El pequeño pueblo de Viladrau se sitúa en el poniente de la provincia de Girona, limitando con la provincia de Barcelona.

Origen

Su término municipal abarca 52 km2 y tiene una población censada de aproximadamente 1170 habitantes, aunque en épocas turísticas puede casi triplicar el padrón. Su altimetría es muy variada, desde los 1698 metros de la cima del Matagalls (en el lado sur del término), hasta los 573 metros de la Riera Major, cerca del puente de Fàbregues (en el lado norte). El núcleo urbano del municipio se sitúa en el centro-este del término municipal, en un pequeño monte sobre la Riera Major, con grandes vistas al Matagalls y a todo su valle. En este pequeño cerro, se erigió en el siglo X una iglesia románica dedicada a San Martín, patrón del futuro pueblo de Viladrau. La iglesia se construyó en la cima de la colina, a 840 m de altitud. La primera noticia documentada que tenemos de la iglesia es del año 908 cuando los nobles Pere y su esposa Francoberta venden a los señores Argila y a su esposa Elisia unas tierras de regadío en la parroquia de Sant Martí.

El topónimo de Viladrau es posterior y no aparece hasta 1042, en una acta notarial con el nombre de Sant Martí de Vilaredral (topónimo que, con el paso de los años, terminará llamándose Viladrau). La parroquia de Sant Martí de Viladrau formaba parte del dominio feudal del castillo de Taradell. La antigua iglesia románica fue consagrada por el obispo Berenguer Sunifred de Lluçà en 1082. Alrededor de la iglesia románica se fueron construyendo algunas casas, alineadas con el camino de la capital comarcal Vic (al este) y el camino del pueblo de Arbúcies (al oeste), constituyendo la Sagrera, origen del pueblo medieval. El núcleo urbano se erigió en la intersección de estos dos caminos con el camino que conducía al monasterio de Sant Marçal (hacia el sur, remontando la montaña), dando lugar a una magnífica plaza medieval triangular, situada a unos 820 m de altitud. A pesar del crecimiento urbano del pueblo, en los últimos cien años, la Plaça Major, continúa siendo el centro neurálgico de la vida social y económica de Viladrau.

El Montseny i Viladrau

Casi la mitad del término municipal de Viladrau forma parte del Parque Natural Reserva de la Biosfera del Montseny. Desde la cima del Matagalls se originan varias rieras que, en el lado sur, acaban confluyendo y dando lugar a la Riera Major, que estructura la mayor parte de Viladrau, antes de desembocar en el río Ter (en la cola del embalse de Susqueda). La riqueza forestal, natural, biológica y ganadera de las tierras de Viladrau es enorme. En cambio, la agricultura siempre fue explotada de manera básica, dado que el terreno tiene grandes desniveles y predominan los bosques. Sus paisajes espectaculares y los rincones de gran belleza natural se ven favorecidos por un clima fresco en verano y seco en invierno. Un espacio privilegiado en que la naturaleza, la luz y la tranquilidad le confieren un espíritu bucólico. Viladrau es una representación general de las características naturales del Montseny Norte.

El monte presenta una gran diversidad de climas y paisajes, debido a su gradiente altitudinal, lo que permite la presencia de una amplia variedad de hábitats, desde encinares mediterráneos hasta especies boreoalpinas en las zonas más altas. El bosque de Viladrau conserva un gran número de briófitos y líquenes, con tres centenares de familias citadas. También son muy numerosas las especies de hongos, como todo el Montseny (se calcula que en todo el macizo puede haber unas cinco mil especies diferentes). En las partes altas y umbrías del Matagalls, hay flora vascular de conservación prioritaria. El Montseny actúa como una isla biogeográfica eurosiberiana en un entorno mediterráneo, con géneros y familias biológicas singulares que merecen especial protección.

Fauna

Casi toda la fauna del Montseny se encuentra en los montes de Viladrau. Más de cuatro mil especies de fauna invertebrada y dos centenares de vertebrados; respecto a los anfibios, hay que tener en cuenta que el 70% de las especies conocidas presentes en Catalunya se encuentran en el Montseny. En sus bosques podemos localizar dieciocho especies de réptiles autóctonos y ciento cuarenta especies de pájaros. El jabalí es el mamífero más famoso del Montseny, y en los últimos años se ha encontrado alguna evidencia de paso de algunos lobos solitarios. Pero el grupo de mamíferos más variado son los murciélagos, con más de cincuenta especies en todo el Montseny.

