La CIA, en un informe de actividades publicado en septiembre de 2002, conocido como Informe Hinchey, asegura que el Libro Blanco fue una desinformación proveniente de la Junta, redactada por chilenos que colaboraban con la Central:

Tras el golpe de septiembre de 1973, la CIA suspendió la financiación de nuevas operaciones encubiertas, pero continuó con algunos proyectos de propaganda ya en marcha, incluida la ayuda a los medios de comunicación comprometidos con generar una imagen positiva de la Junta Militar. Individuos chilenos que habían colaborado con la CIA pero que no actuaban bajo la dirección de la misma contribuyeron a la preparación del ‘Libro Blanco’, un documento con el que se buscaba justificar el derrocamiento de Allende. Contenía la alegación de que los militantes de izquierdas tenían un plan secreto, el ‘Plan Z’, para asesinar al alto mando en los meses anteriores al golpe, lo que la CIA creyó ser probablemente una desinformación proveniente de la Junta1.

Muchos de los actores del golpe de Estado, incluso los propagandistas, se han alejado categóricamente del Plan Z, intentando escabullir su responsabilidad. El director de El Mercurio, Arturo Fontaine Aldunate, quien en 1973 organiza un verdadero bombardeo mediático sobre el plan, responde dos décadas más tarde a la periodista Mónica González:

No tengo ninguna prueba de que haya existido el Plan Z. En ese momento se daba como un hecho cierto. Para mí es hoy una incógnita 2. Y Federico Willoughby, el primer asesor comunicacional de la Junta militar, también en 2003, reconoce en el reportaje Pinochet's Plan Z de Wilfried Huismann y Raúl Sohr, que el Plan Z fue montado por los servicios secretos de la dictadura como un recurso de guerra psicológica destinado a justificar el golpe de Estado.

La ausencia de investigación sobre el más grave cargo lanzado contra el gobierno de Allende es también revelada; nunca se organizó investigación alguna para aclararlo, pese a que su existencia siempre ha sido negada por los dirigentes de izquierda y nunca comprobada por los denunciantes. Tampoco se sabe en qué archivo se conserva y cómo podrían consultarlo los historiadores.

Los indicios sobre el origen del plan Z apuntan invariablemente a los servicios de inteligencia de la Armada. La primera noticia viene de Luis Vega, abogado de la Intendencia de Valparaíso, interrogado a bordo de un buque el viernes 14 de septiembre, es decir, dos días antes del anuncio oficial el 16. El primer anuncio lo hace Julio Arroyo Kuhn, un periodista muy vinculado a los servicios de inteli-gencia de la Armada (semanas antes le entregarán informaciones privilegiadas sobre los marinos detenidos (cap. 6)). Otro indicio, lingüístico, es que el estilo del documento no contiene los giros propios de los militantes de izquierda de la época: si estos utilizan a menudo la expresión “la toma del poder”, no forma parte de su estilo decir “tomar el poder total”, expresión que se repite en el Plan Z, característica de personas de extrema derecha (a menudo de oficiales de Mari-na), describiendo las intenciones que le atribuyen a la izquierda3.

El general Leigh, miembro de la Junta militar, recuerda que fue el almirante Carvajal quien informó oficialmente a la Junta:

Incluso nos llevó hojas sueltas que había recogido la Dirección de Inteligencia en algún lugar. No sé dónde. Eran hojas grandes con números al centro de la página. No tengo pruebas de su legitimidad, pero todos lo vimos. Confieso que igual que los demás, lo creí a pie juntillas4.

En suma, el Plan Z viene de la Marina.

El Libro Blanco y su Plan Z permanecen anónimos durante décadas, hasta que en el año 2002 el historiador Gonzalo Vial Correa reconoce ser uno de los redactores: “lo escribimos varias personas, yo principalmente5. Esto significa que Vial Correa fue el principal redactor de las primeras 96 páginas del Libro Blanco, donde se describe, con vehemencia, el Plan Z y se responsabiliza al gobierno de Allende.

Gonzalo Vial Correa es sin duda un hombre de gran cultura y un historiador conservador de primer plano, pero es también un político de extrema derecha. El semanario El Periodista afirma que es próximo al Opus Dei. Primer director de la revista Qué Pasa, fundada en 1971, y estructuralmente vinculada con el golpe de Estado, donde también escribe Hermógenes Pérez de Arce, otro de los redactores del Libro Blanco.

Vial Correa será ministro de Educación de Pinochet durante casi todo el año 1979. En 1990 el gobierno de Aylwin lo designa comisario de la Comisión de Verdad y Reconciliación y, en 1999, el gobierno de Frei lo nombra miembro de la Mesa de diálogo sobre los detenidos-desaparecidos. Quizá resulte excesivo reprocharle el auto de fe de toneladas de libros practicado los primeros meses de la dictadura —que no condenó—, pero es sin duda responsable de los despidos masivos de profesores a causa de sus ideas, y del siniestro sistema de universidades intervenidas por rectores militares.

En 2002, entrevistado por el diario La Tercera, Vial Correa explica que después del Golpe, su equipo (la redacción de la revista Que Pasa) permanece en contacto con la Junta militar a través de un oficial de la Armada. Este le entrega varios documentos “recogidos” en allanamientos, entre ellos el Plan Z6.

