1. La Encíclica Magnifica Humanitas

Había decidido examinar la doctrina de León XIV, sobre la Inteligencia Artificial (IA). Me interesaba el hecho que 135 años después de la Rerum Novarum, la Iglesia del primer Papa estadounidense tomara posición en el debate sobre el futuro de la humanidad en la era de la IA, con una encíclica que aborda el transhumanismo, el colonialismo digital y la nueva religión de Silicon Valley.

Me interesó porque la IA no llama a la puerta: ya está dentro de nuestras casas. Ya no es un simple conjunto de instrumentos digitales, sino un entorno mental, cultural y espiritual: el aire que respiramos, el código que estructura nuestra forma de pensar y de creer. Entiendo que la Magnifica Humanitas nace de esa conciencia, no se puede esperar que los procesos se hayan completado para pronunciarse sobre ellos. León XIV lo dice con la fuerza de una imagen bíblica: el contraste entre la Torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalem. Este es el momento del discernimiento y la elección. Como advierte el documento “la humanidad nunca ha tenido tanto poder sobre sí misma”.

Hay, además, una razón de calendario simbólico y doctrinal. La encíclica fue firmada el 15 de mayo de 2026, exactamente 135 años después de la Rerum Novarum. No es una coincidencia, es una renovación de continuidad y ruptura. Así como la Rerum Novarum respondió a la cuestión obrera de la primera revolución industrial, la Magnifica Humanitas responde a los desafíos de la revolución digital. El paralelismo es metodológico. Lo que León XIII hizo por el salario, la jornada laboral y el derecho de asociación de los trabajadores, León XIV lo hace por la dignidad de la persona y la soberanía de los pueblos en la era del algoritmo. Constituyendo un verdadero apéndice de la Doctrina Social de la Iglesia.

2. El Manifiesto de Palantir

No había terminado de leer la encíclica, cuando un amigo me envía el Manifiesto de Palantir que, en 22 puntos, sintetiza el libro de Alex Karp, socio de Peter Thiel, que se titula “La República Tecnológica: poder duro, pensamiento débil y el Futuro de Occidente”. Como el amable lector comprenderá, no fue fácil pasar de la lectura de la Encíclica al Manifiesto de Palantir, con frases hiperbólicas como “Bienvenidos a la República Tecnológica, no estamos aquí para proteger tu privacidad, sino para imponer la supremacía… ya tenemos todo lo que necesitamos de ti”.

Ese manifiesto no expresa solamente la desfachatez tecno-capitalista que muchos le atribuyen. Manifiesta en forma transparente una verdad difícil de asumir en las sociedades tecno-occidentales: que la tecnología es ideología, que la tecnología es dominación, que la tecnología es poder. La tecnología no es el medio para acumular capital, no es un medio para sofisticar la guerra, ni es un medio para controlar y vigilar. Más bien al contrario, el capital es el medio para generar más tecnología, la guerra es el medio por el que la tecnología se expande, el control y la vigilancia son medios para eliminar cualquier resistencia al desarrollo de la tecnología. Por eso para Palantir, el poder duro se corresponde con un pensamiento débil y la dominación tecno-digital es medio y fin al mismo tiempo.

Es sorprendente, en el corazón de Tecno-Occidente, se ha optado por mostrar que la tecnología es la solución a todos los problemas y que su desarrollo es un fin en sí mismo. Por lo tanto, hasta quienes no comulgamos con ese pensamiento, deberíamos admitir, asumir y aceptar que el problema es la tecnología, en tanto sistema total de mediación y dominio. Tratarán de convertir nuestra reacción indignada y moralista, en la aceptación del reto que significa pensar el mundo tecno-totalitario que pretenden imponer. En suma, debemos invertir el diagnóstico y aceptar que no es el capitalismo de acumulación el que estimula el desarrollo tecnológico, sino el proyecto de dominación tecnológica el que sostiene la posibilidad de reproducción del capitalismo.

Ellos piensan que la gran mayoría de las personas están ancladas a la lógica de que el capital es el motor de la historia y la tecnología es solo el modo a través del cual se ejerce el poder para seguir acumulando riquezas. El manifiesto intenta demostrar que, la voluntad de poder y dominación es siempre más fuerte que la mera voluntad de acumulación económica. Elogia a quienes no se limitan a “enriquecerse”, sino que construyen: “allí donde el mercado no ha actuado”. Más allá del mercado hay un gran “relato”: colonizar la Luna, Marte, hibridar lo humano con la máquina, crear sociedades comerciales no humanas. Palantir intenta mostrar a los incrédulos como los proyectos que ellos emprenden, son el verdadero combustible del nuevo orden mundial. ¿Por qué no admitir a las claras lo que nos están gritando? Quieren dominar no solo acumular. Cuando pensamos en los totalitarismos del Siglo XX, a los que el cine ha convertido en una fábula de la “maldad total”, advertimos que se ha atrofiado nuestra capacidad para reconocerla cuando explota ante nuestros ojos y se proclama en nuestros oídos.

