Uno sigue creyendo más allá de la ausencia
Uno amontona soledades en el fondo de un espejo
Y después de todo piensa que ya no hay
Tiempo
Para volver a ser hombre en medio del silencio.

(A manera de confesión – Julio Cesar Campopiano)

En momentos en que me siento a escribir este texto, caigo en la cuenta de que este año 2026 se cumplen exactamente 50 años del último Golpe Cívico-Militar perpetrado por la junta militar.

Y me inclino no solo a pensar sino a poner en práctica el ejercicio de la memoria. Esto, quizás, sea un pequeño indicio o una señal a ese ejercicio... Es una manera. Entonces debemos mencionar la enorme lucha que desde hace 50 años libran con las consignas de Memoria, Verdad y Justicia: las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.

Tal vez se me escapen muchas palabras a la hora de producir este escrito e iré haciendo un racconto de muchas situaciones, pero la proximidad y la significancia de la fecha me obligan a decir lo que pasa por mi cabeza.

Un golpe de Estado atroz e ilegítimo que escaldó en todos los ámbitos de la vida de todos los argentinos, tanto de los 70 e inclusive hasta hoy. Una dictadura que contó de un terrorismo infinitamente peor que los anteriores golpes, con el poderío y la impunidad del Estado absoluto: 30.000 desaparecidos, más de 500 bebés robados –muchos nacidos en cautiverio–, torturas, violaciones y vejaciones físicas, mas de 200 centros clandestinos de tortura y detención, vuelos de la muerte sobre el Río de la Plata; estragos en la economía, censura a la prensa, salvaje persecución a intelectuales, prohibición de partidos políticos e intervención de sindicatos.

Viene a mi mente una carta que les escribió el periodista Rodolfo Walsh y el informe de la CONADEP, y que hoy en día mantienen una vigencia trascendental, una carta dirigida a esos demonios de fajina. Elocuentes e increíblemente actuales a estos años del siglo XXI.

Walsh les habla abiertamente, evidenciando las calamidades a las que sometían al país. Ilegítimo en su origen, que en su política sembraron un hondo terror a la sociedad argentina. Ya en el primer aniversario el escritor les menciona cerca de quince mil desaparecidos, diez mil presos, más de siete mil recursos de hábeas corpus, cuatro mil muertos, desterrados, fugados, huidos fuera del territorio. Sumado a innumerables casos de cuerpos maniatados hallados en las costas de Uruguay del Lago San Roque de Córdoba.

Anuncia que el Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA, comisarios como Juan Gattei, Antonio Gettor, Ramón Caps1, Etchecolatz2, sometidos a la autoridad de la CIA.

En la política económica de la jauría de la Junta Militar debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castigó a millones de seres humanos, el despojo de recursos con la miseria planificada.

Veo cómo hoy los salarios se redujeron casi en comparación con aquella nefasta época. Se subyugó a los obreros a realizar sus tareas de entre 6 y 18 horas su jornada para cubrir la canasta familiar, siendo hoy necesario tener más de un trabajo para llegar a complementar esos gastos.

Una receta del FMI (también se ve hoy), que se aplica indistintamente a Somalia o Guatemala, se atrofian todas las funciones del Estado –lo que dicen de achicar el Estado– hasta disolverse en la pura anemia. La política económica que la junta desarrolló sólo reconocía como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la oligarquía especuladora, monopolios y empresas transnacionales.

En el informe de la Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas, que fue instruida para indagar sobre la suerte de los desaparecidos en el periodo de esos años oscuros. Con más de cincuenta mil páginas documentales, se han verificado y determinado cientos de centros clandestinos de detención.

En esas hojas del libro de Nunca Más, se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas de forma sistemática, con secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología del terror, recetas del averno, planificada por los altos mandos? De todos los testimonios sumados en infinidad de documentos y testimonios se halla que toda esa tecnología del horror fue llevada a cabo por sádicos ejecutores.

Es por ello que sostengo que el simple hecho, ya no solo de escribir, sino avezado lector/a, con esta pequeña lectura hacemos un mínimo aporte a la memoria, humedeciendo un paño de las lágrimas de que aquellos y aquellas que ya no están, de los/las que se quedaron en el camino y lo dieron hasta la sangre debajo de sus uñas, de los/las que aun continúan con toda una vida de lucha plantando semillas, por todos ellos y ellas quisiera que nos unamos esa fecha del 24 en la calle marchando, recordando con fe y con amor, alzando al viento un poderoso corazón con las consignas de: “Nunca Más” y “Memoria, Verdad y Justicia”.

Notas

1 Ramón Caps fue un militar, general de brigada, jefe de la Policía Federal. También llamado carnicero de Bs.As. Bajo su mando se llamaba circuito Camps a una cadena de 29 centros de detención como pozo de Banfield y Quilmes.
2 Etchecolatz fue director de Investigaciones de policía bonaerense y mano derecha de Camps. Durante su juicio en el año 2006 el albañil Julio López atestiguó en su contra. Hoy López está desaparecido en democracia.