Organizada al mismo tiempo y en el mismo espacio que la exposición monográfica dedicada al pintor Francisco de Zurbarán (1598-1664), lo que permite crear juegos de miradas gracias a una escenografía concebida de forma conjunta, la exposición invita a descubrir la escultura española del siglo 17.

Se trata, en su mayor parte, de esculturas religiosas en madera policromada de un naturalismo sobrecogedor, que permiten comprender mejor el contexto cultural y religioso en el que se enmarca la obra de los grandes pintores españoles del mismo periodo, entre los que destacan Zurbarán, Velázquez o Murillo, en una época en la que los vínculos entre la pintura y la escultura eran muy estrechos. La exposición hará especial hincapié en el préstamo de un paso de procesión completo, un conjunto monumental de cinco esculturas de tamaño natural, pintadas, fechado a principios del siglo 17, obra de Gregorio Fernández, gran escultor que por entonces trabajaba en Valladolid.

La pieza se presenta a la altura de los visitantes para brindarles la experiencia de una observación lo más directa posible. El recorrido se articulará en varios ejes temáticos: el culto a las reliquias y el papel de los santos intercesores, las “imágenes de vestir”, la representación del sufrimiento de Cristo y de la Virgen, la devoción privada y la Inmaculada Concepción.

Así, será posible explorar los distintos usos y significados de estas esculturas, pero también comprender mejor su materialidad, las variantes regionales y estilísticas, y la personalidad de los principales escultores de la época, activos en Castilla o Andalucía, a través de otras obras de Gregorio Fernández, Alonso Cano, Juan de Mesa, José de Mora, Pedro de Mena, Jerónimo Francisco y Miguel Jerónimo García, José de Arce, Pedro Roldán o incluso Luisa Roldán, una de las pocas mujeres artistas que tuvo una brillante carrera que la llevó hasta la corte real.

Además del paso Camino del calvario, entre los préstamos más importantes de obras hasta la fecha nunca vistas en Francia, la exposición cuenta con el Cristo de la luz, también de Gregorio Fernández, un Cristo crucificado de tamaño real de un naturalismo sobrecogedor, o incluso con el San Juan Bautista, obra maestra de Alonso Cano. Se presentan también la Virgen con el Niño y San Juan Bautista, de Luisa Roldán, y la Inmaculada concepción de Pedro de Mena, fechada en 1680 y relacionada con un concurso organizado por el obispo de Granada, dos grandes adquisiciones recientes del museo que han sido magníficamente restauradas.