Comienzo a escribir esta nota apenas a días del asalto al Museo del Louvre que culminó con el robo de unas ocho joyas “…de Napoleón, su esposa y sus sucesores.” “…el orgullo natural de Francia”. Una novena joya pudo ser recuperada cerca de la escena en un robo que duró apenas siete minutos. Hasta ahora, unos siete sospechosos han sido capturados, incluyendo, aparentemente, a los dos individuos que perpetraron el asalto. Nada se sabe de las joyas.

El día del asalto recordé que este museo fue escenario del robo de la Mona Lisa de Leonardo da Vinci (1452-1519). En 1516, invitado por el rey Francisco I (1494-1547), Leonardo se trasladó a París trayendo consigo dicha obra, un proyecto muy personal que llevaba consigo desde que la pintó entre 1503 y 1506. Al morir Leonardo en 1519, su discípulo, ayudante y modelo, Gian Giacomo Caprotti da Oreno (1480-1524), conocido como Salai (o Salaino), heredaría sus pertenencias, incluyendo dicha obra. La vendería entonces al rey para eventualmente pasar a la colección real, siendo alojada en varios palacios. Luego de la Revolución Francesa sería trasladada al Louvre.

Vincenzo Peruggia (1881-1925), italiano y empleado del Louvre, sabiendo que durante las guerras napoleónicas (1803-1815) las fuerzas francesas saquearon tesoros italianos, pensaba que aquella obra había sido parte de aquel “botín”. Peruggia consideró que robarse la Mona Lisa sería un acto de reivindicación para su país. Él eligió esta obra simplemente por ser relativamente pequeña (77 x 53 cm). La misma permanecería en el pequeño apartamento de Peruggia, cercano al museo, por poco más de dos años. Eventualmente sería recuperada al tratar de ser vendida a un mercader en Florencia.

Aunque la obra tenía especial significado para Leonardo, no está considerada entre las mejores del artista. Las cualidades técnicas de la obra ya habían sido utilizadas en trabajos anteriores; se haría famosa gracias al frenesí mediático generado por el robo.

He ido al Louvre y he podido verla entre una multitud exageradamente curiosa, atraída más por la fama que por la obra en sí. Luego de verla por algunos minutos detrás de un enorme vidrio, entre empujones y malas palabras en varios idiomas, me dediqué a ver las piezas que la acompañan en la sala. A mi parecer (y podría estar equivocado), la Mona Lisa es quizás la menos interesante. Opuesta a ella destaca la enorme Las bodas de Caná de Veronese (Paolo Caliari; 1528-1588). En las paredes laterales también vemos obras de varios reconocidos pintores renacentistas como Tintoretto (Jacopo Robusti; 1518-1594) y Tiziano Vecellio (ca. 1488/1490-1576), entre otros.

En la misma sala también vemos dos obras magníficas de Leonardo, La Virgen de las Rocas y San Juan Bautista, ambas técnicamente superiores. En la primera, Leonardo utiliza el sfumato y el chiaroscuro para crear un entorno misterioso. Muestra, además, su dominio de la perspectiva aérea, incluyendo la escena en una composición piramidal que se nota natural y dinámica. La obra está llena de elementos simbólicos y se observa en ella la conjunción de varias historias.

La segunda obra, San Juan Bautista, es magistral; me impresionó sobremanera apenas la vi. Intentaba separarme de la multitud que, desde cualquier ángulo de la sala, buscaba ver a La Gioconda (nombre italiano de la Mona Lisa, proveniente del apellido de la modelo). Ese San Juan fue posiblemente la última obra pintada por el artista. Aquí aplicó de nuevo las técnicas de sfumato y chiaroscuro, creando un efecto etéreo para resaltar la única figura del cuadro. Estos efectos influirían en pintores barrocos venideros. La sonrisa enigmática de San Juan Bautista (¡más aún que la de la Gioconda!) y su mirada —algunos expertos consideran que Salai fue el modelo— conectan con el espectador, percibiéndose una obra no solo íntima, sino inquietante. ¡Genial!

Pero el Louvre no ha estado libre de sucesos similares en el pasado. El 21 de diciembre de 1962 se inauguró en Venezuela, en el Museo de Bellas Artes de Caracas, la exposición “Cien años de pintura en Francia: de 1850 a nuestros días”. La muestra incluía 147 obras maestras de unos 129 artistas franceses y de otras nacionalidades. La intención era mostrar la evolución de la pintura en Francia e incluir a quienes impactaron en el desarrollo del arte francés. Las obras abarcaban desde el romanticismo hasta el movimiento abstracto. Muchas provenían del Louvre, pero otros museos franceses estaban representados, como el Museo de Arte Moderno, el de Valenciennes y el de Lyon. Tras un gran éxito en México, las obras volarían hasta Venezuela. Además de las piezas europeas, se incluyeron siete cuadros pertenecientes a las colecciones venezolanas de Hans Neumann y Pedro Vallenilla Echeverría.

