El fin de la Unión Soviética y de los países socialistas de Europa del Este fue aclamado como la gran consolidación universal del capitalismo, considerado la forma “natural” de organizar la economía y la sociedad: el fin de la historia. La filosofía de vida del capitalismo pasó a ser la única viable. A partir de 1991, Yugoslavia fue objeto de una violenta agresión con el objetivo de eliminar de Europa los vestigios del socialismo. Los Balcanes quedaron efectivamente balcanizados. Mientras tanto, China, sin dejar de estar dirigida por el Partido Comunista, se fue integrando gradualmente en el capitalismo global dominado por EE.UU., un proceso que continuaría hasta hoy y con tanto éxito que en este momento está poniendo en tela de juicio el dominio estadounidense. La rivalidad entre EE.UU. y China define, por excelencia, la situación del capitalismo global en este momento.
El capitalismo global está segmentado. Por un lado, el segmento liderado por EE.UU., el capitalismo de las empresas multinacionales respaldadas por un Estado a su servicio. Por otro lado, el segmento liderado por China, centrado en el papel estratégico del Estado dirigido por el Partido Comunista Chino. En este momento, nos enfrentamos a dos futuros próximos que, a nivel global, se presentan como futuros capitalistas. De maneras diferentes, ambos revelan que, para el capitalismo moderno, la democracia siempre ha sido algo secundario, prescindible cuando se interponía como obstáculo a la acumulación infinita y a la expansión de la obtención de beneficios. Se basan en dos formas de Estado posliberal: el Estado-USA Inc. y el Estado-Partido de China. La forma en que cada uno de ellos concibe el papel de la IA es la prueba de fuego para evaluar su naturaleza y calidad política.
El Estado-USA Inc.
Aún es poco conocido el proyecto impulsado por las grandes empresas de IA para, mediante la automatización, privatizar muchas funciones del Estado, más allá de las ya conocidas funciones de la guerra y la vigilancia. Se está poniendo a prueba a nivel de los gobiernos estatales de EE.UU. a través de colaboraciones público-privadas. Las grandes empresas de alta tecnología concentran sus inversiones en determinadas regiones, creando centros (hubs) de desarrollo tecnológico, universidades «big-tech», plantas de producción de semiconductores y enormes centros de datos. El poder político que los oligarcas de la IA invierten en los gobiernos locales hace que, en dichas asociaciones, el interés privado se convierta en interés público y, con ello, los impuestos pagados por los ciudadanos se pongan al servicio de los intereses privados de estos inversores.
Uno de los casos documentados recientemente es el de Silicon Heartland, en el área metropolitana de la ciudad de Columbus (Ohio): la New Albany Company1, transformada en el gobierno de la ciudad de New Albany. Se trata de embriones de privatización del Estado, el Estado-USA Inc., que se expanden tanto geográficamente como en el nivel de gobierno en el que actúan.
Estas grandes empresas son las mismas que obtienen contratos con el Estado federal en los ámbitos de la defensa y la inteligencia y pasan a condicionar de manera decisiva la política de seguridad nacional. De hecho, en el caso que menciono, el ámbito de influencia trasciende al propio Estado y adquiere una dimensión geopolítica internacional. El ejemplo mencionado muestra cómo las empresas emergentes (start-ups) israelíes se asocian a estas inversiones tecnológicas de forma tan intensa que la política de seguridad de EE.UU. queda tecnológicamente a merced de los intereses de seguridad de Israel, sin poder oponerse a ellos en ningún caso.
Detrás del protagonismo mediático de figuras como Peter Thiel o Elon Musk, se está gestando una filosofía política que se va consolidando en los bajos fondos de la sociedad oficial, creando y uniendo dos consensos aparentemente distintos: el consenso de la IA y el consenso de la extrema derecha. Destaco dos componentes de esa filosofía que me parecen especialmente importantes: el tecnooptimismo centrado en la IA y la Ilustración oscura o neorreaccionarismo.
El tecnooptimismo
El tecnooptimismo es un movimiento que defiende el progreso tecnológico como solución a todos los problemas, incluidos los que la propia tecnología crea. El progreso tecnológico se asienta sobre dos pilares: la IA y el mercado como gran regulador económico, social, político y cultural. Uno de sus principales ideólogos es Marc Andreessen, autor de varios textos sobre el tema, entre los que destaca “El Manifiesto Tecnooptimista” (The Techno-Optimist Manifesto)2.
Estas son algunas de las ideas principales:
Nuestra civilización se basa en la tecnología; los tecnooptimistas creen que las sociedades, al igual que los tiburones, o crecen o mueren; dadnos un problema del mundo real y conseguiremos inventar la tecnología que lo resolverá; creemos que los mercados libres son la forma más eficaz de organizar una economía tecnológica; creemos que los mercados son una forma intrínsecamente individualista de alcanzar resultados colectivos superiores; creemos que no hay conflicto entre los beneficios capitalistas y un sistema de seguridad social que proteja a los más vulnerables; creemos que los mercados son generadores, no explotadores; de suma positiva, no de suma cero; combina tecnología y mercados y obtendrás lo que Nick Land denominó la máquina tecno-capitalista, el motor de la creación material perpetua, del crecimiento y de la abundancia.
