Francisco de Zurbarán figura, junto con Diego Velázquez y Bartolomé Esteban Murillo, entre los pintores españoles más importantes del siglo 17. Aunque en un principio fue considerado como un seguidor de Caravaggio marcado por un ascetismo monástico, a lo largo del siglo 20 se lo apreció progresivamente como un colorista prodigioso y fue reconocido por ese estilo tan personal, que conjuga la simplificación de los volúmenes con un naturalismo impactante. Si bien en la última década ha sido objeto de varias exposiciones, su obra no ha gozado de ninguna muestra internacional de gran amplitud desde la monográfica que le consagraran el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y el Grand Palais de París en 1987-1988. Es por ello por lo que la National Gallery de Londres, el Museo del Louvre y el Art Institute de Chicago han decidido aunar esfuerzos y proponer una retrospectiva que permitirá descubrir o volver a contemplar su pintura, comprenderla mejor y dejarse deslumbrar por la modernidad y la fuerza plástica de sus composiciones.
El propósito de esta exposición no es presentar una monográfica exhaustiva, sino más bien ofrecer una selección ambiciosa de pinturas de primera categoría, acompañada de referencias históricas y culturales, que permita admirar la técnica de Zurbarán y su audacia en cuestiones formales e iconográficas. Organizado en siete secciones, el recorrido de la exposición aborda las diferentes facetas de la obra pictórica de Zurbarán siguiendo una lógica cronotemática que hace honor a las distintas etapas de su larga carrera, a la vez que se aleja en ocasiones de la lógica temporal para proponer agrupaciones de obras.
La exposición del Louvre concederá gran importancia a las pinturas monumentales procedentes de encargos monásticos en Andalucía, que son las que hicieron célebre a Zurbarán, así como a los retratos y a las naturalezas muertas, y reservará un lugar destacado a la escasa producción de su hijo Juan de Zurbarán (1620-1649). Algunas pinturas que datan de finales del siglo 19 y principios del 20 permitirán subrayar, a modo de epílogo, la importancia que tuvo Zurbarán para las vanguardias francesas (Édouard Manet, Pablo Picasso y Juan Gris).
















