Pabellón de escultura, de Ana Laura Aláez (Bilbao, 1964), es una de las obras más monumentales de la Colección MUSAC. En esta instalación, concebida para su inclusión en la muestra individual de la artista que, bajo el mismo título, tuvo lugar en 2008 y formada por treinta y dos planchas de aluminio que, ensambladas, conforman una unidad, convergen escultura y arquitectura a través del vacío como material. Un poso energético se evidencia cuando un eco de experiencia vital logra traspasar la obra, como ocurre en este caso, en el que el metal rebota la huella con lo ya vivido. El MUSAC, un museo que alberga otro metafórico con una escala menor, vuelve a activar este símil, y es en esa tensión entre contenedor y contenido donde late el propio hecho artístico como un acto de resistencia y transformación.
También remite a un espacio expositivo que, en lugar de dar cobijo al arte, lo expulsa a los márgenes con violencia en un proceso que le permite cuestionar la escultura y sus problemáticas a partir de las vanguardias de la primera mitad del siglo xx. Aláez distingue entre «el mundo del arte» y el arte en sí mismo. De alguna forma, necesita evidenciar que el pulso creativo nace en los momentos y lugares más insospechados. Desde el primer momento, su acercamiento al arte tiene que ver con la idea de encontrar una guarida en él. Una vez amparados frente a cualquier peligro, nos enfrentamos de otra manera a la complejidad de nuestra propia naturaleza, con todas sus contradicciones. Algunos de estos movimientos internos se traducen en los múltiples quiebros y uniones que conforman Pabellón de escultura.
Con motivo de esta nueva presentación, se ha editado un cartel de artista, disponible para el público en esta misma sala, que incluye un texto en el que Aláez dedica esta construcción a sus antepasados, incidiendo en su propia procedencia para reconocer la magnitud de esta impronta en su práctica artística. Su larga trayectoria tiene su origen en los periodos de su niñez vividos en una pequeña comarca de León, en la que un pedazo de la historia aún no está del todo visible. Refugio e intemperie se enriquece así con el recuerdo de aquellos lugares que un día dejaron de ser seguros, y la artista lo subraya justo ahora, en estos tiempos tan convulsos, pues la búsqueda de una morada comienza con la lucha por la supervivencia que hemos heredado de nuestros predecesores.
El MUSAC continúa así con su labor de acercamiento de los fondos de su colección al público en una nueva presentación de esta obra de Ana Laura Aláez que cuenta con la colaboración de la propia artista para adaptarla al singular espacio de la sala 6 del museo.












