Si ha vivido en Europa durante los últimos cuatro o cinco años, es probable que haya experimentado un aumento notable de los precios de la gasolina y, sobre todo, de la electricidad en el hogar. En buena medida, esta presión estuvo vinculada a la ruptura del equilibrio previo entre Rusia y sus principales clientes europeos tras la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, así como a la posterior imposición de sanciones por parte de Estados Unidos y la Unión Europea.

Estas medidas perseguían dos propósitos complementarios. Por un lado, debilitar la capacidad económica y tecnológica del Kremlin para sostener su esfuerzo bélico, especialmente en sectores estratégicos como el energético. Por otro lado, incrementar el coste político de la agresión, con la expectativa de influir en el comportamiento de Moscú y frenar el conflicto.

Sin embargo, la implementación de sanciones en un mercado altamente integrado planteó un dilema para los propios países sancionadores: reducir la exposición a los hidrocarburos rusos implicaba, al menos en el corto plazo, tensiones de precio, cambios en proveedores y una redistribución de costes que afectó tanto al consumo industrial como al doméstico.

Como cuenca de recursos y nueva vía de corredores comerciales, el Ártico ha sido una región de importancia estratégica para Rusia. Aunque se ha producido un cambio histórico en la importancia de los activos del norte en relación con las prioridades políticas actuales, el último medio siglo ha convertido la energía en una dimensión fundamental de la estrategia internacional.

En este contexto, la periferia norte se ha convertido en una frontera energética cuyo desarrollo ha traducido la geografía en influencia. La extensión territorial de Rusia le ha permitido poseer la mayor parte de los recursos de hidrocarburos del Ártico. Por lo tanto, Moscú ha podido posicionarse como un importante proveedor de energía para Asia y para las economías europeas con mayor consumo energético.

Si bien la industria del gas del país proveedor sigue estando muy nacionalizada, se ha producido un intercambio de expertos y tecnologías, procedentes especialmente del hemisferio noroccidental, que ha contribuido al desarrollo de las capacidades de extracción. Sin embargo, las relaciones entre Oriente (representado por Rusia) y Occidente (representado por Estados Unidos y la Unión Europea) han sido históricamente inestables. No es de extrañar, pues, que tras los planes de expansión hacia el este de la OTAN y el consiguiente ataque de Rusia a Ucrania, las relaciones energéticas se vieran amenazadas. No una, sino dos veces.

En respuesta, las potencias occidentales impusieron sanciones al Kremlin, entre ellas la prohibición de determinados equipos, servicios e importaciones energéticas.

La reconfiguración de los patrones de suministro energético entre las principales potencias ha planteado la cuestión de cómo las sanciones posteriores a 2022 han remodelado la geopolítica al consolidar el gas natural licuado (GNL) del Ártico ruso como recurso geoestratégico. Con ese fin, este artículo ofrece antecedentes históricos del modelo de gobernanza para facilitar el análisis de los efectos de las sanciones occidentales posteriores a 2022 sobre el desarrollo actual de los recursos.

La estructura del trabajo es la siguiente: en primer lugar, se realiza una revisión del desarrollo histórico de la gobernanza de los recursos de Moscú. A continuación, se analiza el impacto de las sanciones en el desarrollo de los recursos en el Ártico ruso. La sección analítica final examina cómo Rusia ha adaptado su estrategia energética en el Ártico bajo las sanciones, evaluando las estrategias de sustitución, los impactos económicos y las asociaciones con actores no occidentales.

Desarrollo histórico de la gobernanza de los recursos

No fue hasta 1930 cuando se descubrió el primer yacimiento petrolífero del Ártico. Las regiones septentrionales, antes escasamente pobladas y de difícil acceso, se convirtieron en un destino laboral atractivo. En una economía cerrada gobernada por el régimen soviético, era una de las pocas oportunidades de obtener legalmente ingresos significativos en condiciones laborales aceptables.

Sin embargo, tras la transición a la economía de mercado, la región ártica sufrió consecuencias particulares. La migración se desplazó hacia las regiones centrales y meridionales, mientras que el Alto Norte siguió bajo propiedad estatal y con planificación centralizada, a pesar de la disminución de la participación del Estado en otras zonas.

