El arte ha buscado a menudo en el animal la respuesta a lo que significa ser humano; antes que un objeto de estudio o consumo, ha sido para el artista transmisor de símbolos y emociones. Esta exposición, comisariada por José Luis Merino Gorospe, reúne treinta y ocho piezas de la colección del museo -pintura, cartelismo, fotografía y forja- donde lo animal no es ornamento, sino núcleo de sentido. A lo largo de cinco siglos, estas criaturas transitan entre el mito y la historia, encarnando una dignidad que cuestiona nuestras propias jerarquías. Este animalario nos invita a descubrir que, a través de la mirada de cada artista, el animal deja de ser naturaleza para convertirse en una forma de cultura y memoria compartida; observar a la bestia es, en realidad, una forma de asomarnos a nuestra propia historia y a la manera en que entendemos el mundo.
A través de un recorrido que abarca distintas épocas y lenguajes artísticos, la muestra pone de relieve la diversidad de significados que los animales han adquirido en la imaginación humana. Ya sea como símbolos de poder, libertad, espiritualidad o vulnerabilidad, estas representaciones revelan tanto las creencias de cada tiempo como la profunda relación que las sociedades han mantenido con el mundo natural.
Lejos de ofrecer una visión puramente descriptiva, las obras reunidas proponen una reflexión sobre nuestra convivencia con otras especies y sobre el papel que estas han desempeñado en la construcción de relatos, identidades y valores colectivos. En ese diálogo entre arte y naturaleza, el visitante descubre que la figura animal sigue siendo una poderosa herramienta para pensar la condición humana.
















