Luego de la conferencia ‘Los 11 poderes del líder’, a cargo de Jorge Valdano, le pregunté al campeón mundial argentino por las situaciones adversas que están más allá del control del técnico o del equipo. Mi ejemplo para aterrizar la pregunta fue la FIFA, que aumenta el número de partidos sin pensar o consultar a los jugadores. Al respecto, Valdano me habló de cómo Maradona se quejó de que los horarios de México 86 eran al mediodía, en pleno calor; João Havelange, presidente entonces del organismo que siempre rige al fútbol, desestimó cualquier alegato al culpar al 10 argentino por no querer jugar más. Con alegato o no, Argentina fue campeona; al final, los fanáticos estuvieron ahí.
El fútbol tiene a los clientes perfectos, señala el director de Publimetro Colombia, Alejandro Pino Calad: sin importar los vejámenes, los hinchas cumplen. ¿Acaso los equipos que descienden no siguen llevando gente a las gradas? ¿Acaso no alientan de nuevo en la siguiente temporada más allá de las derrotas, la venta de la estrella del equipo o el aumento de precio en las entradas? Sin importar que el listado de selecciones opcionadas a ser campeonas mundiales no llegue a más de seis o siete, la alegría de los aficionados por ser parte del evento logra contagiar. Es la fiesta que prende más televisores en el planeta: 1500 millones de personas, según la FIFA. Por eso parece imposible pensar que Norteamérica 2026 no funcione.
Sin embargo, pareciera que este mundial está llevando al límite ese amor y al bolsillo de los hinchas. La Football Supporters Europe (FSE) junto a la plataforma de defensa del consumidor Euroconsumers, presentó ante la Comisión Europea una demanda contra la FIFA1 por los precios exagerados en la boletería, ya que ha “abusado de su posición de monopolio”, de acuerdo a lo dicho en un comunicado de la FSE. Vale destacar que para la competición de este año, la venta y la reventa están a cargo de la organización que dirige Gianni Infantino.
De hecho, es el mismo Infantino quien parece complicar todavía más el panorama de la competición. Durante el sorteo de grupos para este año, entregó un premio de la paz a Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, y quien amenazó con quitarle la sede a algunas ciudades2 cuya orientación política mayoritaria no está alineada con la de su presidencia. Lo anterior, además de violar el principio de la FIFA de neutralidad política —si es que eso es posible—, presenta problemas logísticos reales. ¿Y si ya tienes tus viajes comprados para la ciudad pero, faltando poco tiempo, deciden moverla a otro lugar más obediente? Eso es lo que está pasando con Irán, que solicitó trasladar sus partidos a México luego de que Estados Unidos e Israel empezaran una guerra contra el país persa.
A lo anterior, se suma la política migratoria de Trump, ampliamente reconocida por la labor del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés). Durante el mundial de clubes de 2025, realizado en ese país, el miedo rondó los estadios y muchas personas se abstuvieron de asistir por temor a ser detenidas. Así mismo, está documentado que ICE ha capturado y deportado a ciudadanos estadounidenses y migrantes con papeles en regla. Como medida preventiva, la congresista de New Jersey, Nellie Pou, presentó una ley para evitar redadas durante la competición3. Estados Unidos tendrá 78 partidos de la competencia, mientras que Canadá y México solo 13. Será el país de Trump el que más aficionados y selecciones tenga en su territorio. ¿Están dadas las condiciones para que se realicen los partidos?
Infantino, en todo caso, no hará cambios o entrará en disputa con Trump: además del premio que le otorgó, se le ha visto en más de una ocasión en la Casa Blanca, compartiendo con el presidente de los Estados Unidos. A Infantino, como a los dirigentes de la FIFA, lo que les importa es el dinero. De ahí que el aumento en el número de selecciones, de 32 a 48: medio mes más de partidos, más transmisiones televisivas. ¿Se pensó en algún momento en cómo esto afecta los calendarios de las ligas o en la sobreexigencia de los deportistas? Nunca. Mientras el dinero fluya, los millones lleguen a los bolsillos correctos —entre los que también se cuentan los jugadores—, el show continúa. Por cosas como esa sí extraño a jugadores como Maradona, nos sobran los bien portados con la FIFA.
Como cereza del pastel, se ha buscado que para el 2030 se juegue con 64 selecciones4. 64. Dos meses de competición. ¿Acaso no se ha logrado entender que parte de la belleza de un mundial está en su duración y su espera de cuatro años? Porque Infantino también ha insistido en que podría ocurrir cada dos.
Podrán llamarme romántico, pero lo que pienso es en cuidar el producto: un mundial es lo que es gracias a su duración, a su ciclo, a la exclusividad de disputarlo. Aunque eso, parece, no importa más que el dinero. ¿O por qué se jugaría el torneo en seis países? Sí, prepárense para España, Portugal, Marruecos, Uruguay, Argentina y Paraguay 2030. ¿Qué nueva sorpresa nos traerá Arabia Saudita 2034 o 2032? ¿Habrá dinero para pagar boletas allí? Quizás el plan siempre fue tener más televisores prendidos que fanáticos en el estadio: los derechos de televisión pagan bien.
Postre
Open, la autobiografía de André Agassi —que no está escrita por él— demuestra una sensibilidad tremenda: los lugares, los sentimientos y las tensiones parecen más de una novela contada en primera persona. Lejos está del recuento simple del yo hecho por la gente del deporte. Gran trabajo el de J.R. Moehringer, verdadero autor del libro.
Notas
1 Aficionados europeos denuncian a FIFA por precios de boletos del Mundial 2026.
2 Trump habla sobre la posibilidad de cambiar sedes del Mundial de fútbol en EE.UU.
3 Quieren frenar al ICE: Presentan proyecto de ley para prohibir redadas durante el Mundial 2026.
4 El Mundial 2030 puede jugarse con 64 equipos: FIFA discute el tema.















