La fertilidad de la mujer es la capacidad para concebir y gestar un bebé. Es, sin duda, un poderoso atributo que poseemos, pero no debe ser visto como un reloj que nos presiona o limita. Nuestra capacidad para decidir cuándo o si queremos ser madres es una elección personal, no sujeta a los dictados de la sociedad o a las expectativas externas.

Si has llegado a ese punto y lo tienes claro, es probable que te sientas un poco perdida con respecto a la información. Vamos a ir paso a paso y verás cómo lo entiendes todo clarito, clarito.

A estas alturas, ya habrás deducido que el aparato reproductor femenino regula la fertilidad. Tener un ciclo menstrual plenamente funcional es un requisito previo para ser fértil, es decir, un ciclo que se produzca de manera constante y predecible.

En teoría, podemos quedarnos embarazadas en cualquier momento del mes. Sin embargo, la probabilidad de concebir es mayor durante el período de ovulación, que suele ocurrir en el medio del ciclo menstrual. Ya sabes que este período varía de una mujer a otra y puede verse afectado por una variedad de factores, incluyendo la salud, la edad, el estilo de vida y los patrones de ciclo menstrual.

¿Qué es la reserva ovárica y cómo funciona?

Cada una de nosotras nace con aproximadamente un millón de óvulos, también conocidos como folículos primordiales.

Imagina que los ovarios son como un banco de óvulos, donde se guardan tus "potenciales bebés". Cuando eres joven, hay un montón de óvulos en ese banco —tu reserva ovárica está repleta—. Sin embargo, a medida que cumples años, la cantidad disminuye y cada vez hay menos disponibles. Es como si el banco tuviera menos dinero en cuenta.

La hormona antimülleriana: la llave de tu fertilidad.

Con un simple análisis de sangre es posible saber la concentración de la hormona estimulante del folículo (FSH) y la hormona antimülleriana (AMH), con el propósito de obtener indicios acerca de la cantidad de óvulos disponibles en tu "banco ovárico".

La historia de un embarazo puede comenzar anticipando cómo reaccionará tu cuerpo en su búsqueda del mismo, ya sea de forma natural o mediante algún tratamiento. Por eso, los niveles de la hormona de la fertilidad (hormona antimülleriana) indican si tu reserva ovárica es baja, normal o alta. Estos son sus marcadores:

  • Reserva alta: 4.0 ng/ml

  • Reserva normal: 1.5-4.0 ng/ml

  • Reserva normal-baja: 1.0-1.5 ng/ml

  • Reserva baja: 0.5-1 ng/ml

  • Reserva muy baja: <0.5 ng/ml

Una reserva ovárica se considera normal cuando tienes entre 10 y 20 folículos en total en ambos ovarios. Si hay más de 20, se considera una reserva ovárica alta, y si hay menos de 8-10, se considera una baja reserva.

Otras hormonas importantes

La hormona luteinizante (LH) es la responsable de estimular el desprendimiento del óvulo, lo que provoca la ovulación y da lugar a los días fértiles en la mujer. Por otro lado, la hormona folículo estimulante (FSH) desempeña un papel en la maduración del óvulo.

La prolactina es otra hormona que puede afectar a la ovulación si sus niveles son demasiado altos. Y no podemos olvidar la hormona tiroidea, cuyo desequilibrio influye en la fertilidad de varias formas:

  • Haciendo que el período sea irregular, lo que dificulta saber cuándo estás más fértil.

  • Influye en la ovulación, lo que reduce tus posibilidades de quedar embarazada.

  • Afecta la calidad de los óvulos, lo que aumenta el riesgo de aborto si quedas embarazada.

¿Te acuerdas del estradiol?

Hablamos de él en el tema de las hormonas y decíamos que es el principal tipo de estrógeno en nuestro cuerpo.

Pues bien, durante los años fértiles, los niveles de estradiol están en su punto más alto y disminuyen a medida que se acerca la menopausia, lo que puede dar pistas sobre cuándo comenzará esta etapa.

Mantener niveles adecuados de estradiol es importante, ya que la falta de esta hormona puede inhibir la producción de LH y FSH, hormonas esenciales para la ovulación, como hemos comentado.

Hormona luteinizante y hormona folículo estimulante

La hormona luteinizante (LH) regula el ciclo menstrual y desencadena la liberación del óvulo, mientras que la hormona folículo estimulante (FSH) estimula la maduración de los óvulos en los ovarios. Monitorear sus niveles es importante si estás buscando quedar embarazada.

