En algún momento de la conversación, T. habla algo del pis, las mujeres y el conurbano, como algo que compete a todo el territorio. J. de La Plata no tenía idea, y yo, Lomas de Zamora, jamás había escuchado nada.

La reacción fue la misma de ambas partes: ella porque pensó que nosotras sabíamos, nosotras porque no teníamos idea de lo que estaba hablando.

¿No ven bidones de pis en las puertas de las casas? Pero entonces ¿las mujeres no donan el pis? – Bueno, en Laferrere sí.

El Laboratorio Biomás (es al que la mamá de T. dona, no sé si habrá otros) reparte bidones de cinco litros a las donantes. Una vez hace unos años, le tocan la puerta un grupo de mujeres con guardapolvos blancos: buscaban donantes de orina para tratamientos de fertilidad. Los requisitos eran que sólo donaran mujeres que estén atravesando la menopausia. A ellas les entregan un bidón de tapa azul. Parece que hay otro color de tapa que imagino que es para el otro análisis, por ende, el otro tipo de donante: mujeres embarazadas. T. siempre pensó que la orina se usaba para productos de belleza y maquillaje.

El laboratorio pasa tres veces por semana y una vez al mes te dejan un regalo en forma de agradecimiento. A la mamá de T. algunas veces le tocan el timbre, otras veces se lo dejan en la puerta. La última vez le trajeron dos toallas de mano, pero varían: este año le regalaron una fuente, una ensaladera, un juego de vasos, otro de cucharones, cuatro tazas, cubiertos.

T. tiene varios regalos en su casa, por ejemplo, su mejor cuchillo. Con Biomás me hice la casa.

Revuelo mediático

No encontré datos exactos que indiquen desde cuándo recolectan estas donaciones. Si le preguntás al ChatGPT, te va a decir que por lo menos desde el 2014. Pero buscando un poco más en internet, en el año 2004 hubo un boom de notas que hablan sobre este tema. La Nación, Infobae, La Capital, La voz de Zárate. Hasta Chiche tiene una nota bastante amarillista –para sorpresa de nadie– que trasmitió en su programa. Innecesario mostrar a las mujeres orinando en baños que ni la peor estación de servicio tiene, pero es entendible cuando uno recuerda que el morbo reinaba en aquellas épocas televisivas.

Ninguna de las notas aclara algo. Me pregunto qué habrá pasado ese año para que todos estos medios levanten el tema, hagan un poco de ruido y vuelvan al silencio absoluto.

La línea de las notas publicadas es señalar la forma en que suman mujeres para donar, que se disfrazan de ser un acto altruista cuando se aprovechan de sectores vulnerables para no pagarles por ese intercambio. Mucho más grave si aquello que extraen se vende en productos de maquillaje o es parte de tratamientos millonarios de fertilidad.

Marco legal

En Argentina no pueden venderse fluidos o material orgánico, es por eso que estas transacciones se enmarcan en “donaciones”. Donación de órganos, donación de esperma, de óvulos. Sin embargo, hay diferencias: la orina no puede venderse. Esperma y óvulos no pueden venderse en el mercado abierto. El pago no es por el material orgánico, sino por el tiempo invertido, por los estudios médicos, tratamientos hormonales, etc. Es decir, un pago simbólico.

En el caso de la orina no contiene material genético. De todas formas, según la ley, una vez que se extrae lo que se necesita y se transforma en algo nuevo, el donante ya no tiene poder sobre sus fluidos. Es decir, una vez que se extrae la gonadotropina (hormona para tratamientos de fertilización asistida) y se convierte en un principio activo farmacéutico, quien donó pierde su derecho patrimonial. No puede reclamar ningún beneficio de una industria que la levanta en pala. ¿Qué pasa cuando la donación es altruista (no dudo de la generosidad del pueblo), pero su cadena de producción no lo es? Si vamos a donar, donemos y que esos tratamientos lleguen a todos. O pagan a las donantes tres veces más por la hormona fundamental que se necesita para los tratamientos. Claro que nos llevaría a otros problemas, pero ¿cuándo estamos libres de ellos?

