I

"La originalidad consiste en volver al origen". Una frase del arquitecto catalán Antoni Gaudí que contiene una verdad trascendente: la autenticidad se debe a su historia. Al paso de esta sentencia, otra de Eugenio D'Ors, un gran escritor igualmente catalán: "todo lo que no es tradición es plagio».

Para Guillermo García Cruz (Montevideo, 1988) estas citas fácilmente iluminan su trayectoria. Este artista dedicó los primeros años de carrera a la pintura figurativa, de una naturaleza muy realista. Para alguien nacido en el Cono Sur, el tránsito hacia la abstracción geométrica parecería algo natural y fluido, gracias a la vanguardias artísticas de la región que privilegiaron este lenguaje del arte, como consecuencia del regreso del maestro Joaquín Torres-García a su natal Montevideo desde su exilio europeo en 1934.

Sin embargo, la influencia que mas interesó a Guillermo García Cruz no está precisamente en la "Escuela del Sur" ni en el "Universalismo Constructivo" que el maestro Torres-García dejó como gran legado artístico para los pintores del continente del siglo pasado y sobretodo, para sus epígonos en Uruguay. El artista volteó la mirada hacia el arte concreto que nació a ambas orillas del Río de la Plata, sobretodo a los postulados teóricos de los artistas asociados al movimiento Madí.

Esta atracción de Guillermo García Cruz no se reduce a la notoria filiación formal que su obra tiene con la de esos pintores o con sus pares brasileños de los grupos "Frente" o "Ruptura". En donde encontró un vínculo con sus propios intereses está en las ideas revolucionarias en torno a la pintura abstracta de esa generación de artistas e intelectuales. Voltear la mirada a los orígenes del arte abstracto latinoamericano le dió un impulso renovador a su obra, logró hacerla, parafraseando al arquitecto Gaudí, profundamente original; pero esto ocurre, insisto, mas allá de las coincidencias formales entre su obra y el arte concreto del Sur. La pintura y escultura de Guillermo García Cruz suponen un gesto de renovación muy vigoroso y actual de esas tradiciones artísticas, desde un discurso muy auténtico, basado en la realidad tecnológica de nuestros días, como veremos de seguidas.

II

Habría que recordar el desafío de los primeros artistas abstractos rioplatenses: una necesidad de dinamizar la rígida estructura ortogonal del cuadro que heredamos del Renacimiento. En su programa, el grupo Madí promovió que el arte asumiera formas geométricas irregulares, que la superficie pictórica se recortara de manera bastante libre. Con esta idea en mente, los pintores buscaban independizar la creación, despojarla de sus ataduras con la tradición y apostar por una pintura totalmente abstracta.

En las obras de Guillermo García Cruz encontramos un gesto similar. Podemos darnos cuenta que los marcos no mantienen la ortogonalidad de rigor y en algún lugar de estos, ocurre una suerte de desplazamiento, una disrupción, tanto de la imagen representada como del objeto en sí mismo.

Como decíamos antes, el artista va mas allá de los quiebres del soporte pictórico y del marco de la pionera abstracción sureña. Un vistazo a vuelo de pájaro de un conjunto de obras Madí o del arte concreto brasileño, nos dan cuenta de una libertad inusual en este gesto de ruptura de la ortogonalidad y en la voluntad de ir mas allá de la moldura de la pintura. La variedad de soluciones a este problema compositivo fue enorme para los creadores modernos latinoamericanos asociados a este tendencia.

A diferencia de esta estrategia abstracto-geométrica histórica, desde las primeras piezas de sus series iniciadas hacia 2020, Guillermo García Cruz propone que los quiebres del marco sean uniformes, en paralelo a los bordes superior o inferior de la obra y casi siempre ocurren hacia el centro de la composición, como una gruesa línea de horizonte o unas franjas que se desplazan "por accidente".

En sus recientes propuestas de los útimos dos años, García Cruz insiste en esta estrategia compositiva. Este gesto creativo domina el trabajo con una regularidad muy precisa y, en este sentido, las pinturas son rigurosas en la manifestación de estos desplazamientos del marco. Cabría preguntarse por qué no asumió la misma libertad de los artistas constructivistas al momento de fracturar la ortogonalidad dominante, y por el contrario, mantiene una rigurosidad casi mecánica (minimalista podría decirse) en su aporte al tema.

III

Me atrevo a aventurar una respuesta a esta interrogante. Yo creo que esta correspondencia entre la obra de Guillermo García Cruz y la innovación moderna (y sureña) de "quebrar" el marco se basa en no imitar el gesto moderno (lo que sería retórico y banal), sino en convertir este giro formal en una referencia, en una "cita a pie de página", para formular un razonamiento teórico propio en torno a la ubicuidad de la imagen en nuestros días. Es decir, Guillermo García Cruz convirtió una estrategia formalista e histórica en un argumento conceptual, muy actual.

