El Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) presenta la exposición perma nente La colección del IVAM hasta hoy, un recorrido por la historia del arte moderno y contemporáneo valenciano, nacional e internacional. Las galerías 4 y 5 del museo albergan más de 500 obras fundamentales de su colección, configurando una lectura historiográfica de las principales corrientes artísticas de los siglos XX y XXI.

La muestra responde a un modelo expositivo híbrido, así se estructura a partir de un eje principal de carácter cronológico por las obras de la colección, el cual se entrelaza de forma simultánea con cuatro recorridos temáticos paralelos que giran en torno a estos temas: el color, las ecologías, las identidades y los conflictos. Mediante esta disposición, el museo busca romper con la narración lineal tradicional para propiciar relatos múltiples, generar cruces críticos y abrir espacios de diálogo entre la Historia y las microhistorias que surgen de las particularidades de los fondos del IVAM. Este planteamiento busca repensar la noción de canon y de historia hegemónicos, entrelazando de forma original a las grandes figuras del arte con nombres menos conocidos.

La cronología de constitución del IVAM determinó una colección marcada por la historiografía europea, lo que conlleva ciertos desequilibrios de género, raza, inclusión y equidad, además de, pese a la coherencia en las adquisiciones a lo largo del tiempo, algunos vacíos históricos. No obstante, tales ausencias constituyen una afirmación de su condición de acervo vivo y como un ecosistema de memorias donde se cruza el trabajo de artistas, crítica, curaduría, galeristas, coleccionistas, etc. Toda colección de arte contemporáneo es, por definición, infinita: un relato abierto, inacabado y múltiple.

En sintonía con el compromiso de la institución con la sostenibilidad, el diseño museográfico de la exhibición ha corrido a cargo del estudio Smart & Green Design. Esta firma, especializada en ecodiseño y auditoría medioambiental de exposiciones, ha proyectado un espacio que refuerza la idea de la muestra como un relato abierto y adaptado a las exigencias ecológicas actuales.

Sobre la colección

La colección del IVAM comenzó a configurarse en 1984 mediante la adquisición de obras de creadores como Eduardo Arroyo, Equipo Crónica, Antoni Tàpies y Eusebio Sempere. El hito fundacional se produjo en 1985 con la incorporación de un amplio conjunto de piezas de Julio González, adquiridas a través de compra y donación a sus herederas, Carmen Martínez y Vivianne Grimminger. La presencia de este artista resultó decisiva para articular el relato de la colec ción, estableciendo un puente directo entre la modernidad internacional y el contexto español.

Otro de los pilares esenciales del museo es la obra de Ignacio Pinazo, cuya inclusión permitió subrayar la temprana conexión de la escena valenciana con la modernidad. La aportación de Pinazo se caracterizó por el desarrollo de un impresionismo propio y una experimentación formal muy próxima a la abstracción.

En un contexto nacional marcado por décadas de distanciamiento respecto al arte moderno y contemporáneo, el proyecto del IVAM respondió a una concepción historicista. Tomando a González y Pinazo como ejes iniciales, los fondos se estructuraron siguiendo el relato canónico de la historia del arte. Así la colección abarca desde las van guardias históricas hasta la abstracción de posguerra —con especial énfasis en el informalismo europeo—, el Pop Art y las Nuevas Figuraciones. Todo ello se desarrolló sin descuidar el contexto local, representado por colectivos como el Grupo Parpalló o Estampa Popular.

Iniciar una colección de arte moderno en la década de los ochenta supuso importantes dificultades para adquirir grandes nombres y piezas icónicas de la narrativa oficial de la Historia del Arte. No obstante, esta circunstan cia propició una estrategia centrada en trabajos y soportes menos convencionales, como libros, fotomontajes, dibujos, obra gráfica y maquetas. Esta apuesta permitió una lectura focalizada en lo particular y en aquellos aspectos tradicionalmente marginados o desatendidos por la corriente principal.

Recorrido cronológico por la colección

El IVAM abre las puertas de su galería 4 con una inmersión en la modernidad de principios del siglo XX. La exposición articula un recorrido cronológico por los movimientos vanguardistas que, surgidos entre 1905 y 1930 -futurismo, cubismo, dadaísmo, surrealismo, constructivismo, etc-, se nutrieron de la ace leración tecnológica y del maquinismo industrial que modificó la noción de espacio-tiempo, la urbanización sin límites, la caída de los imperios, las revoluciones políticas, las guerras mundiales, el acceso de las masas al consumo y a la cultura reproducida (prensa, fotografía, cine) y las nuevas presencias sociales (tanto las asociaciones obreras, como la mujer con su presencia pública y participación política).