Ferias y Fiestas

La vida social de Viladrau se estructura en una gran cantidad de asociaciones locales, dedicadas a fines culturales, deportivos y sociales, y también, alrededor de ferias y fiestas, que atraen a muchos foráneos y a una nutrida colonia de residentes estivales. Entre los principales festejos destaca la Feria de la Castaña, el Baile de Brujas, la Fiesta Mayor, los “Esclops d’en Pau”, el festival de Música de Verano y el festival de Cortometrajes sobre medio ambiente y sostenibilidad.

La feria de la Castaña de Viladrau, que se celebra desde el año 1995, une cultura y naturaleza, y ha permitido la recuperación de un producto típico del Montseny. Hasta mediados del siglo XX, la castaña de Viladrau era la más valorada de las castañas que se comercializaban en Catalunya; castañas de color marrón brillante, dulces y fáciles de cocer. Durante la feria, los visitantes se sorprenden por la singularidad de sus productos artesanos y por el estallido de colores de los paisajes otoñales, además de la gastronomía y los espectáculos que llenan el pueblo.

Desde el año 1997, cada 31 de octubre, al caer la Noche de Todos los Santos, Viladrau conmemora uno de sus episodios históricos locales más trágicos. En 1617, un grupo de mujeres se reunió en un aquelarre en el monasterio viladrauense de Sant Segimon. Poco después hubo grandes tempestades, inundaciones, derrumbes de puentes y pérdida de gran parte de la cosecha. Estos hechos provocaron el pánico de los vecinos de Viladrau, que veían en las mujeres que practicaban con pócimas y hacían conjuros a las brujas responsables de los desastres, y se inició una verdadera caza de brujas. Entre los años 1618 y 1622, se persiguieron, juzgaron, torturaron y colgaron a catorce mujeres acusadas de ser brujas. No podían ser quemadas porque no eran procesos religiosos, sino amparados por la justicia civil.

Las brujas viladrauenses fueron acusadas de matar a niños, de dar bocio (enfermedad muy común entonces por la falta de yodo en la alimentación), de sacrificar ganado y de granizar para destruir las cosechas. Las mujeres acusadas de brujas, y colgadas en la horca, fueron: Antonia Rosquellas, Francesca Trèmol, Maria Joaneta, Lluïsa Estranya, Esperança Marigó, Margarida Puig, Margarida Xemenina, Beneta Noguera, Maria Puig, Elisabet Martí, Beneta Romeua, la Pentinada, la Rifana y la Vergès. El Baile de Brujas recuerda a estas mujeres, en un espectáculo teatralizado de música, danza, luz y fuego, que no os dejará indiferentes.

Els esclops d’en Pau (en español: los zuecos de Pau) es una fiesta muy arraigada en Viladrau. Se trata de un juego con tacos de madera que se pasan de unos usuarios a otros, dando un fuerte golpe en la mesa, a ritmo de una pegadiza canción. La tradición está ligada a Viernes Santo y se dice que el ruido de los tacos nos recuerda la tormenta de cuando Jesús murió en la cruz. Otros orígenes de la tradición explican que está ligada a los disturbios que hicieron los judíos cuando Jesús fue tomado prisionero, o a la creencia de que, haciendo ruido atronador, se asustaban los malos espíritus y las furias infernales que intentaban apoderarse del mundo aprovechando que Jesús, muerto, no podía hacerles frente. Sea como sea, alrededor de una mesa de madera, y siguiendo el ritmo de canciones, a menudo picarescas, se van pasando los tacos de madera, picando fuertemente sobre la mesa. Hay que estar prevenido de los cambios de ritmo de la canción, para no recibir un buen golpe en nuestra mano del taco del compañero.

