La exposición Entre los árboles se inscribe en una investigación centrada en el dibujo como territorio. A partir de la apropiación de imágenes provenientes tanto de la historia del arte como de la novela gráfica, el cine documental y las artes aplicadas, el artista construye una escena donde la línea es protagonista, a veces en tensión, rozando el campo de la pintura.

El paisaje no aparece como una simple representación naturalista, sino como un espacio atravesado por capas visuales y temporales que remiten a distintas tradiciones de la imagen.

En esta operación, el dibujo funciona como una aparición: una forma inestable, casi espectral, que se manifiesta y se desvanece continuamente. Tal como señala el propio artista, la idea de dibujo opera de manera análoga a la del fantasma, disponiendo un escenario en permanente acto de presencias y ausencias.

En Entre los árboles, la imagen del paisaje se vuelve un umbral sensible donde memoria, ficción y materialidad conviven, invitando a una contemplación atravesada por lo efímero y lo latente.