Uñas es una exposición colectiva que reúne a artistas internacionales en torno a un tema compartido: la uña, un símbolo que articula distintos ámbitos interconectados de la teoría contemporánea: la estética y la economía, la hibridez animal-humana, las formas de trabajo sexuado, y las ampliaciones corporales propiciadas por tecnologías queerizantes. La uña se convierte así en un significante flotante y en una dirección curatorial a través de la cual contextualizar una diversidad de prácticas, metodologías y aproximaciones a la representación corpórea.

Las tensiones entre el trabajo, lo absurdo y la mecanización se manifiestan en Finger (2019) de Mika Rottenberg (n. 1976, Argentina), un dedo hiperrealista con una larga uña que gira sin cesar como una máquina. En este caso, la uña se convierte en una superficie pictórica sobre la que la artista despliega una representación estilizada del universo, en un colapso irónico de escala. De manera simultánea, la obra pone de manifiesto el absurdo del trabajo performativo dentro de la economía global y las maneras en que el cuerpo sexuado impulsa la producción industrial. Aquí, el capitalismo queda reducido a un objeto de carne amputado, embellecido y en movimiento perpetuo: alienado, grotesco y con uñas excelentes.

En las obras de Lisa Jäger (n. 1989, Alemania), se nos invita a probarnos uñas en un salón construido mediante sistemas de silicona y exposición desarrollados específicamente para la ocasión. Estos sistemas han sido diseñados a partir del análisis infraestructural de las herramientas utilizadas en los salones de manicura. Las esculturas, prótesis portables entre uña y garra, proponen un espacio estético situado entre la teatralidad humana y animal, con materialidades orgánicas que cuestionan la concepción de la uña como un elemento exclusivamente sintético. Las obras son garras sin género, concebidas a partir de una lectura del salón como lugar de gestión logística y de tecnologías industriales de gran escala.

El cuerpo sometido a presión, y los materiales feminizados que lo significan, emergen violentamente en Olla express (2000) de Pilar Albarracín (n. 1968, España), una instalación sonora en la que el cuerpo de una mujer es transformado en los materiales que epitomizan el trabajo doméstico sexuado a través del desafortunado hecho de ser cocinada viva. Aquí, la uña y el pelo — ambos formados por células muertas y símbolos reconocibles de la feminidad — son las que sintetizan el género en esta escena de horror doméstico atravesada por el humor.

En Acaricia y golpea (2023), Ana Laura Aláez propone una reflexión sobre el deseo contemporáneo de preservar una sensibilidad y una relación juvenil con lo que nos rodea. La escultura se despliega como una lluvia de fragmentos suspendidos, restos de algo que se intenta retener justo en el instante en que comienza a desaparecer. Uñas o colmillos emergen como prótesis ambiguas: extensiones del cuerpo que funcionan al mismo tiempo como construcción del género y mecanismo de defensa. Entre la caricia y la agresión, la pieza enlaza vulnerabilidad y protección, transformando los signos asociados a la feminidad en dispositivos de resistencia.

Las obras de María Alcaide (n. 1992, España), surgen de la investigación prolongada de la artista sobre el salón de uñas como espacio de reproducción social y trabajo químico. Las esculturas están realizadas con plantas de anthurium, una especie frecuentemente utilizada en salones de manicura para absorber los químicos expulsados por los acrílicos y otras sustancias utilizadas para pintar, pegar o moldear uñas. Las macetas de estas plantas están hechas de toallas, herramientas utilizadas en los salones para absorber líquidos dispersados durante el proceso de cuidado de uñas, como alcohol y geles. Estas composiciones escultóricas se acompañan de fotografías que remiten a la investigación de la artista sobre los significados políticos subliminales incrustados en los símbolos estéticos, desplegando un vocabulario visual inspirado en la cultura meme hyper-femme. The Managed Hand, un libro de artista realizado a mano sobre la industria global de las uñas, también se presenta en la exposición, proponiendo la belleza y el cuidado como formas de gestión dentro de un mundo moldeado por intensas expectativas y presiones estéticas.