Creemos en la naturaleza, pero también creemos en la superación de la naturaleza; no somos primitivos, encogidos de miedo ante el rayo, somos el depredador alfa, el rayo obra a nuestro favor; creemos que la Inteligencia Artificial es nuestra alquimia, nuestra Piedra Filosofal —estamos, literalmente, haciendo que la arena piense—; creemos que la Inteligencia Artificial debe entenderse, ante todo, como una solucionadora universal de problemas, y tenemos muchos problemas que resolver; nuestros enemigos no son personas malas, sino malas ideas; nuestra sociedad actual lleva seis décadas siendo objeto de una campaña de desmoralización masiva —contra la tecnología y contra la vida— bajo diversos nombres como “riesgo existencial”, “sostenibilidad”, “ESG” —acrónimo inglés de Gobernanza Ambiental y Social—, “Objetivos de Desarrollo Sostenible”, “responsabilidad social”, “capitalismo de las partes interesadas” —stakeholder capitalism–, “Principio de Precaución”, “confianza y seguridad”, “ética tecnológica”, “gestión de riesgos”, “decrecimiento” y “los límites del crecimiento”.
(Marc Andreessen)
Si la tecnología es el motor del progreso, la IA es el combustible. En otro texto, Why AI Will Save the World, Marc Andreessen afirma:3.
En nuestra nueva era de la IA.
Cada niño tendrá un tutor de IA que será infinitamente paciente, infinitamente compasivo, infinitamente sabio e infinitamente servicial. El tutor de IA estará al lado de cada niño en cada etapa de su desarrollo, ayudándole a maximizar su potencial mediante la versión mecánica del amor infinito.
Cada persona tendrá un asistente/entrenador/mentor/formador/asesor/terapeuta de IA que será infinitamente paciente, infinitamente compasivo, infinitamente sabio e infinitamente servicial. El asistente de IA estará presente en todas las oportunidades y retos de la vida, maximizando los resultados de cada persona.
Cada científico contará con un asistente, colaborador o socio de IA que ampliará significativamente su ámbito de investigación científica y sus logros.
Cada artista, cada ingeniero, cada empresario, cada médico, cada profesional sanitario contará con lo mismo en su ámbito.
Todos los líderes de personas —directores generales, responsables gubernamentales, presidentes de organizaciones sin ánimo de lucro, entrenadores deportivos, profesores— contarán con lo mismo. Los efectos multiplicadores de las mejores decisiones tomadas por los líderes junto a las personas a las que dirigen son enormes, por lo que este aumento de la inteligencia podría ser el más importante de todos.
El crecimiento de la productividad en toda la economía se acelerará drásticamente, impulsando el crecimiento económico, la creación de nuevas industrias, la generación de nuevos puestos de trabajo y el aumento de los salarios, lo que dará lugar a una nueva era de mayor prosperidad material en todo el planeta.
Los avances científicos, las nuevas tecnologías y los medicamentos se expandirán drásticamente, a medida que la IA nos ayude a descifrar aún más las leyes de la naturaleza y a aprovecharlas en nuestro beneficio.
Las artes creativas entrarán en una era dorada, a medida que los artistas, músicos, escritores y cineastas, potenciados por la IA, adquieran la capacidad de hacer realidad sus visiones mucho más rápidamente y a mayor escala que nunca.
Llego incluso a pensar que la IA mejorará la forma de librar la guerra, cuando esta sea inevitable, reduciendo drásticamente las tasas de mortalidad en tiempos de guerra. Todas las guerras se caracterizan por decisiones terribles tomadas bajo una presión intensa y con información extremadamente limitada por parte de líderes humanos con capacidades muy limitadas. Los comandantes militares y los líderes políticos contarán con asesores de IA que les ayudarán a tomar decisiones estratégicas y tácticas mucho mejores, minimizando el riesgo, el error y el derramamiento de sangre innecesario.
En resumen, todo lo que las personas hacen hoy en día con su inteligencia natural se puede hacer mucho mejor con la IA, y seremos capaces de afrontar nuevos retos que eran imposibles de resolver sin ella, desde curar todas las enfermedades hasta lograr el viaje interestelar.
¡Y esto no se limita solo a la inteligencia! Quizá la cualidad más subestimada de la IA sea lo humanizante que puede llegar a ser. El arte generado por la IA ofrece a personas que, de otro modo, carecerían de competencias técnicas, la libertad de crear y compartir sus ideas artísticas. Hablar con un amigo de IA empático mejora realmente tu capacidad para afrontar la adversidad. Y los chatbots médicos de IA ya son más empáticos que sus homólogos humanos. En lugar de hacer del mundo un lugar más duro y mecanicista, una IA infinitamente paciente y comprensiva lo convertirá en un lugar más acogedor y agradable.
