Mientras caminábamos por el sendero del bosque tropical húmedo, me detuve para señalar las impresionantes capas de vegetación que nos rodeaban.

“Este ecosistema es uno de los más biodiversos del planeta”, comencé a explicar. “Aquí conviven miles de especies de plantas, animales e insectos, muchas de las cuales no se encuentran en ningún otro lugar del mundo”.

Observé cómo sus ojos se iluminaban al ver las coloridas orquídeas y escuchar el canto de los pájaros.

“La humedad y la temperatura constante crean un ambiente ideal para el crecimiento de árboles gigantescos como la ceiba y el almendro, que pueden alcanzar alturas impresionantes y albergar una variedad de vida en sus ramas. Además, el suelo aquí es rico en nutrientes, pero también muy frágil; cada paso que damos puede afectar este delicado equilibrio”.

Mientras continuábamos nuestro recorrido, los animé a prestar atención a los sonidos y olores únicos del bosque, recordándoles que cada rincón de este lugar tiene una historia que contar.

Como su nombre lo indica, los bosques tropicales son ecosistemas forestales ubicados entre el Trópico de Capricornio y el Trópico de Cáncer, en países de Sudamérica, África y el sudoeste de Asia.

Este tipo de bosques tienen una temperatura promedio entre los 20 y 25 grados centígrados, reciben iluminación solar durante todo el año y lluvias frecuentes en la mayoría de sus territorios, lo que permite el crecimiento de una gran diversidad de especies de árboles, arbustos, lianas y epífitas (plantas que cuelgan de la corteza y las ramas de los árboles), que ocupan los espacios disponibles, en una competencia desenfrenada por recursos esenciales (luz, agua y nutrientes).

En este escenario también habitan animales tales como el mono aullador (Alouatta palliata) y el mono araña (Ateles geoffroyi), comunes en este hábitat; felinos como el puma (Puma concolor) y el jaguar (Panthera onca), que son dos de los grandes felinos habitantes en estos bosques, junto con el ocelote (Leopardus pardalis); reptiles y anfibios, como la ranita ojos rojos (Agalychnis callidryas) y la iguana verde (Iguana iguana) son ejemplos de la fauna que se puede encontrar, así como serpientes venenosas como la terciopelo (Bothrops asper), barba amarilla, rabo amarillo, mapaná, o “fer-de-lance” (punta de lanza en francés); y diversos insectos como hormigas y mariposas.

Y a propósito de hormigas, la hormiga bala, conocida científicamente como Paraponera clavata, es un insecto que, si bien es emblemático de los bosques tropicales húmedos de Costa Rica, se distribuye en los bosques tropicales húmedos de América Central y de los bosques amazónicos. Esta especie, también llamada tocantera, es conocida por la intensidad de su picadura, que se considera una de las más dolorosas del mundo, comparable al disparo de una bala. Su dolor es aproximadamente 30 veces más intenso que el de una picadura de avispa o abeja.

También diversas especies de aves son residentes permanentes o visitantes temporales de estos bosques, como las coloridas guacamayas o lapas (la más conocida lapa roja, Ara macao, y la lapa verde, Ara ambiguus, en peligro de extinción), sumadas a los encantadores tucanes, con sus fascinantes y coloridas plumas, conocidos por sus grandes picos vibrantes y por ser un símbolo de la biodiversidad del Neotrópico en Costa Rica, como el tucán pico iris (Ramphastos sulfuratus) y el tucán pico castaño (Ramphastos ambiguus). No dejamos de mencionar el majestuoso Quetzal (Pharomachrus mocinno), cuyo plumaje vibrante combina tonos de verde, rojo y azul, y es considerado un símbolo de belleza y libertad en muchas culturas de América Central.

Todo el grupo disfrutaba del ambiente de tranquilidad y quietud, cuando de repente escuchamos aullidos intensos de los monos aulladores, que percibían nuestra presencia como una amenaza.

Esta especie de monos aulladores utiliza sus vocalizaciones para advertir a otros miembros de su grupo sobre la presencia de depredadores o amenazas inminentes. Si sienten que hay un peligro cercano, como la aproximación de un jaguar o un ser humano, comienzan a aullar intensamente para alertar a los demás. Estos aullidos son una parte fundamental de su comunicación y pueden tener diferentes significados dependiendo del contexto. También pueden ser una forma de marcar y defender su territorio. Cuando un grupo de monos aulladores percibe la entrada de otro grupo en su área, pueden aumentar la intensidad de sus aullidos para mostrar que están dispuestos a defender su espacio.