El desarrollo y la productividad de la Federación de Rusia en la región habían disminuido en comparación con la época soviética. No fue hasta unos años después de la llegada al poder de Putin y de que la élite gobernante comenzara a expresar su preocupación cuando se elaboró una perspectiva a largo plazo para el desarrollo del norte. Así, el Gobierno adoptó los Fundamentos de la Política Estatal de la Federación de Rusia sobre el Ártico hasta 2020.

Cuando la potencia euroasiática terminó de redactar la nueva política, la región comenzó a atraer la atención internacional. Especialmente después de que el Servicio Geológico de los Estados Unidos (2008) estimara que el 22 % de los recursos de petróleo y gas, aún sin descubrir, en el mundo podrían estar ubicados en el Ártico. En conjunto, estas prioridades nacionales y el creciente interés mundial contribuyeron a situar al Ártico en el centro de la estrategia rusa y de la competencia internacional.

Marcando una nueva etapa en la gestión de los recursos árticos rusos, el norte comenzó a desarrollarse como una macrorregión independiente y autosuficiente. En primer lugar, se reforzó el control estatal sobre los recursos del norte. La nueva legislación permitía que solo las empresas con más del 50 % de propiedad estatal y con al menos cinco años de experiencia en perforaciones en la plataforma continental rusa pudieran solicitar licencias para la explotación de petróleo y gas en el Ártico. Además, en 2017 se revisó el Código de Navegación Mercante para otorgar derechos exclusivos a los buques con bandera rusa para el transporte de hidrocarburos a lo largo de la Ruta del Mar del Norte.

Aunque las empresas extranjeras no podían ser titulares de licencias, seguían desempeñando un papel central en las actividades de exploración y producción como socios y contratistas, proporcionando la tecnología, el equipo y el acceso al capital necesarios. No obstante, el papel limitado de las empresas extranjeras plantea interrogantes sobre los objetivos de desarrollo del Ártico de Rusia, ya que estas desempeñaron un papel clave en el restablecimiento de la producción inicial en la era postsoviética.

Las sanciones occidentales y el desarrollo de los recursos del Ártico

En poco más de una década, Rusia ha sido objeto de sanciones occidentales en relación con la desestabilización de Ucrania en dos ocasiones diferentes.

Este tipo de sanciones se utiliza a nivel internacional como una herramienta de poder duro para influir en el comportamiento de los Estados, romper los lazos económicos y así cambiar la dinámica del poder mundial. En su uso contra Rusia, el objetivo principal es frenar la agresión.

La primera vez fue en 2014, debido a la anexión de Crimea. La UE y los EE.UU. adoptaron sanciones económicas que prohibían a las empresas occidentales vender, suministrar o exportar tecnología a empresas rusas para el desarrollo de recursos de hidrocarburos en el Ártico.

Aunque cuando se adoptaron las sanciones, las empresas extranjeras ya tenían prohibido poseer licencias en aguas árticas rusas, su equipo, experiencia y financiación seguían siendo esenciales para el desarrollo activo de los recursos árticos. De hecho, se valoraba una dependencia del 80-90 % de las tecnologías importadas en el momento en que se impuso el primer conjunto de sanciones.

La segunda gran oleada de sanciones se produjo tras la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania. Este paquete de restricciones fue mucho más amplio. No solo limitó a las empresas a hacer negocios con el principal exportador de energía, sino que también prohibió la compra, la importación y la transferencia de petróleo crudo ruso transportado por mar, así como de determinados productos petrolíferos.

Esto puso de manifiesto la frágil pero mutuamente beneficiosa relación entre la UE y Rusia, ya que Rusia suministraba alrededor del 40 % del gas natural y el 27 % del petróleo crudo que Europa necesitaba. Esto creó una dependencia significativa que afectó al consumo energético, tanto industrial como doméstico, en toda Europa.

Por lo tanto, las sanciones tuvieron rápidamente profundas implicaciones para la economía nacional de Rusia y para el mercado energético europeo.

La reestructuración de Rusia tras las sanciones

Las sanciones provocaron cambios geopolíticos significativos en el sector energético mundial. Mientras que los países europeos buscaban alianzas con proveedores de energía alternativa, como Qatar y Estados Unidos, Rusia se orientó hacia mercados no occidentales.