Lo que está en juego aquí es muy importante. Las oportunidades son enormes. La IA es muy posiblemente lo más importante —y lo mejor— que nuestra civilización ha creado jamás, sin duda a la altura de la electricidad y los microchips, y probablemente más allá de ellos.
El desarrollo y la proliferación de la IA —lejos de ser un riesgo que debamos temer— son una obligación moral que tenemos para con nosotros mismos, para con nuestros hijos y para con nuestro futuro.
Deberíamos estar viviendo en un mundo mucho mejor gracias a la IA, y ahora podemos hacerlo.
(Marc Andreessen)
La Ilustración oscura y el neorreaccionarismo
La filosofía subyacente al Estado-USA Inc. combina el extremismo liberal —libertad, propiedad individual, mercados libres, incluidos los de la IA sin límites— con el extremismo autoritario, el neorreaccionarismo: prioridad del orden y la seguridad frente a la igualdad, la democracia y el Estado, mientras este no se privatice.
En los dos textos que acabo de citar, el Estado solo se menciona en la expresión “state of the markets”. No es de extrañar que hoy en día sea una de las filosofías que alimentan el crecimiento de la extrema derecha global. El filósofo más citado es Nick Land, antiguo profesor de la Universidad de Warwick y, en aquella época, defensor del aceleracionismo anarquista, con influencia de Gilles Deleuze y Félix Guattari, y hoy defensor de lo que denomina «Iluminismo oscuro» [Dark Illuminism]. Según él, el Iluminismo del siglo XVIII fue un error fatal; la democracia y el progresismo social han sido los grandes factores de estancamiento; el Estado moderno es una estructura obsoleta, a la que denomina «Catedral», que quedará superada por el desarrollo del capitalismo basado en la IA.
El sistema político autoritario del futuro surgirá de la conversión del Estado en una empresa, una sociedad anónima, dirigida por un director ejecutivo (dictador) que garantice los beneficios y la eficiencia del país, y en la que los ciudadanos sean clientes y accionistas. A este modelo político lo denomina “neocamaralismo”. No hay disidencia; quien discrepa tiene la opción de marcharse y unirse a otro Estado-empresa. Lo que Yanis Varoufakis define como “tecnofeudalismo” y denuncia como el poscapitalismo del presente se presenta aquí como el proyecto de un futuro glorioso. El presente distópico de unos es el futuro utópico de otros.
Como he venido argumentando, el capitalismo sigue siendo el modo de producción globalizado y nunca lo ha sido tan plenamente como hoy. El autoritarismo está en la esencia del liberalismo y ese autoritarismo solo no fue evidente mientras la burguesía luchó por conquistar el poder político, hasta entonces en manos de la aristocracia y el clero del Ancien Régime. Estamos asistiendo al “Omega liberal”, con sus contradicciones en su punto álgido.
El Estado-Partido de China
Ha habido un debate interesante, aunque algo irrelevante para mi argumento, sobre la naturaleza del régimen económico de China: ¿un régimen comunista? ¿Un régimen socialista? ¿Un régimen socialista de Estado? ¿Un régimen mixto capitalista-socialista? ¿Un régimen capitalista de Estado? No conozco lo suficientemente bien el régimen chino como para poder adoptar una postura, ni eso es importante para el argumento que desarrollo aquí. Me interesa el perfil del segmento del capitalismo global liderado por China.
Es decir, en el ámbito de las relaciones internacionales, China se comporta como un país capitalista en proceso de expansión. Precisamente porque se trata de un segmento en expansión, puede presentar algunas características coyunturales de cooperación internacional que no son capitalistas (es decir, que no están orientadas a la incesante ampliación del beneficio), pero, en lo que respecta a la rivalidad central con EE.UU. (la búsqueda de zonas de influencia y la lucha por el acceso a los recursos naturales), el perfil general es el de un capitalismo global en expansión.
La China comunista nació antiliberal, privilegiando la igualdad en detrimento de la libertad, reduciendo al mínimo la propiedad privada y favoreciendo la propiedad común, sobre todo en forma de propiedad estatal, y, finalmente, el régimen político que adoptó no fue el de la democracia liberal, sino el de la democracia popular.
Una comparación fuera de la caja
Comparo estos modelos de Estado a la luz de tres ideas fundamentales del liberalismo: libertad, propiedad privada y democracia:
La libertad
La comparación entre el Estado-USA Inc. y el Estado-Partido chino permite extraer conclusiones sorprendentes para algunos. En lo que respecta a la ecuación libertad-igualdad, nos encontramos ante dos soluciones aparentemente opuestas.