Vida cultural

El pequeño pueblo de Viladrau siempre ha atraído a un gran número de intelectuales y prohombres de Barcelona y de toda Catalunya, hombres y mujeres que han pasado parte de su vida en Viladrau viviendo, pero también produciendo parte de su aporte cultural a Catalunya desde este pueblo de montaña. Entre ellos podemos destacar a Jaume Bofill i Salarich (fines siglo XVIII – inicio XIX), herbolario proveedor real del monarca español Fernando VII; Antoni Claret i Clarà (1807-1870), fundador del orden de los claretianos y canonizado santo en 1950; Antoni Ariet i Barberís (1872-1951), doctor y autor de la obra premiada por la real Academia de Medicina de Barcelona “Topografia mèdica de Viladrau”; Ramon d’Abadal i de Vinyals (1888-1970), historiador y político, corredactor del Estatuto de Catalunya; Marcos Redondo Valencia (1893-1976), barítono de reconocido prestigio; Jaume Ventura (1912-1985), famoso compositor de sardanas, zarzuelas y óperas; Salvador Millet i Bel (1912-1998), eminente economista; Alicia de Larrocha (1923-2009), pianista internacional; y Antoni Pladevall i Font (1934), historiador reputado.

Pero entre los intelectuales, han sido los literatos los que más han prodigado su estancia en Viladrau, generado parte de su obra a la sombra de los abetos y castaños centenarios del pueblo. Podemos destacar a Josep Carner (1884-1970), licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras, miembro de la sección filológica del Instituto de Estudios Catalanes, que pasó largas temporadas en el mas Rusquelles de Viladrau, junto con su amigo Guerau de Liost. También el poeta Felip Graugés i Camprodon (1899-1973) que prodigó parte de sus poemas a Viladrau, pueblo al que además le unía lazos familiares. Agustí Duran i Sanpere (1887-1975), licenciado en Letras, archivero, historiador y arqueólogo, que protegió los archivos históricos catalanes durante la Guerra Civil española, ocultándolos en diversas masías de Viladrau. Carles Ribas (1893-1959), vicepresidente de la Institución de las Letras Catalanas, que promovió la creación del grupo poético que se estableció en Viladrau antes y durante la Guerra Civil. Marià Manent (1898-1989), políglota, notable escritor, traductor y crítico de poesía, que escribió “El vel de Maia”, premio literario Josep Pla de 1974. Enric Larruela (1941), filólogo, escritor e ilustrador, autor de “Darrera nostre un riu de flors trencades”.

Hoy en día, cantidad de escritores y poetas, pintores, historiadores, músicos y críticos de arte pasan sus vacaciones estivales y los fines de semana en Viladrau, mientras que un número cada vez mayor se asienta e inicia una segunda vida en el pueblo, donde continúan con sus quehaceres culturales más allá de la estruendosa ciudad.

Guerau de Liost

Jaume Bofill i Mates (Olot, 1878 – Barcelona, 1933) estudió Derecho y Letras en la Universidad de Barcelona. Destacó en el periodismo y la política, pero su gran obra cultural es poética. Pasó su vida entre Barcelona y Viladrau, donde tenía familia en "ca l’Herbolari", más Nogué y la masía de la Vila. Vivió largas temporadas en más Rusquelles de Viladrau, donde lo venía a visitar su amigo Josep Carner, quien le puso el seudónimo poético de Guerau de Liost, señor del Montseny. Este título honorífico reflejaba el afecto que tuvo por el medievalismo y las tradiciones. En la vida de Guerau de Liost, más Rusquelles se convirtió en un potente centro poético catalán, por donde desfilaban los mejores poetas del país. En Viladrau la herencia poética de Guerau de Liost la encontramos en sus versos cincelados de las fuentes y en la memoria colectiva de la población. Su obra más importante de Viladrau es “La muntanya d’ametistes” (1908). Su poesía ha sido definida como comprometida con su tiempo, con el pueblo, con el amor y con la naturaleza. Sin Viladrau, la obra poética de Guerau de Liost hubiera sido huérfana e insípida. Sus obras poéticas completas, acompañadas de las prosas literarias más importantes, fueron publicadas en 1948, tras su muerte en 1933.

En su vertiente política, Jaume Bofill i Mates fue cofundador del Partido Catalanista Republicano, concejal del ayuntamiento de Barcelona, diputado de la Mancomunitat de Catalunya (1919) y diputado en las Cortes Españolas (1932).

