El mundo cambia a una velocidad de vértigo. La inteligencia artificial es, esta semana, mucho más lista que la semana pasada. En unas décadas, más lista que antes. Le enseñamos nuestro trabajo y nos está siendo muy útil, tanto que está por dejarnos en casa. Alguien revisa planos de estructuras. Hace dos semanas tardaba dos días en revisar cada plano que llegaba a su mesa. La semana pasada contrató una IA de pago y ahora tarda minutos en revisar cada plano. Lo que no sabe ese ingeniero es que su jefe está por crear un agente a partir de sus prompts depurados, esta semana de trabajo; la semana que viene, este pobre hombre habrá quedado obsoleto y tendrá que buscarse un nuevo oficio.
Hace una semana nos enteramos de que se adelantaban las elecciones en España. En otros países, en todos, hay elecciones todo el tiempo. Las elecciones ya no son lo que eran. Antes había un periodo de campaña. Ahora la campaña es continua. No hay diferencia entre el período electoral y el no electoral. Hay encuestas todas las semanas y la cocina estadística ya no es propiedad de unos pocos. Todos tienen su propio análisis demoscópico; los partidos políticos, los periódicos y hasta los opinadores independientes tienen fuentes no contrastadas que ofrecen titulares como churros en medios de difusión oficiales, oficiosos y alternativos. Se publican en medios de pago y gratuitos, aunque siempre pagados por intereses nacionales, internacionales u oscuros.
Dicen que Putin influyó en las elecciones en las que Trump ganó, esta segunda vez. Trump no oculta que hizo todo para que ganara Milei. ¿Lo logrará con Bolsonaro Junior? En España, la izquierda tiene un 6% de probabilidades de ganar. ¿Hará falta una mano desde el exterior o las propias zancadillas serán suficientes?
Hay escasez de gasóleo. El gasóleo es el corte más abundante del petróleo. Por cada litro de petróleo se obtiene el doble de gasóleo que de gasolina. Y falta gasóleo. No hay noticias de que escasee la gasolina. ¿Ormuz está cerrado o abierto? El estrecho de Ormuz parece el gato de Schrödinger: abierto y cerrado a la vez. Llevamos un año con subidas continuas en el precio del combustible; nunca baja, siempre sube. Y EE.UU. tiene ahora el petróleo de Venezuela. Irán vende a buen precio su petróleo a China. ¿Europa es de nuevo la más lenta?
Pero da igual, todo da igual, si vamos a morir todos.
¿Cómo?
Toca volver a hablar de la inteligencia, pero no de la humana, sino de la otra.
La IA es capaz de hacer desaparecer a la humanidad si nos descuidamos, si la dejamos volar. Red Bull. La culpa va a ser de Red Bull porque da alas. No son los magnates de las inteligencias artificiales; es el poder en la sombra el que usa la inteligencia artificial para crear guerras y desigualdad. A la misma IA le han preguntado cuál es el mayor problema de la humanidad y ha dicho que es la desigualdad entre seres humanos. ¿Sería muy difícil poner a trabajar a todas las IAs para acabar con el hambre en el mundo?
Una herramienta humana, pero nunca será para todos los humanos.
Y ahora viene la explicación del título de este artículo. Estamos en un claro momento de transición para la humanidad. El anterior fue la revolución industrial; este puede que sea la revolución tecnológica definitiva, teniendo como centro la inteligencia artificial, pero no está limitado a esta. Estamos en transición entre lo que queremos como humanidad y lo que quieren unos pocos para la humanidad.
Las elecciones en los países ya no volverán a ser tan democráticas como antes. El nivel de influencia que tiene la tecnología sobre los votantes es increíblemente alto. Nunca hubo votantes independientes; las democracias nunca fueron perfectas, pero ahora mismo el nivel de influencia es tremendo. No solo se trata de lobbies comprando los votos de unos diputados o senadores, pagando sus campañas. Ahora la influencia es a nivel global.
Hay poderes económicos que compran estados, creando zonas seguras para sus desarrollos más allá de las leyes y de todo control. Y la IA es el ejército que defiende a esas fuerzas. No hacen falta armas, no hacen falta robots físicos, con los bots y los agentes es suficiente y más que suficiente. Es una armada controlada por unas diez manos, por cincuenta como mucho, siete mil millones de personas controladas por un puñado de magnates ocultos en la sombra jugando con una herramienta que no estamos seguros de que sepan manejar.
El ejército de Agentes puede que, en la búsqueda de satisfacer las necesidades de trascendencia e inmortalidad de sus dueños, destruya todo lo que conocemos. Porque no hay bondad ni maldad en un agente de IA, no hay sentimientos ni moralidad. Solo cumplen órdenes, pero no como un soldado que tiene cierto grado de conciencia y moralidad. La IA hará todo lo que esté a su alcance para que ese prompt sea cumplido y el objetivo que le han marcado se consiga.
Abren y cierran puertos, programan drones para atacar mejor al enemigo, crean vacunas que salvan vidas y matan patógenos… Pero siempre siguiendo un prompt sin pensar en las consecuencias, sin sentimientos, sin moralidad o cuestionamientos de ningún tipo. El soldado perfecto.
¿Y el comandante es perfecto?
Un futuro incierto nos espera, porque seguimos dependiendo de unos pocos, cada vez menos y no sé si son los más listos. Esas personas en la oscuridad con un poder tan grande pueden hacer lo mejor para sí mismas (nunca harán lo mejor para la humanidad en su conjunto), pero también puede que metan la pata; puede que se les vaya de las manos la gran herramienta que han creado. Un prompt muy egoísta podría matarnos a todos; un prompt mal pensado podría provocar la destrucción de la raza humana. Y no, no será culpa de la IA, será culpa del que lo pida, un deseo equivocado, mal formulado, mal estructurado… Las consecuencias hay que medirlas bien y, más aún, cuando la herramienta es tan poderosa.
Nos espera un futuro incierto y los de a pie poco podemos hacer. Votar ya vale de poco, salir a las calles tal vez sirva de algo, pero lo dudo. Esto, a los de a pie, se nos ha ido de las manos hace tiempo.