El Estado-USA Inc. representa el extremo del predominio del principio de libertad sobre el principio de igualdad. La manifestación más evidente es la concentración sin precedentes de la riqueza. Pero si en el liberalismo la libertad y la igualdad concretas son aquellas que surgen de las relaciones de intercambio basadas en la propiedad privada, el aumento de la desigualdad social se traduce en la pérdida de libertad de los individuos que pertenecen a las clases sociales empobrecidas. La libertad que se les concede no va acompañada de las condiciones que les permitirían ser efectivamente libres. En estas condiciones, cuanto más autónomos son en abstracto para tomar decisiones y hacer elecciones de vida, menos condiciones tienen para ejercer efectivamente esa autonomía. Cuando la libertad concedida a las grandes mayorías es la libertad para ser miserables, nos encontramos ante la miseria de la libertad.
¿Qué significa ser libre en abstracto? Cuando está totalmente desconectada de la igualdad, la libertad no pierde por completo su sentido, pero cambia de naturaleza. Se es libre para ejercer elecciones triviales y, en el fondo, falsas, porque son elecciones autorizadas dentro de un menú decidido por quienes tienen el poder de impedir que se elijan soluciones que podrían poner en tela de juicio ese poder. Son, por tanto, libertades en gran medida ilusorias. Ese tipo de elección es la que circula hasta la saciedad en las redes sociales de nuestros días.
El Estado-Partido de China maximiza la igualdad en detrimento de la libertad. La igualdad nunca es plena. De hecho, en este tipo de Estado siempre se ha hablado de los privilegios de la burocracia gobernante y partidista. A ello se suma que el tipo de régimen socioeconómico vigente en China ha evolucionado en el sentido de aumentar la desigualdad.
En teoría, un Estado liberal que, hipotéticamente, lograra maximizar la igualdad, maximizaría en la misma medida la libertad, ya que los intercambios, al tener lugar entre iguales concretos, tendrían que estar recíprocamente equilibrados. Ahora bien, el Estado-Partido no es un Estado liberal y se basa en la idea de que el liberalismo-capitalismo en ningún caso permitiría maximizar la igualdad concreta. Por esta razón, las limitaciones de la libertad no se derivan de las relaciones de intercambio horizontales entre individuos, sino de las relaciones verticales entre el Estado y los individuos. También aquí hay libertades autorizadas y libertades no autorizadas, pero el criterio viene dictado por un dictado político, y no como resultado del predominio del principio de libertad sobre el principio de igualdad.
De todo ello se puede concluir que, en términos de limitaciones de la libertad, las diferencias no son tan grandes como cabría imaginar, sobre todo si tenemos en cuenta la experiencia vital de las clases sociales que más han sufrido la desigualdad (las grandes mayorías) y a las que el Estado-Partido ha sacado de la pobreza. Se calcula que, en las últimas cuatro décadas, China ha sacado a 800 millones de personas del nivel de pobreza extrema. En 2021, China declaró oficialmente haber erradicado por completo la pobreza absoluta, cumpliendo la Agenda 2030 de la ONU con diez años de antelación. Las cifras globales sobre la reducción de la pobreza se deben, en gran medida, a los resultados de China.
La propiedad privada
El Estado-USA Inc. significa la privatización total del Estado y, por lo tanto, de todo lo que pueda considerarse propiedad o funciones del Estado.
Desde su fundación en 1949, el Estado-Partido de China ha evolucionado considerablemente en lo que respecta a la relación entre la propiedad privada y la propiedad común, sobre todo en lo que se refiere a la propiedad estatal. Desde entonces, el ámbito de la propiedad privada individual ha dejado de ser residual y hoy en día es mucho más amplio, y quizá esa sea precisamente una de las razones del aumento de la desigualdad social. No obstante, la propiedad estatal sigue teniendo prioridad absoluta, sobre todo en los ámbitos que se consideran de valor estratégico para garantizar la soberanía, la seguridad nacional y el reparto equilibrado de los bienes esenciales para la sostenibilidad de la vida colectiva. Por ejemplo, son propiedad estatal los terrenos urbanos (no los edificios construidos), las grandes industrias básicas, los bancos públicos y los recursos naturales.
Además de la propiedad estatal, existe la propiedad colectiva, es decir, la propiedad común no estatal. Mientras que la propiedad estatal pertenece a todo el pueblo, la propiedad colectiva es la propiedad común de un grupo específico de ciudadanos. Es el caso de los terrenos rurales que, a diferencia de los terrenos urbanos, no pertenecen al Estado, sino a colectivos locales de campesinos y a pequeñas empresas comunales. Son de propiedad privada (de particulares o de empresas), por ejemplo, los edificios residenciales, los automóviles, la maquinaria y las inversiones individuales.
El carácter común de la propiedad estatal es siempre más abstracto, dada la generalidad de sus funciones “al servicio del pueblo”. Pero en la medida en que el Estado no está privatizado, como ocurre con el Estado-USA Inc., la propiedad estatal puede servir más fácilmente a los intereses colectivos.