La exhibición, luego de tres semanas, acaparaba la atención de los caraqueños. Pero el 16 de enero de 1963, en cuestión de minutos, cinco valiosas pinturas desaparecieron. El robo fue tan impactante que la prensa nacional e internacional lo comparó con el hurto de La Gioconda en 1911. La noticia recorrió el mundo y la presión fue inmediata. Sin embargo, en menos de 74 horas, la extinta Policía Técnica Judicial (PTJ) logró recuperar las obras y devolverlas al museo.

Aquellos años sesenta fueron un período turbulento en Venezuela. A pesar de ser un gobierno democrático, el Estado enfrentaba a las guerrillas de izquierda, estableciendo medidas de seguridad excepcionales. La libertad de prensa estaba restringida y se intimidaba a los medios, afectando la narrativa pública. Al mismo tiempo, el país daba pasos firmes hacia la modernidad, impulsando el teatro, las artes plásticas y la cultura en general.

A las 3:15 de la tarde del 16 de enero de 1963, el museo abrió sus puertas para recibir a cientos de estudiantes de bachillerato. No es coincidencia que fueran alumnos de segundo año, pues en ese nivel se dictaba la materia Educación Artística, diseñada por el entomólogo y artista René Lichy. Mientras otros grupos esperaban afuera, diez personas (ocho hombres con ametralladoras y dos mujeres con pistolas) aprovecharon la multitud para entrar. Seis de los asaltantes desarmaron y encerraron a los vigilantes y guardias nacionales.

Inmediatamente, se dispersaron por las salas pidiendo a todos que permanecieran quietos: “No se alarmen, no se muevan, esto es una operación del Movimiento de Liberación Nacional”. Sometieron al personal de oficina, cortaron las líneas telefónicas y comenzaron a descolgar cuadros. Un estudiante intentó dar la voz de alarma y resultó herido por un disparo accidental de una de las asaltantes. Un hombre aseguraba a los visitantes que no era un robo, sino un “secuestro” político y que las obras serían devueltas.

Con las obras a cuestas, pintaron en una pared el lema de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). Alguien gritó: “¡Este asalto es para demostrar al gobierno francés que aquí los comunistas estamos en guerra!”. En una sala se escuchó: “¡Ese no! Ese Gauguin y ese Cézanne. ¡Queremos los cuadros de más valor!”.

El asalto duró exactamente media hora. El botín consistió en cinco obras valoradas en millones de dólares: Naturaleza muerta (con abanico) de Paul Gauguin (1848-1903), Fritilarias imperiales en un vaso de cobre de Vincent van Gogh (1853-1890) y Los bañistas (del Louvre) de Paul Cézanne (1839-1906) ; además de Naturaleza muerta con Charlotte de Pablo Picasso (1881-1973) y Naturaleza muerta con peras de Georges Braque (1882-1963) (del Museo de Arte Moderno de París).

El museo cerró sus puertas de inmediato. La PTJ, la Digepol y los cuerpos policiales se activaron en todo el país. Las FALN emitieron un comunicado disculpándose con el pueblo francés, reiterando que era un secuestro político y que las obras no sufrirían daños, pero que solo las entregarían si el presidente Rómulo Betancourt renunciaba.

Al poco tiempo, la PTJ ubicó los tres vehículos usados en el asalto y detectó a los primeros sospechosos tras allanar la Universidad Central de Venezuela. El 19 de enero, en los alrededores de La Florida, agentes interceptaron un vehículo con dos hombres y una mujer que intentaban llegar a la residencia del senador Arturo Uslar Pietri (1906-2001) para entregarle las obras. Tras un tiroteo en el que los hombres resultaron heridos y la mujer escapó, los cuadros fueron recuperados sin daños mayores.

El 28 de enero se entregaron las obras al Museo de Bellas Artes, que reabrió el día 30. El 7 de febrero se clausuró la exposición y las piezas regresaron a París el día 13. En la prensa se leyó que este robo fue“más espectacular que el de La Gioconda”. Aunque la mayoría de los implicados fueron capturados, el suceso sirvió de propaganda para la guerrilla y, curiosamente, estimuló a más venezolanos a visitar la muestra: casi un millón de personas acudieron para admirar, especialmente, las obras “secuestradas.”

Referencias

Charmey, N. (2011). The Thefts of the Mona Lisa. Rowman & Littlefield Publishers.
Medina Canelón, L. (2025). Enero de 1963: El asalto al Museo de Bellas Artes de Caracas. Morfema Press.
Isaacson, W. (2017). Leonardo Da Vinci. Simon & Schuster. NPR. (2011, 30 de julio). The Theft That Made The 'Mona Lisa' A Masterpiece. All Things Considered.
Rangel, O. (2025). El día que guerrilleros venezolanos secuestraron piezas del Louvre. RT Noticias.
Salazar, E. (2012). Asalto armado al Museo de Bellas Artes. I ARTES.
Salazar, E. (2025). Asalto armado al Museo de Bellas Artes (Edición digital). Fundación Editorial El perro y la rana.