Desde la década de 1990, el fotógrafo y videasta franco-egipcio Youssef Nabil, nacido en 1972, ha construido una obra con una identidad visual muy marcada, a la que el Museo de Orsay ha contribuido de manera decisiva. Su primera visita a Francia y el descubrimiento de las colecciones del museo, en 1992, siguen siendo una fuente de inspiración que impregna su trabajo desde hace más de treinta años, como lo demuestra el autorretrato The dream (2021), en filiación con Le rêve (El sueño) de Puvis de Chavannes. La exposición de Youssef Nabil, que lo convierte en el primer artista que ocupa la galería orientalista, es una oportunidad para poner en perspectiva sus obras con aquellas que le marcaron en este espacio, que constituye, junto con el simbolismo, el núcleo de este acercamiento estético.
Las copias en gelatina de plata en blanco y negro, realzadas mediante una técnica antigua de coloración manual empleada por Youssef Nabil, evocan el Egipto glorioso y fantaseado de su infancia -país natal del artista- y nos llevan a ambientes visuales de tonos aterciopelados. Su obra, que recurre a los registros del sueño y de la nostalgia, busca desprenderse de cuestiones puramente identitarias para encarnar un mundo mediterráneo sin fronteras, fantaseado e idealizado. A ojos del artista, Egipto es el escenario de un orientalismo sensual y consentido, con imágenes que retoman sus códigos: colores cálidos y saturados, bañados en una atmósfera apacible hecha de deseos y sueños, que ponen en escena un Oriente libre, sin prohibiciones ni censura.
Más allá del orientalismo, la estética de los decorados depurados, que convoca azules y blancos uniformes en efectos de transparencia, refleja las influencias simbolistas del artista. Las temáticas del exilio, el renacimiento y el sueño están omnipresentes en su trabajo. Las posturas de espaldas de sus autorretratos, aunque carentes de rostro, están teñidas de melancolía y mantienen un halo de misterio. El recorrido expositivo sigue el itinerario cronológico del viaje de un artista de nuestro tiempo en cinco grandes etapas, entrelazadas con resonancias transhistóricas. La rica colección de fotografías del siglo XIX de expediciones en Egipto abre la exposición con una distinción entre producción artística en Oriente y orientalismo.
Sobre esta base histórica, la exposición revela las producciones relativas a la juventud del artista, seguidas de su primer encuentro con el museo de Orsay durante su primer viaje a Francia en 1992, tercer momento del recorrido que convoca figuras tutelares para él, como Pierre Puvis de Chavannes u Odilon Redon. La penúltima sala está dedicada a las identidades cruzadas representadas por Nabil, a uno y otro lado del Mediterráneo, recurriendo a símbolos de Oriente y de Occidente en creaciones sincréticas. Por último, se proyectan dos vídeos del artista en una sala que refleja su pasión por el medio cinematográfico.
