En suma, el Manifiesto establece una Ley llamada T-N-T. La tecnología (T) reclama el dominio y explotación de la Naturaleza y los individuos (N), para generar plus-tecnología (T). Esta es la explosiva ley de Palantir, Open AI, Microsoft, Apple, Amazon, Tesla, Space X, la ley tecno-totalitaria por excelencia, la ley de Silicio. Ella afirma: “la tecnología es una realidad que aspira a ser una totalidad, la respuesta a todo. En esa medida es también una supresión de todo lo que no asuma su imposición. Cualquier resistencia antropo-ecológica será quebrantada, cualquier límite será transgredido. Poniendo como ejemplo la IA, si para desarrollarla es necesario secar ríos, perforar montañas, talar bosques, entonces tecno-occidente secará ríos, perforará montañas y talará bosques. Si para alimentar a la IA es necesario expoliar el trabajo intelectual de seres humanos, explotar su privacidad y exprimir sus debilidades físicas o emocionales, entonces tecno-occidente expoliará, explotará y debilitará”. Una verdadera pesadilla para quitar el sueño a cualquiera.

3. Milei y su artículo en el Financial Times

Al día siguiente despierto con la noticia de que Milei eligió las páginas del Financial Times para ofrecer a la Argentina como territorio disponible, para el desarrollo desregulado de la IA y de nuevas “corporaciones no humanas”. A través de un artículo, escrito con Sturzenegger su ministro de Desregulación y Modernización del Estado sostienen que, así como la Revolución Industrial liberó a la humanidad de las limitaciones de la fuerza muscular, la IA la liberará de las limitaciones del cerebro humano. Lo que apunta a sustentar los principios de la “transhumanidad”, una doctrina que forma parte de las aportaciones del historiador israelí Yuval Harari a Silicon Valley y, de estos, al mundo.

Además, anuncia el envío de proyectos de ley al Congreso para establecer “un marco legal específico para la implementación de la IA”, basado en tres iniciativas fundamentales:

1. Un proyecto denominado “Super RIGI”.

Existe una ley que establece el “Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias” (RIGI). El nuevo proyecto que Milei anuncia como “Super RIGI”, es más radical en sus concesiones a las nuevas industrias y servicios (semiconductores, biotecnología, inteligencia artificial). La iniciativa se vincula con la radicación en Argentina de Peter Thiel CEO de Palantir, que operará como un “Adelantado” del nuevo colonialismo digital. Su instalación abrirá el camino al estrecho círculo de sus amigos de Silicon Valley, para que vengan al nuevo mundo, a la “tierra prometida” por Milei.

Tanto la ley original como el “Super RIGI” están pensados para actividades productivas que no existen en el país, si las inversiones superan los 1.000 millones de dólares. La causa de la profundización del régimen de incentivos y ventajas fiscales es confeccionar un traje a la medida de Thiel y sus colegas que los seduzca a vestirse en Argentina. La invitación que les cursa Milei a “liberarse de regulaciones e impuestos”, reside en bajar el piso inicial del primer desembolso del 40% al 20% de la inversión comprometida, en los dos primeros años. Por otro lado, se establecen tratamientos impositivos diferenciales y benéficos para los inversores: la alícuota del impuesto a las ganancias se reduce del 35%, para el contribuyente ordinario, al 15% y las contribuciones del empleador no podrán representar más del 10% de la masa salarial, del nuevo empleo que se cree.

2. Un proyecto de “Ley de inviolabilidad de la Propiedad Privada”

Este proyecto se inscribe en la misma lógica del Super RIGI. Esta iniciativa introduce modificaciones sustanciales a la Ley de Tierras Rurales vigente que establece tres límites centrales, a saber:

  1. Que la propiedad extranjera no puede superar 15% del territorio nacional, provincial o municipal.

  2. Que ninguna persona física o jurídica extranjera puede poseer más de 1.000 hectáreas en la zona agrícola núcleo o su equivalente en otras regiones.

  3. Prohíbe la titularidad extranjera sobre tierras con cuerpos de agua de envergadura, como lagos y ríos, y en zonas de frontera.

