición, dividiendo espacios y alterando la percepción de los planos. En la obra Indeterminación la sugerencia de tridimensionalidad se expande, pero al mismo tiempo se aparta deliberadamente de los ejes de simetría tradicionales, reforzada por fondos monocromos que actúan como territorios neutros, pero que no truncan la atmósfera de calidez propia de sus geometrías. Su enfoque abstracto refleja una vocación lírica que busca establecer una conexión emocional con la arquitectura y la música.

Algunos títulos de la obra de Emilio Gañán han aludido a los astros, la luz o el orden del cosmos. Planetario Oeste continúa esas indagaciones entre lo racional y lo subjetivo, proponiendo representaciones visuales que entrelazan geometría y espiritualidad. Obras como Germinal, Cosmograma, Messidor, Cuarto menguante, Constelación Klein, entre otras, hablan de esa cartografía estructural que se apoya en la línea para dotar de coordenadas al plano.

Cuanto más precisas son estas construcciones, más misteriosas nos resultan. Su aparente sencillez nos atrae y revela una complejidad inesperada. Volvemos a mirarlas, encontramos nuevos vínculos y nos demoramos en su contemplación. Cada pintura ensaya una posibilidad distinta, y todas juntas componen una pequeña constelación de arquitecturas improbables.