El Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A), dependiente de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, presenta la exposición Travesías de una lágrima, de la artista Sofía Salazar Rosales. La muestra propone un itinerario espacial compuesto por doce obras que abordan las relaciones entre cuerpo, estructuras y memoria, en las que el recorrido personal del visitante y la atención a los detalles son los elementos centrales de la experiencia expositiva. Las obras han sido creadas en su mayor parte expresamente para esta exposición, la primera individual de Salazar Rosales en una institución pública española, y durante la residencia de la artista en el C3A. La muestra, comisariada por Jimena Blázquez Abascal, podrá visitarse hasta el 26 de abril de 2026 en el Atrio 1.
Travesías de una lágrima no se presenta como una sucesión de obras aisladas sino como una muestra que ‘se activa como una experiencia de desplazamiento sensible, en la que la percepción del espacio se transforma a medida que el cuerpo avanza’, señala la comisaria. La obra de Salazar Rosales se muestra en el C3A como ‘un territorio en transformación donde materiales, estructuras y gestos dialogan para pensar en la memoria migrante, las arquitecturas afectivas y las huellas históricas que persisten en los cuerpos y espacios que habitamos’, destaca Blázquez Abascal.
El recorrido se inicia con la obra Gesto: dibujos sobre el miedo, sensualidad y muros [Gesture: drawings of fear, sensuality and walls] (2026), un camino de rejas de cartón que marcan el primer desplazamiento. Estos elementos, que culturalmente estructuran el espacio y filtran la luz y las miradas, en la práctica de Salazar Rosales, funcionan como símbolos que remiten a fronteras, movilidad y permeabilidad. En ‘Travesías de una lágrima’ estas piezas invitan a mirar pero nunca permitiendo una visión directa completa.
En Ellas piden quedarse [They ask to stay] (2026), Salazar Rosales reúne cinco piezas suspendidas en redes tejidas con técnicas artesanales y rituales que establecen la tensión entre procesos manuales e industrializados. La artista recoge la memoria de los territorios explotados por las economías de extracción de recursos, como la industria bananera, y los desplazamientos de personas y mercancías.
En otro conjunto se encuentran las obras en las que Salazar Rosales investiga cuestiones vinculadas al arraigo tras el desplazamiento. Aquí destacan piezas como Cuando el esqueleto axial decide hablar (ofrenda) [When the axial skeleton decides to speak (offering)] (2026) o Ellas buscan enraizarse [They seek to set roots] (2022- 2025). Esta última es una columna compuesta por una pila de piezas creadas con asfalto moldeado y que adopta forma de neumáticos de automóvil, como si la superficie de la carretera se hubiera fundido en ellos por el movimiento constante. De ellas surgen unas varillas salientes recubiertas de silicona que remiten a una práctica constructiva común en el sur de Europa y en América Latina, ya que suelen encontrarse en la parte superior de edificios sin terminar, en ocasiones inacabados por razones económicas, aunque siempre con la intención de completar la construcción en el futuro.
La pieza Somos contextuales y sentimentales y cuando el esqueleto axial decide hablar [We are contextual and sentimental & when the axial skeleton decides to speak] (2026) es una pieza que sintetiza el interés de la artista por la tensión entre la modernidad y los productos que se exportan. La obra representa una viga IPN con vidrios rotos, que señalan la fragilidad de este símbolo estructural moderno. ‘La viga aplasta un costal mientras que otro, situado encima, intenta sostenerlo. Esta escena condensa una metáfora sobre las dinámicas de producción, sostenibilidad y colapso que atraviesan nuestros sistemas económicos y materiales’, señala Salazar Rosales.
El recorrido continúa con una estructura de andamios concebida como una arquitectura en proceso. Una pieza que sitúa al visitante en un punto en el que el desplazamiento permanece abierto, dependiente de las decisiones de tránsito y de observación del espacio.
Al finalizar, en un espacio abierto se encuentra la obra ¿Qué esconde la ciudad en un abrazo? [What does the city hide in a hug?] (2023), en la que dos piezas industriales se sostienen mutuamente y cuya estructura recuerda la forma de una lágrima. Aquí la dureza del material contrasta con la forma entrelazada aportando un componente emocional. En su trabajo, la artista evoca a productos y los vínculos que estos generan con la arquitectura, entendiendo que estas no son sólo estructuras físicas creadas por los procesos económicos, sino formas de habitar y relacionarse con el espacio.
Travesías de una lágrima genera un paisaje expositivo donde cada obra aparece como una estructura que habita el espacio y lo activa. La visita a la muestra es una experiencia de tránsito, en la que no existe una trayectoria única sino intuitiva, donde la atención y el desplazamiento a través de un entramado de rejas, andamios, vigas, cascabeles y planchas, entre otros elementos, establecen una vivencia única para cada visitante.
