En general, sus valores considerados normales son:

  • LH (valor normal durante el ciclo): entre 2 mUI/ml y 10 mUI/ml.

  • LH (valor normal en el momento de la ovulación): por encima de 20 mUI/ml.

  • FSH (valor excelente): entre 3 mUI/ml y 6 mUI/ml.

  • FSH (valor bueno): entre 6 mUI/ml y 9 mUI/ml.

Una vez que conoces los factores biológicos implicados en la fertilidad, solo falta una cosa para que te quedes embarazada: ponerte a practicar sexo. ¡Cuanto más, mejor! Elemental, querido Watson.

Etapas del embarazo

Durante las dos primeras semanas después de la concepción, se inicia la etapa germinal del desarrollo.

El pequeño óvulo fertilizado empieza su viaje hacia el útero desde las trompas de Falopio. En estas semanas, el embrión es solo una pequeña bola de células que se diferencia en dos capas: una se convierte en el futuro bebé y la otra en la placenta, el órgano que proveerá al bebé de nutrientes y oxígeno.

Después de un tiempo, este embrión se adhiere al útero en un proceso llamado implantación. En las próximas tres semanas, el embrión empezará a parecer más humano y se formará el tubo neuronal, que es el inicio del sistema nervioso central (incluirá el cerebro y la médula espinal).

Hacia la cuarta semana, el embrión comenzará a desarrollar las estructuras iniciales que formarán la cara, el cuello, el corazón, los vasos sanguíneos, los pulmones, el estómago y el hígado.

Al final de este mes, el embrión tendrá la forma de un pequeño grano de arroz, ¡de unos 6 milímetros de largo! En este punto, lo más probable es que aún no sepas que estás embarazada. Te haces el test y da positivo, ¡Bingo, estás preñada!

¿Y ahora qué pasa? Comienza un viaje increíble de nueve meses en el que el óvulo fertilizado se dividirá, crecerá y se desarrollará hasta que tu bebé esté listo para salir a saludar y empezar a compartir vuestras vidas.

El primer trimestre: semanas 5 a 8

Durante el segundo mes de embarazo, el embrión comienza a tomar forma. Aparecen rasgos faciales y brotes que se convertirán en brazos y piernas. Aunque aún no tiene aspecto humano ni remotamente.

El sistema nervioso central sigue creciendo, al igual que los órganos digestivos. A las seis semanas, ya se pueden escuchar los latidos del corazón.

Respecto al tamaño del embrión, a las ocho semanas, mide un poquito más de un centímetro. ¡Como una canica en crecimiento!

En este periodo tendrás más ganas de hacer pipí, te sentirás más cansada y es probable que experimentes náuseas y vómitos. ¡Dichosas náuseas matutinas! Las culpables de todo ello son las nuevas hormonas que ayudan al embrión a desarrollarse.

Semanas 9 a 12: De embrión a feto

Con la llegada del tercer mes, el embrión pasa a convertirse en feto. A estas alturas, ¡ya está listo para hacer algunos movimientos de estiramiento y abrir y cerrar esos diminutos puñitos! El cordón umbilical también está en pleno funcionamiento para mantenerlo bien alimentado.

El enano está creciendo a toda velocidad. Los órganos ya están en su lugar y funcionando, y los rasgos faciales como los ojos, la nariz y la boca se ven ya como los de un bebé. Además, a las 9 semanas, los brazos y las piernas ya tienen sus partes diferenciadas, como manos y pies, aunque los dedos aún no están totalmente formados.

En cuanto al tamaño, a las 12 semanas, el feto mide unos 5 centímetros. Y tú ya empezarás a notar transformaciones en tu cuerpo con el incipiente crecimiento de la barriguita y algunos cambios en la piel. Es el momento adecuado para el primer examen ecográfico.

Líquido amniótico

Es como un guardaespaldas para el bebé en desarrollo. Lo rodea en la cavidad amniótica, actuando como un cojín protector contra golpes y ruidos, y evitando que los gérmenes entren desde la vagina. Este líquido es completamente estéril y mantiene un entorno seguro para el bebé. Además, le proporciona al feto agua y minerales. Durante el parto, la acumulación de líquido amniótico en la parte baja del útero forma la "bolsa de las aguas", que ayuda a dilatar el cuello uterino. Cuando se rompen las membranas, es lo que conocemos como "romper aguas," y el líquido amniótico que se libera sirve para lubricar las vías genitales y facilitar el paso del bebé durante el parto.

