Este año empecé cumpliendo uno de mis logros más anhelados: graduarme de una maestría. Lo cuento así porque no imaginé que tendría los recursos para hacerlo, por lo costosas que suelen ser.

Era la segunda semana de enero y ahí estaba yo, sentada frente a mi laptop en el comedor de mi casa, con muchos nervios, algo de inseguridad y temor, pero a punto de explicar mi tema.

En este artículo, un poco técnico, les hago un recuento de lo que conllevó hacer esta tesis de maestría y les comparto mis consejos para que lleguen a esta etapa un poco más seguros de lo que yo llegué.

La maestría que estudié es en Diseño de Experiencia de Usuario, una rama que ayuda a crear productos, sistemas o servicios digitales que sean útiles, accesibles, eficientes y agradables para los usuarios. Se centra en entender las necesidades, comportamientos y emociones del usuario para reducir la frustración y aumentar la satisfacción y lealtad.

Para mi caso particular, escogí un sistema que es de mucha utilidad en la universidad donde trabajo. Me pareció mucho mejor trabajar con algo que medianamente conocía. Este era el sistema académico que permite matricularse al inicio de cada semestre y escoger las materias que se tomarán.

Este sistema es funcional, pero mantiene un diseño y una estructura que daban mucho para mejorar y hacerlo mucho más eficiente. A continuación, detallo en pasos cuál fue el camino hasta llegar a un prototipo que integraba la IA para los registros académicos.

1. Entender el problema (antes de diseñar cualquier cosa)

Es muy tentador creer que rediseñar es embellecer el sistema, es decir, cambiar tipografías, colores e íconos, pero la realidad está muy lejos de esa teoría, porque para entender el problema es necesario comprender qué no está funcionando.

Por lo tanto, el primer paso fue investigar.

En mi tesis éramos tres, por lo que nos dividíamos las tareas, pero en conjunto siempre definíamos y desglosábamos todo. Empezamos realizando una investigación exploratoria que comprendía conocer cuál era el flujo de navegación, la arquitectura de información, los tiempos estimados para completar tareas y los posibles puntos de fricción.

En esta etapa ya teníamos definida una hipótesis y una que otra suposición, pero nada concreto, por lo que era apremiante pasar a la siguiente fase para conocer de primera fuente el dolor del usuario.

2. Escuchar a los usuarios

En esta instancia me tocó entrevistar a estudiantes que interactuaban con el sistema y a algunos de mis compañeros de trabajo que fueron estudiantes y también lo usaron. La información que obtuve de ellos, literal, era oro. Formulé preguntas como:

  • ¿Qué sientes cuando llega la semana de registros?

  • ¿En qué parte del proceso te sientes más inseguro?

  • ¿Qué haces cuando no entiendes algo?

Aquí me di cuenta de que, en ocasiones, el problema no era técnico, sino emocional, ya que los estudiantes llegan con miedos como: ¿y si me quedo sin cupo?, ¿y si no sé cómo registrarme y me equivoco?, o con esa sensación de no saber por dónde empezar.

Entonces, con esto también entendí que el rediseño de este sistema no solo resolvería tareas, sino que también reduciría la ansiedad de los estudiantes.

3. Definición del problema

Con la información recabada hasta ese momento, el siguiente paso era sintetizar todo: agrupar patrones de comportamiento, definir errores frecuentes, identificar puntos de fricción y reconocer qué necesidades no estaban siendo cubiertas.

El problema en sí no era: “el sistema necesita modernizarse”, sino algo más específico, como: “los estudiantes experimentan estrés y confusión durante el periodo de matrículas, debido a que el sistema presenta una arquitectura poco clara y ausencia de apoyo para la toma de decisiones académicas”.

4. Ideación

Con el problema claro, pasé a la fase de ideación. Aquí trabajé en:

  • Reorganización de la arquitectura de información.

  • Simplificación del flujo de matrícula.

  • Jerarquización visual más clara.

  • Reducción de pasos innecesarios.

Pero el punto diferencial fue integrar inteligencia artificial como apoyo en el proceso.

La IA no estaba pensada como algo complejo o invasivo, sino como una herramienta que ayudara a:

  • Recomendar materias según el historial académico.

  • Alertar sobre posibles cruces de horario.

  • Sugerir cargas académicas equilibradas.

  • Recordar requisitos pendientes.

El enfoque siempre fue el mismo: la tecnología al servicio de la claridad.

5. Prototipado

Con las ideas estructuradas, pasé a la fase de prototipo.

Primero trabajé en wireframes de baja fidelidad para validar flujos. Aquí no importaba el diseño visual, sino que el recorrido tuviera sentido.

Después desarrollé un prototipo de mayor fidelidad que integraba:

  • Nueva estructura de navegación.

  • Mensajes claros y contextualizados.

  • Sistema de recomendaciones asistido por IA.

  • Confirmaciones más visibles antes de finalizar la matrícula.

El prototipo no era el producto final. Era una herramienta para probar.

6. Validación y ajustes

Un prototipo sin validación es solo una suposición bonita. Realicé pruebas con usuarios para observar cómo interactuaban con la nueva propuesta. Analicé:

  • Tiempo para completar tareas.

  • Errores cometidos.

  • Dudas frecuentes.

  • Reacciones frente a las recomendaciones automatizadas.

Algunas decisiones que parecían obvias no funcionaron como esperaba. Otras, que parecían pequeñas, tuvieron un impacto mayor en la claridad del proceso.

Rediseñar es iterar. Ajustar. Volver a probar.

Lo que aprendí

Si algo me dejó esta tesis es que el rediseño no empieza en la pantalla. Empieza en la escucha.

También entendí que integrar IA no significa hacer algo complejo, sino hacer algo más útil.

Y, sobre todo, aprendí que el miedo inicial es parte del proceso. La inseguridad que sentí esa segunda semana de enero no desapareció de inmediato, pero se fue transformando en confianza a medida que el proyecto tomó forma.

Si estás por empezar tu tesis o un proyecto de rediseño, mi consejo es este: no intentes demostrar que sabes diseñar. Demuestra que sabes entender.

Lo demás se construye paso a paso.