Seguramente has oído hablar o leído sobre la tragedia de los Andes, ocurrida en 1972. En el año 2023 se estrenó la película La Sociedad de la Nieve, lo que volvió a despertar el interés y la fascinación por esta historia de supervivencia. Fue tal el impacto que el sitio donde cayó el avión, al que se puede llegar cabalgando o caminando, comenzó a atraer a fanáticos: muchos que antes desconocían su existencia, e incluso algunos que ni siquiera conocían la historia que hay detrás.

En el año 2009 con mi familia decidimos hacer la expedición al lugar de la tragedia. En ese entonces no era masivo el turismo para llegar hasta ahí, y la experiencia se vivía de otra manera. Quienes elegían hacerlo sentían cierta conexión con la historia, incluso algunos lo tomaban como un viaje de peregrinación, ya que la idea era desconectar del mundo actual, encontrar paz y respuestas en un sitio que marcó a la humanidad.

Breve reseña histórica

El 13 de octubre de 1972, el vuelo 571 de la aeronave Fairchild FH-227D, proveniente de Uruguay y con destino a la ciudad de Santiago de Chile, se estrelló en plena cordillera de los Andes. A bordo viajaban 45 pasajeros y 5 tripulantes. Se trataba de un vuelo chárter en el que iban integrantes del equipo de rugby “Old Christians Club”, acompañados por sus familiares y amigos.

El accidente se produjo por un error de navegación y cálculo de posición. Las condiciones climáticas no eran las mejores y cruzar la cordillera de los Andes es todo un desafío, ya que se producen cambios meteorológicos muy bruscos e impredecibles.

La ruta prevista establecía cruzar la cordillera a seis mil metros de altura, sobrevolar Curicó, una pequeña ciudad chilena, y recién entonces tomar dirección norte hacia Santiago. Sin embargo, el plan se truncó producto de un error de cálculo causado por falta de visibilidad una vez que se adentraron en la cordillera.

Cuando creían estar acercándose a la ciudad de Santiago de Chile, el piloto solicitó autorización para aterrizar, por lo que inició el descenso. Descendieron 3.500 metros de altura, asumiendo que ya habían atravesado la cordillera.

El problema fue que ambos pilotos habían identificado incorrectamente la posición del avión, así que cuando el avión descendió y atravesó las nubes, se estrelló en un valle en lo alto de las montañas.

Especialistas luego confirmaron que este avión en particular no tenía la capacidad de sortear esas condiciones hostiles y volar tan alto. Además de que fue un error humano y de cálculo.

Primer libro. El relato que dio voz a los Andes

La tragedia de los Andes, como más se la conoce, tuvo su primer relato en el famoso libro ¡Viven!, publicado en 1974. Fue escrito por el autor británico Piers Paul Read, basándose en entrevistas directas con los 16 supervivientes apenas meses después del rescate en 1972. El libro contó con la autorización de los sobrevivientes, quienes deseaban relatar la verdad de lo ocurrido y contrarrestar los rumores amarillistas de los medios.

Para ello, Read se reunió con los supervivientes y sus familiares, recopilando todo tipo de información detallada e íntima sobre aquellos 72 días en la montaña.

Es a partir de esta tragedia que conmovió al mundo que nace ¡Viven! El triunfo del espíritu humano, un libro tan necesario como revelador, que busca contar la historia de las 45 personas que partieron en un avión desde Uruguay rumbo a Chile, pero que nunca lograron llegar a su destino; de ellas, sólo 16 sobrevivieron y pudieron mostrar al mundo el verdadero triunfo del espíritu humano.

Superación e inspiración

Leí por primera vez el libro de ¡Viven! a los 13 años, plena adolescencia. Recuerdo cómo su historia me atrapó y cautivó; era un libro largo con letra muy pequeña; sin embargo, su narración, el contexto y la lucha por la supervivencia fueron inspiración para mí. La adolescencia es una etapa de muchos cambios y luchas internas, y esta historia fue una de las que más me marcaron.

Durante muchos años, este fue el único libro que relataba la historia de la tragedia de los Andes. Más adelante, algunos de los supervivientes decidieron contar sus propias versiones, publicando libros en primera persona, con más detalles y otra mirada, ofreciendo al mundo nuevas perspectivas de su experiencia e increíble fuerza de superación.

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Supervivientes del Milagro de los Andes. 1972. De izquierda a derecha: Álvaro Mangino, Carlitos Páez, Daniel Fernández, Coche Inciarte. Los Andes, Argentina.

Cabalgata al avión de los uruguayos

Para iniciar esta expedición se debe llegar primero a la provincia de Mendoza, ya que el avión cayó del lado argentino, en el Valle de las Lágrimas, ubicado dentro del complejo Las Leñas, Malargüe.

Primer día

Viajamos desde la ciudad de Mendoza rumbo al hospedaje en el paraje El Sosneado, muy cerca de San Rafael. Allí pasamos la noche y dejamos el vehículo para partir al día siguiente con todo el equipo a bordo de sus propias camionetas 4x4.

Llegamos a un campamento, y allí nos esperaban con los caballos y sus baqueanos, esos hombres que conocen el terreno y los senderos; además, ofician de guías. Ensillamos los caballos, nos explicaron cómo sería el recorrido, nos dieron algunas recomendaciones y partimos para el lugar donde haríamos base para dormir dos noches.