Las vanguardias consiguieron agrietar el estatismo sociocultural derivado del canon académico del siglo XIX y buscaron nuevos lenguajes y materiales con los que expresarse. Estrategias como el collage, la abstracción, el automa tismo, el fotomontaje o la performance ahondaron en un compromiso político, social y existencial que disolvió la fron tera entre arte y vida en el contexto de grandes metrópolis como Nueva York, París, Moscú y Berlín.

La colección del IVAM se construye en torno a Julio González por situarse en el epicentro de esa modernidad y converger en él lo artesanal y lo industrial, lo figurativo y lo abstracto. Su obra rompió con la concepción escultórica de la volumetría decimonónica y se configuró como una poética de líneas y estructuras espaciales. Su actividad en la comu nidad parisina de principios del siglo XX, su colaboración con artistas como Picasso o Brancusi y su participación en asociaciones como Cercle et Carré o Abstraction-Création, fueron claves en las primeras adquisiciones del museo relacionadas con las vanguardias históricas, y con la intención de contextualizar y legitimar su figura en el marco de la modernidad.

Arte soviético

La exposición de la colección del IVAM prosigue su recorrido en la sala 2 de la galería 4, un espacio que consagra al museo valenciano como poseedor de uno de los fondos de arte soviético más importantes de Europa. Esta valiosa selección, cuyos orígenes se remontan a los primeros años de trayectoria de la institución, destaca especialmente por su exhaustiva compilación de cartelismo, diseño de libros y fotomontaje. Junto a este legado, la muestra articula un diá logo con otros movimientos clave de la vanguardia internacional.

La Bauhaus y las utopías vanguardistas europeas

La Bauhaus (1919– 1933) defendía que el arte debía participar en la construcción de una nueva sociedad. Bajo la dirección de Walter Gropius, la escuela reconoció su deuda con el movimiento inglés Arts and Crafts, especialmente por su énfasis en el aprendizaje práctico, la combinación de disciplinas y el trabajo artesanal. El modelo pedagógico de la Bauhaus superó el método académico basado en la copia, promoviendo la experimenta ción con materiales, la comprensión de las formas esenciales y la importancia del color.

En una segunda época destacó László Moholy-Nagy, quien desde 1923, defendió el progreso tecnológico y la sistematización del trabajo. Lo artesanal fue sustituido por el funcionalismo de las máquinas y el diseño industrial bajo el lema “Arte y tecnología: una nueva unidad”. Tras su traslado a Berlín en 1932, bajo la dirección de Mies van der Rohe, la escuela fue clausurada por el régimen nazi, evidenciando la dimensión ideológica del proyecto. Su influencia se expandió mediante iniciativas como The New Bauhaus en Chicago o el Black Mountain College, en Asheville —Carolina del Norte— y la difusión de su diseño de mobiliario, objetos, tipografías y composiciones.

De Stijl

En paralelo, la exhibición profundiza en el movimiento De Stijl, articulado entorno a la revista homónima editada por Theo van Doesburg desde 1918. Entre sus artistas más destacados se encontraban Piet Mondrian, Piet Zwart, Paul Schuitema, Vilmos Huszár, Bart van der Leck y Karel Teige, entre otros. Para este grupo, el arte que representa al mundo moderno debía ser revolucionario y autoconsciente, sustentado en un nuevo credo estético que exigía la edu cación del público.

Años treinta

La sala 3 de la galería 4 del IVAM se adentra en la convulsa década de 1930, un periodo donde la gran crisis económica de 1929 y el ascenso del fascismo en Europa transformaron radicalmente el panorama cultural. La clausura de la Bauhaus y el exilio forzado de creado res evidenciaron la persecución de las vanguardias por parte de los regímenes totalitarios, que instrumentalizaron la cultura como aparato de propaganda.

En este escenario de extrema polariza ción, el arte abandonó la experimen tación formal para convertirse en un arma ideológica; el estalinismo impuso el realismo socialista y las dictaduras promovieron una figuración heroica y monumental destinada a ensalzar los valores nacionales frente a la abstracción de los años veinte.