Al derogarse los artículos que establecen estas prohibiciones ese marco legal desaparece. La nueva redacción redefine el sujeto de la restricción limitándolo a los Estados extranjeros y sus organismos gubernamentales. Es decir, un fondo de inversión privado como Vanguard, Black Rock o cualquier corporación transnacional podría adquirir tierras, en territorio argentino, sin límite alguno. Además, la reforma consagra mecanismos de excepción a favor de las provincias para otorgarse “jurisdicción plena” sobre su territorio y establecer excepciones para que cualquiera, incluso Estados extranjeros, adquieran tierras en su jurisdicción. El riesgo es que se establezca una competencia entre provincias para atraer inversiones y se neutralice totalmente la capacidad de control del Registro Nacional de Tierras Rurales, permitiendo que las sociedades extranjeras operen sin regulación alguna.

3. La creación de una nueva categoría societaria en el derecho argentino “las sociedades no humanas”

Es decir entidades operadas por agentes de inteligencia artificial o robots. Esas corporaciones no humanas se beneficiarían con regímenes impositivos especiales y sus accionistas podrán elegir el régimen de gobierno corporativo que prefieran, con el compromiso gubernamental de que la inteligencia artificial podrá operar sin regulación alguna y con entera libertad, en la República Argentina.

La invitación de Milei, en suma, es ofrecer a la Argentina como un espacio baldío, libre de regulaciones, un verdadero laboratorio experimental para el desarrollo de la IA, en el interés exclusivo de sus operadores. Argentina les ofrece lo que necesitan: agua en abundancia, energía de uso intensivo y bajo costo, mano de obra calificada y todo tipo de ventajas impositivas y seguridades jurídicas, asumiendo los riesgos ambientales que los países centrales se niegan a asumir. Todo esto a favor de corporaciones sin rostro, capitales opacos, sin responsabilidad y plataformas sin control democrático.

4. ¡Es el colonialismo, estúpido!

Fue lo que me dije a mí mismo después de leer el artículo de Milei. Propone el territorio argentino como un enclave colonial para los plutócratas de Silicon Valley. Es una ingenuidad pensar que el colonialismo es cosa del pasado, que ha terminado con la independencia de las colonias europeas a mediados del Siglo XX. El colonialismo es racismo, esclavitud, supremacismo, saqueo de los recursos naturales, explotación de los pueblos, discriminación del inmigrante, religiosa y racial, que asume nuevas formas en el mundo actual.

Entonces, volví a la Encíclica Magnífica Humanitas, que fue el principio de esta nota. Y encontré que, una de las ideas más firmes y singulares de León XIV, es la vinculación de la revolución digital con formas renovadas de esclavitud y colonialismo. No habla solo de adicción a las pantallas, que sería la versión dominguera del problema. Habla de cadenas de extracción de minerales, trabajo oculto, cuerpos explotados y, sobre todo, datos. La Encíclica sostiene que el colonialismo no ha desaparecido, simplemente se ha refinado. Ya no se limita a ocupar territorios o a disciplinar poblaciones a la vieja usanza, sino que se apropia de información sanitaria, genética, epidemiológica y demográfica de regiones periféricas y vulnerables para alimentar modelos predictivos, orientar inversiones y decidir quien cuenta y quien sobra. El imperio, al parecer, también sabe programar.

Otra línea de ruptura de la encíclica se orienta al terreno militar. Frente a la tentación de delegar en sistemas artificiales decisiones letales, el texto fija una barrera moral nítida. No todo lo que puede automatizarse debe automatizarse y menos, desde luego, las decisiones de matar. En un momento en que buena parte del lenguaje estratégico se dedica a envolver la deshumanización bélica en tecnicismos pulcros, la encíclica introduce una objeción elemental y por eso incómoda: una máquina no puede asumir la responsabilidad moral por el crimen, aunque el power point del contratista diga lo contrario.

El documento se apoya además en una imagen bíblica bastante eficaz para ordenar su argumento: Babel frente a Jerusalem. La torre de Babel representa la voluntad humana, la autosuficiencia, y el delirio de grandeza de un poder que quiere llegar al cielo por su propia decisión; Jerusalem, en cambio, simboliza hacer la voluntad divina, una reconstrucción común plural y situada, donde la técnica se subordina a la convivencia y no al revés. En otras palabras, la encíclica no está en guerra con la tecnología, sino con su uso para dominar mientras se asegura, con gesto compungido, que todo es para el bien de la humanidad.

Por eso Magnifica Humanitas resulta más incomoda de lo que parece a primera vista. No se limita a bendecir la prudencia, sino que cuestiona la arquitectura moral del mundo digital: ¿quién concentra el poder?, ¿quién fabrica la verdad?, ¿qué pasa con el trabajo humano?, ¿qué se sacrifica en nombre de la eficiencia? y ¿qué clase de civilización está naciendo cuando se acepta que los poderosos administren datos, conciencias y vidas como si fueran simples recursos?

En una época enamorada de las máquinas, León XIV ha optado por un gesto poco frecuente; desconfiar de quienes venden la IA como un aporte de la tecnología a la redención o libertad de la humanidad.