Democracia
El Estado-USA Inc. representa el máximo grado de desfiguración de la democracia liberal. Por utilizar la expresión de Thomas Hobbes, la discrepancia entre el poder natural y el poder instrumental es tal que el poder económico, en lugar de recurrir al poder político para expandirse, como siempre ha hecho, se convierte en poder político tout court, ejerciendo todas aquellas funciones que incluso la teoría del Estado mínimo del liberalismo consideraba funciones esenciales del Estado, tales como la defensa nacional, el orden público y la recaudación de impuestos. La desfiguración de la democracia liberal se manifiesta en la forma en que el poder político se aleja de los ciudadanos, de sus expectativas de bienestar material y de unas condiciones de vida dignas.
Para disimular esa distancia y reducir el coste político que puede suponer, el Estado invierte en políticas simbólicas de carácter populista y nacionalista, para lo cual recurre a la invención permanente de enemigos internos y externos y a la proclamación de victorias ilusorias en guerras que, de hecho, están perdidas. Los momentos en los que los ciudadanos pueden expresarse y decidir (las elecciones) dan pie a grandes márgenes de arbitrariedad; cuando deciden, las alternativas son cada vez menos diferenciadas y, aun así, las decisiones suelen ser ignoradas. Para evaluar la creciente distancia entre gobernantes y gobernados en las democracias liberales, basta con preguntar a los ciudadanos europeos y norteamericanos qué opinan de las guerras que sus gobiernos están promoviendo y preparando.
Por su parte, los estudiosos de la política china han venido demostrando que el Partido Comunista Chino cuenta con canales de proximidad (consulta y evaluación) con los intereses reales de los ciudadanos más intensos que los de los partidos de las democracias liberales. La democracia popular china evalúa su actuación en función de la eficacia con la que mejora las condiciones de vida material de sus ciudadanos y vela por su bienestar a largo plazo. La consulta a las bases es constante. Durante mucho tiempo, la ciencia política ha distinguido entre democracia formal y democracia material, entre la contienda partidista y la teatralidad electoral, por un lado, y las mejoras concretas del bienestar de los ciudadanos derivadas directamente de la participación democrática, por otro.
Sin democracia formal, China parece haber encontrado otros medios para escuchar a los ciudadanos y garantizar que se atiendan sus necesidades. Por otra parte, la ausencia de democracia formal no es total, ya que a la selección meritocrática de los candidatos por parte de las estructuras del partido le sigue la elección democrática entre los seleccionados.
Mientras que en Occidente la democracia formal tiene plena prioridad sobre la democracia material y, de hecho, se aleja cada vez más de esta, en Oriente la democracia material asume plena prioridad y los mecanismos de participación y consulta garantizan una relativa proximidad entre gobernantes y gobernados. Ante esto, todo lleva a creer que la oposición entre autocracia y democracia para distinguir políticamente los dos modelos de Estado ha ido perdiendo cierto sentido.
Reflexiones sobre la comparación
Los dos proyectos de futuro a medio (o incluso a corto) plazo, el Estado-USA Inc. y el Estado-Partido chino, son ambos posliberales.
El primero, porque, al haber llevado al límite una posible realización del liberalismo, acabó dialécticamente cayendo en su opuesto; el segundo, porque, al haber rechazado el liberalismo desde el principio, la evolución posterior del capitalismo global hizo que el preliberalismo se convirtiera dialécticamente en el equivalente del posliberalismo.
Si se evalúan en conjunto los principios de libertad, propiedad privada y democracia, y se otorga a cada uno de ellos el mismo valor, parece concluirse objetivamente que el Estado-Partido chino ofrece, o puede llegar a ofrecer, mejores condiciones de vida a la mayoría de los ciudadanos que el Estado-USA Inc. De hecho, este último tiene una vocación distópica inequívoca.
Esto no significa que quien vive la experiencia de cualquiera de ellos considere que, si pudiera elegir, optaría por aquello que le proporcionara mejores condiciones de vida. Subjetivamente, los ciudadanos de cualquiera de estas formas de Estado han sido condicionados ideológicamente para pensar que la experiencia estatal que viven es la única posible o legítima, por mucha frustración que ello les cause. Además, el conjunto de ciudadanos no es un conjunto de individuos, sino un conjunto de clases en conflicto que otorgan un peso distinto a los valores de la libertad, la propiedad privada y la democracia.
No pensemos que vivimos en una especie de empate histórico. Nos enfrentamos a movimientos globales, tensos y muy dinámicos de conquista o consolidación de áreas de influencia. El Estado-Partido chino lidera el segmento del capitalismo global en ascenso y, a menos que una guerra cataclísmica lo detenga, avanzará más o menos rápidamente. Sin embargo, en ese proceso, tanto él como el Estado-USA Inc. irán evolucionando en direcciones imprevisibles, tan imprevisibles como la configuración del mundo multipolar del futuro próximo.
Sin querer abrir la caja de Pandora, considero que la cuestión ecológica y la del papel de la IA son las dos pruebas decisivas de la naturaleza y la calidad política de los dos regímenes estatales en confrontación. Me centro, por ahora, en la IA.
La IA como prueba de fuego (litmus test)
La comparación entre las concepciones que los dos futuros próximos tienen de la IA revela la orientación social y política de cada uno de esos futuros.
