Era inicios de noviembre, un mes que comienza recordando en varios países a quienes ya no nos acompañan en la Tierra; en Ecuador se lo conoce como Día de los Difuntos. Sin embargo, también estas fechas se usan para viajar en familia o con amigos. En mi caso, sabía que hacía mucho, no hacía un viaje con mi corta familia: mi mamá y mi hermana.

La playa no era una opción por lo saturada que suele estar, además de que el clima no era el apropiado. Era época de frío y el agua helada no sonaba como un buen plan. Con ayuda de mi fiel amigo ChatGPT, pregunté por destinos en la Sierra que estuvieran cerca. Entre los lugares que me recomendó estaba Guaranda, una ciudad ubicada a unas cuatro horas de Guayaquil (mi ciudad de residencia). No nos pareció tan lejos y en menos de una hora ya habíamos decidido que ese sería nuestro destino: la ciudad de las siete colinas.

Llegamos alrededor de las 11:00. Esta ciudad tiene una altitud de 2.668 msnm y un clima fresco, de entre 12° y 13°, una temperatura aceptable para mí, que estoy acostumbrada a lidiar con el frío extremo en mi oficina. No fue lo mismo para mi familia, que desde que llegamos se envolvió en abrigos gruesos.

La ciudad nos recibió con un sol radiante y una brisa que no nos dejaba olvidar que estábamos en la Sierra. El paisaje era colonial, con calles empedradas y paredes pintadas con diferentes escenas, incluso con fragmentos de canciones. Lo supe porque mi mamá empezó a cantarlas.

Las casas con tejados, el parque central, la iglesia, los muchos locales comerciales, los adornos en las calles con banderines o luces… aunque de día no eran notorios, podía imaginarlos encendidos. Mis ojos creo que ni parpadeaban. Estaba tan emocionada de estar ahí que no sabía hacia dónde mirar.

El primer local al que entré fue uno de zapatos. Vendían alpargatas, un tipo de calzado típico de la Sierra. En toda mi vida he tenido dos pares y sí, tuve la intención de comprarme un nuevo par, pero mi presupuesto estaba ajustado y pensé que si buscaba en otros locales quizá las encontraría a mejor precio.

El Centro Histórico de Guaranda fue declarado “Bien perteneciente al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC)” el 23 de octubre de 1997. Eso significa que, al caminar por sus calles, sabía que estaba recorriendo uno de los lugares más bonitos de mi país y, más que eso, un lugar cálido, de gente amable y con un bagaje cultural impresionante.

Uno de los postres típicos es el pan con higo y queso. Es como un sánduche de queso al que le agregan un dulce caliente de higo. Delicioso y solo costó 1 dólar. Lo comí mientras seguíamos recorriendo las calles, con nuestras maletas a cuestas, buscando un hotel.

Algo que me llamó la atención fue la poca presencia policial y la confianza de los comerciantes al dejar sus locales prácticamente vacíos. Por ejemplo, quise comprar manzanas —las de la Sierra son diferentes a las de la Costa, y mis preferidas—, pero no supimos dónde estaba el o la vendedora.

Luego volví a un local de zapatos y también estaba sin vendedor. Un ciudadano nos comentó que en Guaranda no hay delincuencia y todos trabajan con confianza, por eso pueden darse el lujo de dejar sus locales solos. Esto me sorprendió mucho, porque en mi ciudad eso sería impensable.

Con ayuda de Google Maps encontramos un hotel modesto. No era lujoso, pero era justo lo que necesitábamos. Otra cosa que nos sorprendió fue lo económico del hospedaje. Teníamos una vista muy bonita y estábamos dentro del Centro Histórico.

Lo siguiente era almorzar. Para nosotros, la mejor comida siempre está en los mercados, y esta vez no fue la excepción. Fuimos por hornado de cerdo y lo encontramos. Nos dimos por bien servidas y seguimos explorando esta linda ciudad.