La placenta

Es un órgano ovalado, suave y esponjoso que se encuentra en el útero de la madre durante el embarazo. Funciona como una almohadilla que te conecta con el bebé que está creciendo en tu vientre.

Se desarrolla más o menos a las 12 semanas de embarazo a partir de dos tipos de tejidos: el corion del embrión y la decidua basal, que es el revestimiento interno del útero.

La placenta tiene dos partes:

  • La parte materna o externa, que se adhiere al útero de la madre.

  • La parte interna o fetal, que está cubierta por el corion y el amnios (una membrana que forma parte del saco amniótico), y de la que salen vasos sanguíneos que terminan en la zona central del abdomen del feto. Después del nacimiento y del corte del cordón umbilical, esta área es el ombligo del bebé.

La placenta es como una central de intercambio dentro de tu barriga. Funciona de muchas maneras importantes:

  • Respiración: La placenta actúa como un pulmón para el bebé. Toma el oxígeno de tu sangre y se lo da a él. Además, el pequeñín expulsa el dióxido de carbono a través de la placenta hacia ti.

  • Alimentación: La placenta lleva al bebé todos los alimentos que necesita directamente de tu comida. ¡Sí, el enano te gorronea la comida!

De tu alimentación, guarda hierro y calcio para tener reservas y transforma el resto de productos, gracias a una actividad metabólica importante. Además, la placenta se encarga de enviar vitaminas al bebé, especialmente del grupo B, D y E. La vitamina A se guarda en el hígado del bebé, y la vitamina C se almacena en la placenta hasta aproximadamente el octavo mes, después de eso se guarda en las glándulas suprarrenales y el hígado del peque.

La placenta se encarga de regular la cantidad de azúcar en la sangre del pequeño hasta que su hígado pueda hacerlo por sí mismo, y eso ocurre al final del embarazo.

  • Sistema endocrino: Segrega sus propias hormonas. A partir del cuarto mes de embarazo, estas hormonas reemplazan en parte a las hormonas que provienen de tus ovarios.

  • Protección: La placenta protege al bebé de muchas bacterias. Además, ayuda a transmitirle tus anticuerpos para protegerlo de enfermedades.

El segundo trimestre: semanas 13 a 16

Has llegado al segundo trimestre y los órganos del sistema digestivo, como el hígado, el estómago y el intestino, comienzan a funcionar. En el intestino, se acumula una sustancia verde llamada meconio, que está hecha principalmente de bilis. El bebé comienza a hacer pis y esa orina se mezcla con el líquido amniótico que lo rodea.

Las piernas y los brazos del bebé empiezan a tomar su posición final. Las rodillas se doblan hacia adelante y los codos hacia atrás. Su musculatura se está desarrollando rápidamente, por lo que es posible que comiences a notar pequeños movimientos fetales. Otra maravilla es que las uñas empiezan a formarse y ya se pueden identificar las huellas digitales. ¡Alucinante!

Ahora también es el momento en el que el sistema circulatorio del bebé se vuelve más eficiente. Las cavidades del corazón están bien formadas, y el corazón late con más fuerza a medida que avanza el embarazo. En torno a la semana 14, es posible detectar los latidos del corazón del bebé mediante una técnica basada en el efecto Doppler de los ultrasonidos.

En este punto, el corazón del bebé late más rápido que el de un adulto, alrededor de 120-160 latidos por minuto. Los médicos pueden ver claramente la cabeza del peque y escuchar su corazón latir en una ecografía.

Los órganos reproductivos del feto están lo suficientemente desarrollados como para que, mediante una ecografía, puedas saber el sexo del bebé, ¡solo si quieres, claro!

Aunque el sistema nervioso aún no es perfecto, su coordinación de movimientos mejora con el tiempo. Al principio del segundo trimestre, los brazos y las piernas se mueven y se agitan sin un propósito específico. Sin embargo, hacia el quinto mes, el bebé podría chuparse el pulgar, marcando el inicio de la adquisición de un reflejo importante para su vida fuera del útero: la succión.

A las 16 semanas, el bebé es como un aguacate grande, más o menos 17 centímetros de largo.

La buena noticia es que, ahora que la placenta se encarga de producir hormonas para el embarazo, no tendrás tantas subidas y bajadas en el estado de ánimo. Te notarás más estable y también empezarán a disminuir los síntomas de cansancio y las náuseas matutinas.