Las fuentes

Las fuentes, con toda la naturaleza que las rodea, son el gran patrimonio natural de Viladrau. En Viladrau hemos contabilizado alrededor de doscientas fuentes. Son fuentes muy variadas. Durante años las hemos visitado, hemos intentado comprender el lugar donde estaban emplazadas, las historias que hay detrás de cada manantial, hemos estudiado su estado, la forma de llegar a ellas y las leyendas de cada fuente. Una fuente representa poner el agua al alcance de todos. Significa la democratización de un recurso imprescindible para la vida. Pero a la vez, las fuentes de Viladrau te pueden hablar, te llenan de alegría, de virtud y de sensatez. En la cultura antigua, las fuentes eran lugares sagrados y espacios de salud. Esta bondad de las aguas era creadora de mitos ligados a sus orígenes. Hay surgencias naturales entre las rocas que son nacimientos de pequeñas rías. Gran cantidad de las fuentes de Viladrau están acompañadas de dulces poemas cincelados en grandes piedras, como el que podemos leer en la fuente de Gomara, poema de Francisco de Febrer, que nos habla de Viladrau:

¿No l’heu vist, per vostra ditxa,
el poblet de Viladrau,
humil entre les arbredes,
de frondosa i gerda vall?

Que me arriesgo a traducir como:

¿No lo habéis visto, por vuestra buenaventura,
el pueblecito de Viladrau,
humilde entre las arboledas,
de frondoso y fresco valle?

Entre los dos centenares de fuentes de Viladrau, mis favoritas son las fuentes de: Plaça Major, Germana Josefa, Montserrat, Jacinta, Miquel, Ferro, Ferro de la Sala, Paitides, Noi Gran, Enamorats, Nova, Oreneta, Castanyer, Puigtorrat, Delícies, Gomara, Cassola, Fontalegre, Faig, Vilarmau, Aranyó, Palomeres, Vern, Beguda, Teula, Teula de Puigdot, Tres Roses, Arimany, Cortils, Felip Garugés, Atlàntida, Llops, Mosquits, Collpregon, Rupitosa, Cristall, Matagalls, Escot, Cims, Mossèn Cinto, Manlleuencs, Clareta, Freda, Sant Miquel dels Sants, Or, can Bosch, Molins, Avellaners, Pescadors, Isard, Bundosa, Noguera, Guineu...

Conclusión

Viladrau es un pequeño pueblo situado en el Parque Natural del Montseny, imposible de describir en menos de las dos mil quinientas palabras de este artículo. Varios libros han intentado sintetizar las características de este pueblo de montaña, reseñando sus bellezas naturales, sus impresionantes paisajes, la importancia de su entorno medioambiental, sus encantadoras fuentes… pero también toda la historia que atesora, con el bandido Serrallonga como protagonista; sin olvidar su potente vida cultural y asociativa actual, no solo entre sus vecinos empadronados, sino también entre aquellos ciudadanos de la gran ciudad que pasan largas temporadas en sus residencias de Viladrau. Por eso, lo mejor para poder comprender y disfrutar de este pueblo es pasar unos días instalados en uno de sus encantadores hoteles y hostales, viviendo la naturaleza y las relaciones humanas que se desarrollan alrededor de su Plaça Major. Yo llevo 56 años de mi vida gozando de Viladrau, y lo recomiendo a mis amigos, aquellos que sepan recrearse en sus bosques, sus riachuelos y sus prados, en las buenas costumbres, que respeten la vida social y cultural del pueblo, que valoren la existencia de esta sencilla aldea del Montseny, de la que tanto podemos aprender.

Bibliografía

Farrerons, Oscar. (2020). Romànic i Montseny. Terrassa: Omniabooks.
Farrerons, Oscar. (2021). Històries del Montseny. Cassà de la Selva: editorial Gavarres.
Farrerons, Oscar. (2024). El Montseny, reserva de la biosfera histórica.
Feliu, Margarida; et al. (1993). Viladrau. Quaderns de la revista de Girona. Edita: Diputació de Girona, Caixa de Girona.