Estos bosques tropicales ocupan el seis por ciento del territorio global, un kilómetro cuadrado de este tipo de bosques puede tener más de 100 especies arbóreas diferentes y sus territorios representan alrededor del 80 por ciento de las especies documentadas en el mundo.

El bosque tropical se caracteriza por tener temperaturas altas y constantes durante todo el año (que oscilan entre los 20 y 35 grados centígrados), tener un clima muy húmedo (como el que aquí se siente y debido a las abundantes lluvias) y presentar árboles muy altos, con fuertes troncos con gambas o aletas triangulares en su base y muchas enredaderas alrededor del tronco. El conjunto es nicho de diversas formas de vida.

Pero no hay un solo tipo de bosque tropical. Existen diferentes tipos, tales como el bosque tropical lluvioso, sin estaciones secas y con precipitaciones de más de 2500 milímetros anuales, que ocupa alrededor de 24 millones de hectáreas de los países subtropicales y tropicales; el bosque tropical húmedo caducifolio, con precipitaciones anuales de 1000 a 2000 milímetros, que varían mucho dependiendo de la cantidad de lluvia y la temperatura a lo largo del año; los bosques tropicales secos y semi-secos en áreas con precipitaciones de 500 a 1.000 mm anuales que, a pesar de tener períodos de sequía mucho mayores a los tipos de bosques anteriores, tienen una biodiversidad abundante en especies nativas.

También hay formaciones de bosques tropicales en tierras altas, que generalmente se encuentran en elevaciones de 800 metros sobre el nivel del mar o más. En América Latina, los bosques tropicales de tierras altas más reconocidos están en la Cordillera de los Andes, también conocidos como bosques Andinos.

Las especies arbóreas en todos estos bosques se clasifican según su comportamiento en relación con la intensidad de luz que reciban sus copas y la secuencia de aparición temporal. Tales conjuntos de especies son conocidos como grupos o gremios ecológicos de las especies del bosque tropical y son básicamente cinco grupos:

  • Heliófitas efímeras (las especies llamadas pioneras);

  • Heliófitas Durables de Crecimiento Rápido (las especies llamadas secundarias tempranas);

  • Heliófitas durables de crecimiento regular (las especies llamadas secundarias tardías);

  • Esciófitas parciales (las especies llamadas primarias); y Esciófitas totales (las especies también llamadas primarias).

A la mitad del recorrido hicimos un descanso, utilizado para beber agua que llevábamos en nuestras mochilas.

En un momento, un integrante del grupo dijo: “Escuché que la alta biodiversidad de estos bosques es esencial para el equilibrio ecológico y proporciona recursos valiosos para la medicina, la alimentación y otros usos humanos ¿Cómo es esto?”

A lo que respondí: “En varias formas, estos bosques son fundamentales en la regulación del clima global. Actúan como sumideros de carbono atmosférico, ayudando a mitigar el cambio climático al absorber dióxido de carbono y liberar oxígeno. Además, contribuyen a la regulación del ciclo del agua, promoviendo la evapotranspiración y la recarga de acuíferos, favorecen la conservación del suelo al protegerlo de la erosión y mantener su fertilidad al producir materia orgánica. Esto es crucial para la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria.

Además, estos ecosistemas son fuentes abundantes de recursos naturales, como maderas preciosas, resinas, colorantes y fibras naturales. También proporcionan ingredientes para la medicina tradicional y son importantes para la economía local y global. Pero a pesar de su importancia, los bosques tropicales enfrentan graves amenazas, como la deforestación, la tala ilegal, la expansión agrícola y pecuaria y también la minería aurífera ilegal”.

La cobertura forestal en América Latina ha experimentado una notable disminución a lo largo de las décadas.

En 1950, la región contaba con aproximadamente 1,2 mil millones de hectáreas de bosques, cifra que se redujo a alrededor de 800 millones de hectáreas para el año 2020. Esto representó una pérdida significativa de 400 millones de hectáreas en un periodo de 70 años.

En 2022, se reportó una pérdida de 4,1 millones de hectáreas de bosques primarios, equivalente a la superficie de Suiza. Brasil, en particular, ha sido uno de los países más afectados, con un aumento en la deforestación debido a las políticas y a los incendios forestales que han facilitado la pérdida de cobertura arbórea.

