Benidorm es un municipio español de la provincia de Alicante, en la Comunidad Valenciana. Es una ciudad turística situada a orillas del mar Mediterráneo, que se caracteriza por tener una de las densidades habitacionales más elevadas de España, con una población censada de unos 75.000 habitantes en sus escasos 38 km², pero que llega hasta los 200.000 si tenemos en cuenta los municipios limítrofes con los que configura una pequeña área metropolitana, y a los 800.000 en plena época turística. Benidorm es la tercera ciudad de España, con más plazas hoteleras (tras Madrid y Barcelona).

El mito fundacional turístico

¿Cómo fue que una pequeña y pobre localidad de la costa mediterránea alicantina se convirtió en una de las ciudades turísticas más importantes del Mediterráneo? Existe un mito fundacional que explica que el alcalde de la localidad, en 1950, Pedro Zaragoza Orts, viajó hasta Madrid con su motocicleta Vespa para pedirle al dictador Francisco Franco que le dejara abrir el pueblo al turismo europeo, con la llegada de sus divisas, pero también con sus costumbres y bikinis. Cierto o no el mito, la realidad es que muchas familias de Benidorm, cuando la pesca empezó a flaquear y a faltar el dinero para alimentar a la familia, tuvieron la lucidez de pedir una hipoteca al banco para levantar pequeños hoteles en terrenos familiares, que poco a poco fueron llenándose de turistas, levantando más pisos en altura, hasta el boom posterior. Todo ello, favorecido por una legislación urbanística propicia auspiciada por el alcalde Pedro Zaragoza.

Turismo de masas

En los años sesenta del siglo XX, el turismo de masas europeo llegó a España, suponiendo una entrada de divisas fundamental, pero también una bocanada de aire fresco y moderno que revolucionó a los pueblos de la costa mediterránea; uno de los primeros fue Benidorm. El turismo supuso una liberación, sobre todo para las generaciones más jóvenes, y una entrada de libertad desconocida en la España franquista. En una entrevista emitida por TVE, en el programa Ochéntame otra vez, la modista benidormense María Teresa Campos declaró que en plena época franquista:

Benidorm no sólo cambió la vida de la gente, sino que cambió la vida de todo (…) La libertad de entonces era que podías ir vestida como te diera la gana. Que podías pintarte como quisieras, que podías ir a las discotecas…

Durante muchos años, el turismo de masas de Benidorm fue degradado, vilipendiado. Un turismo de clase trabajadora, de bajos ingresos, masificado, un turismo “hortera” basado en la destrucción del paisaje de la costa mediterránea, y de corrupción urbanística con la construcción de cientos de rascacielos. Benidorm es hoy un lugar donde las familias de clase humilde pueden permitirse unos días de sol y playa (apretados), pero donde también proliferan hoteles lujosos de cinco estrellas. La revista Jot Down definió, en 2013, Benidorm como el turismo “antihipster” y en 2014 como “horror arquitectónico que habría de demoler urgentemente”. Pero no todo el mundo tiene esta fea impresión de Benidorm. El periodista Josan Piqueras definió Benidorm como “un lugar donde lo cotidiano, lo misceláneo y lo divino se igualan y se entremezclan. Nadie es más que nadie y todos disfrutan como el más rico. Benidorm es democracia”. También el cómico Leo Basi tenía una impresión positiva de la ciudad valenciana; en 2010 declaró que:

Benidorm es la playa familiar más conocida de Europa, no digo del planeta, pero a lo mejor sí. Es el lugar de las familias, por excelencia; es el lugar de los flotadores.

En Benidorm se superan los once millones de pernoctaciones anuales y es considerada, por algunos periodistas del sector económico, la plaza turística más lucrativa de España.

La Nueva York del Mediterráneo

Benidorm es conocida como «la Nueva York del Mediterráneo», puesto que es considerada la ciudad con más rascacielos de España, aunque lo que realmente destaca de ella es la clasificación oficial de “ciudad con más rascacielos por habitante del mundo”, y sobre todo por ser la “segunda ciudad con más rascacielos por metro cuadrado del mundo”, solo detrás de Manhattan (Nueva York). En Benidorm se alza el segundo edificio más alto de España (solo por detrás del conjunto de las cuatro torres del distrito madrileño de Fuencarral-El Pardo). Se trata del rascacielos Intempo, de 198 metros de altura y 47 plantas, inaugurado en 2021, que es a la vez catalogado como el edificio residencial más alto de Europa. Así pues, Benidorm se puede definir como la ciudad turística de los récords.