Guaranda es conocida como “La ciudad de las siete colinas” porque está rodeada de siete colinas o cerros. Desde algunas de ellas se puede observar toda la ciudad. Nosotras fuimos a dos. El primero fue el Mirador Cruz Loma, donde hay un monumento al Indio Guaranga, además de un pequeño bosque con figuras de duendes.

En este lugar se sentía mucho frío, pero por alguna razón yo quería esa sensación de congelarme un poco. No tenía abrigo y a ratos hacía gala de mi resistencia al clima. La verdad es que sí me sentía a gusto. Había mucho viento, y desde ahí todo se veía diminuto. Realmente sentía que respiraba calma, paz y aire limpio.

De inmediato fuimos al segundo mirador: La Colina San Jacinto, donde se encuentra el Museo del Carnaval de Guaranda. Este lugar cuenta la historia del carnaval de la ciudad, que es muy conocido a nivel nacional por la alegría de sus comparsas, desfiles, música y varios días seguidos de celebración.

Vale decir que el Carnaval de Guaranda también es Patrimonio Cultural del Ecuador como bien intangible. Su origen es ancestral, mezcla lo moderno con lo colonial y tiene profundidad cultural. No es una fiesta de un solo día; se lleva a cabo durante varios días e incluye carros alegóricos, música y muchas tradiciones. La ciudad literalmente se llena de vida y requiere bastante preparación antes de su inauguración.

Esta celebración no solo trata de arrojarse agua, como suele ocurrir en otras ciudades del país. En Guaranda es una experiencia cultural completa, donde sí hay agua, pero también una muestra viva de su identidad.

Después de los miradores, volvimos a la ciudad para comer algo más. Esta vez optamos por pizza. En Guaranda se produce el mejor queso del Ecuador, así que les aseguro que probé una pizza deliciosa de piña, por supuesto.

Una ligera llovizna me hizo, al fin, comprar un abrigo. Seguía desafiando al clima. Entré a un local y conseguí uno por solo 5 dólares. No podía creer lo barato que era. Elegí uno negro con capucha, me lo puse y estuve lista para seguir caminando. Pero el cansancio y la lluvia nos hicieron volver al hotel.

En nuestra habitación había un televisor de esos antiguos, de caja, con pantalla curva y botones gruesos al frente. Era como una cápsula del tiempo. Al verlo, sentí un golpe suave de melancolía, porque una vez también tuve uno igual en casa. Me recordó esos años en los que la vida era tan sencilla, cuando mi única preocupación era tener listo el VHS para grabar una película de Disney o no perderme mi serie favorita del momento. A veces lo vintage no solo decora, también despierta memorias que pensabas olvidadas.

Me quedé sentada en la silla, observando desde la ventana los carros pasar. A ratos, parejas, familias o personas solas caminaban en dirección al parque. Tenía ganas de salir, pero la lluvia no lo permitió, y me conformé con esa vista tranquila, que ya de por sí era bastante.

Dormí con bastante frío, pero las sábanas hicieron su trabajo. Amaneció, y emprendimos el regreso a casa. Estos viajes, aunque cortos, me hacen tanto bien. Me ayudan a disipar el estrés, a renovar el ánimo, a tener nuevos sueños, a expandir mis ideas y, sobre todo, a conocer lugares nuevos.

Guaranda es paz, luz y colores vibrantes, comercio y comida deliciosa. Sus habitantes son afortunados. Sé que también deben tener sus luchas, como todos en nuestro querido país: corrupción, injusticias sociales, mal servicio de salud y otros problemas estructurales. Pero, a pesar de todo eso, esta ciudad se mantiene en pie, ofreciendo lo mejor para propios y extraños.

Me quedo con el recuerdo de una ciudad tranquila y de todas las veces que nos perdimos buscando el hotel. Me quedo con haber visto sonreír a mis dos personas favoritas mientras se quejaban del frío, porque son costeñas de cepa y no lo toleran. Prometí que regresaría pronto.

Si eres de Ecuador y estás buscando un destino bonito, económico y seguro, puedes estar seguro de que Guaranda es una excelente elección. Que vivan estos rincones mágicos donde el tiempo se detiene y puedes volver a empezar.