El recorrido, en medio de las montañas, fue maravilloso. Era pleno verano; por lo tanto, la temperatura era templada. Paisajes verdes, abundante vegetación, picos nevados, con un cielo azul que resaltaba los colores de la cordillera de los Andes.

La cabalgata era muy amena, una forma distinta de viajar en plena naturaleza y sentir una paz absoluta. Aunque también tenía su cuota de adrenalina: momentos en que debíamos cruzar arroyos, subir una ladera bien empinada o cabalgar por una cornisa.

No es un camino peligroso, pero sí hay tramos muy estrechos; aun así, los caballos hacen su trabajo y saben perfectamente por dónde ir. Es vital confiar en el instinto del animal. Ese fue uno de los consejos que nos dieron antes de iniciar la cabalgata: no desconfiar de nuestro caballo.

Llegamos al campamento base antes del atardecer. Allí armamos nuestras carpas y nos dedicamos a descansar. Era una zona llana entre montañas, un valle hermoso rodeado de pequeños ríos que se formaban por el deshielo y el agua de lluvia que descendía de las cumbres.

Fue un día largo: andar a caballo cansa, y más en altura. Aun así, valió la pena. Nos esperaba con una rica cena caliente, un típico guiso argentino. En Argentina, el guiso es una comida clásica de campamento o expedición: es nutritivo, rinde, suele gustar a todos y es perfecto para climas fríos. Y recordemos que, aunque sea verano, en la montaña la temperatura baja considerablemente, así que comer bien es clave.

Segundo día

El gran día: iniciar la cabalgata hacia el Valle de las Lágrimas, el lugar del accidente. Arrancamos temprano, desayunamos y partimos. Fueron, al menos, cinco horas de cabalgata hasta llegar al sitio.

Había muchos memoriales, banderas y restos del avión que, en ocasiones, cambiaban de lugar por la nieve; cuando llegaba el verano y se producía el deshielo, volvían a aparecer. Parte del fuselaje no se encontraba en esa zona, ya que la nieve lo va desplazando con el paso del tiempo.

Estar ahí arriba, en el lugar donde ocurrió la tragedia, fue atravesar muchísimas sensaciones. Es sentarse sobre una roca y pensar en todo lo que esas 29 personas vivieron, de las cuales 16 lograron sobrevivir. Es imaginar esas noches de frío, sin abrigo suficiente, sin comida y sin ningún tipo de protección frente al clima.

Había leído el libro, por supuesto, y podía visualizar perfectamente la situación y los distintos contextos. Es como cuando leemos un libro y luego vemos la película, solo que acá no hubo ficción: fue real. Estar presente en el sitio donde estos sobrevivientes estuvieron 72 días, sin dudas, es un momento surreal.

Tercer día

Iniciamos el regreso; nos queda un largo día de cabalgata, pero estamos contentos y agradecidos por estos tres días de pura aventura.

Nos tocaron días soleados, un grupo hermoso, cada uno con sus historias. Sin dudas lo más lindo de esta expedición fue que todos fuimos con una misión y elegimos vivir estos tres días en plena cordillera de los Andes.

La tragedia de los Andes es una historia maravillosa de supervivencia, resiliencia, amistad, unión y fortaleza. Leí varios de los libros escritos por sus supervivientes y los recomiendo mucho: cada uno cuenta, en primera persona, lo que vivió y sintió. Los hechos son los mismos, pero la mirada de cada uno no.

Estos relatos te harán llorar, soñar, imaginar… e incluso reír. Sí, porque en los momentos más duros siempre aparece algo bueno a lo que aferrarse, y a veces la mejor manera de seguir es convencer a nuestra mente de que todo va a salir bien y enfocarnos en buscar soluciones.

Estos libros nos enseñan justamente eso: la fuerza y el poder humano. Lo poderosa que es nuestra mente y cuánto podemos aprender a manejarla cuando la vida nos pone frente a situaciones extremas de supervivencia.

Personalmente, recomiendo dos libros: Milagro en los Andes, de Fernando Parrado y La Sociedad de la Nieve, de Pablo Vierci. Ambos libros, tuve la suerte de leerlos antes de la expedición, y puedo decir que fueron claves para entender aún más sobre su historia, contada por quienes la vivieron.

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Fernando Parrado y Roberto Canessa junto al arriero Sergio Catalán, quien los encontró perdidos en las montañas de los Andes, después de diez terribles días de caminata en medio de la cordillera. Tragedia y milagro de los Andes, 1972, Argentina.

Libros escritos por sobrevivientes sobre la tragedia de los Andes.

  • Pablo Vierci, La Sociedad de la nieve.

  • Fernando Parrado, Milagro en los Andes.

  • Roberto Canessa y Pablo Vierci, Tenía que sobrevivir.

  • Pedro Algorta, Las montañas siguen allí.

  • José Luis “Coche” Inciarte, Diario de un superviviente: Memorias de los Andes.

  • Eduardo Srauch, Desde el silencio: Cuarenta años después.

#### Información

Error humano.
Tragedia de los Andes.
Paso a paso.