La presencia de un gran número de rascacielos y la elevada densidad habitacional asociada, lejos de ser un estigma negativo, puede ser leída como un valor positivo, puesto que Benidorm está considerada la ciudad española con mayor porcentaje de desplazamientos a pie para ir a trabajar.

Benidorm cuenta con diez de los rascacielos más altos de España en la lista de los treinta principales rascacielos españoles (Intempo, Gran Hotel Bali, torre Lugano, Neguri Gane, edificio Kronos, Benidorm Beach, edifico Don Jorge, Mirador del Mediterráneo, torre Levante, Costa Blanca I), aunque ninguno de ellos ha gozado de la alabanza generalizada de la crítica arquitectónica nacional o internacional, más allá de destacar la altura y el despliegue tecnológico para conseguir el éxito del proyecto constructivo.

Hoy en día, muchos edificios o conjuntos arquitectónicos se han convertido en símbolos por alguna de sus características, ya sea por ser representativos de alguna tendencia arquitectónica pasada, por las características de su arquitectura y construcción, por sus materiales, por su función, por su arquitecto, por su innovación técnica, por su forma o por su altura. El paso de símbolo a marca se produce cuando intervienen los medios de comunicación. Con la difusión y divulgación del símbolo, este adquiere un reconocimiento que lo convierte en marca y que a partir de ahí se puede consumir posteriormente. En este caso, podemos considerar que Benidorm se ha convertido en una marca urbana, una marca de ciudad de rascacielos. Hay miles de turistas que viajan a Benidorm por la calidad de sus playas, pero también hay miles que viajan para ver sus rascacielos.

Puntos turísticos de Benidorm

El origen histórico de Benidorm se encuentra en el promontorio pétreo de Canfali, que se adentra en el mar, lugar donde se consolidó un pequeño pueblo de pescadores. Es como un faro que permite ver los nuevos barrios turísticos surgidos desde los años sesenta del siglo XX a ambos lados del núcleo histórico, a lo largo de las playas de Levante y Poniente. Benidorm, encaramado al sur, limita al norte por la sierra de Aitana, y su ensenada de blancas playas limita al levante por la sierra de la Gelada, y al poniente por el Tossal (un cerro agreste). Desde Canfali, unas bonitas escaleras de azulejos blancos y azules bajan hasta el Balcón del Mediterráneo, espectacular a pie de mar. Entre el Balcón del Mediterráneo y el puerto deportivo se encuentra la pequeña playa del Mal Pas. El casco antiguo conserva los cimientos del viejo castillo y un entramado de calles peatonales. La iglesia de Sant Jaume, neoclásica del siglo XVIII, nos llevará por la calle Mayor hasta la plaza de la Creu.

La costa de Levante suma más de dos kilómetros de amplia playa de arena blanca. Tras la orilla, en 1950 se empezó a trazar la primera urbanización de Benidorm. Al final de la playa se encuentra el Rincón de l’Oix, donde empieza la costa escarpada de la Sierra Gelada. Aquí podemos subir hasta el Mirador de Sierra Gelada - Punta de les Caletes y la Cruz, con vistas infinitas en ambos miradores. A finales de 1961, a instancias del padre Salvador Perona, los benidormenses subieron una inmensa cruz a pie desde la parroquia de Sant Jaume, en una misión católica con el fin de redimir a la ciudad de su fama de pecadora, a la vez que protestaban por la permisividad con el bikini. En 1975 un temporal destrozó La Cruz, siendo sustituida por una nueva. Con el paso del tiempo, La Cruz ha pasado de ser un símbolo evangelizador a ser actualmente un icono turístico.

Desde los miradores de la Sierra Gelada, podemos bajar a la pequeña cala de la Almadraba, antiguo espacio donde los pescadores extendían sus redes de pesca de atún.

Al oeste de Canfali se encuentra la larga playa de Poniente, de casi tres kilómetros y igualmente de arena bonita como la de Levante. Además de playas, Benidorm cuenta con modernos parques, entre los que destaca el parque de l’Aigüera, un antiguo barranco, proyecto del Taller de Arquitectura de Ricardo Bofill. Se trata de un parque de estética arquitectónica grecolatina, con más de un kilómetro y medio de verde continuo, terminado al norte por un anfiteatro neoclásico y al sur por el moderno ayuntamiento. Junto al inicio de la playa de Poniente, al pie de Canfali, encontramos el parque de Elche, oasis verde donde podemos hallar una reproducción de la Dama de Elche, escultura íbera realizada en piedra caliza en el siglo V a.C.

