I) En sus nuevas obras, Fabián Burgos (Buenos Aires, 1962) hizo a un lado la abstracción geométrica, y con ella la demostración, casi impertinente, del virtuosismo técnico que ostentaban los juegos ópticos de muchas pinturas. El rasgo estilístico personal del artista, identificado por la crítica Elena Oliveras como el contraste entre la exactitud de líneas de borde neto (hard-edge) y la sutileza de franjas con tonos en degradé, fue reemplazado por una pintura más libre, suelta. Las pinceladas determinadas y ordenadoras de la geometría cedieron lugar a la representación gestual y expresiva de pájaros y cielos. Para realizarlos, Burgos elige capturas de videos de aves que traslada con precisión a la tela. Luego se toma algunas licencias, muchas impensables en su etapa geométrica: falsear la imagen original si la pintura lo pide, cambiar el color y darle lugar al accidente o al error.
Las pinturas captan el flujo de energía de las coreografías de las aves que sobrevuelan cielos de un azul límpido, rojo tormentoso, gris encapotado; cielos planos y otros más algodonados. En los cuadros existe un trabajo muy laborioso en la construcción del espacio porque los pájaros –se le advierte al ojo no avisado- se encuentran meticulosamente bordeados. “A veces tengo más interés en lo que no está que en lo que está. Y al rellenar estos huecos retomé esta idea de mostrar lo que no se ve”, había comentado el artista en relación a obras anteriores. En este sentido, se puede reconocer que el esmero técnico en la ejecución del espacio y el vacío siguen siendo importantes, tal como ocurría en sus abstracciones geométricas. Los pájaros a su vez podrían interpretarse como cortes, tajos de la tela, heridas. Navajazos en superficies que se resisten a ser perforadas, presencias espectrales surgidas en una invocación no premeditada a los buchi de Lucio Fontana.
Las imágenes son de murmuraciones en el espacio, ese fenómeno natural y casi lisérgico a la vista de quien lo contempla en el cual miles de aves vuelan al unísono. Porque el aleteo de uno, afecta en cadena al otro, los pájaros planean, giran en espiral o bajan en picada sincronizados y con precisión matemática. Las murmuraciones tienen patrones: vacuola (cuando las aves se separan temporalmente), expansión de relámpago (ocurre si los pájaros se dispersan), cordón (largas líneas en el espacio), ondas, gotas y otros más. Existen distintas teorías para explicar estas alianzas en danza, que son estratégicas y voluntarias. Estos movimientos han sido interpretados como esquemas específicos para huir de depredadores y también como una forma de atraer a más aves para conservar el calor antes del descenso. Otra teoría, recientemente avalada, sostiene que los pájaros se unen y murmuran cuando experimentan algo parecido al bienestar, a la felicidad. Todas las perspectivas coinciden en que se trata de un mecanismo colectivo, afectivo y sobre todo de subsistencia.
II) Las nuevas pinturas se alejaron de la trama desbordante de erudición y obsesión en la que estaban urdidas las abstracciones. Quedaron atrás las asociaciones y tretas conceptuales para citar, reapropiarse o deconstruir piezas admiradas de artistas como Jesús Rafael Soto, Bridget Riley, Piet Mondrian y Max Bill, entre tantos de una larga lista. Lo esencial era captar la experiencia metafísica que le generaban esas obras, explicó en otro artículo: “Yo soy totalmente consciente de que les estoy sustrayendo el alma a estas obras. Para mí todos estos tipos son grandes maestros, y meterme con ellos es algo muy ambicioso, es un desafío. Pero más que una competencia, esta ambición es una variable que te puede permitir un crecimiento espiritual”.1
Entonces, ¿qué ofrecen los cielos y los pájaros al artista? ¿qué posibilidades se le presentan al salir del confinamiento de la geometría y también de la abstracción? Quizás porque estaba exhausto, tal vez porque llegó al summum del proceso de construcción de su propia autoconciencia como pintor. Quizás porque en el round el impuso le ganó por primera vez a la obsesión, a lo mejor porque desatenderse de la abstracción es también como abandonar una vieja religión, una renuncia al evangelio modernista. Tal vez simplemente fue necesario desviar el foco de atención en el sentido que lo planteó la filósofa Vinciane Despret en su tratado político Habitar como un pájaro: “…volver deseables otros modos de atención. E invitar a prestar atención a esos modos de atención. No volverse más sensibles (una bolsa de gatos demasiado cómoda y que puede además provocar alergias), sino aprender a volverse capaces de conceder atención. Aquí conceder asume el doble sentido de «prestar atención a» y de reconocer la manera en que otros seres son portadores de atenciones. Es otra manera de declarar importancias”.2
(Texto por Lara Marmor)
Notas
1 Rial Ungaro, Santiago (2005, 10). La revolución silenciosa. Página 12. Radar.
2 Despret, Vinciane (2022), Habitar como un pájaro. Modos de hacer y de pensar los territorios, Cactus: Buenos Aires, pág.13.
