Para el Estado-USA Inc., la IA es el máximo potenciador de la propiedad privada como poder social y político. Para algunos, por ejemplo, Peter Thiel y Nick Land, está surgiendo un Segundo Advenimiento gracias a la IA. Con ello, se constituye una nueva teología en la que la IA se convierte en la deidad que fundamenta una nueva teología de la prosperidad. Pero la IA tiene otra potencialidad: la de protagonizar una Guerra Santa contra China y garantizar la victoria del Bien, es decir, del Estado-USA Inc. En el texto de Marc Andreessen sobre el papel de la IA en la salvación del mundo citado anteriormente, se afirma:
Existe un riesgo último —y real— relacionado con la IA que es probablemente el más aterrador de todos:
La IA no solo se está desarrollando en las sociedades relativamente libres de Occidente, sino que también la está desarrollando el Partido Comunista de la República Popular China. China tiene una visión de la IA muy diferente a la nuestra: la considera un mecanismo de control autoritario de la población, y punto. Ni siquiera están siendo discretos al respecto; son muy claros sobre el tema y ya están llevando a cabo su agenda. Y no pretenden limitar su estrategia de IA a China: pretenden extenderla por todo el mundo, en todos los lugares donde están implantando redes 5G, en todos los lugares donde están concediendo préstamos en el marco de la iniciativa “Belt and Road”, en todos los lugares donde están ofreciendo aplicaciones de consumo fáciles de usar, como TikTok [hasta hace poco], que sirven de fachada para su IA de mando y control centralizados.
El mayor riesgo de la IA es que China alcance el dominio mundial de la IA y nosotros —Estados Unidos y Occidente— no lo consigamos. Propongo una estrategia sencilla para hacer frente a esto; de hecho, la misma estrategia que utilizó el presidente Ronald Reagan para ganar la primera Guerra Fría contra la Unión Soviética.
«Nosotros ganamos, ellos pierden».
En lugar de permitir que el pánico infundado en torno a la IA “asesina”, la IA “perjudicial”, la IA destructora de empleo y la IA generadora de desigualdad nos ponga a la defensiva, nosotros, en Estados Unidos y en Occidente, debemos apostar por la IA con toda la fuerza posible. Debemos intentar ganar la carrera por la superioridad tecnológica global en materia de IA y asegurarnos de que China no lo consiga.
En este proceso, debemos integrar la IA en nuestra economía y sociedad lo más rápido y profundamente posible, con el fin de maximizar sus beneficios para la productividad económica y el potencial humano. Esta es la mejor manera tanto de contrarrestar los riesgos reales de la IA como de garantizar que nuestro modo de vida no sea sustituido por la visión china, mucho más sombría.
(Marc Andreessen)
Por su parte, la formulación más reciente de la concepción que el Estado-Partido de China tiene de la IA fue expresada por el presidente Xi Jinping en la conferencia inaugural del Congreso Mundial de IA celebrado en Shanghái el 16 de julio de este año, en la que 29 países firmaron un acuerdo para crear la Organización Mundial de Cooperación en IA (WAICO, por sus siglas en inglés). En su discurso, Xi Jinping destacó que la IA es una tecnología estratégica que debe convertirse en un bien público global. No puede seguir siendo un privilegio reservado a un pequeño número de países y empresas. Abogó por un modelo de gobernanza global de la IA basado en el multilateralismo, la cooperación internacional y el desarrollo compartido, con el fin de eliminar nuevas desigualdades entre países y establecer normas comunes sobre seguridad, ética y uso responsable de la IA. En este contexto, merece la pena citar algunos extractos:
Hoy en día, se están acelerando en todo el mundo cambios profundos, sin precedentes en un siglo. La nueva ronda de revolución tecnológica y transformación industrial avanza a un ritmo acelerado, y el mundo ha entrado en un período sin precedentes de innovación activa en el ámbito de las tecnologías de IA. La conectividad inteligente, la colaboración entre el ser humano y la máquina, la integración intersectorial, la creación y el intercambio conjuntos, así como otras tecnologías inteligentes, están liberando un enorme potencial. Todo ello conlleva grandes oportunidades, pero también retos para la gobernanza. Nosotros, los seres humanos, debemos responder a las preguntas que nos plantea nuestra época:
¿Cómo convivir con máquinas pensantes? ¿Cómo garantizar la seguridad cuando los algoritmos forman parte del proceso de toma de decisiones? ¿Cómo afrontar los retos éticos derivados de las tecnologías mediante una gobernanza adaptativa? ¿Cómo hacer realidad la IA para todos cuando la desigualdad sigue aumentando? Estas cuestiones exigen una reflexión seria y respuestas concretas por parte de toda la comunidad internacional.
En opinión de China, todos los países deben adoptar un enfoque centrado en las personas y desarrollar la IA en pro del bien y el progreso. Debemos garantizar que la IA sea un importante motor de prosperidad compartida y de seguridad común. Debemos aunar esfuerzos para construir un sistema justo y equitativo de gobernanza global de la IA. Para ello, me gustaría compartir cuatro observaciones.