Semanas 21-24

A medida que el feto continúa creciendo y desarrollándose, también se vuelve más activo. A los seis meses, las huellas dactilares del bebé ya están desarrolladas y los ojos comienzan a abrirse. En esta etapa, el feto está trabajando en la audición, con un rápido desarrollo de los órganos del oído interno. Puedes notar cómo se mueve, muchas veces en respuesta a sonidos que escucha. Los pulmones también se están desarrollando rápidamente.

Ahora ya mide unos 30 centímetros y pesa en torno a los seiscientos gramos, como una mazorca de maíz.

Como el útero está creciendo y presiona tus órganos digestivos, puedes tener acidez de estómago. Y empezarás a tener dolor de espalda por la presión del bebé, que se está haciendo más grande.

Tercer trimestre: semanas 25-28

Durante el séptimo mes, el pequeño sigue creciendo y acumulando grasa. Este mes proporciona avances cruciales para los pulmones aún inmaduros. El cerebro continúa desarrollándose y algunos investigadores creen que el bebé comienza a soñar mientras duerme.

El feto eliminará el lanugo (vello muy fino y suave que cubre su cuerpo), lo que le va a proporcionar una importante fuente de proteínas cuando se mezcle con el líquido amniótico.

Hacia el final del séptimo mes, el bebé pesará un poquito más de un kilo y medirá unos 38 centímetros.

Vas a notarte muy fatigada e incluso es posible que sufras insomnio. Debes aprovechar cada instante que puedas para descansar.

Semana 37 y hasta el nacimiento del bebé

Estás en la recta final del embarazo. Los pulmones del pequeño están listos y tienen reservas de grasa acumuladas. Sus reflejos también se han desarrollado y pueden realizar movimientos como parpadear, girar la cabeza y agarrar cosas.

En el último mes de embarazo, el nene alcanza su tamaño maduro. La mayoría de los bebés nacidos a término pesan entre 2,5 y 3,5 kg y miden entre 47 y 53 cm.

Tu cuerpo se está preparando para el parto. Puedes experimentar una fase donde tendrás ráfagas de energía que te ayudarán a preparar tu hogar para la llegada del retoño. Es posible que sientas alivio, ya que el bebé se ha movido hacia una posición más baja.

La mayor parte de nosotras damos a luz en algún momento entre las semanas 38 y 42. Los signos incluyen contracciones regulares y la ruptura de la membrana amniótica llena de líquido. Vamos a romper aguas.

Otros síntomas incluyen calambres en las piernas, dolor de espalda y náuseas. El parto puede variar en intensidad y hay diferentes etapas.

El parto ya está aquí.

El bebé está aquí y quiere salir. No te angusties porque tu cuerpo está preparado de sobra para que todo salga perfecto. Un parto típico se divide en cuatro fases:

  • Período Prodrómico. En esta fase, vas a experimentar contracciones que preparan el cuello del útero para el inicio del parto. Pueden durar horas o incluso días y son irregulares en intensidad y duración. Durante esta etapa, el cuello del útero se ablanda, cambia de posición y se empieza a dilatar. También puede haber la pérdida del tapón mucoso y pequeñas pérdidas de sangre. El bebé comienza a encajar su cabeza en la pelvis.

  • Dilatación. En esta etapa, las contracciones se vuelven regulares en duración y tiempo, y van aumentando gradualmente en intensidad. El cuello del útero está completamente borrado, y la dilatación aumenta desde los 3-5 cm hasta los 10 cm, momento en el que se considera que la dilatación está completa. El bebé está encajado y desciende por la pelvis, lo que puede causar molestias y presión en la zona. Esta fase se considera activa y si las contracciones son rítmicas, es el momento de dirigirse al hospital.

  • Período Expulsivo. Esta fase va desde la dilatación completa hasta el nacimiento del bebé. La duración es variable y depende de factores como el número de partos previos y la anestesia epidural. Las contracciones son menos frecuentes pero más intensas. El bebé desciende y rota por el canal de parto hasta nacer. Durante esta fase, se producen los pujos, que son espontáneos en partos naturales o dirigidos por los profesionales si la anestesia los disminuye.

¡Rewind please! Sí, disculpa. Los pujos son los esfuerzos o contracciones involuntarias que experimentas para ayudar a empujar al bebé. El famoso, ¡empuja, empuja!

