El Neoclasicismo se debió a una reacción academicista antirrococó, que propugnaba un retorno a las formas plásticas de la antigüedad grecorromana. Fue fomentada por las teorías estéticas de Winckelmann y Lessing, por los hallazgos arqueológicos de Pompeya, Herculano y de la cultura etrusca, por las primeras publicaciones sobre los monumentos griegos y por el proselitismo de Piranesi y Milizia. Se inicia en Italia a mediados del siglo XVIII; se impone en Europa, se extiende a Rusia y América del Norte en tiempos de Napoleón (estilo Imperio) y persiste en diversas formas hasta mediados del siglo XIX. En la Arquitectura predominan la línea recta y una monumentalidad de sentido urbanístico. En la Escultura, el italiano Canova, el danés Thorwaldsen, el catalán Campeny y el francés Houdon intentan reproducir la estatuaria griega. Por su parte, en la Literatura, recordamos el italiano Foscolo y los españoles Menéndez Valdés y Cabanyes, cuyas obras contienen, no obstante, considerables gérmenes de romanticismo.
Y ahora una exposición en la prestigiosa sede milanesa enfoca Roma y Milán, capitales del Neoclasicismo, comisariada por Francesco Leone, Elena Lissoni y Fernando Mazzocca para proponer una amplia confrontación entre las dos capitales artísticas de la edad napoleónica, ambas proyectadas hacia la Europa moderna mas al tiempo fuertemente ligadas a la grandeza de la antigüedad.
De hecho, con más de un centenar de obras, entre pinturas, esculturas, mármoles, dibujos, grabados y extraordinarios ejemplos de arte decorativa, procedentes de importantes instituciones, además de numerosas colecciones privadas así como la de Intesa Sanpaolo, la cita revive una temporada extraordinaria de la cultura figurativa italiana y europea.
En el período entre 1796, año de la entrada de Napoleón en Italia, y 1814, que marca la caída del imperio, la península registra una profunda renovación política, económica y social. Y en esta fase, Roma y Milán se destacan como centros propulsores del arte y de la cultura. Roma, capital universal de las artes por la riqueza de su patrimonio antiguo y renacentista, sigue atrayendo artistas de toda Europa; Milán, convertida en capital antes de la República italiana y después del Reino de Italia, se afirma como taller de la modernidad y encrucijada del Neoclasicismo europeo. Los artistas reunidos alrededor de la Academia de Brera, las manifacturas artísticas y el activo mundo editorial contribuyen en la capital lombarda a un modelo de innovación y de diálogo con lo antiguo. Por su lado, Roma renueva el mito de la clasicidad, alcanzando el punto de referencia para la formación artística internacional.
Las dos capitales se entrelazan a través de diez secciones temáticas, redefiniendo los recorridos humanos y creativos de protagonistas como Antonio Canova, Giuseppe Bossi y Andrea Appiani. Entre las obras maestras, destaca el Caballo Colosal de Canova, monumental estatua de yeso pintado, como si fuera bronce, por el mismo escultor. Se trata de una obra, cuyo primer concepto se puede relacionar con el proyecto de un monumento ecuestre a Napoleón para ser colocado en el Foro Bonaparte, que acabó destinado para la ciudad de Nápoles... pero también esta vez, debido a la caída del emperador francés en 1814, el proyecto no se realizó y este Caballo Colosal se dedicó a un monumento al rey Carlos de Borbón, destruido durante la Segunda Guerra Mundial, mientras el de Fernando I permaneció intacto, posteriormente dividido en 200 fragmentos y que, ahora ya restaurado, se presenta magistralmente íntegro en la entrada de la cita milanesa.
Una amplia sección queda centrada en Giuseppe Bossi, teórico, pintor, coleccionista y fundador de la Pinacoteca de Brera, que junto con Antonio Canova contribuyeron a la construcción de la imagen ideal de la Italia moderna, digna heredera de la Antigüedad y protagonista de la Europa de las Artes.
Entre los capítulos más espectaculares evocados en este evento, se confirma el proyecto visionario del Foro Bonaparte, de Giovanni Antonio Antolini, nunca realizado pero pensado a marcar la urbanística de Milán y la coronación de rey de Italia en la Catedral de Milán, representada a través de la valiosa exhibición de los Honores de Italia: manto, corona, cetro y objetos ceremoniales restaurados a cargo de Intesa Sanpaolo.
Entre los retratos de Napoleón, destaca por su belleza el del rey de Italia, realizado por Andrea Appiani, otro protagonista de la Milán neoclásica con Canova y Bossi, como se ha podido apreciar en la exposición a él dedicada en el Palacio Real de la capital lombarda.
Y gracias a las puntuales comparaciones entre pintura, gráfica y artes decorativas, Eternidad y visión ofrece un universo artístico poco explorado, describiendo el surgir de una nueva idea de belleza, de nación y de modernidad.
Cabe recordar que la sede milanesa, unida a las de Turín, Nápoles y Vicenza forma parte del proyecto museal Galerías de Italia, guiado por su director general, Michele Coppola, para revelar los más completos ahondamientos en la historia del Arte.