En primer lugar, debemos adherirnos al principio de apertura y beneficio mutuo e impulsar el desarrollo basado en la innovación. Como nuevo motor del crecimiento económico mundial y acelerador de la transición de los motores de crecimiento, la IA está pasando del mundo digital al mundo físico.
Debemos aprovechar esta oportunidad histórica y única para fomentar el código abierto, la apertura, la colaboración y el intercambio.
Debemos facilitar la innovación tecnológica, el desarrollo industrial y la aplicación de la IA basada en escenarios.
Debemos avanzar de forma coordinada en la transformación y modernización de las industrias tradicionales, en el fomento y el crecimiento de las industrias emergentes y en la planificación prospectiva de las industrias del futuro, para que todos los sectores y empresas puedan beneficiarse de la IA.
En segundo lugar, debemos reforzar la concienciación sobre los riesgos y garantizar que la IA sea segura y controlable. La IA debe ser una herramienta de confianza para la humanidad. Debemos tomarnos en serio los diversos tipos de riesgos inherentes y secundarios que la IA puede desencadenar. Debemos implementar leyes y reglamentos, así como sistemas de seguimiento tecnológico, alerta temprana y respuesta ante emergencias, con el fin de reforzar la línea de seguridad, prevenir abusos y usos maliciosos, y garantizar que la IA esté siempre bajo control humano. Al mismo tiempo, debemos oponernos conjuntamente a la interpretación excesiva del concepto de seguridad nacional en el ámbito de la IA y a que se dé prioridad a la seguridad de un país en detrimento de la seguridad de los demás.
En tercer lugar, debemos fomentar la inclusión y promover el aprendizaje mutuo entre civilizaciones. El desarrollo de la IA y su aplicación no deben erosionar ni comprometer la diversidad de las civilizaciones mundiales ni la singularidad de las culturas de los distintos países. Debemos moldear los valores de la IA basándonos en los valores comunes de la humanidad y hacer un buen uso de las tecnologías de IA para aumentar la comprensión, la tolerancia, los intercambios y el intercambio entre todas las civilizaciones. Debemos cuidar el jardín de las civilizaciones con gran esmero, para garantizar que la belleza de cada civilización sea apreciada y compartida.
En cuarto lugar, debemos defender la solidaridad y mejorar la gobernanza global. La IA es un bien inestimable que encarna la sabiduría colectiva de la humanidad. Debemos practicar un verdadero multilateralismo y reconocer el importante papel de las Naciones Unidas. Debemos reforzar la armonización y la coordinación de las estrategias de desarrollo de la IA, las normas de gobernanza y los estándares técnicos, con el fin de establecer, lo antes posible, un marco de gobernanza global basado en el consenso, para que esta tecnología de vanguardia beneficie mejor a la humanidad. Debemos llevar a cabo una cooperación internacional integral y ayudar a los países del Sur Global a reforzar sus capacidades, con el fin de reducir las brechas digitales y en materia de IA, promover el desarrollo sostenible y evitar que se generen nuevas injusticias históricas en el ámbito de la IA4.
(Xi Jinping)
León XIV y Xi Jinping
Para sorpresa de muchos, la concepción china de la IA se acerca mucho más a la defendida recientemente por el papa León XIV en su primera gran encíclica —Magnifica humanitatis5— que a la de los oligarcas de la IA del Estado-USA Inc...
Las concepciones china y estadounidense sobre el papel estratégico e internacional de la IA no podrían ser más contrastadas. Esto no significa que los discursos coincidan con las prácticas ni que China no compita con EE.UU. Al contrario, esa competencia es muy evidente. Pero no lo es menos que China, a diferencia de EE.UU., pretende mitigar la competencia mediante un gobierno global multilateral, con el fin de evitar que la IA se convierta en una nueva versión de la brecha digital mundial, esta vez aún más divisiva y con consecuencias imprevisibles. Estas son también las preocupaciones que el papa León XIV expresa en su encíclica.
¿Acaso el despotismo oriental, si es que alguna vez existió, está siendo sustituido por un despotismo occidental emergente, contra el que también lucha el papa León XIV?
Conclusión o dilema
La comparación entre el Estado-USA Inc. y el Estado-Partido chino muestra que el mundo es hoy multipolar. El Estado-USA Inc. y el Estado-Partido chino representan dos futuros próximos, cada uno de ellos liderado por una de las dos potencias que hoy dominan el capitalismo global. La gran mayoría de los países mantiene relaciones desiguales con ambos, relaciones de reciprocidad asimétrica, en las que se combinan intereses nacionales y condicionamientos geoestratégicos y en las que la historia tiene más peso de lo que se puede imaginar. Los países del Norte global (Europa y las “Europas fuera de lugar”, sobre todo en las Américas, Oceanía e Israel) se alinean (voluntaria o involuntariamente) con el segmento del capitalismo global liderado por EE.UU., mientras que los países del Sur global (la mayoría de los cuales estuvieron sometidos al colonialismo histórico europeo) han ido estrechando en los últimos treinta años sus relaciones con el segmento del capitalismo global liderado por China.