  • Alumbramiento o expulsión de la placenta. Una vez que el cabezón ha nacido, se produce la salida de la placenta. Las contracciones son menos intensas que durante la dilatación o el parto. ¡Yupi! Estas contracciones favorecen la expulsión total de la placenta y ayudan a que el útero se contraiga para evitar una pérdida masiva de sangre.

En este momento, se realiza el contacto piel con piel inmediato y se proporcionan los primeros cuidados al recién nacido sin separarlo de ti.

Ten en cuenta que la duración y la experiencia de cada fase pueden variar de una mujer a otra, y es importante tener apoyo médico y emocional durante todo el proceso.

¡Muchas felicitaciones, tienes un bebé precioso!

Parto normal

Dilatas por ti misma y el bebé pasa bien por el canal del parto. El nacimiento es acompañado por un profesional sanitario, pero tiene lugar por sí mismo.

Parto difícil

Es posible que dilates del todo y el bebé pueda pasar, pero o el canal está muy estrecho o hay alguna necesidad especial en el canal del parto. Se llama distócico y lo atienden l@s gine.

Parto imposible

No dilatas o el bebé no cabe y hay riesgo de pérdida de bienestar fetal. Es la cesárea y también es atendida por l@s gine.

Tu cuerpo después del parto

Cuando por fin sale tu pequeñín, es normal sentirte como si te hubieran amasado y mezclado varios cientos de veces. ¡Hecha, cisco, vamos! Casi todo es normal, desde la euforia hasta los dolores, temblores, sensación de confusión o enormes deseos de bailar un tango. Quizás esto último nos lo hayamos inventado.

En caso de que te hayan puesto la epidural, es posible que aún tengas un souvenir en forma de catéter o una vía intravenosa en la mano. Las matronas se ocuparán de ello, tranquila.

Aunque el bebé todavía no tiene hambre, siempre le va a gustar tocar tus mamas, porque están blanditas y son súper divertidas. Acércale a un pezón para que se vaya acostumbrando a la idea de mamar. ¡Le va a encantar!

En los días posteriores viene lo interesante, definiendo “interesante” como “¡cosas horribles que me pasan, oh no!

Es más que probable que expulses los llamados “loquios”. Son flujos vaginales formados por una mezcla de sangre, moco y tejido que se desprenden del útero a medida que te recuperas. Van cambiando de color como un camaleón. Al principio, se parecen a la regla, pero después pasan por una fase rosa o marrón antes de volverse blancos o amarillentos. ¡Bonito, bonito! Es completamente normal y es una parte importante del proceso de recuperación posparto.

Tendrás dolores, es así. Son un recordatorio de que tu útero está encogiendo de nuevo. Y esa es la buena noticia.

Y no podemos olvidarnos de las "hemorroides y el estreñimiento". Después de tanto empujar, lo más lógico es que aparezcan estas várices en la zona del ano. Agradables no son, por lo que te recomendamos que no te limpies con demasiada energía o las empeorarás.

El estreñimiento es también frecuente, especialmente si has dado a luz mediante cesárea. Procura comer más frutas, verduras y alimentos ricos en fibra. Y bebe agua como si fueran a quitarla mañana.

Puede que te recomienden usar aceite de parafina unos días.

Después de un parto vaginal, es normal sentirte algo dolorida por ahí abajo. Mucho más si te han practicado una episiotomía —una pequeña incisión quirúrgica en la zona entre la vagina y el ano—.

Aquí tienes algunas indicaciones para el cuidado posterior:

  • Lávate suavemente la zona de la episiotomía dos o tres veces al día con agua tibia y jabón suave. Asegúrate de secar bien la zona después de lavarla.

  • Para ayudar en la cicatrización, intenta caminar un poco sin usar braguitas.

  • Si sientes dolor o picazón en los puntos, puedes disolver una cucharadita de bicarbonato de sodio o sal en agua caliente. Luego, aplícala suavemente sobre la zona después de ir al baño.

  • Al hacer pis, inclínate hacia adelante para evitar que la orina entre en contacto con los puntos.

  • Siéntate en una toalla enrollada o coloca una almohada debajo de cada nalga. Esto puede hacer que te sientas más cómoda mientras te recuperas.

  • Si el dolor persiste, pídele al médico que te recete analgésicos o antiinflamatorios que sean seguros y no se transfieran al bebé a través de la leche materna.

Y sobre todo, pide ayuda. Deja que tus seres queridos te apoyen, te cuiden y te mimen. Lo tienes más que ganado.

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