Anatomía nevada con saliva es la primera exposición individual de Ana Laura Aláez en The Ryder Projects, ocasión con la que anunciamos su incorporación como artista representada por la galería. Esta muestra también supone la primera muestra en Madrid dedicada a la artista desde su exposición en 2019 en el Centro de Arte 2 de Mayo. La selección de obras que la conforman, realizadas entre 1992 y 2026, no responde a una lectura evolutiva ni teleológica, sino a un circuito de retornos en el que investigaciones previas reaparecen y se transforman, evidenciando intereses persistentes y preocupaciones que atraviesan toda la práctica de Aláez.
Desde sus inicios, la artista ha desarrollado piezas de una estética seductora y magnética, concebidas para atraer la mirada y afirmarse en el propio acto de ser vistas. De difícil clasificación formal, sus decisiones poseen la capacidad de sorprender e incomodar: desde su condición pionera en el ámbito del arte relacional, mediante la creación de espacios físicos destinados a albergar cuerpos, hasta la elaboración de objetos tridimensionales que remiten a la anatomía humana. En su caso, decidir dedicarse al arte fue, en sí mismo, un acto de rebeldía. En la Bilbao industrial de los años 80, su elección no respondía a las exigencias y limitaciones para una mujer de familia obrera: “La opción creativa no se consideraba un trabajo respetable para féminas como yo […] Significaba convertirse, por decisión propia, en un error… el de representar a la mujer fallida”.
Ana Laura Aláez afirma y deconstruye el género a través de la potencia performativa de la indumentaria, la teatralidad de la feminidad y la fluidez de la experiencia queer. Sus obras funcionan como signos táctiles y simbólicos, ensamblajes que convocan la corporeidad, la protección o la vulnerabilidad. Entre ellas, destaca una actitud vital que desestabiliza cualquier ímpetu que persiga un ideal de pureza, tanto en la vida cotidiana como en la práctica artística, para ella, ambas indisolubles. Siempre a favor del contacto y la contaminación, sus obras se re-activan en la galería, para devolver aquello que ocurría en su estudio ( “pequeños estallidos de algo que una misma no entiende” diría Ana Laura) y que va más allá de la propia forma.
La filósofa Julia Kristeva afirma en Poderes de la perversión (1980) que los sistemas culturales basados en la pureza e impureza, particularmente visibles en las tradiciones religiosas, tienen su origen en el terror que suscita lo abyecto: aquello que desestabiliza los límites del sujeto y amenaza la coherencia del orden simbólico. Lo abyecto se manifiesta en la dimensión corporal de los fluidos, en la dificultad de confrontar el interior físico del cuerpo y en las zonas más oscuras del pensamiento, allí donde se desdibujan las fronteras entre el yo y lo otro. Para Kristeva, la representación simbólica de lo abyecto no lo elimina, pero al situarlo en un marco de significación compartida, sí atenúa su potencia destructiva. En este sentido, el arte se presenta como un espacio privilegiado que permite reconocer, nombrar y experimentar lo que normalmente se expulsa, prohíbe o reprime.
Las realidades que conviven en el título de esta exposición -Anatomía nevada con saliva- remiten al potencial perturbador de los no-objetos formulados por Julia Kristeva: heridas, fluidos corporales, zonas de indeterminación donde colapsan las oposiciones interior/exterior y yo/no-yo. Compuesto por aná- (“a través de”, “de arriba abajo”) y tomḗ (“corte”), derivados del verbo témnein (“cortar”), el término anatomía designa en su acepción griega la acción de abrir un cuerpo para acceder a su estructura interna. La palabra conserva así una dimensión epistemológica vinculada al conocimiento científico: saber a través de la separación, del despiece, de la exposición de aquello que permanece oculto. En este contexto, la tensión entre la perfección geométrica de los copos de nieve y la materialidad corporal primaria de la saliva afirma la coexistencia de dos tipos de flujos que cubren las entrañas de un mismo cuerpo.
Además de dar título a la exposición, Anatomía nevada con saliva (2026) nombra una de las obras más recientes desarrolladas por la artista. A partir de un volumen que remite a una relación estrecha con su propia naturaleza animal, a un organismo microscópico y a una explosión de gran envergadura, la pieza condensa un campo de fuerzas en el que estas polaridades se tensan y se sostienen mutuamente. Del prolongado proceso de modelaje de esta escultura emerge una pulsión creativa que detona la exploración de otros materiales y da lugar a varias de las obras que se presentan aquí por primera vez. Es el caso de Cabalgando sobre palos de escoba (2026), realizada a partir de prendas de vestir usadas, donde Aláez se remonta a un recuerdo de infancia para construir un espacio de reconocimiento hacia aquellas mujeres que, en apariencia, se ajustaban a los arquetipos establecidos por la sociedad. Con el tiempo, la artista fue reconectando con estas figuras, descubriendo la profundidad de sus saberes y de sus formas de existir. Las prendas seleccionadas, históricamente confeccionadas para desdibujar la silueta femenina y establecer una distancia adicional entre la carne y el mundo, se activan a través de un nexo transgeneracional que las atraviesa y une.
En relación permanente con la escala humana, Aláez permite que lo vivido, lo invisible y lo innombrable irrumpan en su práctica. A través de la autorrepresentación y de su experiencia personal, la artista da forma tanto a subjetividades y matices excluidos de los discursos hegemónicos como a aquello que surge cuando se quiebra la ilusión de una identidad estable y cerrada. Lejos de ofrecer consuelo, su seducción nos invita a reconocernos en la sombra y a convivir con aquello que rechazamos, recordándonos que lo abyecto emerge de la incapacidad de enfrentar nuestra propia oscuridad.
En el espacio a veces impenetrable entre la intención y el gesto, entre la idea y la materia, se abre un territorio fértil donde vestirse y desnudarse pueden leerse como dos direcciones de una misma operación: estrategias complementarias que construyen un yo en perpetua fuga. Esa zona intermedia funciona como un umbral donde se encuentran la energía creativa y el inconsciente colectivo, donde una reflexión aparentemente personal nos conecta en silencio con quienes nos rodean. Es en este campo de tensiones y sombras donde Ana Laura Aláez encuentra las herramientas para materializar la fragilidad del orden simbólico.











![Joana Vasconcelos, Flores do meu desejo [Flores de mi deseo], 1996-2010. Cortesía del Museo Picasso Málaga](/attachments/eedc45dd049dde88955d6087528aff6cd776a867/store/fill/330/330/3ebd0ce5e58719242b62502cc97120ab9e3842548750c03a5f45108c4146/Joana-Vasconcelos-Flores-do-meu-desejo-Flores-de-mi-deseo-1996-2010-Cortesia-del-Museo-Picasso.jpg)

