En 1830 Hegel, en sus Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, había resaltado el contraste entre dos Américas. La América del Norte, emprendedora, expresión del Espíritu objetivo y, por añadidura, sujeto de la historia universal. En cambio, América del Sur se le aparecía a Hegel como un puro hecho de la geografía, que no había sido tocada por el Espíritu Absoluto y vivía, por tanto, en estado de naturaleza, ajena a la dialéctica del Espíritu y al margen de la historia universal.

Él veía solo dos Américas, del Norte y del Sur, que entrarían en conflicto cuando el poder civilizatorio del Norte se expandiera, constituyéndose en la fuerza a través de la cual la historia universal debiera manifestarse. Al conquistar el sur del continente, le posibilitaría emerger de su estado de pura geografía, de pura naturaleza, para integrarlo a la dialéctica de la historia. Fue el pensador y político chileno Francisco Bilbao Barquín (1823-1865) quien en una conferencia en París (1856) usó por primera vez el término «América Latina», incluyendo a México y a América Central.

Francisco Bilbao pronunció esa conferencia en París tras enterarse de que el presidente de EE. UU., Franklin Pierce, había reconocido al gobierno instalado en Nicaragua por el filibustero William Walker como el gobierno legítimo de esa nación. De modo que, para Bilbao, lo que tenían en común los latinoamericanos no era una común «cultura latina» sino un «enemigo» común, poderoso y expansivo.

Esa naturaleza expansiva de EE.UU. se había expresado en la Doctrina Monroe (1823), en la doctrina del Destino Manifiesto y posteriormente, en el Panamericanismo. Sin embargo, durante las dos grandes guerras del siglo XX y aún a lo largo de la Guerra Fría, siempre consideró a México, Centroamérica y el Caribe como su “zona de seguridad estratégica”.

Recién con la intervención de este año en Venezuela, se sienta un precedente de invadir un país de la América del Sur. La formalización de su nueva frontera de seguridad se concreta en la Cumbre del Escudo de las Américas, celebrada a principios de marzo de 2026, en Doral, Estado de la Florida, a la que asistieron 17 mandatarios y jefes de fuerzas armadas. Los primeros se reunieron en Doral y los segundos en la sede del Comando Sur.

Los países que pasarían a formar parte del Escudo de las Américas serían: Groenlandia, Canadá, Estados Unidos, México, Cuba, República Dominicana, Haití, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y Ecuador.

En dicha Cumbre, Pete Hegseth, secretario de guerra de USA, declaró que “el presidente Trump ha dibujado un mapa estratégico desde Groenlandia hasta el Golfo de América, incluido el Canal de Panamá y países que lo rodean. En el Departamento de Guerra llamamos a ese mapa estratégico la Gran Norteamérica. ¿Por qué? Porque cada nación soberana al norte de la línea ecuatorial, desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska hasta Guyana, no es parte del ‘Sur Global’. Es nuestro perímetro de seguridad inmediato”.

¿Cuál es el objetivo del Escudo de las Américas?

Luego de la realización de la Cumbre, Trump emitió una declaratoria presidencial llamada “Compromiso para Combatir la Actividad Criminal de los Cárteles”. Estados Unidos, declaró Trump, entrenará a las fuerzas armadas de sus países aliados para construir una fuerza militar efectiva y ofensiva para combatir a los cárteles, el crimen organizado y el terrorismo y a “cualquier otra influencia maligna que provenga de fuera del continente”, en una alusión ambigua a las operaciones económicas, políticas y militares de China y Rusia en América Latina.

Esta plataforma de cooperación militar crecerá aún más si candidatos de derecha ganan las próximas elecciones en Perú y Colombia. Además, esta nueva Coalición de carácter ofensivo, desconoce el pacto defensivo llamado Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) firmado en Río de Janeiro en 1947, lo que es un grosero error jurídico. El antecedente de alianza de fuerzas militares de gobiernos de derecha es el Plan Cóndor, establecido por las dictaduras de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay en 1975 para reprimir la disidencia política, en cualquier punto que se encontrara.

El contenido político e ideológico de esta nueva fuerza militar puede generar alerta en los gobiernos progresistas o de izquierda en América Latina como el de México, el de Brasil, el de Guatemala, el de Cuba, Colombia o Uruguay, cuyos gobiernos no enviaron representantes a la Cumbre celebrada en el Estado de la Florida. Cualquiera de esos países puede sufrir intervenciones directas o indirectas de la nueva coalición militar hemisférica.

¿Qué se oculta detrás de la lucha contra el crimen organizado?

En el mapa reconfigurado por Trump se privilegian las rutas mercantiles y los recursos naturales, desde el Canal de Panamá a Groenlandia y desde Alaska a Guyana.

Entre las rutas mercantiles marinas, una de las cinco más importantes a nivel mundial es el Canal de Panamá. Según la Autoridad del Canal (ACP), en 2022, alrededor de 13.489 buques transitaron el Canal, transportando el 3% del comercio mundial, equivalente a 500 millones de toneladas de mercancías. El Canal conecta 180 rutas marítimas que alcanzan 1.920 puertos en 170 países. Por tanto, el Canal es un punto nodal en el comercio marítimo.

Para Trump, en esta segunda administración y como parte del corolario Donroe, el Canal pasó a tener un peso significativo en sus pretensiones territoriales. En la primera gira de Marco Rubio, visitó Panamá y marcó la frontera de EE.UU. incluyendo el Canal. Además, presionó al presidente panameño Mulino para que expulsara a una empresa de Hong Kong que administraba dos puertos del Canal, como parte de su pugna geopolítica con China.

Entre los objetivos de Trump, también, estaría controlar la ruta mercantil que se está abriendo con el derretimiento glaciar en Groenlandia. Con el avance del deshielo, es probable que se establezcan tres nuevos pasos para el transporte comercial. Las rutas que actualmente son difíciles de transitar son las siguientes: la ruta del paso Noroeste, la del Mar del Norte y la futura ruta del Ártico Central o Transpolar. De las tres anteriores, la Transpolar se convertiría en la ruta más directa entre Europa y Asia.

Asimismo, Groenlandia es rica en recursos naturales, pues los 400 mil km2 de territorio de la isla, actualmente no cubiertos por hielo, presentan una alta concentración de 38 minerales que aparecen en la lista de materiales esenciales de la Unión Europea.

Además de las altas concentraciones de cobre, grafito, niobio, titanio y rodio, también existen grandes territorios de tierras raras, como el neodimio y el praseodimio, cuyas características magnéticas las hacen fundamentales en la fabricación de motores de vehículos eléctricos y turbinas de viento. Se estima que Groenlandia posee hasta un 25% de las tierras raras del mundo.

El control de esas rutas y de los recursos naturales hace del Ártico y Groenlandia focos de conflictos entre las grandes potencias, principalmente entre China y EE.UU. Eso explica que, en el nuevo mapa de la “Gran Norteamérica”, la esfera de influencia a la que aspira la Casa Blanca se expanda desde el Ártico al Ecuador, como parte del Escudo de las Américas. Ello en el marco de la disputa por las zonas de influencia y control de los recursos, fundamentalmente, en la disputa por la hegemonía con China. Ello confirma que la nueva situación internacional está signada por el retorno de la geopolítica y la expansión territorial.