En cuanto a la potencia euroasiática, esta tuvo que ofrecer sus hidrocarburos a precios reducidos para mantener los volúmenes de exportación, a expensas de sus márgenes de ingresos. En el extremo de adquisición de la cadena de suministro energético de Rusia, dos naciones se convirtieron en las principales beneficiarias: China e India.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China promovió la cooperación energética mediante el apoyo a proyectos de infraestructura, como oleoductos, puertos y ferrocarriles, para ampliar las rutas comerciales. Del mismo modo, al aumentar sus importaciones de petróleo ruso, la India mejoró su seguridad energética al diversificar su cartera energética a un precio ventajoso.

Como resultado, los países no occidentales se beneficiaron de las importaciones de energía a precios más bajos, mientras que Rusia encontró mercados alternativos para mantener sus volúmenes de exportación.

En 2023, China y la India representaban juntas casi el 50 % de las exportaciones energéticas de Rusia, lo que supuso una importante reestructuración de su red comercial. Estos reajustes desafían el dominio tradicional de las redes comerciales energéticas alineadas con Occidente, ya que las sanciones destinadas a aislar económicamente a Rusia reforzaron, inadvertidamente, sus asociaciones con naciones no occidentales.

La siguiente parte depende de si es posible tener una imagen a mitad del texto del artículo

image host Mapa de la red de petróleo y gas del Ártico ruso (adaptado de Stephenson y Agnew, 2016 1 para incluir el gasoducto Power of Siberia y la ruta propuesta para Power of Siberia 2).

El cambio en los socios comerciales energéticos supuso costes importantes de infraestructura y transporte para respaldarlo, ya que las conexiones con Asia oriental son limitadas.

Como se muestra en el mapa de los oleoductos y gasoductos de Rusia, la infraestructura más extensa y desarrollada del país se ha orientado históricamente hacia Europa, con seis oleoductos y cinco gasoductos principales. Desde que se detuvieron las exportaciones a Europa, esta vasta red orientada hacia el oeste que se muestra en el plano ha dejado de ser rentable y se encuentra infrautilizada.

Por el contrario, la dirección oriental cuenta con un desarrollo infraestructural mucho menor, lo que pone de relieve la dependencia de un solo oleoducto importante (Siberia Oriental-Océano Pacífico [ESPO]) y de un gasoducto de reciente construcción (Power of Siberia) para abastecer al mercado asiático.

Las disparidades geográficas y de infraestructura, que se ilustran en el mapa, evidencian los retos a los que se enfrenta Rusia para reorientar sus exportaciones de energía hacia Asia en respuesta a las sanciones. Por eso, las empresas rusas de refinación de hidrocarburos ya han firmado acuerdos con socios orientales para aumentar la capacidad de carga de los oleoductos.

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El cambio en los socios comerciales energéticos supuso costes importantes de infraestructura y transporte para respaldarlo, ya que las conexiones con Asia oriental son limitadas.

La infraestructura de oleoductos y gasoductos más extensa y desarrollada de Rusia se ha orientado históricamente hacia Europa, con seis oleoductos y cinco gasoductos principales. Desde que se detuvieron las exportaciones a Europa, esta vasta red orientada hacia el oeste que se muestra en el plano ha dejado de ser rentable y se encuentra infrautilizada.

Por el contrario, la dirección oriental cuenta con un desarrollo infraestructural mucho menor, lo que pone de relieve la dependencia de un único oleoducto importante (Siberia Oriental-Océano Pacífico —ESPO—) y de un gasoducto de reciente construcción (Power of Siberia) para abastecer al mercado asiático.

Las disparidades geográficas y de infraestructura evidencian los retos a los que se enfrenta Rusia para reorientar sus exportaciones de energía hacia Asia en respuesta a las sanciones. Por eso, las empresas rusas de refinación de hidrocarburos ya han firmado acuerdos con socios orientales para aumentar la capacidad de carga de los oleoductos.

Por ejemplo, Gazprom cambió su enfoque hacia Asia al firmar un contrato de 30 años por 400 000 millones de dólares con la empresa china CNPC. Este acuerdo se compromete a suministrar al menos 38 000 millones de metros cúbicos de gas al año, provenientes de yacimientos recién explotados en Siberia oriental, a partir de 2018. Sin embargo, el acuerdo debía estar respaldado por un mayor desarrollo de las redes de oleoductos. Por eso hubo que esperar a la finalización del oleoducto Power of Siberia hasta 2019.