Ante la creciente represión política, París emergió como el principal refugio de los artistas exiliados y el epicentro de una intensa disputa estética. La confrontación entre abstracción, surrealismo y nuevos realismos estructuró buena parte del debate artístico. Las posiciones abstractas defendían un lenguaje universal y racional; el surrealismo reivindicaba la imaginación y el automatismo como for mas de subversión; los distintos realismos exploraban vías de representación social y política más directas.

Paralelamente, la proclamación de la Segunda República en España en 1931 favoreció un notable dinamismo cultural y la ampliación de derechos, incluido el sufragio femenino, lo que impulsó una mayor visibilidad de creadoras en el ámbito artístico e intelectual. Se importaron los debates de la vanguardia europea, sin embargo, el estallido de la Guerra Civil transformó las prácticas artísticas y muchas investigaciones quedaron relegadas ante la urgencia de un arte de compromiso, orientado a la movilización, la denuncia y la propaganda.

Informalismo europeo y expresionismo abstracto

El recorrido por la sala 4 de la galería 4 del IVAM repasa la profunda metamorfosis del arte occidental a partir de los años treinta del siglo pasado, un periodo marcado por la llegada al poder de Adolf Hitler, la expansión del nazismo en Europa central, el pacto germano-soviético de no agresión, la Guerra Civil española y, al final de la década, la irrupción de la Segunda Guerra Mundial. Este colapso sociopolítico forzó la migración y el exilio de creadores e intelectuales y fundamentó la necesidad de volver a crear un arte que diera respuestas ante otro fracaso de los modelos de la cultura occidental que se había sumido una vez más en un proceso destructor de gran alcance.

Si el movimiento Dadá supuso un intento radical de romper con los valores tradicionales occidentales que no habían evitado la Primera Guerra Mundial, el Informalismo europeo y el Expresionismo abstracto estadounidense también provocaron la búsqueda de nuevas respuestas a la posición que los artistas debían tomar y de nuevas formulaciones teóricas y plásticas que superaran los movimientos de vanguardia de principios de siglo. Ambas corrientes impulsaron una relación nueva con la obra, más gestual y directa, con especial atención a la materia y al empaste pictórico, con incorporación de materiales como arenas, serrín, polvo de vidrio y de gestos como el rascado, las incisiones o los cortes, así como con la exploración de otras fuentes de creatividad e inspiración como el folklore, la artesanía, el arte antiguo y de otras culturas, el arte popular, el graffiti o los dibujos de los niños.

Informalismo español y arte normativo

La última sala de la galería 4 nos lleva hasta finales de los años cincuenta para analizar cómo la dictadura franquista instrumentalizó el arte abstracto como herramienta de diplomacia internacional. Se inició en España un periodo de recuperación económica gracias al nuevo posicionamiento del régimen franquista que, con el estallido de la Guerra de Corea (1950-1953), puso al servicio de los Estados Unidos la posición geoestratégica de la Península Ibérica. Esto facilitó la firma del Concordato con la Santa Sede y los Pactos de Madrid con Estados Unidos en 1953 y la incorporación a la ONU en 1955. El país entró en un proceso de apertura destinado a atraer inversiones y proyectar una imagen de modernidad que facilitara la aceptación internacional.

La organización de las Bienales Hispanoamericanas, celebradas en Madrid (1951), La Habana (1954) y Barcelona (1955), de la mano del Instituto de Cultura Hispánica, contribuyó a esta tarea e impulsó la renovación de la escena plástica española, centrada en la promoción del arte abstracto. Siguiendo el modelo del apoyo de la administración de Eisenhower al expresionismo abstracto estadounidense como enseña nacional, el gobierno de Franco convirtió la abstracción en instrumento de proyección política.

Como resultado surgieron dos corrientes artísticas vinculadas a la abstracción: una de orden gestual representada por los grupos Dau al Set y El Paso; y otra geométrica, el denominado Arte Normativo. No obstante, sería el informalismo el que alcanzaría el mayor respaldo, debido a su conexión con el arte del Siglo de Oro, emblema del franquismo.