La circulación de símbolos estéticos a través de mundos online reaparece en las fotografías de Vinh Mai Nguyen (n. 1998, EE. UU.), artista multimedia afincade en Brooklyn, Nueva York. Esta serie, desarrollada a lo largo de 2023, surge de la investigación de le artista sobre la digitalidad, el consumismo y la “girl” como estética transferible. En el proceso de creación de esculturas-uñas impresas en 3D en el contexto de su investigación en el Interactive Telecommunications Program de la NYU, invitó a amigxs a convertir estos símbolos en prótesis que remiten a las concepciones preciadianas del continuo tecnocorporal. En sus propias palabras, recogidas en la conferencia online mecha mecha mecha: agency, nails, and AI as wannabe girl: “Las uñas ofrecen una mirada hacia los límites de nuestros cuerpos. Al mismo tiempo, dan vida a infinitas nuevas posibilidades corporales que desafían binarismos estrictos entre cuerpo y entorno, belleza y fealdad, y entre nosotrxs y lxs demás.”

Mientras Nguyen aborda la uña como una prótesis especulativa, en la pieza de vídeo Taking care (Love letter to fellow art work) (2019) de Laure Prouvost (n. 1978, Francia), los dedos se convierten en portadoras de significado dentro de una historia de amor entre objeto y autora. Aquí, las manos en movimiento, con una uña semipintada, no son tanto el objeto de explicación, sino más bien el vehículo de la narración, una alternativa a la boca aislada de Beckett en su obra seminal Not I (1972). Los dedos se utilizan como vehículos de comunicación antes que en herramientas para acariciar o sostener, transformándose en los actores centrales del complejo espacio de hablarse a una misma a través de la propia obra. En sync (2024), el espejo —elemento habitual del salón de belleza— prolonga esta reflexión sobre el cuerpo y su representación. Como ocurre de manera recurrente en la obra de Prouvost, los pechos aparecen aquí despojados de cualquier lógica de objetualización: no se ofrecen como imágenes pasivas para la mirada ajena, sino como presencias activas que devuelven la mirada al público.

Por último, las pinturas de Rasmus Nilausen (n. 1980, Copenhague), concebidas específicamente para esta exposición, proponen espacios surreales donde la ambigüedad se adueña de las escenas. Elementos recurrentes en su imaginario como uñas, dedos o flequillos, cooperan y conviven en composiciones de un equilibrio improbable, como sucede en Fusion (2026). Esta ambigüedad se intensifica en Still life with nails and fringe (2026) a través del juego visual que el artista establece con el doble significado de la palabra inglesa nails, que designa tanto la uña como el clavo, revelando, a nivel etimológico, su entrelazamiento con el cuerpo, la construcción y la industria. En la escena de Nilausen, un clavo atraviesa una uña que se prolonga desmesuradamente sobre una mesa, reuniendo cuerpo y herramienta en una misma imagen. La uña aparece así como un elemento situado entre lo somático y la lógica de la construcción.

Al recorrer esta exposición, invitamos a pensar las uñas como una extraña arquitectura de defensa: células muertas comprimidas en superficies duras que protegen y proyectan las terminaciones sensibles de las yemas de los dedos. Formadas mediante la superposición repetitiva de materia orgánica, son, en términos biológicos, lo que puede entenderse como una matriz o sustrato formativo de interacción celular.

A través de los vocabularios propuestos por esta selección de artistas, las uñas son tanto ornamentos como herramientas: garras para arañar, agarrar, acariciar y proteger. Son una oportunidad para reflexionar sobre aparatos sensoriales, dispositivos que transportan información sobre el mundo, desafiando los límites entre lo estético y lo industrial, y preguntándose dónde empiezan y terminan los tentáculos de las ontologías capitalistas.