Vial y sus colaboradores proponen publicarlos inmediatamente, pero el oficial se opone, “porque es muy grave e incendiario”, gesto que el historiador interpreta como un indicio de veracidad. Él insiste y finalmente, los militares autorizan la publicación. Extrañamente, nunca supo ni inquirió quién lo habría escrito ni dónde lo habrían encontrado.

image host
Qué Pasa del 2.11.1973.

Obcecado, Vial Correa es una de las escasas personas que aún defiende inconfortablemente la veracidad de su engendro. Cuando en 2002 el periodista Marcelo Soto le pregunta ¿Quién puede haber ideado algo así?, responde:

Algún cabeza caliente de la UP, de los muchos que había en el go-bierno de (Salvador) Allende, escribió este documento, hizo varias copias y las repartió entre sus amistades. Eso nada más es lo que pienso. Ahora, si se llevó alguna vez a cabo un principio de ejecución y si los que hicieron esto eran importantes o no, eso son otros temas. Cuando se dice que se inventó, es mentira. No lo inventó nadie, se encontró. Y costó mucho que nos permitieran publicarlo. Esos son los antecedentes. Yo los proporciono para que la gente juzgue7.

Aun concediendo que 30 años antes Vial Correa creyera que el documento que le proporcionó la Armada había sido redactado por un “cabeza caliente”, no identificado, lo que él presentó ante la opinión pública es radicalmente diferente.

En el Libro Blanco, Vial Correa afirma que “la Unidad Popular y Salvador Allende”, “se aprestaban a dar un autogolpe para conquistar un poder absoluto basado en la fuerza y el crimen” 8.

O sea, transforma el documento del anónimo “cabeza caliente” en política de gobierno. Un perfecto ejemplo de falsificación en historia.

La portada de la revista Que Pasa, del 2 de noviembre de 1973, de la que Vial era director, anuncia el Libro Blanco con un título único en toda la portada: bajo una gran “Z” roja, de la que chorrean gotas de sangre y se lee “El autogolpe sangriento”. Al interior de la revista, se dan detalles: el 19 de septiembre, día del Ejército, en la capital y en cada ciudad de provincia, el Gobierno invitaría a los jefes militares a un almuerzo de gala. Entonces, “en la Moneda y en las intendencias irrumpirían en el banquete los GAP, metralletas en mano, y darían muerte inmisericorde y aleve a los altos mandos”. Esto sería obra de los “grupos especiales (NPE) de tiradores escogidos de la UP. Así habría comenzado Zeta... el 'Plan de Movilización y Operaciones para El Golpe De Estado’ de la Unidad Popular”.

Esto habría sido posiblemente elaborado por el MIR –continúa Vial– por encargo de la Unidad Popular; o por la Comisión de Seguridad de la UP; o bien por un asesor extranjero, de preferencia cubano. Termina responsabilizando claramente al presidente caído y a los dirigentes de su coalición:

Es casi imposible que Allende desconociera el plan, por lo menos en sus líneas generales. Parece también improbable que lo ignorasen los jerarcas máximos de la UP y el MIR.

(Que Pasa)

Aunque el secretario del PC Luis Corvalán (entonces prisionero) ha negado conocerlo. “La mirada se vuelve más bien a los ‘cabezas calientes’” del PS, MAPU y MIR.

La responsabilidad de Gonzalo Vial Correa y de sus colaboradores es inmensa: son ellos quienes le dieron, a unas hojas de origen dudoso que les presentó la Marina, el rango de un plan del gobierno de Allende, fabricando así el falso más trascendente de la historia de Chile y la pieza central para justificar el terrorismo de Estado. El Plan Z da razones para odiar e infunde en los militares el odio indispensable para matar. Los resultados son conocidos.

Es justo decir, sin embargo, que estuvieron lejos de ser los únicos pregoneros del plan.

image host
Qué Pasa del 2.11.1973.

Notas

1 Junta.
2 CODEPU - DIT - T Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo, 2002, "La Gran Mentira". El caso de las “Listas de los 119”. "Aproximaciones a la Guerra Psicológica de la Dictadura Chilena. 1973-1990", Edición electrónica, pc 12-8-07.
3 El almirante Huidobro la usa con frecuencia: “El marxismo criollo tras la conquista del poder total”. O “la Unidad Popular actuaba contra los transportistas y en cambio organizaba, protegía los cordones, armándolos para la misión que les asignaban en la conquista del poder total” HUIDOBRO Sergio, 1989, "Decisión Naval", (sin editor, impreso en la imprenta de la Armada), Valparaíso, 32; 188.
4 MILLAS Hernán, 1999, "La familia militar", Ed. Planeta, Santiago, 27.
5 principalmente.
6 Según La Tercera 3-8-03, el grupo que redacta el Plan Z fue organizado por el almirante Patricio Carvajal, que dirige los trabajos desde ODEPLAN, dirigido por el antiguo oficial naval Roberto Kelly. El nexo entre ellos y el equipo de Gonzalo Vidal fue el capitán naval José Radic Prado.
7 La Tercera, 24-3-2002.
8 Libro Blanco, 1973, 27.