Presidiendo la ensenada de Benidorm se halla la isla homónima, también llamada “isla de los periodistas”. Es un pequeño islote de solo 7 hectáreas, de elevado interés ecológico, paisajístico y medioambiental. Durante los siglos en que imperaba la piratería, los piratas utilizaban la isla como base para sus ataques a poblaciones costeras. En el año 1834, la isla sirvió de refugio a varias familias de Benidorm y Vila Joiosa, huidas de sus poblaciones ante una epidemia de cólera. Hoy en día no vive nadie en la isla, aunque puede visitarse con uno de los barcos que hacen el trayecto desde el puerto de Benidorm.

Conclusiones

El fenómeno turístico español de sol y playa, que se inició en los años 60 de forma masiva, pero del que aún hoy en día vivimos en parte, ha dejado la costa mediterránea arrasada, con una destrucción sistemática de los ecosistemas litorales, con inmensas ciudades fantasma que han ocupado todos los llanos costeros, y con urbanizaciones invasivas que han colonizado los montes litorales. Miles de kilómetros de calles vacías la mayor parte del año, superficies enormes de asfalto, centenares de rotondas y avenidas sin salida, decenas de miles de casitas adosadas repetidas hasta el infinito, que requieren un inmenso esfuerzo municipal para mantener infraestructuras, servicios y seguridad. Pero, a diferencia de este modelo depredador del terreno, del agua y de los bienes locales, ¿no habría sido mejor implantar el modelo turístico de Benidorm?

Aunque haya sido denostado, motivo de burla y desprecio, el modelo turístico de Benidorm ha resultado ser uno de los más sostenibles del litoral español. Es un modelo que requiere muy pocas hectáreas de terreno para conseguir los mismos o más beneficios económicos del turismo, con lo cual no se convierte en destructor del paisaje que lo envuelve. En Benidorm es innecesario el uso del transporte privado, puesto que desde cualquier lugar se puede acceder a la playa en menos de diez minutos caminando. Por ello no requiere de grandes arterias viales con decenas de carriles de circulación, ni infinitas superficies de asfalto para aparcamiento, y todo ese espacio es el reino del peatón, las bicicletas y las sillas de ruedas eléctricas conducidas por gran cantidad de ancianos. La inmensa mayoría de los habitantes y turistas tienen vistas al mar desde los apartamentos de sus rascacielos.

Los rascacielos son un tipo constructivo basado en torres de pequeña planta que liberan mucho espacio a su alrededor, lo que ha permitido mantener en gran parte la topografía original del terreno y, lo más importante, no destruir los cursos de agua naturales del antiguo Benidorm. Sin duda, Benidorm ha conseguido la mejor relación coste/beneficio del turismo de masas español, obteniendo grandes ingresos, una temporada turística que se alarga todo el año, y todo ello manteniendo el entorno natural en gran medida. Con diez o doce Benidorm, estratégicamente distribuidos por la costa mediterránea española, hubiéramos salvado los mejores ecosistemas naturales litorales, hoy irremediablemente perdidos.

Apéndice

Para poder comprobar sobre el terreno la hipótesis de Benidorm como destino turístico de masas, a la vez que es una ciudad sostenible, el autor de este artículo estuvo hospedado durante tres días en uno de los más famosos hoteles rascacielos de la ciudad, dedicado únicamente a pasear por sus calles y reflexionar sobre lo escrito en este artículo, sólo acompañado por diversos libros dedicados a la crítica y al cortejo del modelo Benidorm. Dicen que al que no le gusta Benidorm es porque no lo conoce… y que el que lo visita lo repite. Antes de criticar negativamente este artículo, les recomiendo visitar Benidorm durante tres días. Nosotros lo hicimos: pateamos sus calles, fotografiamos sus rascacielos, comimos a pie de calle, subimos hasta La Cruz, accedimos al mirador del Gran Hotel Bali en el piso 44 (aunque no subimos los 924 peldaños, para llegar a los 186 metros de altitud, sino que tomamos el ascensor hasta la planta 23), y nos hemos quedado con ganas de volver. No sé si, como dijo Piqueras, Benidorm es democracia, pero sí sé que es una ciudad turística con un modelo propio en construcción, que avanza valiente en su objetivo, ajena a las críticas, con paso vivo, una ciudad que nos espera con los brazos abiertos.

Bibliografía

“Benidorm se cuela entre los 'skylines más alucinantes' del mundo”. Noticias La Marina Plaza (11 de marzo de 2014). lamarinaplaza.com. Consultado en enero de 2026.
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