Las relaciones internacionales con China han sido más fluidas y con ventajas mutuas más evidentes. De hecho, ese fue el carácter de las relaciones de EE.UU. con China durante las primeras décadas de la apertura de este país al mercado mundial, mientras la expansión de China resultaba ventajosa para resolver la crisis de acumulación del capitalismo de las empresas multinacionales y mientras dicha expansión no se convirtiera en una rivalidad existencial para EE.UU. Al igual que ocurrió en el pasado con los imperios en su fase ascendente, China centra sus relaciones internacionales en el ámbito económico y no interfiere de manera significativa en la política interna de los países que se encuentran en su área de influencia. Los intercambios son económicos y las inversiones se destinan a infraestructuras y al acceso a los recursos naturales, concediéndose muy poca importancia a las políticas de seguridad y a las relaciones militares.
Esto no significa, en absoluto, que los países sean totalmente libres de elegir sus alianzas. Prueba de ello son las guerras regionales que han ido proliferando, desde Ucrania hasta Oriente Medio, desde el norte de África hasta Sudán, o la injerencia cada vez más intensa de EE.UU. en los países que tradicionalmente han sido sus zonas de influencia, Europa —sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial— y las Américas.
No se puede predecir el futuro, ni siquiera el futuro próximo. Hay dos hipótesis que pueden confirmarse o no. La primera es que el modelo de IA hacia el que apunta el Estado-Partido chino ofrece más garantías de paz y de beneficios compartidos. La segunda es que, aunque ninguno de los modelos de Estado está preparado para afrontar los retos a largo plazo, ni es creíble que dichos retos puedan ser abordados exclusivamente por los Estados y, mucho menos, de forma aislada, el Estado-Partido chino está objetivamente mejor preparado para ello.
Lo que se puede afirmar con cierta seguridad es que, a la luz de su actuación actual, ninguno de los modelos de Estado y de expansión imperial es sostenible a largo plazo. Nos encontramos ante dos formas rivales de expansión del capitalismo global. A diferencia de lo que ocurrió en el pasado, no nos encontramos ante dos expansiones económicas y político-ideológicas fundamentalmente distintas. Aun admitiendo que, a nivel interno, el régimen chino es socialista, en el plano internacional la rivalidad se da entre dos formas distintas de globalización capitalista.
Nos encontramos en un mundo totalmente diferente de aquel que la Tercera Internacional comunista pretendió construir, al menos hasta la fase de la estalinización. De hecho, a la luz del mayor peso que la propiedad privada ha ido adquiriendo en China y de la creciente desfiguración de la democracia liberal en EE.UU., se puede afirmar que ambos sistemas se han ido acercando y no distanciando. Las dos expansiones imperiales se asemejan mucho en la lucha por el acceso a los recursos naturales.
A la luz del concepto de “explotación ampliada” que he venido defendiendo, la explotación de los seres humanos va de la mano de la de la naturaleza, como siempre ha ocurrido en la era moderna. La naturaleza tiene derechos cuya flagrante violación empieza a resultar intolerable y tiene repercusiones evidentes en la vida de los ciudadanos, sobre todo en los países que menos han contribuido a la explotación ilimitada de la naturaleza o que menos se han beneficiado de ella.
La fractura metabólica de la relación entre el ser humano y la naturaleza (dos caras de una misma totalidad) en la era moderna está alcanzando niveles sin precedentes, desde los incendios hasta la desertificación, desde las inundaciones hasta los fenómenos meteorológicos extremos, desde las pandemias hasta las consecuencias sanitarias de los elevados niveles de contaminación. Como he señalado anteriormente, las consecuencias de dicha fractura solo podrían aplazarse si existiera otro planeta habitable. Por otra parte, al contrario de lo que proclaman los tecno-optimistas, la IA consume tantos recursos naturales como las tecnologías anteriores.
A medio y largo plazo, la solución debe encontrarse en un horizonte poscapitalista en el que lo común (no necesariamente estatal) prevalezca sobre la propiedad privada, y en el que los seres humanos se convenzan de que la naturaleza no les pertenece. Son ellos quienes pertenecen a la naturaleza, como partes de esa misma totalidad única y diversa. Las extrañas trayectorias del liberalismo y del posliberalismo, que nos han traído hasta aquí, han llegado a su fin. De ahora en adelante se impone la profunda liberación de lo común en este minúsculo planeta azul. Que esto ocurra antes o después de una guerra marca la diferencia entre una transición paradigmática para los vivientes o un proyecto revolucionario para los supervivientes.
Notas
1 Chris Hedges Report: Epstein & Ohio’s “Silicon Heartland”. Consortium News.
2 The Techno-Optimist Manifesto.
3 Marc Andreessen.
4 Xi Jinping.
5 León XIV: Magnifica humanitatis.