A diferencia de los marcos oblicuos y "quebrados" de la modernidad artística porteña, los de García Cruz responden a otro escenario simbólico. No buscan borrar una tradición, como imponía el espíritu vanguardista del artista Gyula Kosice en el manifiesto Madí de 1946, al proponer un arte divorciado de la representación de la realidad. Por el contrario, las obras de Guillermo García Cruz son un reflejo, el espejo de obsidiana donde se proyecta una teoría de la imagen en la actualidad. Estas propuestas no se escapan del compendio de imágenes del presente, por el contrario, son su sombra.

Decíamos líneas atrás que la obra de este creador está en conexión con nuestro invasivo y dominante imaginario mediático. De forma más precisa debemos decir que, en efecto, estas pinturas retratan dos facetas de este infinito universo de imágenes dosificadas tecnológicamente. La primera es el glitch, ese error "menor" que aparece en el mundo visual tecnificado y que Wikipedia describe como "temporal, gráfico o divertido, permitiendo que la experiencia continúe".

La otra cara de esta inmersión abstracto-geométrica de García Cruz en nuestra realidad visual se inspira en el teléfono celular, la mas universal y cotidiana de nuestras interfaces. A partir de su formato rectangular, el artista propone toda una serie de obras que como un conjunto de espejismos, nos hacen creer que vemos una serie de impecables pinturas geométricas cuando en realidad lo que estamos mirando es la sombra de ese otro espejo rectangular que desde nuestra mano, domina nuestra vida diaria y nuestros repertorios personales de imágenes.

IV

Una de las primeras manifestaciones del glitch la podemos encontrar en el cine, cuando en una escena se quiere simular que un aparato de televisión está fallando. De manera repentina, la pantalla se quiebra en bandas horizontales irregulares que segmentan las imágenes (como en las obras de García Cruz) contaminadas con una especie de "ruido visual", como una lluvia de líneas; de alguna manera la imagen del televisor se hace "abstracta". Es usual en este tipo de gags cinematográficos que el actor protagonista le propine un golpe al aparato y la pantalla se componga de manera súbita. De alguna manera, ésta vuelve a ser "real".

Es muy cierto que el nacimiento de la abstracción en los albores del siglo pasado se basaba en la utopía de la independencia de arte de la realidad concreta. El pintor buscaba en su obra una experiencia alterna, inspirado en la idea de entender la creación como una vía para la conciencia interior y ver el cuadro desde una perspectiva espiritual ajena a la razón, lo que Malévich llamaba "la supremacía de la sensibilidad pura" (de allí el Suprematismo ruso, como bien se sabe). Desde entonces y a lo largo del tiempo, la abstracción-geométrica, el arte concreto o el geometrismo mantuvieron este principio de conformar un imaginario alterno e independiente del mundo perceptible.

Es precisamente este encuentro entre el tangible arte de la pintura y la presencia virtual y mediada ("abstraída") de los glitchs, lo que resulta verdaderamente original y audaz como discurso artístico. Guillermo García Cruz logra mirar en ellos uno de los destinos adónde aterrizó la abstracción en la actualidad. Cuando el glitch surge, a su manera un error "temporal y gráfico" como lo describe Wikipedia, se genera un momento que se "abstrae" del obsesivo universo imaginativo virtual, dominado por un exceso de realismo y por nuestra imperiosa necesidad de una fidelidad extrema. Vivimos rodeados de una catarata de imágenes en alta resolución, esto es, de un exceso de realidad, de hiperrealismo virtual, de renders y de CGI. Cuando el glitch altera esa fidelidad nos sobreviene súbita y temporalmente un momento de enajenamiento, una palabra que, recordemos, es sinónimo de abstracción. Es decir, gracias al glitch nos abstraemos de la nitidez de nuestro acervo visual en alta resolución.

V

En esta serie de obras recientes, Guillermo García Cruz añade otra capa a esta asociación entre abstracción y realidad. Unos paralelepípedos (u ortoedros, nombre exacto de la geometría de los teléfonos celulares móviles) dialogan entre sí, se chocan y entrecruzan. En algunas pinturas sus contornos se suman a las estructuras "quebradas" descritas líneas atrás. En otros casos constituyen los protagonistas absolutos de las piezas y es inevitable asociarlas a los "Metaesquemas" neoconcretos de Hélio Oiticica.

Pero una vez mas, García Cruz da una vuelta de tuerca a la tradición artística latinoamericana y lo que vemos no son simples siluetas ortogonales en negro. Lo que en realidad miramos es una de las formas mas universales de nuestros días transformada en pura abstracción geométrica, estos negrísimos ortoedros son la sombra de nuestros vulgares teléfonos celulares elevándose a la categoría de obra de arte.

Finalmente, este conjunto de obras de Guillermo García Cruz son una alegoría precisa de de como el arte abstracto, inclusive desde su condición originaria como vía de evasión del mundo real (de acuerdo a Kazimir Malevich), es el retrato de su tiempo. Estas consistentes pinturas geométricas, delicadas y precisas, que recuerdan las pantallas en reposo de nuestros celulares, condensan desde el denso fondo negro absoluto de sus formas, el infinito álbum de la ingente visualidad de nuestros días.

(Guillermo García Cruz en cinco tiempos. Por Carlos E. Palacios)