En conclusión, los bosques tropicales húmedos son esenciales para la vida en la Tierra. Su conservación y manejo sostenible son cruciales para enfrentar los desafíos ambientales actuales y futuros.

Como reguladores del cambio climático, los bosques tropicales influyen en el ciclo natural del carbono en la atmósfera, porque capturan el carbono mediante la fotosíntesis y lo almacenan con rapidez convirtiéndolo en biomasa. Al mismo tiempo, liberan carbono durante la respiración (en forma de dióxido de carbono) y en la descomposición de plantas.

Además, exportan materia orgánica hacia las capas freáticas profundas o hacia los ecosistemas oceánicos según la FAO y diversos autores. También se ha reconocido la importante labor en la regulación de ciclos vitales como el ciclo de nutrientes y ciclo del agua y otros beneficios tales como el control de erosión, la belleza escénica, alimentos fármacos, etcétera.

Los bosques tropicales húmedos enfrentan varias amenazas que ponen en peligro su existencia y funcionamiento.

La principal amenaza es la deforestación seguida de la conversión de áreas forestales en tierras agrícolas, pastizales o asentamientos humanos. La expansión de la agricultura, especialmente para cultivos de exportación (café, banano, piña y aceite de palma) ha sido una de las principales causas de deforestación en los trópicos. Esto ha causado la fragmentación de los bosques en territorios más pequeños debido a la construcción de carreteras, la expansión urbana y la creación de áreas agrícolas, dificultando el movimiento de las especies y reduciendo la conectividad entre diferentes áreas, lo que conlleva a la pérdida de biodiversidad.

El estado actual en los bosques tropicales es crítico, las tasas de deforestación son preocupantes.

La protección de estos ecosistemas es importante no solo para la biodiversidad, sino también para la estabilidad climática y el bienestar humano.

Los ecosistemas forestales tropicales intervienen en el ciclo natural del carbono en la atmósfera, dado que capturan carbono mediante la fotosíntesis y lo almacenan en la biomasa forestal o en el suelo, aunque también liberan dióxido de carbono durante la respiración y por la descomposición de plantas.

Además, envían materia orgánica hacia las capas freáticas profundas. En otra manera, pueden ayudar a reducir las emisiones cuando sus productos se utilizan para disminuir el uso de combustibles fósiles o para fabricar productos para la construcción que reemplazan a otros, como el acero, que para su fabricación utilizan energía y generan emisiones.

Los bosques tropicales a nivel mundial son significativos para la regulación del clima, para la conservación de la biodiversidad cuantiosa que vive en los mismos y para el apoyo de las comunidades que los habitan.

La conservación de estos bosques con acciones tales como evitar la deforestación, que genera madera y uso de productos de madera de larga duración, que sustituye otros productos cuya fabricación genera muchas emisiones de gases con efecto invernadero, es de vital importancia.

Cuando finalizamos el recorrido del sendero de dos kilómetros, los visitantes expresaron que la experiencia les provocó una variedad de emociones y sensaciones, y se sintieron asombrados por la belleza natural del entorno.

La diversidad de flora y fauna, los colores vibrantes de las plantas, y los sonidos de la naturaleza les habían creado una atmósfera mágica. Y, a pesar de que sentían una mezcla de fatiga física y satisfacción, (la actividad es exigente debido a la humedad y el terreno irregular) el hecho de alcanzar el final del sendero les dio una sensación de logro.

La curiosidad y aprendizaje, las impresiones sensoriales como sonidos (el canto de las aves, el murmullo de los pequeños cursos de agua y el crujir de las hojas bajo los pies) contribuyen a una experiencia sensorial rica, junto a los olores del suelo húmedo, las flores y la vegetación, que crean un aroma único que muchos encuentran refrescante.

La temperatura y la humedad del ambiente hacen que los visitantes se sientan cálidos o incluso sudorosos, pero también hay momentos refrescantes bajo la sombra del dosel de los árboles.

En resumen, un grupo de visitantes que recorre un sendero de dos kilómetros en un bosque tropical húmedo experimenta una combinación única de asombro, conexión con la naturaleza, fatiga satisfactoria, curiosidad por aprender y momentos de reflexión personal.

Esta experiencia no solo es enriquecedora desde el punto de vista físico, sino también emocional y espiritual.