Entre el humanismo y la inmediatez

Dentro de esta misma sala se articula un apartado en torno a la figura del valenciano Gabriel Cualladó. Fotógrafo, coleccionista, escritor y editor, constituye uno de los pilares de la colección del IVAM. Los fondos del museo conservan más de 500 fotografías del autor, así como su biblioteca y archivo personal. Su colec ción fotográfica, una de las primeras y más relevantes creadas en España en los años setenta, permanece depositada en el IVAM desde 1993.

Durante los años cincuenta, la fotografía en España se desarrolló especialmente vinculada al movimiento asociacionista. En Estados Unidos y Europa, la fotografía evolucionó mediante figuras que superaron el documentalismo de los años veinte y treinta. En Estados Unidos, fotógrafas y fotógrafos como Robert Frank, Lee Friedlander o Diane Arbus crearon imágenes con una estética renovada. Nuevas subjetividades aparecieron en sus obras y una sociedad marcada por la victoria en la Segunda Guerra Mundial mostró sus fisuras. En Europa, Henri Cartier-Bresson y Robert Doisneau continuaron desarrollando una fotografía de raíz humanista, cercana a la practicada en el contexto español de los años cincuenta y sesenta. Cartier-Bresson inspiró la búsqueda de lo que denominó el «instante decisivo».

Esa idea del instante se aprecia también en dos fotógrafos valencianos: Miguel de Miguel, con sus imágenes de la Valencia de los años cincuenta, y Joaquín Collado, con sus fotografías del Barrio Chino de Valencia realizadas con cámara oculta, una estética que rompía las reglas de la fotografía documental anterior.

El mundo se vuelve pop

El nacimiento del arte pop se traslada a la sala 6 de la galería 5. La muestra trans porta al visitante a las décadas de 1950 y principios de 1960, un periodo marcado por el auge económico de la posguerra en Estados Unidos, el éxodo de la clase media hacia los suburbios y la irrupción del rock and roll como banda sonora de la rebeldía juvenil.

Activistas, intelectuales y artistas plantaron cara a un orden social asfixiante y conformista, en un escenario sacudido por las protestas masivas contra la Guerra de Vietnam, la lucha de los derechos civiles por la igualdad de la población afroamericana y el impulso del movimiento de liberación de las mujeres.

En este clima de turbulencias, experimentación y aumento del consumismo, surgió una nueva generación de artistas en Europa y Estados Unidos que comenzó a buscar inspiración y materiales en su entorno. Crearon obras de arte que reflejaban, criticaban e incorporaban objetos cotidianos, bienes de consumo e imágenes de los medios de comunicación. En su pretensión de atraer al gran público y por su compromiso con la cultura popular, se denominó arte pop. Los artistas del pop art buscaban la sencillez, utilizando colores primarios, llamativos, a menudo directamente del bote o del tubo de pintura. Adoptaron métodos publicitarios como la serigrafía y favorecieron el realismo y las imágenes cotidianas con grandes dosis de ironía e ingenio.

La transformación del arte entre revoluciones

Las salas 7 y 8 de la galería 5 muestran las convulsas décadas de 1960 y 1970, un periodo donde el arte rompió sus mol des para convertirse en un espejo de la contestación social y política global. La nueva presentación de la colección ofrece un recorrido cronológico por los años del mayo del 68, la Primavera de Praga, el auge del feminismo y el movimiento Black Power, hitos que sacudieron las estructuras hegemónicas y forzaron una revisión crítica de la creación artística.

Las obras en estas salas analizan la metamorfosis estética de la época, que arrancó con la revolución del minimalismo y sus procesos seriales. El relato expositivo avanza hacia el posminimalismo y la “desmaterialización” de la obra, un giro conceptual donde el objeto artístico cedió el protagonismo al proceso creativo y a la experiencia del espectador. Más allá de los aspectos físicos, adquirieron centralidad el espacio expositivo, la temporalidad, la experiencia del público y la implicación del cuerpo.

Estas transformaciones propicia ron el desarrollo de prácticas en las que la naturaleza o el espacio público se convirtieron en soporte, y en las que el cuerpo pasó a constituirse como lugar de acción, dando lugar al arte corporal y la performance. Paralelamente, emergieron nuevas problemáticas, como las cuestio nes de género, la crítica institucional o el cuestionamiento del eurocentrismo. A ello se sumó la consolidación de nuevos medios, como el vídeo y la fotografía, que adquirieron autonomía artística más allá de su función documental.

