Siempre he sido una persona muy impuntual. Por más que tratara de evitarlo, de un momento a otro ya iba tarde a mi destino y no es algo que hiciera con intención, simplemente me ha sucedido una y otra vez, por más que tuviera diferentes planes para solventar mi falta, siempre voy tarde.
La gente cercana lo sabe, lo entiende, y tengo la suerte de ser de Latinoamérica, donde, en la mayoría de los casos, el concepto de la hora es una sugerencia amistosa y no una ley a cumplir. Pero no soy yo el único, mis amistades también suelen llegar a golpe de la hora pautada, es decir, a unos 5 o 15 minutos después.
El único lugar donde mi cuerpo y mi cerebro se activan con la precisión de un reloj suizo es cuando hay dinero de por medio; en los meets laborales, estoy cinco minutos antes. Pero en las reuniones con amigos, un almuerzo, una cita romántica, los hago esperar 20 minutos preguntándose, y con razón, ¿por qué estoy esperando a este hombre?
Mi truco es que aunque llegue tarde, los hago reír y se les olvidan mis errores. Pero no voy a negar una verdad que entiendo a la perfección: la impuntualidad, en su raíz, es una falta de atención, respeto, previsión, o habitualmente, las tres cosas juntas. Porque soy un impuntual, pero soy responsable de mis acciones y comprendo que es un error de mi parte.
Confieso que este tema lo abordé primero en mi Podcast, pero toda la investigación me sirvió también para este artículo con un objetivo: encontrar el ¿por qué somos impuntuales?, ¿qué origen tiene? Porque es incómodo caer nuevamente en la decepción hacia mí por no salir a la hora pautada de la reunión.
Según he llegado a leer y mi experiencia rectifica, los millennials (1981-1996) en adelante, son los que más sufren con la puntualidad. La gente mayor de otras generaciones con la que he interactuado es generalmente muy puntual, mientras que mi generación y las que le siguen parecen más propensas a deslizarse en el tiempo. Quizás es la tecnología y la rapidez con la que uno puede excusarse al instante lo que nos ha quitado rigor, aunque yo soy impuntual desde antes de que existieran las aplicaciones móviles.
Según he leído, hay estudios que hablan del fenómeno de la impuntualidad, identificando dos características: la falacia de planificación y el sesgo de optimismo. La primera se refiere a que subestimamos el tiempo necesario para realizar una tarea, una actividad que requiere dos horas, la percibimos de una hora o menos. Con la segunda es porque los impuntuales creemos que no hay ningún imprevisto durante nuestras actividades y por ende, el tiempo que se pierde en la espera de un transporte que por experiencias pasadas sabemos que dura al menos una hora en llegar. Curioso, porque solo soy optimista con el tiempo.
Hay un libro llamado Never Be Late Again de Diana deLonzor. En este, la autora crea unas categorías de impuntuales, las cuales son:
Los Distraídos: Es el tipo de persona que pierde su consulta médica, olvida el cumpleaños o se equivoca de día de una reunión.
Los Rebeldes: Son los que utilizan la falta de puntualidad como una forma de demostrar poder. Solo he sido rebelde una vez en la vida, pero lo merecía.
Bajo presión: Quienes disfrutan trabajar bajo presión. Hacen el 80% del trabajo en el 20% del tiempo.
Los productivos: Como odian malgastar el tiempo, buscan maximizarlo hasta extremos imposibles. Yo creo que aquí caigo yo, porque soy de los que llegando tarde se pone a lavar platos o a ordenar la casa, amigo, no es el momento de hacerlo.
El Evitador: La tardanza es su mecanismo de autoprotección, quizás para evitar situaciones que temen como el rechazo o el fracaso o como una excusa inconsciente para el bajo rendimiento.
Los Excuseros: Estos son los que menos aprecio, saltan de excusa en excusa y nunca el llegar tarde es su culpa y sí, llevo todo este tiempo diciendo que soy impuntual, pero me hago responsable de mis errores.
También en esta búsqueda de motivos del por qué somos impuntuales me topé con una perspectiva distinta de Fuschia Sirois, profesora de psicología social y de la salud, su investigación se centra en la procrastinación, y su conclusión es que la impuntualidad, a menudo "no tiene nada que ver con la gestión del tiempo", sino con una "mala gestión del estado de ánimo".
Con eso quiere decir que la persona no puede regular las emociones difíciles que le genera una tarea en particular, así que la pospone. Esto puede ser porque siente ansiedad, miedo al fracaso o frustración. O que se centre en el resultado y en cómo va a afectar a su futuro, lo que solo añade más presión a toda la situación.
Es por este motivo que la gente se ve tentada a optar por la solución rápida y fácil: retrasar el trabajo, lo que proporciona un alivio inmediato, pero no elimina la problemática.
Se debe entender que la impuntualidad crónica tiene un costo real. Aquí trato de exponerlo de una manera simplificada y con la intención de hablar de sus motivos, pero en el ámbito personal, afecta la confianza y las relaciones o en el laboral, puede afectar seriamente la reputación profesional, conduciendo a advertencias, sanciones o despidos.
Pero, nuevamente, según lo que he encontrado, este mal hábito puede ser modificado y mi mensaje final es una llamada a la introspección: somos nosotros (los impuntuales) los que estamos equivocados, y aunque cueste, debemos al menos intentar mejorar nuestra puntualidad, porque sí afecta y frustra a nuestro alrededor, es por eso que dejo por acá algunas de las soluciones con las que me topé, pero debo ser sincero, no con todas estoy de acuerdo.
Conciencia y Reconocimiento: El primer paso es aceptar que hay un problema y dejar de culpar a factores externos, es decir, deja de ser un excusero y acepta tu culpa.
Planificar de forma realista: Para esto debes aprender a estimar el tiempo. Haz un seguimiento activo de cuánto tardan realmente las tareas y planifica con tiempo y pensando en imprevistos.
Evita los “pendientes de último minuto”: Resiste la tentación de agregar una tarea más justo antes de salir de casa.
Dividir tareas: Desglosa las actividades en subcomponentes más pequeños y gestionables para estimar su duración con mayor precisión.
En fin, no busco cambiar al lector, propongo las posibles causas y soluciones a un problema, que puede o no sufrir el lector, pero que estoy seguro de que ha vivido en algún momento de la vida. Yo he mejorado como un impuntual que llegaba horas tarde a minutos, pero no ha sido un camino de flores, me ha costado entender que el autobús tarda en llegar, cosa que sí lo veo en retrospectiva, es evidente, pero en su momento no lo veía tan fácil.
Espero que esto ayude a vernos, a entendernos y sobre todo a reaccionar sobre nuestros errores. Y si no eres el impuntual, pero conoces a alguien impuntual, lo mejor que te puedo decir es: vete, no lo esperes. Nosotros como impuntuales debemos entender que existen consecuencias para nuestra tardanza y aunque sabemos que nos quieres, que nos esperes, no nos hace darnos cuenta del daño que realizamos.