Una vía adicional para transportar GNL desde la región de Altai, en Siberia occidental, hasta el noreste de China es el gasoducto Power of Siberia 2 —antes conocido como gaseoducto de Altai—. Se extendería desde la península de Yamal, atravesaría Mongolia (cerca del lago Baikal/Kyakhta) y se dirigiría hacia el norte de China. Este gasoducto tiene como objetivo sustituir las exportaciones europeas perdidas con una capacidad objetivo de 50 000 millones de metros cúbicos (bcm) de gas al año.

El futuro de la red de oleoductos de Rusia implica, por lo tanto, la reorganización de sistemas de producción y transporte de recursos muy diversos y separados, en distintos mercados, en los extremos opuestos del continente euroasiático.

Adicionalmente, y hasta que se desarrollen los ductos, para mantener los volúmenes de exportación en un plazo similar al anterior a las sanciones, Moscú apoya el transporte de hidrocarburos a través de redes marítimas. Sin embargo, este esfuerzo se vio complicado por la prohibición de la UE y del G7 de prestar servicios marítimos clave para el transporte marítimo de crudo y productos petrolíferos rusos a terceros países.

En respuesta, la potencia euroasiática eludió las restricciones a la exportación de petróleo aprovechando una flota paralela de petroleros. Si bien esta estrategia garantizó la continuidad de los flujos de exportación, los retos logísticos y el aumento de los costes de transporte disminuyeron la eficacia de dichas adaptaciones.

Aun así, la diversificación de las rutas comerciales de Rusia ilustra cómo se reconfiguraron creativamente las rutas de suministro en respuesta a las sanciones.

Conclusión

En conclusión, este artículo analizó el impacto transformador de las sanciones estadounidenses y europeas sobre el sector energético ruso, que han remodelado los patrones comerciales mundiales del petróleo y el gas, provocado importantes reajustes geopolíticos y conllevado grandes desarrollos infraestructurales.

El caso de Rusia tras 2022 demostró la complejidad de aplicar las sanciones como herramienta geopolítica. Para los países exportadores de energía, la capacidad de adaptación de Rusia subraya la importancia de diversificar los mercados de exportación para resistir las crisis geopolíticas. Las inversiones a largo plazo en infraestructuras, como oleoductos e instalaciones de GNL, pueden mejorar la resiliencia del mercado y minimizar la dependencia de regiones específicas.

Si bien el análisis a corto y medio plazo muestra una disminución de los márgenes de ingresos y los costes de transporte elevados, la necesidad de reconfigurar rápidamente los socios comerciales y la capacidad de eludir las restricciones demuestran una adaptabilidad que podría resultar cada vez más beneficiosa para el Kremlin a largo plazo. Para materializar este desenlace, se han iniciado numerosas inversiones en infraestructura y acuerdos para resolver el desajuste entre la elevada capacidad de los gasoductos y la erosión de las relaciones con Europa, frente a la escasa infraestructura y la alta demanda en Asia.

Para los países europeos que impulsaron las sanciones, el caso evidencia que los costes no se distribuyen de forma neutral. La reconfiguración del suministro contribuyó a episodios de encarecimiento energético que afectaron al consumo doméstico y a la competitividad industrial, y que no han vuelto a sus niveles pre-2022.

Así, la eficacia política del régimen sancionador debe evaluarse en dos planos simultáneos: su capacidad para degradar recursos estratégicos del Estado sancionado y su sostenibilidad interna, condicionada por el impacto socioeconómico sobre la población de los países sancionadores.

Finalmente, en relación con el objetivo de frenar el conflicto en Ucrania, el análisis apunta a límites claros. Las sanciones han alterado la estructura del comercio energético y han generado fricciones significativas en la economía rusa, pero la continuidad de la guerra sugiere que su efecto coercitivo ha sido parcial y mediado por la capacidad de adaptación de Moscú.

Por lo tanto, el caso de los hidrocarburos rusos demuestra cómo las presiones geopolíticas pueden tener efectos incalculables. Aunque a corto plazo las sanciones fueron perjudiciales desde el punto de vista económico, sin quererlo, sus resultados divergieron del propósito inicial, reforzando las alianzas de Rusia con países no occidentales y acelerando el desarrollo de la infraestructura.

Nota

1 Stephenson, S.R. and Agnew, J.A. (2016). ‘The work of networks: Embedding firms, transport, and the state in the Russian Arctic oil and gas sector’, Environment and Planning A, 48(3), pp. 558–576. doi:10.1177/0308518X15617755.