Hacer un análisis de un Mundial a la mitad me parece inoficioso. Sin embargo, me enfrento a la primera vez que esta competición suma 48 selecciones, 48. El periodista colombiano Nicolás Samper calificó de invitacional esta versión; yo estoy de acuerdo. Para cuando debutó Colombia —último partido de la primera ronda—, ya habían pasado seis días de competencia, seis. En ese momento ya teníamos goleadas, un técnico despedido —Sabri Lamouchi, de Túnez—, un triplete de Messi y más. Para cuando salga este artículo, no tendremos ni la mitad de los clasificados a los octavos de final. Quizás entonces sí haya tiempo para este análisis: llamémoslo una pausa de hidratación.
Ese puede ser un gran punto de partida. Se hizo famosa una canción del cantante guatemalteco Ricardo Arjona, ‘Noticiero’ (1996), donde anticipaba lo que ocurre en cada partido de este año: “El fútbol gana terreno en los Estados Unidos; Quieren cambiar la estructura pa' que tenga sentido; Hay que agrandar las porterías; Y ocho tiempos fuera pa' vendernos porquerías”. Las modificaciones de dos a cuatro tiempos se han convertido en el nuevo lugar de pauta preferido por la FIFA y las televisoras. Algunas, como Telemundo, han optado por mantener la señal cuando envían a los jugadores a sus bancas para hidratarse aunque el clima no lo exija. Las grandes mentes del fútbol, siempre prestas a debatir lo que se plantee, han estado de acuerdo y en contra. Poco o nada se habla de la razón principal para establecer las pausas: dinero, más publicidad y un nuevo mercado para atraer.
¿Se hará el análisis correspondiente al final del Mundial para ver si los cuatro cuartos funcionaron, si atrajeron nuevos fanáticos? Paneles de canales deportivos, notas en internet, periodistas consagrados está enfocada en pensar cómo llevar el fútbol a nuevos públicos, diría que hasta se preocupan por ello. Mencionaron algunos a la Kings League como ejemplo del rumbo a seguir, porque tenía vistas, era tendencia, llamaba la atención en redes. Sin embargo, antes de que rodara la pelota en Norteamérica se supo de los despidos, el 50% de la plantilla por problemas de rentabilidad. ¿Alguien pensó en que sería mejor hacer el producto tan deseable como fuese posible tal y como era, sin recortes ni ajustes? Siempre creí que el fútbol era una pieza única, de esos que se compran como vienen porque vale la pena, como un carro lujoso, un Ferrari, un Bentley —para que entiendan los gringos—, a precio de compacto. Quizás estoy equivocado.
Tan equivocado como los árbitros que le han pitado a Messi. Digámoslo sin problemas, son dos verdades que coexisten desde el Mundial pasado: los árbitros sí le dan trato especial al 10 argentino y estamos ante uno de los grandes de este deporte; ambas cosas son realidad. Su primer triplete fue posible luego de una roja que no le mostraron. El primer gol de Argentina contra Austria vino luego de una falta. Nos han acostumbrado a plantearnos el falso dilema de que es lo uno o es lo otro, y no, son las dos: en este Mundial de 48, hay espacio para dos verdades sobre Lionel.
También hay espacio para más fanáticos. Aquí me la juego por mi memoria: no recuerdo un Mundial con tantas sillas vacías. Aunque el tema se ha desvanecido entre tantos, tantísimos, juegos, como era de esperarse, los planos de varios estadios con sillas vacías cercanas a la cancha han demostrado que la mejor cita mundialista no logró el sold out esperado. Es que se tomaron en serio lo del producto de lujo, aunque lo recortaran a gusto de los no expertos, y lo vendieron como si la máquina estuviese enchulada. Los mismos gringos pensaron que lo de enchular incluía que Messi jugara con Estados Unidos. El invitacional da espacio para el absurdo.
Y no, no se puede relacionar el absurdo con lo impensado del fútbol: esas son dos cosas distintas. En los Mundiales siempre hay lugar para las victorias inesperadas, los empates con diez defendiendo, las goleadas de peso y las remontadas inesperadas. Quienes vemos este deporte sabemos que pasará, las selecciones son las encargadas de elegir dónde y cuándo. También, hay que reconocer, ocurre eso de los esperables: el mío ha sido el de Brasil, que clasificó, goleó a quien tenía que golear, y sigue tan lejos de lo que era una canarinha con Ronaldo, Romario, Rivaldo, Ronaldinho, Roberto Carlos y otras erres. Inglaterra es otra esperable: promete, pero no termina de convencer como su propia liga se lo exige. ¿Y Colombia? Digamos que va a su ritmo, esperando que la dificultad del rival demuestre hasta dónde puede bailar.
Postre
La relectura de El perfume de Patrick Süskind me ha hecho pensar en que tan bien se puede llevar eso de ser un bestseller y tener peso en el canon. Me gustaría leer alemán para entender mejor la forma del libro. Mientras, concedo que esta novela me parece una obra sencilla y apetecible para acercar a alguien a la lectura.















