Hace más de 35 años, desde una edad temprana, conozco el dolor físico y mental. Y nunca, pero nunca, le he encontrado nombre a mi padecimiento que suena un poco a otros, pero no es un poco de acá y allá y no es.

Estoy segura de que, si usted no lo vive, sí lo vive algún familiar que le ha colocado la etiqueta de “crónico”.
El cuerpo llega a ser una oscilación del mar, un vaivén de la desesperación o, al final, un remanso de aceptación, esperando algo, un dictamen o un fin digno.

A veces, no es lo que se padece sino la transición de búsqueda, eso posible que lleva nombre y ahora sí, con valor lo que venga. El diagnóstico en muchas enfermedades es muy evidente con solo un examen médico, pero en otros, como si fueran un regalo de la novedad, produce un remolino interior, donde no hay salida. No encuentras la paz que añoras, saber que ni la ciencia ha encontrado ese nombre que ansías.

Hace unos días, encontré la experiencia de un joven con nódulos linfáticos inflamados que tuvo una larga travesía al diagnóstico. Así que empezó el mismo por el desinterés de la medicina por interrelacionar la sintomatología y, de ese modo, llegar a la validez de la existencia de su enfermedad. Porque es temeroso de que te digan que no es nada, que todas las pruebas salen buenas y que cuestionen tu mente y tus emociones para decirte que inventas, que es psicológico y te suelten del hospital, o de las citas de especialistas porque nadie conoce lo tuyo.

Al fin, este joven logró ponerle nombre y es más, un remedio paralelo por sus investigaciones donde poco a poco, encontraron su realidad, incluso, una enfermedad que lleva su nombre por la insistencia de colaborarle a los médicos, a descifrar de una de esas tantas enfermedades raras que existen y que una nueva generación afronta. O una vieja generación,desespera.

Recuerdo un médico que se sinceró después de muchas pruebas que me mandó y me dijo que hasta allí llegaba él y que, como internista, no me podría ayudar más, porque eran demasiados los síntomas y que no llegaba a nada parecido.

Fue una lluvia de meteoritos que caló muy profundamente en toda mi alma y cuerpo. Yo quisiera pedirles a los médicos que no se rindan; para eso es el juramento hipocrático, para investigar y llegar al punto. Es una estadística numerosa la de no tener un nombre para tus reacciones y viene el nubarrón de la incertidumbre. La espera ante un diagnóstico médico es un periodo de alta vulnerabilidad emocional caracterizado por la vacilación, el miedo y la falta de control. Esta experiencia de estrés psicológico es una respuesta humana completamente natural y común.

A continuación, se presentan las claves esenciales para recorrer este proceso de forma sana:

Impacto emocional común

  • Ansiedad anticipatoria: Preocupación constante por los posibles resultados negativos.

  • Montaña rusa emocional: Fluctuaciones rápidas entre la esperanza, la tristeza, el enfado y el miedo.

  • Síntomas físicos: Aparición de náuseas, tensión muscular, problemas para conciliar el sueño y falta de concentración.

Estrategias de afrontamiento psicológico

  • Validar las emociones: Aceptar el miedo o los nervios sin juzgarlos como una debilidad. O como el origen de la enfermedad, porque le dicen a usted que lo que tiene es ansiedad o depresión. Y eso es un juzgamiento demasiado cruel para tu proceso.

  • Focalizar el control: Concentrar la energía diaria únicamente en las acciones presentes que sí dependen de uno mismo.

  • Evitar la sobreinformación: Restringir las búsquedas obsesivas de síntomas en internet, ya que suelen aumentar el pánico.

  • Técnicas de anclaje: Practicar ejercicios de respiración consciente, meditación o actividades físicas ligeras.

Cometido de la información y soporte

  • Precisar la red de apoyo: Decidir de forma selectiva a qué familiares o amigos contarles la situación.

  • Instituir límites de comunicación: Informar a los allegados si solo se necesita escucha activa o espacio, evitando frases hechas.

  • Sostén profesional: Reflexionar con el acompañamiento de un psicólogo o terapeuta si la ansiedad interrumpe la rutina diaria.

Relación con el equipo médico

  • Planear de antemano: Escribir las dudas y preguntas antes de asistir a la consulta de resultados.

  • Esclarecer los canales: Consultar previamente al personal de salud cómo y cuándo se entregarán los informes.

  • Enunciar el nerviosismo: Comunicar abiertamente el nivel de ansiedad al médico para recibir un trato más pausado.

Considerando todos esos aspectos, tenga paz consigo mismo y no se culpe de la situación porque lo menos que debe existir es la culpabilidad. No eres una estadística, ni un diagnóstico, ante todo eres una persona que lucha, y se deja nadar como si flotar fuera el único escape de la inundación y que las certezas, no siempre lo son. Aprovecha esta incertidumbre con una espera creativa. Escribe poemas, lee libros que te gustan, inventa nuevos espacios para no centrarte en tu refugio o llanto como la única posibilidad de sobrevivir. Vive y, aunque sea uno, escoge a alguien, amigo o familiar, que te crea y lleve todo este camino a un mundo de posibilidades sensoriales donde la belleza interior siempre reine con esperanza.