El 12 de marzo de 2023 publiqué, en este mismo Magazine, un artículo titulado “Ucrania: una guerra que modificará el Orden Internacional”. Han pasado exactamente dos años y todas las tesis que expuse entonces se han ido verificando y consolidando hasta llegar al actual ataque de Israel y EE.UU. contra la República Islámica de Irán.
En beneficio del lector y su tiempo, no repetiré las tesis desarrolladas en esa ocasión. En su lugar, podrán encontrar el enlace al final de este texto1, que les permitirá leer el artículo y advertir la continuidad, coherencia y profundización de lo que anunciamos en marzo de 2023.
No pretendo escribir un nuevo artículo sobre el tema de la guerra de Ucrania. Sino que he encontrado una entrevista reciente, del 27 de febrero de 2026, al demógrafo e historiador francés Emmanuel Todd, autor del conocido best seller La derrota de Occidente, que no solo ratifica mis tesis de 2023, sino que las actualiza con tal maestría, que no puedo resistir el deseo de transmitirlas en apretada síntesis a los lectores de lengua castellana.
Veamos: ante la pregunta “Señor Todd, la guerra en Ucrania ha entrado en su quinto año. En retrospectiva, ¿hay algún aspecto que haya juzgado mal?”, Todd contestó: “La predicción fue correcta: Occidente perdió esa guerra hace mucho tiempo. Si los estadounidenses la hubieran ganado, Joe Biden habría sido reelegido. Donald Trump es el presidente de la derrota. Hoy debemos añadir que la consecuencia de la derrota es el declive de Occidente. Este colapso de una civilización, la civilización occidental, puede compararse con el fin del comunismo y de la Unión Soviética. Todavía es difícil hacerse una idea clara de cómo evolucionará. Su síntoma más espectacular es la pérdida de la realidad”.
Y agrega: “John Mearsheimer, a quien admiro, cree que Ucrania tiene una importancia existencial para Rusia. Sin duda que esto es cierto. Pero yo estoy convencido de que Ucrania es aún más importante para EE.UU.: la derrota de Ucrania revela la debilidad del sistema estadounidense. Tiene un significado muy diferente que las derrotas de Vietnam, Irak y Afganistán. Estados Unidos pierde, deja el caos tras de sí y se retira. En Ucrania, están librando una guerra contra su enemigo histórico desde 1945. Perderla es inimaginable”.
Donald Trump dijo que le pondría fin en 24 horas. Esa era su sincera intención. La vulgaridad y la amoralidad de Trump son insoportables para un burgués europeo como yo. Pero también defiende causas totalmente razonables. El proyecto MAGA (Hagamos grande de nuevo a Estados Unidos) consiste en representar los intereses de la nación. Al cabo de un año, Trump tuvo que admitir que, a pesar del proteccionismo y los elevados aranceles aduaneros, la reindustrialización no estaba funcionando. Hay escasez de ingenieros, técnicos y trabajadores cualificados. La tasa de analfabetismo entre los jóvenes de 16 a 24 años ha aumentado del 17% al 25% en los últimos 10 años.
EE.UU. depende de las importaciones, no puede prescindir de ellas. Como primera potencia mundial, trasladar la industria a China fue una auténtica locura. Incluso en el sector agrícola, la balanza comercial es deficitaria. Los aranceles se han convertido en una amenaza para el dólar. Es el arma de un imperio que vive del crédito y el trabajo de otros países. El desastroso estado de la sociedad estadounidense hace imposible la aplicación del MAGA. Carece del dinamismo económico e intelectual necesario.
Por eso tiene que librar guerras contra su voluntad. Ese es su dilema. Se ha visto arrastrado por la vorágine de la política exterior estadounidense de las últimas décadas. EE.UU. buscaba expandir y fortalecer su imperio. Trump no frenó esta evolución, la aceleró. Joe Biden ha compensado el declive del imperio con la guerra de Ucrania. Trump está multiplicando los teatros de operaciones. Ha intentado medir sus fuerzas con China, que lo ha puesto de rodillas con su embargo de las tierras raras. Amenaza a Canadá, México y Cuba. Quiere Groenlandia y humilla a los europeos. En Venezuela, el imperialismo de un imperio moribundo se ha manifestado en forma de secuestros y saqueos. Su política arancelaria es una forma de chantaje. En casi todos los casos ha conseguido lo contrario de lo que quería. Y todo porque necesita ocultar que EE.UU. ya no le puede ganar la guerra de Ucrania a Rusia.