Apropiacionismo y la ruptura de los estereotipos

Desde los años setenta, la reutilización de imágenes preexistentes se convirtió en una estrategia central del apropia cionismo, práctica característica de
la posmodernidad.

Imágenes procedentes del cine, la televisión, la publicidad o la cultura de masas fueron reapropiadas y reelabora das mediante fotografía, vídeo y otros medios para alterar sus significados originales y fracturar su narratividad con vencional. Estas estrategias respondían a la voluntad de deconstruir los códigos visuales heredados de la modernidad y analizar críticamente las estructuras de significado dominantes difundidas por los medios de comunicación. De este modo, se cuestionaban las relaciones de poder inscritas en la producción de imágenes, incluidos los estereotipos de género y las representaciones normativas del cuerpo femenino.

Un mundo en transición

La penúltima sala de la galería 5 reúne obras de las décadas de 1980 y 1990, un periodo atravesado por profundas transformaciones políticas, sociales, culturales y tecnológicas. En este con texto, las prácticas artísticas ampliaron sus lenguajes y sus marcos de reflexión, incorporando cuestiones vinculadas a la identidad, la memoria, el cuerpo, los feminismos, los medios de comunicación, la globalización y los procesos de desplazamiento.

La instalación se consolidó como uno de los lenguajes centrales del arte contemporáneo, al desplazar la obra más allá del objeto autónomo e integrar arquitectura, luz, sonido, imagen en movimiento y materiales industriales. De forma paralela, la abstracción pictórica se redefinió desde una actitud analítica y consciente de sus condiciones materiales, institucionales y espaciales. Las obras reunidas en esta sala evidencian así la expansión de la obra de arte hacia el espacio, el cuerpo y la experiencia perceptiva del espectador.

Lecturas en tránsito: cuerpos, tierras, tensiones y luces

La última sala de la exposición está dedicada al arte contemporáneo realizado a partir del año 2000. En este espacio convergen los distintos itinerarios narrativos que atraviesan la muestra: ecologías, conflictos, identidades y cromatismos.

Concebida como cierre del recorrido, la sala permite poner en relación algunas de las líneas de investigación fundamentales del presente, desde la crisis ecosocial y las formas de violencia contemporánea hasta los debates en torno a la identidad, la representación y el color como dispositivo crítico. Más que ofrecer una conclusión cerrada, este ámbito funciona como una apertura hacia las preguntas que atraviesan nuestro tiempo y hacia los futuros aún por imaginar.

Recorridos temáticos alternativos por la colección

La primera ruta temática de la muestra aborda las ecologías y reúne obras que proponen una lectura eco social a través de lenguajes que van desde la fotografía documental hasta la intervención espacial y la arquitectura social. Estas piezas abordan problemáticas como la crisis climática, los extractivismos o la contaminación; establecen vínculos con la ciencia y promueven proce sos de co-creación con comunidades, abriendo horizontes para pensar futuros deseables.

El segundo recorrido alternativo examina los conflictos para articular la dimensión estética con la violencia, profiriendo una poética de la denuncia, la herida y el duelo derivadas no solo de guerras o genocidios, sino también de dinámicas de violencia estructural y del exilio. Todas ellas desentierran, desde la memoria colectiva, los efectos del desplazamiento forzoso, haciendo hincapié en la condición y sufrimiento de las víctimas.

La tercera propuesta se detiene en las identidades y feminismos. Así aborda el auge del feminismo global, las diversidades sexuales y los debates sobre repre sentación. Las obras, desde distintos contextos, visibilizan lo históricamente marginado y configuran un campo de tensiones donde emergen cuerpos disidentes y memorias silenciadas, cuestionando estereotipos, discursos de poder y narrativas heteronormativas que reivindican dignidad la presencia de identidades invisibilizadas.

Por último, la ruta dedicada a los cromatismos presenta el color como un dispositivo de pensamiento que puede operar como experiencia sensorial y for mal o como un signo cargado de significado que activa lecturas críticas sobre memoria y representación. En muchos casos, funciona como código político o como metáfora de reapropiación de lo simbólico y lo sagrado, desde donde se despliega una mirada irónica frente a los discursos dominantes. En todos los casos, el color actúa como lenguaje transversal, capaz de producir significados más allá de lo visual.