Aitor Gallego
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Aitor Gallego

Desde que tengo uso de razón, el cine forma parte de mi vida. Me ha acompañado siempre y lo sigue haciendo hasta el día de hoy. Los primeros recuerdos que tengo como experiencia en el cine eran las primeras veces que mis padres me llevaron a una sala de cine como parte del ocio familiar, era tan pequeño que no era consciente de que ese acto terminaría siendo capital en mi vida posterior.

Ir al cine es como un ritual, que se puede hacer solo o en compañía, a oscuras, mientras esperas la historia que procede de la gran pantalla. Un lugar de encuentro en el que nos reunimos seres con algo en común, una colectividad invitada a salir de la butaca y dejarse llevar a otros destinos, a otros mundos o a otras vidas; porque en ciertos momentos el cine es preferible a lo que te ofrece la realidad. En aquellas primeras veces en las que acudía, seguía sin ser consciente de que se me había inoculado el amor al séptimo arte. Me sentía igual que Salvatore, el niño protagonista de Cinema Paradiso, subyugado y asombrado por las imágenes en movimiento.

Fue mucho tiempo después cuando empecé a darme cuenta de que yo también quería ser parte de ello; no me bastaba con que otros me contaran su historia, yo quería estar dentro, ser partícipe, aportar mi grano de arena al mundo del séptimo arte. Mi primer paso hacia ese camino, ya en plena adolescencia, fue hacer crónicas, críticas y reseñas en un blog sobre las diferentes películas que iba viendo. Escribía y daba mi opinión para así contagiar a otros mi pasión.

Cuando llegó el momento decisivo de elegir los estudios universitarios, estaba claro que el cine debía estar en mis proyectos de futuro. Así que, después de tomar esa decisión, y después de cuatro años de carrera universitaria, aquí estoy, licenciado en Comunicación Audiovisual, dando otro paso más para conocer cómo es ese mundo que tan buenos y felices momentos me ha dado.

Como he dejado claro en este texto, el cine es mi pasión, y ya sea desde dentro como creador, o desde fuera como espectador, quiero estar presente e implicarme lo máximo posible con eso que ha estado acompañándome y que tan buenos momentos me ha hecho pasar, que me ha sacado más de una sonrisa, una lágrima, me ha emocionado, incomodado, asustado o divertido a partes iguales.

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