Son tácticas de distracción. El resultado es que sus enemigos están formando alianzas: Irán, Rusia, China. Trump no ha reducido el compromiso militar de EE.UU., sino que lo ha multiplicado espectacularmente. Con sus gritos de guerra y su hostilidad hacia Rusia, ha generado una “rusofobia”, que los europeos han alimentado cándidamente y son responsables de su evolución.
Tras las negociaciones de Alaska, durante las cuales Trump trató a los jefes de Estado europeos como escolares, Emmanuel Macron calificó a Putin de “ogro” y “bestia a la que hay que alimentar” en una entrevista aterradora. Trump se está aprovechando de esto. Estados Unidos –la Administración Biden– es responsable de la guerra en Ucrania, pero Trump ha logrado presentarse como un negociador moderado y pacífico. Los medios lo presentan como un gobernante omnipotente del mundo, que lo reorganiza según su voluntad, sus fantasías y su límite que es su propio y personal sentido de la moral.
Esto se da en un momento en que EE.UU. está sufriendo un gran fracaso estratégico frente a Rusia, Venezuela, Cuba, Groenlandia… todas son tácticas de distracción. Se trata de desviar la atención de Ucrania hacia otros escenarios de operaciones. Esa es la intención que hay detrás de las negociaciones. Solo sirven para ganar tiempo a todas las partes implicadas. La decisión se tomará en el campo de batalla y Trump se ha dado cuenta de que no puede impedir la victoria de Putin. Ucrania está al borde del colapso total de su sistema, por muy trágico y triste que esto sea para los ucranianos.
Irán también es una cortina de humo. Israel no es un país autónomo que empuja a los EE.UU. a intervenir en Oriente Medio. Israel es un satélite de los EE.UU. Al igual que Ucrania, Israel hace lo que Trump le permite hacer. Cuando quiso un alto al fuego en Gaza, lo consiguió inmediatamente. Israel fue el que le pidió permiso para poner fin a la Guerra de los Doce Días. Netanyahu tuvo que darse cuenta de que el enemigo era capaz de producir muchos más cohetes que lo esperado.
En suma, Emmanuel Todd considera que la guerra de Ucrania es el comienzo de una tercera Guerra Mundial. Una de las razones de la victoria de los rusos es que reciben ayuda de China, la India y los BRICS se están alineando con ellos. Y termina diciendo: “Pase lo que pase con Irán, la derrota de Occidente y su civilización es inevitable. Trump no puede detener su implosión; la está acelerando”.
En 1976 Todd predijo el colapso de la URSS. También predijo el error de Francia al aceptar el euro como moneda común a cambio de la unificación alemana. Así como la candidez rusa al aceptar la unificación alemana contra la promesa de la OTAN de no avanzar sus operaciones, ni un centímetro, hacia el este de Europa.
Hoy considera que en Alemania prevalece la desigualdad entre los hombres y los pueblos y que el rearme de Europa favorece a Alemania más que a nadie. De ahí la cercanía del primer ministro alemán Friedrich Merz con Donald Trump. Porque si Alemania pasa a constituirse en una potencia militar, ya no será solo la locomotora económica de Europa, sino su indiscutido líder y conductor.
Según mi punto de vista, el orden liberal internacional nacido con la Carta de San Francisco no funciona y resultarán inútiles los intentos de resucitarlo. Al pasado no podemos volver, hoy vivimos en un mundo distinto y terrible gobernado por la geopolítica. El derecho internacional y la diplomacia se han evaporado, lo que nos obliga a mirar hacia adelante.
Ya circulan varios proyectos de reforma a la Carta de la Organización de las Naciones Unidas. En lo personal, me animaría a formular un pronóstico que aún no ha esbozado Emmanuel Todd: con guerra mundial o sin ella, creo que la distribución del poder mundial tendrá cuatro elementos:
Las cinco grandes potencias serán: China, Rusia, EE.UU., Japón e India.
Descenderán Francia y Gran Bretaña, por importancia económica y pasado colonial.
Ascenderán los países emergentes nucleados en los BRICS+.
América Latina, con la excepción de Brasil y México, seguirá siendo marginal e intrascendente y África, el continente más atrasado de la Tierra.
Notas
1 Ucrania: una guerra que modificará el Orden Internacional.