¿De una misma orina se puede extraer esta hormona y, por ejemplo, la urea que es parte fundamental de productos de maquillaje? La ANMAT exige dos cadenas separadas para extraer cada una por separado. Sin embargo, la urea se extrae por síntesis química desde hace un siglo. No es imposible extraerlo por muestra de orina, pero sí es inviable para la industria cosmética: es mucho más barato y menos riesgoso en cuanto a contaminaciones biológicas. Así que habrá que poner en duda el rumor que compartió T. y que planteamos al comienzo de este artículo.

Negocio en expansión

En el año 2023, Biomás pasó a ser parte de Ferring B. V., una compañía biofarmacéutica suiza. Dicha multinacional se ha especializado en salud reproductiva, salud materna, gastroenterología y urología. También es líder en tratamientos para la fertilidad y el embarazo. En los últimos años no sólo adquirió Biomás, sino también otras empresas locales como Massone y Dupomar.

No es casualidad su expansión en Argentina, ya que en nuestro territorio hay vacíos regulatorios, el costo operativo es menor y hay más poblaciones vulnerables dispuestas a recibir un pago para nada acorde a lo que realmente después levantan. ¿Por qué no hacerlo en Suiza? Bueno, hay una prohibición explícita de comercialización del cuerpo humano y sus componentes, existe una regulación estricta del uso de tejidos y hay una fuerte presencia estatal en cuanto a transparencia y consentimiento.

Eso sí, acá y allá el acceso para un tratamiento de fertilización asistida es muy costoso.

Año 2013

Bajo el gobierno de Cristina, se sancionó una ley llamada Reproducción Médicamente Asistida (también conocida como Ley de Fertilización Asistida) y tiene como objetivo garantizar el acceso a dichos tratamientos que incluyen un número de intentos de baja y alta complejidad. Lo que dicen las obras sociales es que la redacción es ambigua: ¿estas cantidades son por año o de por vida? Bueno, ellas dicen que son tres intentos y chau. Y es así como los amparos se acumulan. Fallan a favor de quien pide la asistencia, pero tarda.

Mientras tanto, los camiones levantan bidones tres veces por semana por La Matanza, Lomas de Zamora, Florencio Varela, Almirante Brown, Quilmes, Moreno, José C. Paz. Desde hace un par de años, también llegaron a Corrientes, Entre Ríos, Mendoza, Misiones, Salta, San Juan y Jujuy.

La discusión es urgente

En Argentina, aunque la ley prohíbe la venta directa del cuerpo, permite donaciones que luego alimentan cadenas farmacéuticas altamente rentables, sin que las personas donantes conserven derechos sobre el destino económico de ese material. Esta distinción legal evita la mercantilización explícita, pero deja sin resolver una paradoja central: el cuerpo no se vende, aunque sí puede convertirse en insumo clave de un mercado que factura millones, muchas veces a partir de donaciones provenientes de sectores socialmente vulnerables.

La contradicción se vuelve aún más evidente en la fertilización asistida, donde el Estado reconoce estos tratamientos como un derecho, pero las obras sociales y prepagas imponen trabas y el acceso efectivo queda condicionado por los altos costos del sector privado. Así, donantes con compensaciones acotadas, pacientes con acceso restringido y empresas con alta rentabilidad conviven en un sistema que el Estado regula de forma fragmentaria, dejando abierta una discusión de fondo: qué amparo y qué reglas deben garantizarse cuando el cuerpo humano se integra a negocios farmacéuticos y quién asume la responsabilidad de equilibrar una balanza claramente desigual.

Para terminar: una anécdota conurbana

T. me cuenta la obsesión de una vecina: ella pensaba que tenía que llenar un bidón cada vez que pasaban a buscarlo. Como no orinaba cinco litros cada tres días, le pedía a la hija (la amiga de T.) que la ayudara a llenarlo. T. y su amiga están lejos de la menopausia.